‘The Truth’: Catherine Deneuve como una actriz con los pies en la tierra

por David Walsh

Escrita y dirigida por Hirokazu Kore-eda (nacido en 1962) es un conocido director de cine japonés. Ha hecho largometrajes desde mediados de los años noventa, como Maborosi, Distance, Nobody Knows, Hana, Still Walking (Aún Caminando), After the Storm (Después de la Tormenta), The Third Murder (El Tercer Asesinato) y Shoplifters (Ladrón de Tiendas).

Fabienne acaba de publicar una autobiografía que irrita a varias personas con sus omisiones, falsificaciones y exageraciones. También está filmando una película de arte y ciencia ficción cuya trama gira en torno a una mujer enferma (Manon Clavel) que viaja al espacio (donde el proceso de envejecimiento se ralentiza radicalmente) para impedir el progreso de su enfermedad y regresa a la Tierra una vez cada siete años. Fabienne interpreta a su hija, que parece mucho mayor por la situación peculiar de su madre (“Tú sigues igual de joven y yo no paro de envejecer”).

Fabienne es egoísta, quisquillosa y discutidora; dice lo que piensa. Lumir está enojada con su madre porque esta rompió su promesa (o simplemente se olvidó) de permitirle leer el manuscrito de sus memorias antes de la publicación. “¡Eso no pasó ni una sola vez!”, se queja sobre un incidente incluido en el libro. De manera campante, Fabienne responde: “Tengo derecho a elegir”.

El asistente de Fabienne, Luc (Alain Libolt), renuncia o amenaza con hacerlo porque quedó totalmente fuera de la autobiografía. A Pierre (Roger Van Hool), el excéntrico y desgraciado ex marido de la actriz, le va todavía peor. Su hija Lumir le informa: “Se supone que estás muerto, papá”.

El fantasma de una vieja amiga (y actriz rival) de Fabienne, Sarah, sobrevuela el drama familiar. Lumir acusa a Fabienne de haberse acostado años atrás con un director y de haberle robado a Sarah un papel importante. Su madre no lo niega. Sarah murió más tarde, borracha, en un accidente. Irónicamente, Fabienne le dice a Lumir: «Lástima que no fueras su hija». Su hija asiente amargamente.

Hay elementos interesantes en La verdad, y otros no tanto.

Hemos sido críticos con Kore-eda en el pasado, a veces bastante críticos. Pertenece a una generación de cineastas que (sin tener la culpa, obviamente) alcanzó la mayoría de edad artística en los años noventa, en un mal momento. El triunfalismo burgués los intimidó e hizo que eludieran todo compromiso o punto de vista fuerte. En su lugar se ocuparon, en el mejor de los casos, del arte de reflejar el paso del tiempo, el arte de la parálisis, de las pequeñas viñetas.

En 2009 escribimos que no compartíamos los elogios de muchos críticos a Kore-eda. Explicamos que sus obras nos parecían generalmente «sosas y poco esclarecedoras. En la actualidad los críticos de cine arte confunden con mucha frecuencia un acercamiento a la vida conscientemente atenuado (o no comprometido) con uno serio».

Kore-eda se especializó en las relaciones familiares y las crisis de identidad personal, temas en gran medida divorciados de la historia y los grandes cambios en la vida social japonesa.

Pero sus dos últimas películas son más interesantes. Shoplifters (2019), como explicó el WSWS, “cuenta la historia de una familia que recurre a pequeños robos y otros ardides para mantener su nivel de vida ya empobrecido”. La película, que tiene ciertas similitudes con la celebrada Parasite (también de 2019), del surcoreano Bong Joon-ho, es «sincera y a veces cáustica en su retrato del Tokio moderno».

The Truth no se ocupa de estos problemas sociales, pero su especificidad es atractiva.

Las escenas menos interesantes son aquellas en las que Kore-eda se concentra una vez más en los pequeños cambios de vibraciones, fricciones y transiciones intrafamiliares. Las quejas banales y autocompasivas de Lumir sobre la atención insuficiente de Fabienne cuando era niña entran en esta categoría general. Los adultos que todavía se lamentan de la falta de atención durante su infancia revelan que no han crecido realmente y siguen apegados firmemente al padre en cuestión. Es tedioso en la vida y tedioso en el arte. Uno simpatiza completamente con Fabienne cuando dice que su hija «es demasiado seria». Podría estar refiriéndose a toda una generación de pequeños burgueses acomodados, egocéntricos y obsesionados por sí mismos.

Es posible que Fabienne no represente la alternativa más saludable pero ha descubierto algunas cosas, entre ellas que el arte es hecho por seres humanos imperfectos y que a menudo estos se ven obligados a someterse a sacrificios personales y a infligir tormentos a otros por esa causa. Ya sea que Kore-eda y Deneuve tengan en mente o no la caza de brujas del movimiento #MeToo, la actriz explica en un momento, después de haber enumerado sus fallas como madre y amiga (y de haberlas reconocido): “Si tú no me perdonas, el público lo ha hecho”. El artista, como artista, debe ser evaluado al margen de sus defectos personales. Lo que más cuenta es su trabajo, aunque esto quizá no sea un consuelo para quienes rodean a ese individuo.

Deneuve fue una de las cofirmantes de la carta abierta de enero de 2018 que criticó la campaña de #MeToo y afirmó que “flirtear insistente y torpemente” no era lo mismo que el abuso sexual. La declaración criticó a los defensores de #MeToo por llamar «traidores» y “cómplices» a los que no hacen esa distinción, creando un clima de intimidación en el que la libertad de expresión «se convierte hoy en su opuesto”.

Deneuve tiene una historia larga y compleja como actriz. Hizo un papel inolvidable en The Umbrellas of Cherbourg (1964), de Jacques Demy, y después apareció (junto con su hermana, Françoise Dorléac) en The Young Girls of Rochefort, de Demy (1967). Deneuve ofreció al menos otras dos actuaciones notables en los años sesenta, en Repulsion (1965), de Roman Polanski, como una joven que enloquece por sus neurosis sexuales y su represión, y en Belle de Jour (1967), de Luis Buñuel, sobre una esposa respetable de clase media que trabaja durante el día en un burdel de lujo (en los últimos años Deneuve ha tenido la audacia de defender a Polanski de sus enemigos acérrimos entre las feministas francesas y otros).

Deneuve luego apareció en otras películas de Demy y Buñuel, y también en filmes de François Truffaut, Jean-Pierre Melville, Mauro Bolognini, Robert Aldrich y muchos otros.

Quizá Deneuve no sea perseguida por el fantasma de otra actriz, pero, curiosamente, su percepción pública ha sufrido ese destino. La hermana mayor de Deneuve (por un año), Françoise Dorléac, murió trágicamente en un accidente automovilístico en 1967 a los 25 años. Dorléac ya había demostrado ser una intérprete consumada y vivaz en That Man from Rio (Philippe de Broca, 1964), The Soft Skin (Truffaut, 1964) y Cul-de-sac (Polanski, 1966). Durante años los críticos dijeron en voz baja que Deneuve no tenía la energía y el talento de su hermana.

Deneuve es mejor actriz hoy que hace décadas, cuando era elegida tanto por su belleza y porte impecables, por lo que su apariencia física parecía representar, como por sus dotes artísticas. El crítico Andrew Sarris dijo que el casting de Deneuve en Repulsion había sido “acertado”, y agregó que “la falta de anticipación sensual en sus ojos [de Deneuve] enmascara la locura con la inocencia, mientras que la simetría irreprochable de sus rasgos delicados transmite una ilusión de orden y disciplina en su personalidad, una ilusión desmentida por su alienación respecto a otros seres humanos”.

Deneuve está bien y graciosa en la película de Kore-eda, en el papel de una actriz egocéntrica que, empero, tiene un olfato agudo para la presunción y el absurdo, incluida la variedad “artística”.

El lado más débil de la película de Kore-eda se refleja en su título (La verdad), que podría aparecer entre comillas de varios centímetros. Nos transmiten alrededor de seis veces (¿o son ocho?) que la verdad no existe con certeza. Uno de los personajes dice que “No hay que fiarse de la memoria», y luego, por si fuera poco, se dice (¡dos veces!) que “Uno no puede fiarse de la memoria” (para aclarar el punto, innecesariamente, la ficción dentro de la ficción se titula Memorias de mi madre).

Estas trampas ideológicas (un crítico describe The Truth como “un vals posmoderno de película”) son casi inevitables hoy en día. Su evaporación será un indicador saludable. Mientras tanto, afortunadamente, todavía tenemos a Deneuve-Fabienne: terca, decidida, enérgica, una mujer interesada en algunos de los problemas más importantes y realmente existentes en la vida.

(Tomado de WSWS)

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