Un proceso constituyente en la decadencia imperialista

por Marcos Álvarez

Se acerca el 25 de octubre, fecha en que se realizará el plebiscito constitucional. Este hecho que es presentado a las masas por la mayoría del arco político burgués y pequeñoburgués como “una oportunidad histórica para transformar el país”, pero que en verdad surgió como la manera que tuvo la burguesía de intentar cerrar el proceso insurreccional del 18-O ante la escalada que significó la entrada en escena del proletariado organizado con la huelga general del 12 de Noviembre, demostrando en el escenario nacional el potencial de caudillo de la nación oprimida. Sin embargo, esta intervención del proletariado, verificó su debilidad programática, y la confusión de objetivos, con sindicatos fragmentados, y el rol de la burocracia sindical.

En consecuencia el proceso constituyente surgió como subproducto o desvío  de un proceso insurreccional de fuerzas elementales, proceso que para nada es nacional ya que se puede ver con distinción de grados y tiempos en diversos países.

Esta apuesta de la clase dominante por la salida del plebiscito es una forma recurrente que tienen la democracias semicoloniales que buscan darle una cause “legal” a sus crisis. Podemos indicar como ejemplo los procesos plebiscitarios del Chavismo, y aquí mismo el que se llevó a cabo en el 88, en el proceso de contrarrevolución democrática que se dio.

Los procesos constituyentes “como máxima expresión de la democracia burguesa “, en el desarrollo actual del imperialismo en descomposición, son precisamente los que se han dado hasta ahora, como en Bolivia (2006), Venezuela (99, 2017), etc. Y son la expresión política en que las distintas fracciones burguesas han buscado darle salida a profundas crisis políticas, donde se han desplegados enfrentamientos de las masas con las fuerzas represivas, con un importantes saldo de muertos, etc. Es decir, estos procesos constitucionales han jugado un papel contrarevolucionario, y no progresivo. En este marco se debe tomar en consideración, en el que avanza la descomposición imperialista, la burguesía sacó lecciones de estos procesos y ve el proceso constituyente como una forma de recomponer el estado burgués, y la relaciones de fuerzas entre las clases, es decir, se prepara y aceita su maquinaria burocrático militar para la lucha de clases, buscando reeditar un pacto social.

La pequeñoburguesía y el reformismo representada en el F.A. y P.C,  buscan  bajo una idea refundacional del régimen político, evitar el desarrollo independiente de la clase obrera llevando a diluirse en el voto. Buscan que el Estado burgués otorgue ciertos “derecho sociales” al tiempo que democratizar al semiestado en crisis, acelerado por el contexto mundial de una crisis económica que comprende a todo el mundo, incluido el imperialismo norteamericano, lo que constituye un engaño a las masas, de sembrar ilusiones en que un voto en una urna pueda mejorar sus condiciones materiales.

Ciertos sectores burgueses ven este proceso constituyente como una oportunidad para “modernizar el capitalismo y su Estado”, por eso sectores del oficialismo saben que la opción “apruebo, convención constitucional” sea la más probable ganadora en el plebiscito, por lo que apuestan a la elección de constituyente, es así que un amplio arco político, tal como el 15 de noviembre cuando lo acordaron, apoya esta opción, todo esto para mejorar la maquinaria de opresión que en esencia es el Estado burgués. La actual situación de desarrollo de la crisis, y a falta de una orientación imperialista clara, da por el traste esta idea de modernización y renovación, por lo que el resultado quedará reducido al intento de establecer una nueva relación capital y el trabajo.

Se acerca la fecha del aniversario del 18-O, importante es tomar en cuenta que el plebiscito se da en el marco de intensos ataques a la juventud y la clase obrera, que comprenden, con represión contra las masas, con asesinatos, mutilaciones, vejaciones, etc. El conteo oficial alcanza la cifra de 1627 heridos, los más notorios los casos de Gustavo Gatica y Fabiola Campillay, incluyendo ahora el lanzamiento de un joven al lecho del río.

La pandemia vino acelerar la crisis mundial, entrando la economía en recesión,  la burguesía busca sanear la economía, descargando los costos de la crisis en las espaldas de los trabajadores, como se desarrolló durante estos últimos 7 meses, con baja de salario, suspensiones, cierres de empresas, y desocupación, esta última alcanza el 12,9%, incrementándose 5,3 puntos porcentuales en 12 meses, producto de las reducciones en 14,5% de la fuerza de trabajo y en 19,4% de los ocupados[1] . La política de Piñera en un primer momento fue la de ocupar a las FFAA para el control interno, imponiendo las cuarentenas y los toques de queda, ahora viene implementando la “apertura económica”. Desde el punto de vista de la fuerza trabajo, esto provocará que una masa obrera se largará a la calle a buscar trabajo, presionando el “mercado de trabajo”, la burguesía jugará con esto buscando la baja del valor de la mercancía fuerza de trabajo. Vale decir, es el marco de una intensa línea reaccionaria que se combina con una política de cooptación de las masas, porque es precisamente esa separación de las masas con el Estado (dada su naturaleza de clase) lo que provocó esa irrupción de las masas, donde el ejemplo más palmario es el justo odio del pueblo a la policía.

La burocracia sindical por su parte ha caído en el inmovilismo total. Se subordinó totalmente al “quédate en casa”, el gobierno y las patronales han pasado “la máquina “, y la CUT, no organizado seriamente ninguna lucha, dedicándose por completo a la campaña por el plebiscito, vale decir, contribuyendo a la política de “paz social” tan necesaria desde el punto de vista a burgués para la buena marcha de la economía y del “evento democrático”. Esto revela que cualquier política revolucionaria no puede pasarle por él costado, la lucha por la expulsión de la burocracia del interior de las organizaciones obreras.

El centrismo

Los diversos grupos de la izquierda trotskista, hacen un llamado a luchar por una AC, quizás como forma de influir en el actual proceso. Entiende que el 18-O abrió  un periodo constitucional, que las “masas” se han impregnado de una conciencia democrática, apostando a ser dirección de esta.

Más allá de que claramente diferenciamos a las masas en general del proletariado, ya que éste último es parte pero que actúa diluido en el actual proceso, lo importante es ver que la izquierda desde sus pequeños grupos cree de verdad tener la posibilidad de llegar a influenciar en un proceso constituyente, donde el sujeto revolucionario no tiene la fortaleza para poder imponerse. Recurren al absurdo de comparar mediante analogías históricas el actual proceso con otros ocurridos en el pasado como en España por ejemplo y el planteo de las cortes constituyentes. Planteo desarrollado a partir de un proceso revolucionario donde los revolucionarios plantearon “cortes constituyentes”, lo hicieron luego de un importante verificación de las fuerzas sociales en disputa, del desarrollo del programa que se desprendía de la situación objetiva, de los campos en disputa, del peso de las consignas de la democracia dado un análisis del estructura económica, social y político de la sociedad en la totalidad mundial (sociedades con reminiscencias feudales, monarquías, etc), y la existencia del Estado obrero.

Además de llamar a un votar a un apruebo “táctico”. Es decir, el centrismo por un lado dice colocarse en el «campo de las masas» con el apruebo, con lo que reproduce lo que decía Lenin «la ilusión pequeñoburguesa de que el pueblo es un todo único y de que la voluntad popular puede ser expresada en algo que no sea la lucha de clases». Una idea etapista en su seno, que se desprende en que superemos el «régimen de Pinochet», pasemos por esa etapa parlamentaria, y después luchemos por la dictadura del proletariado. En otros casos lo ve como una especie de “Estado combinado” cuando plantea dos órganos que tienen distinto carácter de clase, es decir, combinar la asamblea constituyente como institución más democrática de la que se dotó burguesía, con los soviets como órganos del poder obrero, esto de manera lo expresan algunos grupos cuando hablan de AC popular o revolucionaria. Esto constituye una expresión de la actual crisis de dirección revolucionaria que lleva a la izquierda trotskista a vislumbrar en atajos constituyentes la manera de saldar esa crisis.

Es importante entender que en la estructura social de Latinoamérica lleva a que cualquier planteo democrático está ligado a lucha por el poder obrero, por ende de las organizaciones obreras, lo podemos ver claramente en el conflicto en la Araucanía donde está planteado la lucha por la revolución agraria levantada por los sindicatos en alianza con las comunidades mapuches.

Enfrentemos la trampa constituyente con un programa obrero revolucionario

Es por lo anteriormente planteado que se hace necesario comprender que las únicas revoluciones que surgirán en esta época son las revoluciones proletarias, y que los únicos Estados “nuevos” son los Estados obreros. Así se pudo comprobar de toda la experiencia del siglo XX, es por eso entender que la revolución rusa, aunque degeneró, abrió la era de la revolución proletaria. La experiencia histórica no puede borrarse, y la conciencia del proletariado no vuelve a cero, tal como decía Lenin “… se debe proponer a la clase de vanguardia un programa que mire el porvenir…El progreso… es factible sólo en dirección a la sociedad socialista, a la revolución socialista…”[2]

Es importante verificar las fuerzas, el proletariado mundial carece del partido de la revolución mundial, cuando los bolcheviques planteaban su participación en la asamblea constituyente, estaban fuertemente anclados en el proletariado industrial, lo que les permitía la actuación de minoría revolucionaria, así se desprende de los resultados que arroja las elecciones a la constituyentes, lo que hace inverosímil (por no decir ridículo) el planteo de la izquierda, a modo de ejemplo Lenin nos dice “… Los bolcheviques triunfaron, en primer lugar, porque estaban  respaldados por la inmensa mayoría del proletariado, que incluía al sector con mayor conciencia de clase, más decidido y revolucionario, a la verdadera vanguardia de esa clase avanzada.

Tomemos dos capitales, Petrogrado y Moscú. El total de votos emitidos en ellas durante las elecciones a la Asamblea Constituyente fue de 1.765.100, que se distribuyeron así

Eseristas…………………………..218.000

Bolcheviques………………………837.000

Kadetes…………………………….515.000”[3]

Para nosotros intervenir o no en una elección o asamblea constituyente es un asunto táctico, pero creemos que de todas maneras es fundamental mirar de cara a la realidad y ver las  fuerzas, el desarrollo del partido de la revolución social para levantar una táctica en un terreno de la democracia burguesa, diluiríamos al proletariado y su vanguardia, el partido como expresión consciente del inconsciente proceso histórico.

El actual proceso plebiscitario constitucional es una política de la burguesía para recomponer su dominación, es una línea reaccionaria, busca lograr la unidad nacional, meter a la clase obrera y al pueblo en dicha unidad promoviendo la conciliación de clases, que en la actual situación del proletariado lo desarma para realizar sus tareas históricas. Es por eso que llamamos a abstenerse de votar, porque el plebiscito constituye una trampa y engaño para la clase obrera.

Los militantes revolucionarios debemos desplegar nuestra militancia al interior de los sindicatos, formando fracciones revolucionarias, expulsando a la burocracia, luchando por un programa de transición imponiendo el control obrero de las ramas económicas, luchando por la escala móvil de salarios de acuerdo a la canasta familiar, y horas de trabajo. Se debe fortalecer al proletariado donde tiene todo su potencial revolucionario, es decir, en la producción. Se debe luchar contra la represión levantando al interior de los sindicatos comités de autodefensa, luchar por el desprocesamiento y libertad de los presos políticos. Por un congreso obrero con delegados de base y con mandatos para discutir un plan de lucha, y oponer a la política burguesa el programa de la revolución proletaria. Se debe poner en pie la Cuarta Internacional.


[1] Instituto Nacional de Estadísticas.

[2] Sobre el folleto de Junius, VI Lenin dice,  “Propone ‘oponer’ a la guerra imperialista un programa nacional. Le propone a la clase de vanguardia que mire al pasado y no al porvenir! En 1793 y en 1848, tanto en: Francia como en Alemania y en toda Europa, estaba objetivamente en el orden del día una revolución democrática burguesa. A esta situación histórica objetiva correspondía un programa ‘verdaderamente nacional’’, es decir, el programa nacional burgués de la democracia existente entonces, que realizaron en 1793 los elementos más revolucionarios de la burguesía y la plebe, y que en 1848 fue proclamado por Marx en nombre de toda la democracia avanzada. Objetivamente, a las guerras feudales y dinásticas se oponían en aquel entonces las guerras democráticas revolucionarias, las guerras de liberación nacional. Ese fue el contenido de las tareas históricas de la época. En la actualidad, la situación objetiva en los grandes países adelantados de Europa es distinta. El progreso -si no se toman en cuenta los posibles y transitorios pasos atrás- es factible sólo en dirección a la sociedad socialista, a la revolución socialista. Desde el punto de vista del progreso, desde el punto de vista de la clase de vanguardia, a la guerra burguesa imperialista, a la guerra del capitalismo altamente desarrollado puede, objetivamente, contraponerse sólo una guerra contra la burguesía, es decir, ante todo la guerra civil por el poder entre el proletariado y la burguesía, pues sin tal guerra es imposible un serio progreso; y como segunda etapa -sólo en ciertas condiciones especiales- una eventual guerra para defender el Estado socialista contra los Estados burgueses.” OC, T30, Ed Progreso.

[3] Lenin, Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado.

(el autor es militante de la Corriente Obrera Revolucionaria)

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