Una respuesta contundente

de Diario Revolución

No son la subordinación a los negocios de Ponce Lerou ni el fracaso total de su orientación política, sino el sionismo y el antisemitismo, lo que desvive por estos días al Partido Comunista. ¿Qué hay detrás de todo eso? Es lo que se llamaría una confusa polémica, aquellas en que se discute una cosa por otra.

¿Qué pasó? El ex candidato presidencial del Partido Comunista Daniel Jadue presentó un libro sobre el sionismo, del autor Pablo Jofré. En un registro que circula en redes sociales, se ve una parte de la exposición de Jadue. El arquitecto sostiene que el judaísmo, la religión judía, para ser más precisos, designa a los judíos como un “pueblo elegido”. Agrega que eso lo discute “fraternalmente” con sus “amigos judíos de izquierda”, a quienes les reprocha lo que, para él, es “una contradicción”: “ser de izquierda y asumirse judío”, ya que la “concepción supremacista de ser parte de ser un pueblo elegido” es contraria a la idea de la igualdad de todos los seres humanos.

Luego, Jadue hace una pequeña pausa, toma en la mano el libro sobre el sionismo y sentencia “bueno, aquí estamos ante una ideología que es lo más nazi que hemos visto”.

Todo esto, por supuesto, es muy superficial.

Ya en 1842, un señor llamado Karl Marx había desechado la idea de que los judíos debían ser entendidos a partir de su religiosidad, como sostenía su antiguo amigo Bruno Bauer, quien argumentaba que, debido a ello, creerse un “pueblo elegido”, no se les podía conceder derechos civiles. Al igual que Jadue, Bauer creía que eso atentaba en contra de la concepción burguesa del ciudadano, que incluye, por cierto, la noción de que los seres humanos “son iguales”… ante la ley.

Marx, en cambio, planteó una idea, en apariencia simple, pero que ya era revolucionaria: los judíos debían ser vistos como eran realmente en la sociedad concreta en que vivían. No ahorró, eso es verdad, en estereotipos, al identificar a todo el pueblo judío con los prestamistas, comerciantes y banqueros de la Europa occidental de entonces. No consideró a los judíos orientales, que eran campesinos y artesanos.

Dónde Bauer veía la incapacidad de integrar a los judíos a la sociedad burguesa debido a su religión, Marx remarcaba que el propio desarrollo social, desde el medioevo hasta el período de ascenso del capitalismo, había creado a los judíos en su condición de prestamistas, comerciantes y banqueros. Se refería al hecho de que la misma opresión que sufrían los judíos, los obligaba a dedicarse en esas aquellas funciones en que “el dinero es su Dios”. Recordemos que, en el orden feudal, como regla, se les prohibía a los judíos a desplazarse libremente, a ejercer un oficio o poseer tierras.

Pero, agregaba Marx, es la propia sociedad burguesa “cristiana” la que erige al “dinero como su Dios”. Donde Bauer veía la “igualdad” burguesa y la “superioridad” del cristianismo (en su versión luterana), Marx respondía con la necesidad de la emancipación humana, tanto de los condicionamientos religiosos, como de sus limitaciones terrenales. Esa liberación, sin embargo, advertía el joven Marx, no se puede realizar “bajo este orden social”.

“Sobre la cuestión judía”, el texto en que Marx comienza a acercarse al materialismo, permite identificar qué es lo específico, no de los judíos, sino de un tipo de aversión a ellos: el antisemitismo. Bauer, cuyo pensamiento influenciaría a Stirner y a Nietzsche, ciertamente era un antisemita. No se guiaba simplemente por prejuicios, como pueden existir sobre cualquier pueblo, sino que proyectaba en la condición de los judíos la contracara de la sociedad burguesa.

De ese antisemitismo radical, casi como un espejo, nace el sionismo.

Éste, a diferencia de lo que cree Jadue, no se basa en la idea del “pueblo elegido” en un sentido religioso, como los bienaventurados que llegarán al cielo, en el caso del cristianismo o el islam. Tampoco es el sionismo “lo más nazi que hemos visto”.

Su origen está en los inicios del siglo XX, como un proyecto nacionalista de la burguesía judía que, y esto lo distingue de otros movimientos de la época, se desarrollaría en alianza con el imperialismo. Las grandes potencias debían conquistar, en la concepción de los sionistas primitivos, en algún lugar del mundo, una tierra para los judíos, que subsistiría bajo su protección. Ninguna ideología nacionalista había, hasta la fecha, postulado ese nexo de manera tan abierta y precisa.

El sionismo fue un enemigo acérrimo de los trabajadores e intelectuales judíos que se habían sumado a la causa revolucionaria. Su objetivo suponía la pervivencia del sistema capitalista en su faz imperialista y de la discriminación en contra de los judíos en Europa.

Es una ironía, si es que se puede usar esa palabra, que los que emularon, pero tiempo después, aquella esa vinculación entre nacionalismo e imperialismo, fueron, justamente, los nazis. Facciones del sionismo colaboraron abiertamente con el fascismo italiano e, incluso, de manera puntual, con el nazismo. De manera perversa, entendían que el antisemitismo exterminador del hitlerismo podía servir de incentivo para mover a las potencias imperialistas a establecer un Estado judío fuera de Europa.

El sionismo hoy es la ideología de estado de Israel, que no admite ninguna otra concepción sobre la existencia del pueblo judío que no sea aquella basada en la opresión de los palestinos y su función como bastión del imperialismo estadounidense en Medio Oriente. Esa ideología tiene rasgos y expresiones «supremacistas» y racistas, pero es su nexo con el imperialismo su rasgo esencial. 

Era de esperar que las aseveraciones de Jadue merecieran una respuesta que, ante la confusión creada por el alcalde, clarificara las cosas. Eso es necesario, si se considera la campaña propagandística de Israel y sus aliados que presentan la resistencia a la ideología sionista como un ataque a “los judíos”; una campaña que cínicamente encubre los crímenes de guerra y las tentativas genocidas en contra de los palestinos con los crímenes cometidos en contra del pueblo judío.

Sin embargo, la respuesta fue insólita. Dos conocidos miembros del propio Partido Comunista, la diputada Carmen Hertz y el arquitecto Miguel Lawner redactaron una carta pública en que atacan a Jadue: “nos resulta inconcebible en alguien que conoce a muchas personas de origen judío, con quienes ha compartido tantas luchas y a quiénes le consta que carecemos de los prejuicios inaceptables que nos atribuye”. Y continúan: “son demasiados y muy importantes en la historia de nuestro partido, los militantes a quienes Jadue agravia tan injustamente”.

Es cierto, son muchos e importantes los dirigentes y militantes comunistas de origen judío. Entre ellos, los autores de la carta mencionan a Raúl Pellegrin Friedmann, “José Miguel”, líder revolucionario y comandante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Su madre es judía, lo que, en la usanza hebrea, lo convierte a él también en judío.

Bastó invocar su nombre para que se hiciera claridad en esta confusa polémica. La familia de Raúl Pellegrin respondió con su propia carta que devela que es lo que realmente se esconde detrás de esta pelea.

La reproducimos íntegramente a continuación.

“Ha salido a la luz pública una carta en que dos militantes sionistas del Partido Comunista de Chile condenan expresiones del también militante (palestino) Daniel Jadue, quien se ha referido en duros términos al genocidio en curso en Palestina.

Dentro de dicha carta, se evoca el nombre de la ex militante Judith Friedmann Volosky, y de su hijo (traicionado por el partido y) asesinado por la Dictadura de Pinochet, Raúl Pellegrin Friedmann, como si ambos pudieran ser ofendidos por las palabras de apoyo a Palestina y condena al sionismo.

De lo único que esta familia se siente profundamente defraudada y ofendida, es del Partido Comunista de Chile y su línea de entreguismo neoliberal. Genuflexo ante el poder. Que regala las riquezas naturales al capital extranjero y los hijos de Pinochet, que perpetúa la impunidad de los crímenes de Estado y fortalece al ejército y la policía militarizada que persisten con la doctrina del enemigo interno. Que militariza el Wallmapu y trata al pueblo Mapuche como objeto de museo y estorbo para el progreso. Que salva a los gigantes privados de la salud para que sigan lucrando y que se alinea con los intereses de EEUU en la región.

Orgullosos judíos antisionistas se han criado en esta familia desde que el anarquista Israel Friedmann llegara escapando de la pobreza de Europa del Este a principios del siglo XX.

Apoyamos sin titubear la posición del alcalde Jadue, y la de todos y todas quienes denuncian el genocidio cometido contra el pueblo palestino por la entidad sionista. Emplazamos por lo mismo, a todas las personas judías que se declaran de izquierda, a condenar sin ambages ni atenuantes las horribles acciones que hace 75 años, y con mayor intensidad hace 3 meses, lleva a cabo el ejército sionista de ocupación.

Desde el río hasta el mar, Palestina será libre.

Y Chile, más temprano que tarde, se unirá como pueblo para barrer a todos los traidores que hoy gobiernan (con cartel de izquierda) junto a la derecha concertacionista y pinochetista, sobre la sangre de los caídos en Octubre.

Pondremos nuestra dignidad, la de los pueblos que habitamos esta franja, tan alta como la Cordillera de los Andes.

Familia Pellegrin Friedmann

Enero 2024”

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