Sacco y Vanzetti: significación histórica y proyección artística

por Federico Mare

En el Apologeticus, un clásico de la Patrística latina escrito a fines del siglo II (que la tradición cristiana ha atribuido a Tertuliano), hay un aforismo célebre que reza: semen est sanguis Christianorum, «la simiente es la sangre de los cristianos». En tiempos modernos, este aforismo fue libremente traducido al inglés como the blood of the martyrs is the seed of the Church, cuya traslación al castellano vendría a ser “la sangre de los mártires es la simiente de la Iglesia”. En su autobiografía Historia de la vida de un proletario, que redactó en prisión antes de ser electrocutado, Bartolomeo Vanzetti recordó sus lecturas juveniles de formación autodidacta: “En la casa había un libro de San Agustín. De él, esta sentencia permanece indeleble en mi memoria: la sangre de los mártires es la simiente de la libertad”. Sin darse cuenta, tantos años después, Vanzetti había confundido la autoría del aforismo; y tentado por su corazoncito anarquista, había remplazado «Iglesia» por «libertad».

Su error bibliográfico involuntario, sin embargo, no deja de ser conceptualmente verdadero, al menos si nos atenemos a su propia muerte en el patíbulo, a todo lo que ella implicó y generó. En este ensayo, trataré de probar esta tesis apelando a la historia y el arte contemporáneos.

El caso Sacco y Vanzetti, que se desarrolló en Estados Unidos durante la década del 20, y que desató una avalancha de críticas, reclamos y actos masivos de repudio y solidaridad en el mundo entero, todavía hoy suscita emoción e indignación en los todas las almas justas y sensibles que han tenido la oportunidad de conocer los avatares de su viacrucis. Su confinamiento por más de siete años en los presidios de Charlestown y Dedham, seguido de su ejecución en la silla eléctrica (1927), constituyen uno de los ejemplos de prevaricación contra presos políticos más resonantes del siglo XX.

La trágica historia de los mártires de Boston no pasó, por cierto, desapercibida a los ojos de los artistas consustanciados con lo que Sartre, años después, llamaría estética del compromiso. Tanto las letras y las artes plásticas, como el cine, la música, el teatro y la historieta, se hicieron eco muy pronto de ella, articulando la denuncia de persecución ideológica con la reivindicación moral y política de aquellos dos entrañables soñadores de la Acracia proletaria.

¡Libertad para Sacco y Vanzetti!

Allá por 1920, Nicola Sacco (30) y Bartolomeo Vanzetti (32), dos humildes trabajadores de origen italiano y militancia anarquista radicados en Massachusetts, fueron acusados de un crimen que no habían cometido (un asalto a una fábrica de calzados en South Braintree derivado en doble homicidio) después de caer bajo arresto en una redada policial. El juicio, repleto de irregularidades escandalosas, dejaría al desnudo la naturaleza xenófoba, clasista y reaccionaria del sistema judicial estadounidense, que, cediendo a las presiones del establishment, no dudaría en sacrificar la verdad, las garantías del debido proceso y dos vidas inocentes en aras de darle al movimiento obrero norteamericano un «buen escarmiento» por su creciente receptividad a la prédica revolucionaria.

Nicola Sacco nació en el pueblo de Torremaggiore, provincia de Foggia, Apulia, el 22 de abril de 1891. Emigró a los Estados Unidos en 1908, cuando tenía 17 años. Vivía en Milford, Massachusetts, con su pareja e hijo. Trabajaba de obrero del calzado y sereno.

Bartolomeo Vanzetti nació en el pueblo de Villafalletto, provincia de Coni, Piamonte, el 11 de junio de 1888. Emigró al país del Tío Sam a los 20 años de edad, en 1908, igual que Sacco, que era tres años menor que él. Vanzetti también residía en el estado de Massachusetts, pero no en Milford, sino en Plymouth. No tenía familia. Se ganaba la vida como pescadero.

Sacco y Vanzetti se conocieron en una huelga, allá por 1917. Paisanos y compañeros de militancia como eran, no tardaron en hacerse muy amigos. Ambos eran galleanistas, esto es, seguidores de Luigi Galleani (1861-1931), un célebre ácrata italiano afincado en Vermont, quien, desde las páginas de su periódico anarcocomunista Cronaca Sovversiva, incitaba a la acción directa y la llamada propaganda por el hecho.

El caso Sacco y Vanzetti se inscribió en el primer Red Scare, un sombrío capítulo de la historia yanqui que se inició en 1917 con el estallido de la Revolución Rusa, y que en algunos aspectos prefiguró al macartismo de la segunda posguerra. Las noticias referidas al ascenso de los bolcheviques en el otrora imperio de los zares, desataron en EE.UU., igual que en tantas otras partes del mundo, una ola de pánico y odio. Las clases dominantes, temiendo perder sus privilegios, reaccionaron con inusitada virulencia contra el movimiento obrero y la política de apertura inmigratoria. En 1919 el presidente Woodrow Wilson designó al ultraconservador Alexander Palmer como procurador general. Durante sus dos años de desempeño en el cargo, el Cuáquero Combativo –así lo apodaba la prensa burguesa– persiguió sin tregua a los rojos, especialmente a los anarquistas, no dudando en utilizar métodos ilegales cuando lo juzgaba necesario. El arresto de Sacco y Vanzetti se produjo, precisamente, en uno de los tristemente célebres Palmer Raids o «allanamientos de Palmer»: aquel que tuvo lugar en Buffalo, estado de Nueva York, el 5 de mayo de 1920.

El proceso contra Sacco y Vanzetti fue blanco de innumerables críticas por parte de periodistas, políticos e intelectuales progresistas; y en las principales urbes (Nueva York, Chicago, Boston, Detroit, San Francisco, etc.), multitudes obreras se movilizaron una y otra vez en señal de protesta. La campaña por la liberación de Nick & Bart alcanzó dimensiones masivas: mítines por todo el país, aluvión de cartas y donativos, cooperación desinteresada de miles y miles de personas, miríadas de artículos periodísticos y panfletos… Fue preciso, por ende, crear una instancia de coordinación. Así vio la luz el Sacco-Vanzetti Defense Committee, que desplegaría una labor febril durante años.

También en el extranjero se registraron grandes manifestaciones y huelgas, atentados incluso: Londres, París, Ámsterdam, Berlín, Milán, Barcelona, Ginebra, Lisboa, Ciudad del Cabo, Tokio, Sídney, México, Montevideo, Buenos Aires… Numerosas personalidades de la cultura hicieron oír sus voces de solidaridad y repudio: H. G. Wells, George Bernard Shaw, Bertrand Russell, Albert Einstein, Miguel de Unamuno, Anatole France, Marie Curie…

En Buenos Aires, por ejemplo, donde el anarquismo tenía a la sazón un arraigo fortísimo, la solidaridad con Sacco y Vanzetti se tradujo no sólo en protestas masivas y paros generales, sino también en numerosos atentados con explosivos por parte de Severino Di Giovanni, el célebre ácrata italiano biografiado por Osvaldo Bayer: la embajada de Estados Unidos, la estatua de George Washington, la sede de la compañía Ford, el Banco de Boston, el Citibank… El Interior de Argentina tampoco fue ajeno a esa ola de agitación. Un botón de muestra: en la provincia de Mendoza, en vísperas de la ejecución, la indignación fue tan grande que la huelga general, el cierre masivo de comercios, la suspensión de clases y la protesta callejera se extendieron durante siete largas jornadas (del 7 al 14 de agosto) con altísimos niveles de adhesión, registrándose incluso algunos incidentes con rompehuelgas y la policía, que debió acuartelarse.

En México, otro de los mayores países hispanoamericanos, numerosos gremios y federaciones obreras organizaron grandes manifestaciones para reclamar la liberación de Sacco y Vanzetti. Tras la confirmación de la pena capital, hubo huelgas generales en varias localidades, como el puerto yucateco de Progreso y la ciudad fabril de Orizaba. La Federación de Sindicatos del Distrito Federal publicó un manifiesto exigiendo la absolución inmediata de los dos militantes italianos, en nombre de sus 180 mil trabajadores afiliados. Consumadas las ejecuciones, la CROM se apresuró a condenarlas, calificándolas de criminales. Por su parte, el periódico proletario Pro Paria publicó más de diez artículos sobre los mártires de Boston.

La muerte de Sacco y Vanzetti sumió a los obreros de todo el mundo en un estado de impotencia, dolor y rabia. Al funeral, realizado en Boston, asistieron millares de trabajadores. Luego de la ejecución, la policía interceptó en el correo un paquete-bomba dirigido a Fuller, el gobernador de Massachusetts. Con el correr del tiempo, se producirían varios atentados más: en el domicilio del juez Thayer, en las viviendas del verdugo y de uno de los jurados, en el metro de Nueva York, en la casa del alcalde de Baltimore… Thayer se vio obligado a vivir recluido y con custodia policial hasta el día de su muerte, en 1933.

La indignación no fue pasajera. En Perú, pocas semanas después de cumplirse el primer aniversario del martirio de Boston, la revista Amauta de Mariátegui expresó: “El proletariado mundial ha conmemorado en agosto el sacrificio de Sacco y Vanzetti. Los obreros peruanos no estuvieron ausentes de la protesta contra la inicua sentencia de los tribunales norteamericanos. La huelga de los trabajadores portuarios del Callao y de los ferroviarios, atestiguó hace un año la solidaridad del proletariado nacional con la protesta universal. Amauta estaba suspendida entonces. Ahora su palabra traduce el sentimiento de toda la vanguardia obrera de la República” del Perú. “La primera enseñanza que de la ejecución de Sacco y Vanzetti debe sacarse es la categórica afirmación que de su carácter de justicia de clase hizo, con este crimen, la justicia burguesa. El juez Thayer condenó a los dos militantes a la máxima pena, sin ninguna prueba del delito del cual se les acusaba, por odio a su fe revolucionaria”. Segunda lección: Sacco y Vanzetti murieron con “satisfacción heroica”, sabiendo que “sus nombres quedaban definitivamente inscritos en la historia del proletariado y de su lucha revolucionaria” (n° 17, sep. 1928).

En la Unión Soviética, Stalin dispuso el luto nacional y la incorporación de los mártires de Boston al panteón de próceres revolucionarios de la III Internacional. Numerosas calles, plazas, edificios, pueblos, etc., de Rusia fueron bautizados Sacco y Vanzetti. Hubo una cuota de de oportunismo y demagogia en esta política, ya que los bolcheviques aborrecían el anarquismo, y lo habían censurado, proscripto, perseguido y reprimido con dureza desde los tiempos de la revolución y guerra civil. Muchos ácratas rusos, ucranianos y de otras nacionalidades soviéticas habían sido encarcelados, torturados y ejecutados, y no pocos permanecían deportados y confinados en Siberia, o exiliados en Europa y América. Hasta un buque de la Flota Roja –un destructor– recibió el nombre de Vanzetti (algo que Bartolomeo no hubiese visto con buenos ojos, dado su pacifismo y antimilitarismo). En los Urales meridionales, una fábrica comenzó a producir en masa lapiceras con la inscripción de ambos apellidos martiriales, y lo seguiría haciendo durante décadas.

Acaso el homenaje más bello y conmovedor a los mártires de Boston sea el de los anarquistas vascos, en tiempos de la Guerra Civil Española. Hacia septiembre de 1936, la CNT de Euzkadi creó el Batallón n° 4 de las Milicias Antifascistas, al que denominó Sacco-Vanzetti. Lo engrosaban contingentes de voluntarios de Guipúzcoa y Vizcaya. Tuvo una heroica actuación en el Frente del Norte, en batallas como Legutiano y Kolitza. No lo olvidemos: Vanzetti había escrito que “la sangre de los mártires es la simiente de la libertad”.

En 1977, en ocasión del 50º aniversario de la ejecución de Sacco y Vanzetti, el gobernador de Massachusetts Michael Dukakis proclamó oficialmente su inocencia. Este mea culpa tardío del poder tuvo escasa significación histórica. En la conciencia del pueblo, en la memoria colectiva de las clases subalternas, Nicola y Bartolomeo siempre habían sido inocentes.

La memoria redentora del Parnaso

Sacco y Vanzetti dejaron una larga estela en las artes contemporáneas. El mismo año en que se consumó la ejecución, el dibujante Fred Ellis editó el libro The Case of Sacco and Vanzetti in Cartoons, compilación de los trabajos historietísticos sobre los mártires de Boston que había publicado en el periódico comunista Daily Worker. En París, el dramaturgo Pierre Yrondy creó el drama Sept ans d’agonie: le martyre de Sacco et Vanzetti. En Buenos Aires, el escritor y periodista libertario Rodolfo González Pacheco compuso su breve elegía A Sacco y Vanzetti, nuestro saludo (véase más abajo).

 Al año siguiente, el escritor estadounidense Upton Sinclair publicó su afamada novela Boston. Casi en simultáneo, los dramaturgos Maxwell Anderson y Harold Hickerson compusieron la obra Gods of the Lightning, que se estrenaría en Europa a comienzos de la década siguiente. En 1932, el artista plástico Ben Shahn concluyó su mural The Passion of Sacco and Vanzetti. A mediados de la década del 40, el cantante de protesta Woody Guthrie grabó sus memorables Ballads of Sacco & Vanzetti. En 1953, el escritor Howard Fast publicó su libro The Passion of Sacco and Vanzetti, a New England Legend. En 1971, se estrenó la película Sacco e Vanzetti, del cineasta italiano Giuliano Montaldo, la obra artística que más ha contribuido mundialmente a la reivindicación póstuma de los mártires de Boston, máxime si se tiene en cuenta el éxito arrollador que cosecharon en paralelo la banda de sonido compuesta por Ennio Morricone y las canciones Here’s to You y The Ballad of Sacco & Vanzetti interpretadas por la cantante folk Joan Baez, incluidas en el soundtrack. En 1991 se estrenó en el Teatro Metropolitan de Buenos Aires el drama Sacco y Vanzetti, de Mauricio Kartún. Diez años después, Anton Coppola llevaría a los escenarios de EE.UU. su ópera Sacco & Vanzetti. Cerramos este somero inventario con Send for the Million Men (2014), una obra de teatro escrita e interpretada por Joe Silovsky en el circuito off-Broadway (independiente) de la ciudad de Nueva York.

El precitado film Sacco e Vanzetti merece un párrafo aparte. Se trata de un largometraje emblemático del aquel Cinema Politico italiano que tanta gloria cosechó a fines de los 60 y comienzos de los 70, de la mano de directores como Pontecorvo, Petri y el propio Montaldo. Cuenta con el genial Gian Maria Volontè en el papel de Vanzetti, Riccardo Cucciolla en el de Sacco y el experimentado Cyril Cusack en el villano rol del fiscal Katzmann. Fue concebido, rodado y estrenado en un contexto histórico no muy diferente al de los sucesos que inspiraron su trama: la Italia de los Anni di Piombo («Años de Plomo»), la llamada strategia della tensione y la puesta en marcha de la anticomunista Operación Gladio. En plena Guerra Fría, Washington y la OTAN, alarmados por la radicalización de los obreros y estudiantes italianos post-68 (en 1969 había acontecido el Otoño Caliente), pretendieron generar en dicho país un clima de inseguridad y miedo que avalara y propiciara la implantación del estado de sitio, marco ideal para la represión. En vistas a tal fin, apoyaron y financiaron en secreto las actividades terroristas de grupos de extrema derecha; actividades que fueron hábilmente presentadas a la opinión pública –con la connivencia de los grandes medios de comunicación– como acciones criminales perpetradas por células izquierdistas. A finales de los 60 y principios de los 70, la sociedad italiana asistía, pues, a una feroz campaña de criminalización de la izquierda, análoga a la que había tenido lugar en Estados Unidos durante el primer Red Scare (1917-21).

Pero la analogía no se queda ahí: dos militantes libertarios, Giuseppe Pinelli y Pietro Valpreda, fueron acusados por el fiscal Antonio Marini de haber cometido la Strage di Piazza Fontana, un atentado terrorista perpetrado por la agrupación neofascista Ordine Nuovo en el centro de Milán, el 12 de diciembre de 1969. La bomba, colocada en el interior de una sucursal de la Banca Nazionale dell’Agricoltura, dejó un saldo de 17 muertos y más de 80 heridos. Al igual que Sacco y Vanzetti, Pinelli y Valpreda eran inocentes del crimen que se les imputaba. El verdadero motivo de su encarcelamiento fue, claro está, su militancia anarquista. Pinelli sería asesinado impunemente por la policía pocos días después de su arresto (murió defenestrado, igual que Andrea Salsedo, un compañero galleanista de Sacco y Vanzetti, tal como se remarca insistentemente en el film). Por su parte, Valpreda debió afrontar nada menos que cinco juicios, consiguiendo su absolución definitiva recién en 1985. Fue precisamente este notable paralelismo histórico lo que inspiró y movilizó a Montaldo a encarar la realización de su memorable biopic sobre los mártires de Boston.

A SACCO Y VANZETTI, NUESTRO SALUDO

Lo mejor de los hombres –tú lo sabes, Vanzetti– no es su cuerpo, que cualquier asesino carboniza. De ser así –también tú lo sabes, Sacco– sería más noble y piadoso ser verdugo que anarquista. Lo mejor de los hombres es su coraje y su fe; aquél es manto que arropa a los que tiemblan; ésta es sandalia para los pies llagados. Hoy, las almas proletarias están calientes y erguidas gracias a lo que vosotros, moribundos, les donasteis: audacia, esperanza. ¡Os saludamos en vuestra final victoria, hermanos!

Desde la CÁMARA DE LA MUERTE, eso –fe y coraje– irradiasteis a los hombres de toda idea y toda raza, Sacco y Vanzetti.

Con pupila serena y altiva, te vemos a ti, vendedor de pescados, esta mañana de tu último día: has terminado de vender tus frutos marinos. Ayer noche, ríos y mares habían volcado en tus manos su riqueza de plata y de oro vivos. En tus cestas de mimbre, latían, como los pensamientos en las celdillas, plateados, dorados; rosados de peces. Y hoy todo lo entregaste, todo lo diste. Y cuando el sol tocó el cenit, en el momento que cae derecho y vibrante, como una flecha, sobre las cabezas, ¡en la mitad de tu vida!, te quedaste de pie, paralizado y sonriente ante tus cestas, como tu cuerpo vacío de voluntad, vacías de pesca. ¿Muerto o soñando? ¡Muerto! ¡Electrocutado!

¿Por qué? Porque en el país de las latas ponzoñosas y de las conservas nauseabundas, sólo tú repartías pesca sana. ¡Repartías la Anarquía!

Desde la CÁMARA DE LA MUERTE, esto has tú comprobado a las gentes, Bartolomé Vanzetti. Te saludamos en tu final victoria. En la certeza, que lograste cambiar en las almas, de que es por anarquista que te asesinan.

Con pupila serena y altiva te vemos ahora a ti, Sacco, el zapatero. Tú también esta mañana terminaste tus tareas. Zapatos para todos los números, formas y clases se te fueron de las manos a correr el ancho mundo; a defender los pies de los peregrinos de los guijarros, las espinas y los lodos. A erguir hombres sobre tus suelas trabajadas. Y cuando el sol, como un señorón estúpido, fue a arrojarte a la banqueta sus discos de oro, te halló inmóvil y crispado. ¿Muerto o soñando? ¡Muerto!

¿Por qué? Porque en el país de los hombres con pezuñas, como burros o bisontes, sólo tú tenías piedad de los piececitos tiernos, de las plantas ensangrentadas de tus hermanos. Porque calzabas con tu coraje y tu fe a los proletarios; fe en la Anarquía, coraje para hacer el camino largo…

Desde la CÁMARA DE LA MUERTE esto has tú comprobado a las gentes, Nicolás Sacco. Te saludamos también en tu final victoria. En la certeza, que lograste clavar en las almas, de que es por anarquista que te matan.

Saludamos… Pero, ¿basta esto? ¡No! ¡No basta! Comprender una infamia no quiere decir consentirla. Sacco y Vanzetti, hermanos: nuestro saludo a vosotros: ¡VENGANZA!

Rodolfo González Pacheco

Periódico La Antorcha, n° 244. Bs. As., 10 de agosto de 1927

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

AA.VV., Sacco y Vanzetti: sus vidas, sus alegatos, sus cartas. Montevideo, Acción Directa, 1972.

Avrich, Paul, Sacco and Vanzetti: The Anarchist Background. Princeton (NJ), Princeton University Press, 1991.

Bayer, Osvaldo, Dos héroes del pueblo. Página/12, 24/8/2007.

Los Andes, diversos artículos, agosto de 1927.

Mare, Federico, Sacco y Vanzetti: los Mártires de Boston (miscelánea). Mendoza, La Hidra de Mil Cabezas, 2009.

Ortner, Helmut, Sacco & Vanzetti. El enemigo extranjero. Tafalla (Navarra), Txalaparta, 1999.

Pérez Morán, Ernesto y Pérez Millán, Juan Antonio, “Sacco y Vanzetti (Giuliano Montaldo, 1971): un juicio político”. En Cien abogados en el cine de ayer y hoy. Salamanca (España), Ediciones Universidad de Salamanca, 2010, pp. 156-158.

Quesada, Fernando, Sacco y Vanzetti: dos nombres para la protesta. Bs. As., Destellos, 1974.

Schiller, Herman, “1927: Sacco y Vanzetti en Buenos Aires”. La Izquierda Diario, 29/5/2016.

Watson, Bruce, Sacco and Vanzetti: The Men, the Murders, and the Judgment of Mankind. Londres, Penguin, 2007.

Ir al contenido