Reflexión crítica de los 50 años: una conmemoración enclaustrada

por Guillermo Correa

Pasado el 11 de septiembre se puede hacer un primer balance de cómo fue la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en nuestro país, aunque todavía quedan varios meses para que se termine el “año 50”. En términos generales definiría esta conmemoración como enclaustrada (la mayoría de los eventos se realizaron en recintos cerrados), limitada o concentrada en el tiempo (se realizaron actividades principalmente durante la primera semana de septiembre y especialmente el día 11) y, lo que es más grave aún, la derecha pinochetista (en todas sus variantes) logró establecer su propio relato sobre la conmemoración de los 50 años.

Se trató de una conmemoración enclaustrada, puesto que, como enunciaba en esta reflexión, la gran cantidad de actividades relacionadas específicamente con esta emblemática fecha se efectuaron entre cuatro paredes, sea en universidades, otros espacios educacionales, recintos culturales, sitios de memoria, edificios institucionales y gubernamentales, apelando especialmente a los símbolos y la emotividad. 

Seminarios, conferencias, conversatorios, foros, lanzamiento de libros, documentales, conciertos, exposiciones, instalación de placas de memoria, entrega de títulos póstumos, son algunas de las variadas actividades realizadas en recintos cerrados, muchas de ellas llevadas a cabo en espacios institucionales y sitios de memoria. En general, estas actividades tuvieron en común el estar encuadradas en criterios, protocolos y proyectos gubernamentales, actividades en las cuales, además, estuvieron presentes autoridades institucionales, las cuales al hacer uso de la palabra alababan y difundían los planteamientos del gobierno del que son funcionarias y funcionarios, aportando de esta forma al discurso oficial que tienen como misión trasmitir. Así, repetían como loros que la “democracia se defiende con más democracia; la violencia se condena venga de donde venga; democracia es memoria y es futuro”.

Si bien todas estas actividades han tenido un valor muy importante que no se puede soslayar, sobre todo para familiares y víctimas directas de la represión, la asistencia a estas se ha limitado, la mayor parte de las veces, al mismo grupo de personas que normalmente participamos en las movilizaciones y actividades relacionadas con los derechos humanos. Los grandes ausentes fueron las muchachas y jóvenes de las nuevas generaciones, a pesar de que en todos los discursos e intervenciones se resaltaba que dichos eventos estaban orientados hacia ellos, para que asumieran el relevo necesario para seguir adelante en la lucha de resistencia por la memoria, la verdad, la justicia y contra la impunidad. 

Por otra parte, las distintas actividades y movilizaciones callejeras que se han realizado durante todos los meses del 2023 no han tenido características especiales, puesto que corresponden a aquellas que se realizan año tras año en determinadas fechas conmemorativas, solo que esta vez se incluyó en las pancartas y lienzos el logotipo conmemorativo de los 50 años. Es decir, no hubo nada nuevo bajo el sol, salvo algunas pocas excepciones, como las realizadas los días 11 de cada mes por la Mesa de Trabajo de Derechos Humanos acá en Valparaíso.

Las múltiples y variadas actividades, movilizaciones y expresiones de protesta callejera que se realizaron la semana previa y durante el mismo día 11 de septiembre contaron con una masiva participación de manifestantes, pero tampoco fueron, en esencia, distintas y muy diferentes a las de los años anteriores. 

Hay que tener presente, asimismo, que el proceso de desarticulación, dispersión y repliegue de las organizaciones populares se viene arrastrando desde el momento en que las elites políticas idearon y concretaron el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución a mediados de noviembre del 2019, lo que, junto a la aparición de la pandemia de coronavirus con todas sus restricciones sanitarias, contribuyeron a profundizar esta situación coyuntural. 

La casi total paralización de las movilizaciones de los sectores populares, que se creyeron el cuento de la nueva Constitución centrando sus esfuerzos y energías en los procesos electorales posteriores y, sobre todo, luego del profundo fracaso que significó el aplastante triunfo del rechazo a la propuesta de nueva Constitución el 4 de septiembre del 2022, envalentonó y le dio nuevos bríos a la derecha política, mientras los sectores populares institucionalizados cayeron en una profunda depresión y repliegue post rechazo, depresión política y anímica que hasta el día de hoy no logran superar. De ahí en adelante los sectores pinochetistas emergentes representados en los republicanos, junto a los sectores pinochetistas tradicionales, travestidos de demócratas en los partidos UDI, RN y Evópoli, comenzaron a navegar a sus anchas en las aguas mediáticas para ir elaborando y construyendo su propio relato en torno a la conmemoración delos 50 años.  

Reiterando lo expuesto más arriba, la derecha pinochetista en todas sus variantes logró posicionar mediáticamente sus ideas, sus propios planteamientos y su visión, justificando e intentando minimizar las deleznables atrocidades, violaciones sistemáticas a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura civil militar. Este proceso lo pudieron implementar y llevar adelante gracias a los poderosos medios de comunicación de masas en manos de las elites y de la clase dominante, que fueron utilizados inteligentemente por ellos.

El gobierno de las coaliciones Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático encabezado por Boric  tiene su propia responsabilidad en lo anteriormente expuesto y no ha estado ajeno a esta campaña llena de opacidades, ambigüedades y deseos de una absurda “reconciliación nacional”, que, en el fondo, significa asumir y aceptar los planteamientos de la derecha pinochetista y sus relatos instalados, desarrollando tres deslavadas y ambiguas ideas fuerza como son “democracia, memoria y futuro”, que solo contribuyen a incrementar los argumentos de la clase dominante, dejando de lado el plantear en forma clara, sin dobles lecturas, conceptos fundamentales como el golpe de Estado, la dictadura, la verdad, la justicia y el castigo para los culpables, es decir la lucha contra la impunidad que durante 50 años sigue más vigente que nunca, puesto que la “justicia en la medida de lo posible” ha sido la que terminó por imponerse, pese a la incansable y tenaz lucha llevada adelante por los familiares de las víctimas de la represión y las distintas organizaciones de derechos humanos, lucha que continuará más allá del número emblemático de los 50 años y su conmemoración.

El gobierno Intentó por todos los medios sacar adelante la ”Declaración de Santiago” para que fuera firmada por todos los partidos del arco institucional, buscando mostrar una careta disfrazada de unidad y reconciliación nacional para poder así publicitar hacia el exterior que se avanza construyendo juntos y en paz el “país que todos queremos”, olvidándose que por más que se decrete el fin de la historia y de la lucha de clases, esta sigue estando presente en los procesos sociales actuales y la posición agresiva asumida por la derecha política así también lo muestra. 

En la publicitada “Declaración de Santiago”, que se tradujo oficialmente en el documento titulado COMPROMISO: POR LA DEMOCRACIA, SIEMPRE, la que finalmente fue firmada por los expresidentes Frei, Lagos, Bachelet, Piñera junto a Boric, se omiten, de manera vergonzosa, los conceptos golpe de Estado, dictadura, violaciones atroces y sistemáticas de los derechos humanos, terrorismo de Estado, detenidos desaparecidos, etcétera y  en vez de ello se habla en dicho documento de: “quiebre violento de la democracia en Chile, que le costó la vida, la dignidad y la libertad a tantas personas”, es decir, se usan eufemismos de manera de no incomodar a los “demócratas pinochetistas” invitados a firmar este “compromiso”, pero que, contrario a lo que esperaban en el gobierno y envalentonados por el protagonismo adquirido durante este último tiempo, ni siquiera bajo esas características y concepciones lo quisieron firmar, sino que incluso elaboraron su propio documento en forma paralela al elaborado por el gobierno de Boric. 

El clima enrarecido por la campaña mediática de la derecha, las elites y la clase dominante -que plantean dar vuelta la hoja, dejar atrás el pasado, preocupándose de mirar el futuro y cuidar la democracia, es decir cuidar el sistema instaurado en dictadura y consagrado en la Constitución que nos rige actualmente- es el que se ha impuesto en todos estos meses.

Y estos planteamientos que buscan la “reconciliación nacional”, aunque sea de manera solapada y encubierta, como ha pretendido hacer el gobierno de Boric y las coaliciones políticas que lo sustentan, ha llegado incluso a ser asumido por organizaciones y colectivos de derechos humanos que acomodan sus discursos para no incomodar al gobierno, del cual sus referentes políticos forman parte. Pareciera ser que, al haberse de cierta forma institucionalizados, se trata de no incomodar al gobierno de Boric del cual han pasado a ser una especie de funcionarios que dependen de los dineros emanados desde el Estado.  De esta manera, a estos sectores les incomodan las reflexiones políticas o declaraciones que denuncian abiertamente y sin ambigüedades el comportamiento reaccionario y entreguista del gobierno respaldado por las coaliciones del Socialismo Democrático y Apruebo Dignidad. 

Pero, por otra parte, aceptan sin mayores reparos los planteamientos gubernamentales, o simplemente se hacen los lesos y no emiten opiniones disonantes al respecto, para “no quebrar huevos”. Pareciera que están más preocupados de mantener sus puestos de trabajo en los nuevos nichos de memoria y derechos humanos en los que se encuentran laborando que desarrollar un trabajo de acuerdo sus propias posiciones o convicciones políticas.

Precisamente por todo lo anteriormente planteado es que la derecha más recalcitrante de nuestro país tomó la batuta en sus manos, impulsando sus planteamientos ideológicos negacionistas e instalando su propio relato respecto al golpe de Estado y los 50 años. Tomó el sartén por el mango luego de las vacilaciones y claudicaciones emprendidas con posterioridad al Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, proceso que llevó a muchos sectores populares y revolucionarios a creerse el cuento del proceso constituyente y que, luego de la derrota del rechazo, cayeron en una profunda crisis emocional y política de la que todavía no se recuperan. 

Esta nueva coyuntura política NO pudo ser contrarrestada por las organizaciones, colectivos, movimientos populares y de derechos humanos en rebeldía que no se creyeron dicho cuento constituyente y que no participaron de dicho proceso definido desde las elites y el poder, porque carecieron de la organización, la capacidad de acción, la capacidad de lucha y la creatividad necesaria para enfrentarlo. 

Pero esta situación coyuntural tampoco fue tomada en cuenta por quienes creyeron en dicho proceso, especialmente los partidos políticos que se definen de izquierda, y, peor aún, teniendo los medios económicos y organizativos para llevar adelante un plan de agitación y propaganda que enfrentara desde el inicio de este año 2023 el relato que se estaba instalando, relato emanado desde la derecha pinochetista como decía anteriormente, no hicieron nada al respecto. La única explicación a este comportamiento es que carecieron de la voluntad política para llevar adelante este plan de agitación y propaganda.

Esto se tradujo, en la práctica concreta, en la incapacidad de ocupar los territorios, las calles y los muros en todos los sectores y rincones, a lo largo y ancho del territorio nacional durante todos los primeros meses de este año para haber desplegado una campaña de agitación y propaganda que rompiera con esta visión única emanada desde las esferas del poder y la clase dominante, para poder contrarrestarla y llegar a disputar la batalla de las ideas y la comunicación que la derecha estaba imponiendo. 

El territorio, la calle y los muros son el espacio de educación popular para la expresión de la resistencia de los sectores populares y no deben ser descuidados ni abandonados, ellos permiten llegar con los planteamientos a todas las personas, a los ciudadanos y las ciudadanas de a pie, es decir, a todos los sectores del pueblo chileno.

Por lo planteado anteriormente, sin desmerecer la importancia de las actividades de carácter simbólico realizadas, sobre todo y principalmente para los familiares e integrantes de colectivos y organizaciones de derechos humanos, estas, reitero, en términos generales se efectuaron enclaustradas entre cuatro paredes y limitadas a los ámbitos institucionales que, en definitiva, apoyaban las ambiguas ideas que la institucionalidad quería imponer para no incomodar, con el objetivo de imponer una camaleónica “reconciliación nacional” que solo significa, más allá de toda la retórica desplegada por el gobierno de Boric, una claudicación ante los planteamientos de las ideas reaccionarias impuestas por la derecha en nuestro país. 

La sensibilidad y la emoción a flor de piel presentes en todas y todos quienes formamos parte de esa generación que vivió la alegría desbordante de construcción de una sociedad de nuevo tipo durante en el gobierno dela Unidad Popular y que luego, desde las más diversas trincheras y expresiones de lucha, opusimos resistencia a la dictadura, puede ser motivo para que nos podamos sentir representados y conformes con las distintas actividades culturales, políticas, de memoria y reconocimiento simbólico realizadas para homenajear a muchos compañeros y compañeras que sufrieron la feroz represión dictatorial en esta conmemoración de los 50 años, pero en estas actividades seguimos encontrándonos las y los mismos de siempre. 

Reitero una vez más, las muchachas y jóvenes de hoy, por lo que pude observar en forma directa acá en Valparaíso, fueron los grandes ausentes en estas actividades conmemorativas y, por supuesto, la autocrítica debe ser asumida.

Si bien el número 50 tiene un carácter emblemático, el año 51 y los que siguen serán tan importantes como este año en la lucha de resistencia por la memoria, la lucha por la verdad, la lucha por la justicia, la lucha contra la impunidad, la lucha contra el olvido. 

Desgraciadamente el negacionismo y el relato distorsionado de la derecha pinochetista en torno al golpe de Estado ha tomado fuerzas durante este último tiempo -como consecuencia de los diferentes factores que he planteado en esta reflexión- y están muy presentes en este momento coyuntural de repliegue, atomización y falta de organización con carácter crítico de clase en el campo popular.

No debemos olvidar, reitero una vez más, que la situación coyuntural que vivimos en estos momentos es parte de un proceso que tiene su punto de partida cuando la mayoría de los sectores populares que participaron en la rebelión de octubre del 2019 decidieron acatar las normas impuestas desde las elites políticas y se plegaron al camino institucional-electoral trazado en el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución firmado entre gallos y medianoches el 15 de noviembre del 2019, donde el actual presidente Boric tuvo una actuación protagonista. 

Estos sectores, además, han tenido un comportamiento errático, un comportamiento político “esquizofrénico”, ya que en un primer momento rechazaron con energía y elocuencia el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, definiéndolo como un proceso espurio, traicionero, realizado a espaldas del pueblo, para después, cuando tomaron la opción de plegarse a él y a todos los procesos electorales posteriores, defenderlo con el mismo ímpetu y entusiasmo con el que hacía poco lo habían rechazado, obnubilados por la nueva Constitución que ilusamente creían que terminaría con las injusticias y la opresión en nuestro país, aun cuando sabían perfectamente que dicho texto, si se hubiese aprobado, tendría que haber sido sometido, afinado y concretado mediante leyes elaboradas en el Parlamento que estaba, y sigue estando, en manos de la casta política que tanto repudiaban. 

Pero, más encima, ocurrió la debacle política del rotundo rechazo electoral a dicho texto en el Plebiscito de salida de 4 de septiembre del 2022, que los descolocó totalmente, dejándolos completamente desorientados una vez más. Los “viudos y viudas” del rechazo todavía no terminan de cerrar el duelo provocado por dicha situación y ahora, más encima, se encuentran enfrascados en un zapato chino ante el nuevo proceso constitucional cooptado electoralmente por la derecha y están llamando a rechazar la propuesta constitucional que se proponga a los electores. Este rechazo significa, en la práctica electoral concreta, una defensa de la Constitución de “Pinochet-Lagos” que tajantemente querían sepultar con el proceso constitucional anterior. A esto me refiero cuando hablo de un comportamiento político errático y “esquizofrénico”.

Como podemos ver, la situación política coyuntural actual no salió de la nada, es producto del empecinamiento y espejismo electoral en el que aceptaron gustosos en participar.  

Asumir las precarias condiciones en que se encuentra el movimiento popular en estos momentos es fundamental, pues constituye, a mí parecer, el primer e indispensable paso para comenzar a transitar por un camino autónomo y extra parlamentario de construcción de organización popular, pero una organización con carácter crítico de clase, que se plantee avanzar en la acumulación de fuerza social democrática, popular y revolucionaria de carácter clasista, necesaria para triunfar y terminar con el sistema de dominación capitalista, patriarcal y opresor que nos rige.

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