Gaza: matar por matar

por Alejandro Valenzuela Torres

Gaza ha sido transformada en un vasto cementerio. Benjamin Netanyahu, arquitecto de los despiadados bombardeos y la brutal ofensiva terrestre, se erige como un Coronel Kurtz de nuestros días, un asesino delirante, un sicopata que no se aleja un milimetro del horror plasmado en Apocalypse Now.

Lo que alguna vez se presentó como una operación de represalia contra Hamás, un grupo guerrillero disciplinado, ha mutado en un acto de exterminio metódico de una sociedad completa. Los sobrevivientes civiles –hombres, mujeres y niños indefensos– enfrentan a un ejército cuyas filas se nutren cada vez más de una segunda generación de colonos fanáticos. Oficiales adoctrinados, impregnados de un fervor religioso extremo, han asumido la misión sagrada de eliminar toda forma de vida palestina, sin distinguir entre combatientes y civiles.

En Cisjordania, el escenario no es menos macabro. Más de 120 asentamientos oficiales y 200 puestos de avanzada ilegales son testigos de una violencia descontrolada. Armados y alentados por un gobierno radicalizado, los colonos perpetúan un ciclo interminable de destrucción y muerte.

Los patrones de reclutamiento del ejército israelí exacerban esta tragedia. Una proporción significativa de sus líderes provienen de estas asentamientos ilegales, infundidos de una mezcla de fanatismo religioso con un fervor politico por Netanyahu. Las órdenes de ejecutar civiles se convierten en el eco oscuro de una guerra que ha perdido todo sentido de humanidad. Un veterano israelí, consternado, describe cómo el norte de Gaza se transforma en un páramo desolado, mientras los generales proclaman, sin remordimientos, la destrucción total.

El “Corredor de Netzarim”, antaño un simple camino, se ha ensanchado a fuerza de sangre y ruinas. Edificios, incluso hospitales, han sido reducidos a escombros para asegurar el avance militar. Allí, la muerte se institucionaliza: civiles desesperados, cargando niños, son abatidos sin piedad. Según soldados entrevistados, solo una ínfima fracción de las víctimas representa una amenaza, pero todos son tratados como terroristas, sus cuerpos abandonados son pronto alimento de los perros salvajes que abundan en la zona.

Este corredor es una tumba al aire libre, custodiado por francotiradores que compiten por alcanzar nuevas cifras de muertes. Durante la Guerra de Vietnam, se organizaban competencias entre las diferentes compañías de combate por lograr el mayor número de bajas. Había beneficios para la unidad ganadora: un fin de semana lejos de la guerra, con barbacoa ilimitada, cerveza constante y, en ocasiones especiales, autobuses llenos de prostitutas vietnamitas llevadas desde ciudades cercanas. Los ejércitos en decadencia, ya sea en Gaza o Vietnam, caen en los mismos patrones.

Si al final de la II Guerra Mundial el Sur del mundo se torno en refugio para los criminales de guerra nazis, el siglo XXI al parecer nos encuentra como resort de genocidas, informes de prensa han anunciado la visita de criminales de guerra del ejército Israelí a Sud América y en especial a la Patagonia chileno-argentina(que como se sabe, que son criminales de guerra? Ellos mismos filmaron sus crímenes y los subían orgullosos a foros de internet). Otros, en cambio, han optado por las playas soleadas de Brasil,hace una semana la organización palestina Fundación Palestina Hind Rajab solicito su detención a los tribunales brasileños, y estos emitieron una orden de arresto, el criminal de guerra alcanzo a huir a la Argentina y de ahi alcanzó un vuelo directo a Israel. Quizás pronto no quede espacio en que ellos se sientan seguros fuera de Israel, Por el momento, los cuerpos en el corredor de Netzarim seguirán acumulándose como testigos mudos de una impunidad que desafía la justicia, mientras la sombra de la muerte y el abandono cubre cada rincón de Gaza.