Reabrir el debate en torno al fascismo: apuntes para nuestro presente

de Espacio Colectivo de Discusión

“Posfascismo”, “nuevas derechas” y “neofascismo” se han transformado en conceptos tentativos para comprender la complejidad de nuestro presente atravesado por una crisis civilizatoria integral acompañado de un tránsito geopolítico hegemónico. Nuestro objetivo consiste en reposicionar el debate ligado al fascismo comprendiendo tres momentos: I) La discusión por definir el carácter “fascista” de los regímenes autoritarios en la década de los 70; II) las apropiaciones partidarias de dicho debate reflejado en los casos del MIR y Partido Comunista y; III) la pertinencia categorial histórica del fascismo en vínculo con nuestro presente.

I. La irrupción de los regímenes autoritarios y su categorización ligada al fascismo

La ofensiva de los regímenes autoritarios en América Latina destrozaron los marcos conceptuales existentes para su comprensión, no se trató de modelos de intervenciones militares suscitadas en la primera mitad del siglo XX, la brutalidad de los acontecimientos abrió el debate. La respuesta desde la órbita marxista descansó en la complejización de la categoría “fascismo” en relación con las particularidades de la realidad política, económica y social latinoamericana amplificando la categoría de “dependencia”y descartando la existencia de un “fascismo clásico” restringido a las realidades de Alemania e Italia.

Sobre el carácter del Estado, imperialismo y la forma dependiente del fascismo

La comprensión en torno a las formas que asume el Estado frente al ascenso del fascismo adquiere cierto lugar común como una forma de excepción del Estado Capitalista en desplazamiento de su forma liberal-burguesa la cual constituye la forma idónea y predominante de dominación. Dicho desplazamiento de la forma está dado por una crisis hegemónica, una abierta amenaza a la reproducción del orden social capitalista que en última instancia se resuelve en la ascensión del fascismo. “Esa dictadura adquiere un carácter terrorista hasta el punto de producir un cambio cualitativo en la forma de dominación y consecuentemente en la forma del Estado, operando una ruptura radical con las formas democrático-burguesas”1.

Para Atilio Boron quien será partidario de negar la caracterización y comprensión de los regímenes autoritarios como fascistas inclinándose por la categoría de “Estado militar” no renegará de la caracterización del fascismo como forma excepcional del Estado capitalista abriendo sus determinantes ligadas a la historicidad de su irrupción, al respecto señala: “el fascismo, forma excepcional del estado capitalista, es un fenómeno que se sitúa en la fase crítica de descomposición del imperialismo clásico – es decir, en el período que transcurre entre las dos guerras mundiales – y que se clausura con la derrota del Eje y la reorganización del sistema capitalista mundial bajo la hegemonía norteamericana”2.

1 Cueva, Agustín. La cuestión del fascismo, Revista Mexicana de Sociología,1977.
2 Boron, Atilio. El fascismo como categoría histórica: en torno al problema de las dictaduras en América Latina. CLACSO, 2003.

page1image594757184

Para Atilio Boron el empleo de la categoría “fascismo” se ha distorsionado en un empleo “abstracto formal” en desmedro de su historicidad, ya que su nacimiento presenta ciertas particularidades contextuales que han desaparecido en los marcos temporales de la irrupción de los regímenes autoritarios en América Latina. La refutación a este argumento se encuentra en que “existen muchas vías hacia el fascismo, y que cada fascismo representa las características que resultan de las peculiares condiciones históricas del país en que se entroniza. (…) Lo esencial es el conjunto de ideas y formas a las cuales recurre para fundamentar su proyecto político, y no las tácticas que utiliza para conquistar, ejercer y conservar el poder”3.

Esta argumentación de Jorge Tapia se vincula con la propuesta de Agustín Cueva en la proposición metodológica de distinguir lo esencial del fenómeno de sus manifestaciones, en este sentido no tiene lugar la conceptualización de un “fascismo clásico”, “¿Y los demás elementos que a veces se mencionan como constitutivos del fascismo, tales como el partido de masas, el soporte pequeño burgués o la ideología nacional-chauvinista? Por el momento limitemonos a recalcar que lo esencial no está en estos elementos puesto que ellos constituyen simples medios destinados a «apuntalar» lo fundamental”4.

Planteando estas distinciones la existencia y las posibilidades del fascismo se movilizan adquiriendo particularidades históricas para la región de América Latina, dicha particularidad dice relación con su carácter dependiente y periférico en los marcos del modo de producción capitalista. Theotonio dos Santos como uno de los exponentes de dicha adjetivación del fascismo da cuenta de las transformaciones históricas en torno al carácter de dependencia situada tras la postguerra, en donde las intervenciones de capitales extranjeros no se ubican solamente en actividades extractivas, por el contrario, tendieron a expandirse hacia otras áreas productivas estratégicas, al respecto sostiene: “los datos son muy significativos y revelan la orientación del gran capital hacia las industrias de bienes de consumo durable como la automovilística y las máquinas eléctricas, que se crearon en las últimas décadas en América Latina. El peso de la industria química y derivados revela un control de los productos de consumo más modernos y de las materias primas de sectores importantes de la industria de consumo. El capital norteamericano se ubicó, pues, en la faja más moderna y dinámica de las industrias latinoamericanas”5.

Si Boron se detiene en la diferenciación existente entre un fascismo “clásico” y las expresiones del Estado-militar en América Latina, Álvaro Briones sostendrá que dichas diferencias cualitativas se deben “a un origen fácilmente identificable, que explica en realidad la mayoría de las características de las formaciones sociales de América Latina: su condición de dependencia respecto a las potencias capitalistas dominantes”6.

Por último, en este breve apartado se debe reflexionar en torno al imperialismo y su rol jugado en los regímenes autoritarios, siguiendo los planteamientos de Leopoldo Zea quien sostiene que: “el fascismo ha estado presente en cada uno de los gorilazos que han

3 Tapia, Jorge. Neo-militarismo y fascismo. Nueva Sociedad, 1980.
4 Cueva, Agustín. La cuestión del fascismo, Revista Mexicana de Sociología,1977.
5 Theotonio dos Santos. Socialismo o fascismo. El nuevo carácter de la dependencia y el dilema latinoamericano. Edicol. 1978.
6 Briones, Álvaro. Economía y política del fascismo dependiente. Siglo XXI editores, 1978.

page2image595703360

azotado y azotan a la América Latina. Gorilazos bajo la inspiración y estímulo del país líder del nuevo imperialismo. Brasil, Argentina, Bolivia, Uruguay y ahora Chile han mostrado las más violentas características de un fascismo nunca muerto, sino tan sólo conservado y mejorado por el neoimperialismo”7.

Continuando con la profundización respecto al rol jugado por el imperialismo dicho autor aludirá a la Escuela de las Américas en el perfeccionamiento de los mecanismos represivos reflejando que “el fascismo es ahora una maquinaria represiva, perfeccionada por los Estados Unidos con una frialdad espantosa. Maquinaria para la cual los hombres, los individuos, no son sino números y objetos para utilizar o desechar. Del frío uso o eliminación se habla en instituciones creadas en el Canal de Panamá, en la que se aprende el arte de la represión y el terror”8.

Desde el lugar del imperialismo estadounidense que irrumpe hegemónicamente tras la Segunda Guerra Mundial y, a la vez ,la conformación histórica del imperialismo como fase del capitalismo en su relación con América Latina, su traducción no fue tan sólo en la intervención en diversas áreas económicas sino la dotación de un marco ideológico de carácter fascista como la Doctrina de Seguridad Nacional, “Pareciéndonos clara la naturaleza fascista de la DSN, la adjetivación como ́fascismo dependiente ́ se funda en la esencial coincidencia, a despecho de los malos tratos recíprocos de los últimos años, entre las metas de los regímenes latinoamericanos tipo DSN y las necesidades por una parte, de la estrategia global norteamericana, y por otra, de los requerimientos que el imperialismo económico y su actual transnacionalidad impone sobre las economías de los países dependientes”9.

Sobre las bases sociales de apoyo y la lucha de clases

Lo que sitúa la irrupción del fascismo y su posibilidad de prosperar se vincula estrechamente con la profundidad de la crisis hegemónica existente protagonizada por un movimiento político que pone en cuestionamiento la reproducción del orden capitalista agudizando la lucha de clases. En este plano las bases sociales de apoyo que encuentran síntesis en la encarnación del fascismo son las pequeñas burguesías y la arremetida del capital transnacional como reorganizador y catalizador de la crisis. En este aspecto las coincidencias son más enfáticas desde Guillermo O ́Donnell, Atilio Boron y Theotonio Dos Santos quienes comparten la caracterización del lugar de la crisis pero se distancian en la comprensión de la irrupción de los regímenes autoritarios como “fascistas”. Dichos elementos fundantes en la observación y caracterización de la posibilidad histórica del fascismo se expresan en la tabla 1.

page3image524915840

7 Zea, Leopoldo. Fascismo dependiente en Latinoamérica. Revista Nueva Política, 1976. 8 Ibídem, p.150.
9 Tapia, Jorge. Neo-militarismo y fascismo. Nueva Sociedad, 1980.

tabla 1. Definiciones y caracterizaciones del fascismo

AutorDefinición – caracterización
Theotonio Dos Santos“El movimiento fascista puede cumplir el papel regenerador del capitalismo porque expresa exactamente los temores, deseos, ambiciones y valores pequeño burgueses liberados de las trabas sociales que sofocan cotidianamente a la pequeña burguesía.” (ibidem, pp.180-181).
Jorge Tapia“En suma, definimos como régimen fascista a toda dictadura revolucionario-oligárquica de duración indefinida que, frente a una situación de crisis hegemónica de la burguesía, se propone la modernización de la estructura capitalista, previo reemplazo de la teoría política liberal, eliminación de las tendencias socialistas de la economía y aniquilamiento del poder socio-político de las clases trabajadoras”. (Tapia, 1980).
Álvaro Briones“El fascismo es, en consecuencia, la forma de gobierno que adopta la gran burguesía monopolista cuando el capitalismo ha asumido la forma monopolista de estado y no existen condiciones económicas ni ideológicas para morigerar el conflicto social en circunstancias en que, por el contrario, el auge de la lucha de clases plantea la posibilidad de una solución revolucionaria a este conflicto”. (Briones, 1978, p.270).
Atilio Boron“Refleja otro tipo de crisis económica, política e ideológica para otra alianza de clases dominantes en una nueva modalidad de acumulación. Existe, claro está, un “aire de familia” entre el fascismo y estos regímenes dado que ambos son formas reaccionarias de excepción del Estado capitalista y expresan la contrarrevolución burguesa que pretende resolver una crisis orgánica en distintos momentos. Pero ahí se acaba su semejanza”.

Tras lo explícito que reflejan las definiciones y caracterizaciones de la tabla 1 podemos concluir que la ascensión del fascismo encuentra su nicho en una crisis orgánica en donde su alternativa es vista en los marcos de un proceso contrarrevolucionario por frenar, reprimir y aniquilar la amenaza protagonizada por movimientos populares que desbordan los marcos de reproducción del capitalismo, ante esta amenaza las pequeñas burguesías juegan un rol fundamental al constituirse en las bases de apoyo social para la resolución de la crisis orgánica. Por otro lado, estas caracterizaciones son tributarias del debate dado por grandes referentes marxistas en la forma de aproximación y comprensión del fascismo, por su parte Trotsky planteó que la función histórica del fascismo es rescatar al capital de su crisis ante una situación de descalabro y lucha de clases agudas (Trotsky, 1940), en continuidad con aquella concepción y reforzando la respuesta contrarrevolucionaria ante el estancamiento del movimiento obrero “Clara Zetkin sostuvo en 1923 que era el castigo que se le aplicaba al proletariado por no haber sido capaz de continuar la revolución iniciada en Rusia”.

Sobre el carácter militante del debate

En la actualidad es común que los debates circulen por diversas instancias universitarias y en formatos de producción restringidos y traducidos a una nomenclatura academicista, a contrapelo de dicha realidad, los debates en el contexto analizado entraban en sintonía con los proyectos políticos en disputa y la posibilidad del diálogo irrestricto entre interpretación-transformación de la realidad. Es así como intelectuales se refirieron al debate en torno al fascismo considerando en sus capítulos finales orientaciones para la acción política o cuestionando su uso arbitrario y despojado de reflexión ante el imperativo de la denuncia y la agitación.

Para Atilio Boron la utilización indiscriminada de la categoría “fascismo” tiene relación con una distorsión práctica-política ligada a la derrota. “Enfervorizados por la polémica y acuciados por la necesidad práctica de caracterizar al enemigo muchos estudiosos y la gran mayoría de los dirigentes de las fuerzas políticas de izquierda procedieron a exhumar una categoría interpretativa que de súbito renació en el fragor de aquel derrumbe: el fascismo”10. Dicha exhumación para el autor carecería de rigurosidad interpretativa en su sentido histórico, dedicando un análisis pormenorizado de la historicidad del fascismo, Boron no reniega de la relación interpretación/transformación solamente aboga por una mayor rigurosidad en el ejercicio a modo de evitar futuras catástrofes. “La izquierda latinoamericana ya ha cometido demasiados errores en el pasado como para reincidir ahora, una vez más, con una caracterización equivocada del enemigo de clase que podría ocasionar nuevas y dolorosas frustraciones”11.

Por su parte Theotonio Dos Santos no escatimó en abrir orientaciones tácticas para enfrentar políticamente la ascensión del fascismo, “en los países bajo dictadura militar la cuestión principal es la de impedir su consolidación frente a las masas y lograr movilizarlas

10 Boron, Atilio. El fascismo como categoría histórica: en torno al problema de las dictaduras en América Latina. CLACSO, 2003.
11 Ibídem, p.40.

page5image596734592

para provocar su caída utilizando todos los medios a disposición del movimiento popular”; continuando en ese marco orientador trazó los diálogos necesarios que deben existir entre las tareas democráticas y anti-imperialistas con las socialistas, de este modo se aportaba construyendo una ruta orientadora mínima para la discusión, tomando una posición frente a la brutalidad dictatorial y abriendo las posibilidades de acción.

La carta de los Cordones Industriales al presidente Salvador Allende se ha ido reconociendo en su audacia, lucidez y evidencia de la agudización del conflicto, sin embargo, a efectos de nuestra preocupación, la categoría “fascismo” asume un lugar en dicha redacción, dando cuenta que la categoría y el debate se absorbió por los protagonistas y orgánicas de la época: “Pero ahora, analizando los últimos acontecimientos, nuestro temor ya no es ése; ahora tenemos la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo”.12

La segunda parte de este documento estará estructurada por las reapropiaciones del debate y su presencia en organizaciones políticas, dando cuenta de la compenetración entre la discusión y los impulsos para enfrentar la arremetida de los regímenes autoritarios y su intento de comprensión.

II. Hacía una aproximación de las lecturas de izquierda militante sobre los golpes recibidos: los debates en el Partido Comunista Chileno (PCCH) y el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR)

El objetivo de este apartado es aterrizar la discusión teórica y política a los marcos nacionales del debate y la apreciación del proceso de la unidad popular en que se desarrollan dialécticamente dos tendencias: revolución y contrarrevolución. En dicho marco, el Partido Comunista por un lado, y el MIR por otro, hacen análisis dispares y fruto de aquello, impulsan políticas distintas.

Ahora bien, nos parece necesario hacer una acotación, el desarrollo de estos debates no se da en el aire, son contradicciones que se encontraban en pleno desarrollo, por lo tanto, creemos hay al menos tres momentos: 1969-1972, donde podemos observar el alza de las fuerzas populares, otro momento entre la segunda mitad de 1972 y el 11 de septiembre de 1973, donde en las caracterizaciones se vislumbra la salida golpista como una posibilidad real pero aún sin definir un carácter claro, las consignas de la época desde la unidad popular y el PC llaman a evitar la guerra civil y ya concientizar en torno a los riesgos del fascismo, por otro lado, el MIR arremete en el debate contra la conducción reformista y su derrotero proponiendo radicalizar la lucha política para derrotar a la reacción. Finalmente, el tercer momento va desde la consumación del golpe en adelante y las lecturas de estas organizaciones difieren, el PC caracteriza a la dictadura de “fascista”, mientras que el MIR señala que aquello es un error y la encasilla como dictadura “gorila”.

Sin embargo, para efectos de este trabajo, nos enfocaremos en este último periodo, cuando las tendencias se han desarrollado y es posible evidenciar el fenómeno en su conjunto. Comenzaremos con el MIR, que ya en marzo de 1975 se posicionó frente al debate señalando que para ellos la dictadura cívico-militar chilena no respondía a las

page6image596262800

12 Carta que los Cordones Industriales dirigieron al compañero Allende. 5 de septiembre de 1973.

características necesarias para tildar de fascista, propusieron la categoría de dictadura militar gorila. Si bien había similitudes con el fascismo, sobre todo en términos represivos, en lo esencial señalaban que:

“Los movimientos fascistas se caracterizaron por ser movimientos de reacción burguesa que mediante banderas populistas y demagógicas dividieron a la clase obrera y arrastraron sectores significativos de ella, que junto con la incorporación activa de la pequeña burguesía, constituyeron un movimiento de masas en permanente movilización. Este movimiento de masas permitió la creación de un partido fascista, que junto con una poderosa policía política, permitió al gran capital imponer su absoluta hegemonía y conducción sobre el resto de la burguesía y constituir un sólido estado corporativo.

La dictadura militar chilena es un movimiento de reacción burguesa ante el avance trabajador y revolucionario mucho más débil. La burguesía chilena recurrió a las fuerzas armadas, las que con cierta autonomía de las diversas fracciones burguesas, tomaron la tarea de reconstruir la resquebrajada dominación burguesa, a través de un estado de excepción, dictatorial.” (El Rebelde, marzo 1975)

En esa línea, sostuvieron que: “La dictadura chilena ha logrado recomponer el aparato estatal, pero no ha logrado recomponer la crisis interna de la burguesía. Por el contrario, las contradicciones interburguesas han vuelto a agudizarse con sorprendente rapidez y comienzan a manifestarse en el seno de las propias fuerzas armadas, dándole una creciente debilidad a la dictadura e inestabilidad a la actual junta militar, aliada a fracciones del gran capital.”(El Rebelde, marzo 1975)

El punto más álgido que a nuestro juicio plantearon desde el MIR, tiene que ver cómo repercutió en la política impulsada inmediatamente se consumó el golpe de Estado. Frente a esto plantearon que: “posiblemente esta errónea caracterización de la dictadura chilena como un régimen fascista es lo que explica que los sectores de la UP que la postulen hayan sido promotores del abandono masivo del país de los dirigentes de la izquierda, que traten de mantener a sus partidos en receso y no impulsen una Resistencia Popular activa”(El Rebelde, marzo 1975) En esta dispar lectura, radica la presunción de una rápida reanimación del pueblo y la posibilidad de combatir de todas las formas posibles a la dictadura en función de sobrepasar las reivindicaciones de recuperar la democracia y pasar a la construcción de una revolución proletaria y socialista.

Frente a este debate, el Partido comunista chileno (PCch) sostuvo la posición de que la dictadura cívico-militar chilena era fascista, pero acuñó el concepto de fascismo dependiente. Para caracterizar el fenómeno dan cuenta de:
“El hecho de que en nuestro país exista fascismo sin contar con una base de masas se debe, principalmente, al arraigo y la vitalidad de las ideas democráticas del pueblo chileno, a la profundidad que alcanzó el proceso revolucionario, al hecho de que la dictadura no cuenta con medios económicos suficientes para organizar una demagogia social que le permita atraer a sectores considerables de las capas medias. Su principal fuerza arranca entonces del imperialismo, lo que determina su carácter dependiente. Su base social interna está circunscrita a la oligarquía financiera, a los antiguos terratenientes, particularmente a aquellos a quienes pudo devolverles la tierra, a reducidos núcleos de elementos corrompidos, enfermos de anticomunismo, sometidos a influencias ideológicas ultra reaccionaria, chovinistas y racistas. La falta de apoyo de las masas es suplida por el sostén militar: la influencia ideológica del imperialismo sobre la oficialidad militar, su carácter de

clase y la traición de un grupo de generales y almirantes, permitió que las fuerzas armadas fueran usadas como sustituto.” (informe de Luis Corvalán, al pleno del comité central, agosto 1977)

Así, el partido comunista chileno sostiene su caracterización, aquella que desarrolló desde el gobierno de la Unidad Popular y que para 1977 estaba pulida. Así lo demuestra la siguiente cita: “La definición de fascista que nuestro partido y la unidad popular han hecho del régimen de Pinochet es enteramente justa. Este régimen no es simplemente otra forma de la dictadura de la burguesía, sino la dictadura del grupo más reaccionario del capital financiero. Y esto es fascismo. De aquí fluye la contradicción principal en las condiciones de la dictadura fascista se da entre la mayoría del pueblo, incluidas las capas medias y sectores de la burguesía, y los monopolios imperialistas y nativos más reaccionarios. Fija entonces con claridad el enemigo principal y la dirección del golpe principal, así como la base del frente antifascista”.

A partir de dicha lectura, consideraron que la política a implementar tenía que ser necesariamente la del frente antifascista. Es decir, una alianza amplia, poli clasista en que pudieran converger los diferentes sectores de todo el espectro político, social, económico y religioso que desde temprano comenzaron a presentar contradicciones con el régimen impuesto por la oficialidad en complicidad con los grandes empresarios del país y el imperialismo norteamericano en el marco de su arremetida contra el desarrollo de gobiernos latinoamericanos que amenazaron sus intereses en la región durante los años de la guerra fría.

En definitiva, podemos sostener que los debates en torno a las categorías para comprender, analizar y proponer política frente a estos fenómenos de profundización de tendencias autoritarias se dió en marcos amplios que abarcaron desde los espacios académicos hasta las orgánicas políticas de izquierda, como es el caso del MIR y el PC. En simultáneo, estas dos organizaciones de izquierda abrieron el debate amplio a fin de someter a crítica tanto sus caracterizaciones del fenómeno como también sus propuestas prácticas.

Antecedente de aquello es el documento contenido en la edición de El Rebelde de abril de 1975, donde el MIR saluda calurosamente el debate propuesto por el PC en su documento titulado “Al partido y al pueblo de Chile” (al cual lamentablemente no hemos podido acceder más allá de las menciones que se hacen en el documento del MIR). En este documento los miristas, dan cuentas de sus acuerdos y desacuerdos con el documento del partido comunista: concuerda con la necesidad de construir una alianza amplia para enfrentar la dictadura; al mismo tiempo discrepa con asumir al PDC como una sola expresión de clase cuando según ellos en su interior manifiesta al menos dos tendencias: a la pequeñaburguesía progresista y a la burguesía reaccionaria.

Por otro lado, insisten en la necesidad de dejar de caracterizar a la dictadura como una expresión del fascimo toda vez que no reúne las condiciones fundamentales para ser tal cosa, ellos catalogan el fenómeno chileno como una dictadura militar gorila:
“… La dictadura militar chilena no tiene de ningún modo la fortaleza que tuvieron las dictaduras fascistas en Europa: la dictadura que sufre nuestro pueblo es un estado de excepción implantado por una débil burguesía dependiente del imperialismo…” (El Rebelde, abril 1975).

Hay dos puntos más en el documento de respuesta del MIR que merecen ser mencionados: señalan la ausencia de propuesta en torno a la acción militar de masas para hacer frente a

la dictadura, lo cual dicen es un error puesto que en última instancia dicho componente sería necesario para sostener el combate reivindicativo y político contra la dictadura. Por otro lado, la necesidad de cerrar los caminos a las salidas burguesas de la dictadura. A modo de reflexión, este punto es relevante puesto que si consideramos a la dictadura militar como una forma de excepción del Estado capitalista-liberal en función de recomponer su dominación, su salida natural estaría circunscrita a las tentativas que la burguesía logre posicionar.

III. Crisis civilizatoria: Reacción y nuevas expresiones de la derecha a nivel mundial.

Avergonzada, deshonrada, nadando en sangre y chorreando mugre: así vemos a la sociedad capitalista. No como la vemos siempre, desempeñando papeles de paz y rectitud, orden, filosofía, ética, sino como bestia vociferante, orgía de anarquía, vaho pestilente, devastadora de la cultura y la humanidad: así se nos aparece en toda su horrorosa crudeza13.

En la actualidad asistimos a una crisis civilizatoria del orden capitalista, donde las promesas de abundancia y emancipación para la humanidad y armonía con la naturaleza que traía consigo la Modernidad se hallan en colapso. Esta situación se expresa en distintas esferas de la sociedad y la vida cotidiana. Lo cual nos sitúa en el debate sobre la necesidad de transición a una nueva época y un nuevo orden social que reemplace al que declina. Sin embargo, en este escenario de oportunidades donde lo viejo lucha por permanecer y lo nuevo pugna por nacer, como nos diría Gramsci surgen los monstruos.

A continuación buscaremos responder ¿Qué es la modernidad Capitalista y por qué está en crisis? y ¿Qué monstruos surgen al calor de la ruptura del orden Capitalista?

Para Bolivar Echeverría, la modernidad es un proyecto civilizatorio que aparece muy tempranamente en la historia de Occidente, en el primer siglo del segundo milenio. Este nuevo proyecto civilizatorio aparece sobre la base de una transformación radical de los medios de producción y de las fuerzas productivas de esa época que permite la aparición de la posibilidad de un proyecto de vida civilizada diferente a todo el proyecto de vida civilizada que había prevalecido a lo largo de milenios antes de este periodo14.

Este proyecto civilizatorio establecerá un cambio sustancial en la forma de relación entre el ser humano y la naturalezaEsta relación nueva encuentra sus fundamentos en un proceso radical de transformación de los medios de producción y fuerzas productivas, que implica que la relación de hostilidad entre naturaleza y ser humano existente, ya no necesariamente deba ser así y que por primera vez en la historia la posición del ser humano nosea unadefensaconstanteanteelasediodelanaturalezapermitiéndoleautoafirmarsu consistencia como sujeto. Por lo tanto, por Modernidad habría que entender el carácter peculiar de la forma histórica de totalización civilizatoria que comienza a prevalecer en la sociedad europea en el siglo XVI.

Como es propio de toda realidad humana, esta se nos presenta en dos niveles: Lo posible (potencial) y lo efectivo (real).

13 https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf 14 Antologia, Bolivar Echeverria.Pag. 167

page9image599823040

En un primer plano, la modernidad se nos muestra como una forma ideal de totalización de la vida todavía indefinida y por desarrollarse progresivamente, es decir, como posibilidad de fundar una relación de armonía con la naturaleza que diera por superada, en principio la condición del ser humano de estar condenado a desaparecer por su forma particular de vida y superar la condición de escasez absoluta que tenía en relación a la totalidad de la naturaleza.

Esta revolución de las fuerzas productivas a la que estamos haciendo referencia, en la que por primera vez el ser humano puede afirmar su peculiar modo de ser sin que la naturaleza lo acose para destruirlo, hace posible que la escasez deje de ser absoluta, una escasez que condena al ser humano a la muerte, y pase a ser una escasez relativa, es decir, una escasez que se negocia entre el ser humano y la naturaleza. Sin esta transformación, sin el aparecimiento de esta nueva posibilidad, no habría propiamente modernidad15.

La modernidad entonces se nos presenta en primera instancia como una promesa de abundancia (escasez relativa) respecto a la relación entre ser humano y naturaleza, donde el sujeto social mediante el progreso técnico puede apropiarse de los bienes necesarios para su vida, que sustituirá a la escasez como situación originaria y experiencia fundante de la existencia humana sobre la tierra por una idea de progreso indefinido. En segundo lugar, como una promesa de emancipación donde se recrea la posibilidad de un nuevo orden social sobre la base de la superación de una serie de tareas propias de la organización social arcaica que reprimen las potencialidades del ser humano, el individuo sólo existía fundido con la comunidad, y no se concebía que pudiera tener intereses propios, personales, que entraran en contradicción con los colectivos16 y tercero como una promesa de armonía entre la humanidad y la naturaleza.

Sin embargo, nos preguntamos ¿Cómo fue que un proyecto civilizatorio que en su esencia era una promesa de abundancia, progreso, emancipación y armonía con la naturaleza hoy nos coloca en una situación de colapso civilizatorio? ¿Cómo un fenómeno que en principio era positivo para la humanidad se transformó en algo negativo? ¿Cómo de esta promesa de progreso de más de mil años llegamos a una situación extrema de destrucción de la naturaleza, avance de la extrema derecha y peligro inminente de la sobrevivencia del ser humano? ¿Cómo el fascismo se transforma en continuidad del progresismo?

Para responder a estas preguntas es necesario situarnos en el segundo plano, aquel de la realidad efectiva que nos permita conocer cómo la modernidad se materializó concretamente. En este plano comienza a jugar un rol trascendental el modo de producción capitalista, ya que fue el único modo de producción capaz de desarrollar una transformación radical de las fuerzas productivas, capaz de reorganizar efectivamente el proceso de producción, circulación y consumo de los bienes, en consecuencia la modernidad entonces tuvo que convertirse en capitalista para poder ser realmente una modernidad efectiva.

Bolivar Echeverria nos dirá que la modernidad y el capitalismo están casados históricamente entre sí y el territorio o el lugar histórico en donde este maridaje entre la

15 Antología, Bolívar Echeverría.Pág. 168 16 Adolfo Sanchez Vazquez ética, pag. 42

page10image598440848

modernidad y el capitalismo tuvo lugar, fue Europa. Occidente se convierte en Europa, que es el escenario del aparecimiento de la modernidad como modernidad capitalista. Así pues modernidad, capitalismo y Europa son tres conceptos que están conectados íntimamente, porque sin la modernidad y su organización capitalista no existiría Europa. Europa existe justamente como el lugar tan peculiar en el cual ese encuentro entre el modo capitalista de producir, circular y consumir la riqueza se conecta con esta revolución de las fuerzas productivas. Modernidad y capitalismo vienen juntos, y parecería entonces que es imposible imaginar una modernidad que no sea capitalista; es decir, si nació y fue cuidada, fomentada y realizada gracias al método capitalista de la reproducción de la riqueza social, parecería que la modernidad no puede funcionar de otra manera que no sea la capitalista17.

A partir de esta premisa se instala la postura de que solo mediante los márgenes de la sociedad Capitalista pueden ser resueltas las contradicciones de la crisis actual, apelando una y otra vez a la idea, desarrollada en potencia y no de manera efectiva de un espiral ascendente hacia el progreso histórico.

La historicidad es una característica esencial de la actividad social; la vida humana sólo es tal porque se interesa en el cambio al que la somete el transcurso del tiempo; porque lo asume e inventa disposiciones ante su inevitabilidad. Dos procesos coincidentes, pero de sentido contrapuesto constituyen siempre la transformación histórica: el proceso de innovación de lo viejo por lo nuevo o restauración de re-novación o restauración de lo viejo como nuevo. el progresismo consiste en la afirmación de un modo de historicidad en el cual, de estos dos procesos, el primero prevalece y domina sobre el segundo18.

Se instala de esta forma al Progresismo como un valor positivo que se inclina compulsivamente a la novedad innovadora de rebasar siempre en términos temporales al presente, el cual siempre se haya vaciado de contenido por la velocidad temporal de los procesos. Podemos ver por ejemplo una manifestación concreta en el urbanismo cuyo centro será la ciudad, como diría Bolivar Echeverria, “el lugar de la actividad incansable”. Mientras que en el aspecto de la socialización, su manifestación concreta será el reemplazo de la socialización comunitaria por la socialización mercantil y el fracaso que esto implica de la realización arcaica de la forma religiosa de la politicidad humana (haciendo) del individuo social constituido como propietario privado un ente a la vez poderoso y vacío19.

Esta trágica situación que padece el ser humano dentro de la modernidad capitalista ha venido siendo complementada con el nacionalismo moderno, de esta forma la necesidad social de colmar la segunda ausencia divina, de poner algo en lugar de la comunidad destruida o de la ecclesia pérdida, se satisface en la modernidad capitalista mediante una re-sintetización puramente funcional de la identidad comunitaria y de la singularidad cualitativa del mundo de la vida en la figura del Estado Nacional20.

En tiempos de crisis social aguda, esta necesidad de afirmarse y reconocerse socialmente se profundiza, un ejemplo de aquello es la situación de Alemania durante el surgimiento del Nazismo, en donde la sociedad Alemana se verá aquejada y empujada a la necesidad de reconquistar su vida comunitaria aniquilada por la modernidad Capitalista, situación que será utilizada y tergiversada por el nazismo mediante una recomposición deformada del Estado Capitalista a través del impulso de una blanquitud étnica fundamentalista, es decir,

17 Bolivar Echeverria, Ontologia, pag. 170.
18 Bolivar Echeverria, La modernidad del barroco, pag. 152

19 Bolivar Echeverria, La modernidad del barroco, page.154 20 IDEM

page11image601918128

basta con que el Estado capitalista entre en situaciones de recomposición de su soberanía y se vea tensionado a reconstruir y redefinir su soberanía y se vea obligado a reestructurar y redefinir la identidad nacional que imprime a las poblaciones sobre las que se asienta, para que la definición de la blanquitud retorne a su fundamentalismo y resucite a la blancura étnica como prueba indispensable de la obediencia al espíritu del capitalismo, como señal de humanidad y de modernidad21.

En conclusión, la convicción de que la historia “significa” o está dotada de un sentido progresista – convicción ilustrada que seculariza la creencia en el sentido salvífico de la Creación divina – se desvanece indeteniblemente : no es un sentido lo que parece tener la historia, sino, a lo mucho, un “contrasentido”.

El propio Benjamin en sus tesis sobre el materialismo histórico señalaba “la barbarie del fascismo no viene a interrumpir al progreso, sino que es el resultado de su continuación”.
Podemos afirmar entonces que asistimos al colapso de la civilización Capitalista, la catástrofe no es algo que esté por venir sino que ya hemos comenzado a vivir.

La crisis civilizatoria, con sus guerras, pandemias y destrucción del planeta, el avance de la extrema derecha y la derrota histórica de los proyectos de izquierda que hemos caracterizado como el triángulo de las bermudas, es precisamente hacia donde nos dirigimos como humanidad. Como diría Benjamin la catástrofe es el progreso, el progreso es la catástrofe.

En el presente documento hemos abordado una de las caras de la catástrofe, es decir el fenómeno de la reacción en contextos de crisis social aguda. ¿Pero qué ocurre en la actualidad? abordaremos a continuación algunas expresiones nuevas de la ultraderecha a nivel mundial y sus principales características.

Para comenzar, partiremos por describir los deslucidos conceptos (derecha/izquierda) que nos han permitido por años categorizar las posiciones políticas de la sociedad.

Hay un debate abierto entorno a la fecha precisa donde adquieren uso estos conceptos, sin embargo, existe un amplio consenso de que fue en la revolución burguesa en Francia (1789) durante las votaciones realizadas por la asamblea nacional, donde se originó la histórica conceptualización, que denomino como derecha a quienes estaban a favor de la votación y capacidad de mantener el veto del monarca, respecto a las decisiones de la asamblea y quienes estaban en contra de dicha potestad de la corona a la izquierda. No cabe duda que este periodo de crisis de enorme efervescencia, incertidumbre y transición a una nueva época era un aliciente en la instalación de posturas que pregonaban por el restablecimiento de un supuesto orden divino que descansaba en la figura del rey.

¿Son útiles estos conceptos en la actualidad? ¿Quién representa la figura del rey en estos tiempos?

Es un hecho que tras la consolidación de las repúblicas burguesas (establecimiento del orden capitalista), en muchos países la mantención del régimen se ha sostenido gracias a la presencia activa de sectores que han estado representados en el sitial de ambos lugares de este deslucido binomio (derecha/izquierda) quienes en conjunto han mantenido el

page12image597537552

21 Bolivar Echeverria, Blanquitud y modernidad, pag. 67.

establishment, tal como podemos observar en la democracia Estadounidense con republicanos y demócratas y en el Chile post dictadura con Chile Vamos y La Concertación.

En realidad, mirar la lucha de clases y las posiciones políticas en la sociedad desde esta óptica binaria (derecha e izquierda) es insuficiente. No obstante, desde la subjetividad ha sido una categorización que perdura en el inconsciente de la gente y que a veces nos será útil para situar rápidamente a los sectores reaccionarios dentro de la arena política actual, sin perder de vista las limitaciones de ambos conceptos.

Por esta razón hemos querido poner atención en este documento, al fenómeno particular de la ultraderecha, quienes en la práctica son férreos defensores del orden capitalista, pero “supuestos” detractores del stablishment, llegando incluso en ocasiones ha autodefinirse como ni de derecha ni de izquierda, creando confusión en los amplios sectores del pueblo.

¿Quién ocupa la figura del rey (defensa del orden divino) en la actualidad?

Lo ocupan quienes van en la defensa del viejo orden capitalista en crisis, que se expresa en la defensa de los valores universales de occidente (en decadencia), por consiguiente quienes se sientan en el banquillo de derecha en este momento histórico, es una amplia y variopinta gama defensores tanto de derecha como de izquierda del régimen capitalista, perotambiénlohanvenidorealizando decididamenteesteúltimotiempo,loqueseconoce como la denominada derecha radical, ultra derecha, posfascismos o derechas alternativas.

Los triunfos electorales del magnate estadounidense Donald Trump en 2016, la victoria del ex militar Jair Bolsonaro en 2018, el resultado histórico para la extrema derecha obtenido en segunda vuelta por Le Pen en Francia con un importante arraigo en la clase obrera, la figura de Kast en Chile y el paso a segunda vuelta de Rodolfo Hernández, de la liga de gobernantes anticorrupción en Colombia entre muchos otros, han encendido las alarmas de vastos sectores de “izquierda” que han proclamado a los 4 vientos el nuevo ascenso del fascismo en el mundo.

¿Son realmente expresiones del resurgimiento del fascismo?

Desde el punto de vista programático (estatista/imperialista), hay claras diferencias, que tienen relación con las particularidades del momento histórico en que se presentan. Sin embargo, desde el punto de vista de las causas que le han dado origen, si bien, estas nuevas expresiones políticas, tienen importantes matices, hay factores en común que destacan.

En primer lugar, ocurren como respuesta a una crisis social aguda en la que se haya inmerso el orden Capitalista.

Tanto el análisis teórico como la rica experiencia histórica del siglo XX han demostrado que el fascismo es en cada oportunidad el eslabón final de un ciclo político específico. En esta línea Trotsky planteaba que la función histórica del fascismo es rescatar al capital de su crisis ante una situación de descalabro y lucha de clases agudas22. Además, el surgimiento de los nuevos movimientos de extrema derecha son manifestación de la impotencia o debilidad revolucionaria de la clase trabajadora y los pueblos del mundo para plantear en

page13image602394608

22 Bonapartismo, fascismo y guerra”, de 1940. Trotsky.

medio de la actual crisis civilizatoria una alternativa de nuevo orden social; situación que a su vez se divide en dos grandes elementos; el rol de la socialdemocracia (progresismo) y la incapacidad de una dirección revolucionaria para enfrentar el escenario de crisis aguda existente.

En la actualidad asistimos a una crisis civilizatoria que ha provocado una ruptura del orden burgués, cuya expresión concreta ha sido la crisis económica y ecológica, el alza sostenido de levantamientos populares en el mundo y un nuevo despertar de la guerra imperialista, cuyo corolario es Ucrania y actualmente Medio Oriente. En consecuencia los nuevos movimientos de extrema derecha, al igual que en el S.XX surgen en respuesta a la ruptura del orden burgués como una apuesta extrema de algunos sectores de las clases dominantes ante la amenaza a su dominio. Una de las aristas de esta ruptura ha sido la crisis de los partidos tradicionales (Izquierda/derecha) lo que ha provocado que surjan figuras que se encumbran por sobre este binomio y rompan con el establishment y las elites gobernantes, sosteniendo discursos identitarios contra la migración y la globalización, como supuestos responsables de la crisis. Comunes entre estos sectores han sido las consignas contra el “nuevo orden mundial”, la ONU y la “plandemia” como ejemplo.

Es natural que al analizar estos fenómenos, vengan a nuestra mente de manera espontánea el concepto de fascismo, ya que forman parte de nuestra memoria histórica respecto a un período trágico para la humanidad, no obstante, más allá de las causas comunes que le pueden haber dado origen, el concepto representa un obstáculo para poder comprender en profundidad a las nuevas expresiones de la ultraderecha y sus diversos matices, por esta razón Enzo Traverso ha acuñado el concepto de posfascismo para caracterizar a esos sectores, ya que nos permite definir estos fenómenos que aún se encuentra en un estado transitorio y no han logrado cristalizarse del todo.

En segundo lugar, hemos constatado como factor común, pero que en ocasiones se presenta de manera fragmentaria y contradictoria, lo que consideramos como el tránsito desde la defensa (reaccionaria) de los valores occidentales que se esgrimieron como universales: Liberalismo, democracia, estado-nación hacia posturas deformadas que se manifiestan en abierta oposición al propio liberalismo.

La modernidad, en su manifestación capitalista, que tiene sus inicios durante el primer siglo del segundo milenio en Occidente, representa hasta ahora la más avanzada pretensión civilizatoria por transformar su diseño institucional y económico, sus valores y normas generales en cuestiones de orden universal. Un rol relevante hacia este objetivo civilizatorio y un respectivo equilibrio del orden mundial se cumplió satisfactoriamente hasta los años noventa. Por un lado, mediante el establecimiento de un conjunto de instituciones interestatales -ante todo, la ONU, el FMI y el Banco Mundial-, a las que los EE.UU. controló políticamente y proveyó de su estructura formal de funcionamiento23.

Tras la caída de la URSS, en apariencia parecían haber vencido las ideas liberales en el mundo, incluso algunos osados planteaban el fin de la historia y se ponía en marcha un proceso de expansión mundial de la economía capitalista sin parangón alguno. sin embargo

23https://www.revistadefrente.cl/guerra-en-ucrania-aguila-calva-o-bicefala-ante-la-ruptura-del-orden-mundial-por-nicolas-fuenzal ida/

page14image602533872

para algunos pensadores como Wallerstein este proceso representa una tendencia que ha caracterizado la evolución económica- mundo Capitalista desde sus inicios, por lo cual solo estuvimos frente a una nueva ola globalizadora y contrario a lo anterior, señala que la caída de la URSS representa más bien el inicio de la ruptura definitiva del orden mundial trazado en la conferencia de Yalta y que dividió el mundo (mediante acuerdo) entre dos grandes potencias24.

En consecuencia, la globalización tal como la conocemos popularmente hoy representaría el último recurso de Occidente por defender sus valores y fundamentos en el orbe, esta vez vaciado de contenido y forzado casi exclusivamente a través de la expansión sin precedente del dinero y las mercancías.

Había renunciado a la razón y tenía serias dudas de que hacer con la fuerza ( o como hacerlo). En un gesto astuto, eludiendo el problema existencial, Occidente puso en medio de la razón y la fuerza la silenciosa eficacia del dinero (…) 10 años que los valores universales de occidente (triunfo de la economía de mercado) y sus valores se esgrimieron como vencedores, luego todo se derrumbo25.

Esta situación ha traído inseguridad y una profunda crisis de identidad en el mundo provocando un resurgimiento de viejas concepciones que hoy se reconfiguran como salida reaccionaria a la situación de ruptura del viejo orden mundial, de las cuales las derechas radicales se nutren actualmente, un ejemplo es el Neoeurasionismo de la mano de su principal ideólogo Aleksandr Duguin que a grandes rasgos plantea la superación del Liberalismo, Comunismo y Fascismo proponiendo la idea de una cuarta teoría política denominada Populismo Integral “El pueblo contra las elite globalistas” donde defiende la multipolaridad y el pluralismo de las civilizaciones26

En este contexto de decadencia de Occidente, es que surge como nos dirá Traverso una tendencia general a la aparición de movimientos que ponen entredicho los poderes establecidos y hasta cierto punto la propia globalización económica, pero es una tendencia heterogénea que reúne corrientes diversas. El postfascismo ya no expresa valores “fuertes” como sus ancestros de 1930, pero pretende llenar ese vacío dejado por la política reducida a lo impolítico (…) Sus recetas son políticamente reaccionarias y regresivas. Postulan el restablecimiento de las soberanías nacionales, la adopción de formas de proteccionismo económico y la defensa de las identidades nacionales amenazadas (…) mediante la defensa de una mítica comunidad nacional. étnicamente homogénea, contra sus enemigos 27.

¿Pero quiénes son los supuestos enemigos?

En palabras del propio Trump y también de Putin el enemigo sería la decadencia moral de Occidente.

La revitalización del anticomunismo en la arremetida postfascista

24 file:///C:/Users/nicol/Downloads/Wallerstein-Globalizacion-o-Era-de-Transicion.pdf 25 El abismo existencial de occidente, Alberto Mayol
26

https://blogs.elconfidencial.com/cultura/el-erizo-y-el-zorro/2018-11-27/alexander-dugin-cuarta-teoria-politica-euroasianismo_1669270/

27 Las nuevas caras de la derecha, Enzo Traverso.

page15image604383264

Hace algunos meses el recién electo presidente Javier Milei visitó Chile para entrevistarse con Axel Kaiser en donde no perdió la oportunidad para criticar abiertamente al gobierno del presidente Gabriel Boric y develar su misión, al respecto sostuvo: “(…) así como esperamos sacar la plaga kirchnerista, en realidad toda la plaga socialista que azota a Argentina por más de cien años, espero que ustedes tengan la dicha y la altura como para poder sacarse también a este empobrecedor de Boric”28.

La calificación de “plaga” nos conecta con la profundidad histórica del anticomunismo y su manifestación en clave higienista-patológica protagónica desde la segunda mitad del siglo XIX y adquiriendo mayor envergadura en el siglo XX constituido por diversas corrientes ideológicas: liberalismo, nacionalismo y catolicismo. La referencia de Javier Milei no constituye una mera exaltación delirante acostumbrada a su estilo, sino, más bien, reposiciona con fuerza en la escena pública la estructuración identitaria del anticomunismo, la cual encuentra resonancia en Brasil con Jair Bolsonaro y en Europa con las irrupciones de derechas radicalizadas, no estamos frente a un fenómeno homogéneo, las particularidades de las manifestaciones anticomunistas a nivel global en nuestro presente implicaría un estudio en sí mismo, sin embargo, en este apartado nos interesa precisar la funcionalidad del anticomunismo, su sentido y su lugar en la lucha política la cual dialoga con un carácter fundante del fascismo, nos referimos a su carácter “contrarrevolucionario”.

La dimensión del anticomunismo adquiere una fuerza identitaria que se traduce en un despliegue de la lucha política otorgando una claridad proyectual, en este sentido, es indispensable para transformar una ideología en política y una visión de mundo en un programa de acción. Dicho de otro modo, el fascismo no existiría sin el anticomunismo, si bien no se reduce a él”.29 Las dimensiones anticomunistas adquieren un pilar estratégico en la movilización, en la estructuración de subjetividades e imaginarios que operan en movimiento, en la defensa determinada de un conjunto de valores y de un orden en específico.

En este sentido, la irrupción histórica del fascismo en respuesta de un liberalismo en crisis y de una arremetida histórica de la amenaza roja portó una dimensión revolucionaria mitológica y civilizatoria, “proponía una alternativa global a un orden liberal que parecía decadente. En otras palabras, proponía un proyecto de sociedad, una nueva civilización, una ́tercera vía ́ opuesta simultáneamente al comunismo y al liberalismo”30.

A pesar que propuso una tercera vía y una alternativa global se debe poner en cuestión el carácter “revolucionario” de dicho proceso en virtud de los lazos políticos y económicos que conforma para su ascenso y, a la vez, el respeto irrestricto a formas de propiedad y patrones de acumulación propiamente capitalistas. “A diferencia de las revoluciones comunistas que modificaron radicalmente las formas de la propiedad, los fascismos siempre integraron en su sistema de poder a las antiguas élites económicas, administrativas y militares. Dicho de otro modo, el nacimiento de los regímenes fascistas siempre implica cierto grado de ́ósmosis ́ entre fascismo, autoritarismo y conservadurismo”31.

28 https://www.eldesconcierto.cl/nacional/2023/07/07/insulto-de-milei-a-presidente-boric-canciller-le-exige-respeto-minimo.html 29 Enzo Traverso, La historia como campo de batalla..
30 Enzo Traverso, Las nuevas caras de la derecha.
31 Enzo Traverso, La historia como campo de batalla

page16image605244784

Dicha configuración del fascismo y su entramado con las clases dominantes queda en evidencia al explicar la concretización de los golpes de estado en América Latina, su carácter contrarrevolucionario se abre paso para frenar un ascenso sostenido de la lucha de clases y de un protagonismo popular que amenazó al orden del capital conjugado con una crisis estratégica del modelo de desarrollo económico, es decir, si existe un agente movilizador identitario aglutinante para arremeter en una ofensiva contrarrevolucionaria, es el anticomunismo. “A este respecto, es importante rescatar la idea de que el elemento genético fundamental del fascismo es la crisis hegemónica y no la crisis económica del capitalismo. La crisis hegemónica se vincula, a su vez y esencialmente, al crecimiento de las fuerzas ́anti-capitlalistas ́, que adquieren una potencia material e intelectual capaz de poner en jaque el dominio burgués capitalista”.32

Creemos relevante resaltar el “elemento genético” del fascismo anclado en una crisis hegemónica en su vínculo con nuestro presente y la revitalización del anticomunismo en su lugar estructurante de imaginario y conformación identitaria. Es este “elemento genético” que debe replantearse a la luz de las contradicciones actuales, ya que nos permite vislumbrar la pertinencia de la forma particular que asume el anticomunismo:

  • –  El anticomunismo se configura en la exaltación de la superioridad del orden capitalista y sus preceptos categoriales denostando cualquier intento de estatismo y avance de derechos sociales, los cuales son vistos como recetas agotadas, fracasos y experiencias totalitarias.
  • –  Otro sentido del anticomunismo tiene relación con la defensa irrestricta de la moral conservadora, a las estructuraciones patriarcales y heteronormativas ligadas a la institución familiar. En este plano las izquierdas son caracterizadas como moralmente pervertidas.
  • –  Por último, los impulsos anticomunistas se estructuran en la defensa de los marcos actuales de los patrones de acumulación de capital, y, a la vez, erosionando los actuales cuestionamientos y barreras que se constituyen para nuevas ofensivas de desposesión y acumulación (negacionistas del cambio climático, avance en materia de privatizaciones, reajustes en el gasto público).Las interrelaciones entre la derrota del reformismo y la radicalización de la derechaYa pasaron años de la algarabía por la ola progresista en América Latina y tras su ocaso – aunque con algunas reapariciones – han cimentado las posibilidades políticas para la radicalización de la derecha ante la imposibilidad intrínseca de su proyecto de construir una viabilidad crítica a las contradicciones del capital. Dicha relación que evidencia la impotencia intrínseca del reformismo queda reflejado en la máxima que establece Zizek “la única forma de librarnos realmente de Trump-el-síntoma consiste en curar la enfermedad Clinton”33.Debemos precisar que la forma que ha asumido el capitalismo históricamente está lejos de asimilarse a los postulados del reformismo ligados a la conciliación capital-trabajo y una fuerte dinámica redistributiva amplificada en derechos sociales, más bien, dicha forma constituye una excepcionalidad, “el reformismo del capital abarca un muy breve paréntesis en la historia del capitalismo, cuya extensión es de alrededor de veinticinco años (desde32 Jorge Tapia. neo-militarismo y fascismo (1980)
    33 Slavoj Zizek. El coraje de la desesperanza

page17image605701664

fines de la guerra hasta 1970). Fue fruto de una coyuntura política muy especial, dominada por las guerras entre Estados y las guerras civiles, el surgimiento de movimientos revolucionarios, el miedo al comunismo y la profundidad de la crisis económica y financiera de 1929”34.

Es importante recalcar que dicha posibilidad se estructuró desde especificidades históricas que hoy se encuentran ausentes, “el reformismo es imposible porque ha desaparecido la heterogeneidad potencialmente contradictoria, reinante aún en la posguerra, entre capital industrial y capital financiero, entre Estado y capital, entre las instituciones del movimiento obrero y las instituciones estatales, entre propiedad privada y propiedad pública, entre sistema representativo y capital, entre Estado administrativo y capital”35.

Tanto las posibilidades del reformismo como del posfascismo comparten un elemento en común: no transgreden los patrones de acumulación ni el régimen de propiedad, no cuestionan las categorías constitutivas del capitalismo.

A pesar de dicho elemento común, podemos sostener que la constante imposibilidad reformista continúa engendrando los síntomas de la radicalización de sectores de derecha, condenada a la parodia de un nuevo pacto social.

Las tendencias de ultraderecha y sus movilizaciones masivas

En los últimos años, los sectores que apoyan a Trump, Bolsonaro, Vox en España, entre otros, han sabido ocupar el espacio público en función de impulsar sus posiciones y programas políticos o realizar protestas por algún hecho coyuntural. Este fenómeno pareciera no ser particular sino una tendencia que se está gestando en el espectro activista social y político a que convocan estos sectores de la sociedad en el marco de una crisis aguda del modelo imperante.

El 6 de enero de 2021 vimos cómo los adherentes a Trump asaltaron el capitolio en rechazo al supuesto fraude electoral que decidió la victoria de Biden, en un hecho inédito en la historia reciente del país norteamericano. Este año, el 8 de enero, los seguidores de Bolsonaro replicaron la movilización en Brasilia. En este caso, la movilización era contra Lula Da Silva que fue electo presidente en diciembre de 2022. Las movilizaciones y la organización contra el electo mandatario se gestaron desde fines de 2022: en un primer momento se aludía al fraude electoral, en la siguiente etapa trataron de evitar que Lula asumiera el poder el 1 de enero, finalmente, el 8 de enero el llamado era a las FF.AA para que realizarán un golpe de Estado. La movilización constó de acampar en determinados puntos, concentrarse cerca de los regimientos militares para llamar a los militares a actuar y finalmente el asalto al capitolio.

En Chile, tenemos nuestras propias expresiones de este fenómeno. Basta recordar lo que fueron las marchas por el rechazo que convocaban a los adherentes de esa opción en el marco del plebiscito por el proceso constituyente, estas movilizaciones aglutinaron a sectores contrarios al cambio constitucional, adherentes de Kast, a los sectores anticomunistas, anti onu, entre otros. Y más recientemente hemos visto la irrupción del

34 Maurizio Lazzarato. Gobernar a través de la deuda. 35 Maurizio Lazzarato, Gobernar a través de la deuda.

page18image606225504

denominado “Team Patriota” que pesé a que comparte cercanías ideológicas con lo que fue el “rechazo”, no ha logrado convocar con la misma masividad, probablemente porque el momento político ha cambiado y la coyuntura no exige el mismo uso del espacio público que para el enfrentamiento entre apruebo y rechazo.

Como se planteó más arriba, el avance de las tendencias de extrema derecha está íntimamente ligado al contexto de crisis que atravesamos. El despliegue de las propuestas políticas de estos sectores se leen fundamentalmente en clave perpetuadora del modo de producción capitalista, nunca en contraposición a él, desde allí que consideramos que su carácter es elementalmente contrarrevolucionario más aún si consideramos que de una u otra forma buscan construir puentes con la clase dominante, a fin de cuentas, pueden pasar desde representar a sectores en ruptura con la clase dominante a ser sus salvadores.

Por otro lado, la incapacidad histórica de los defensores del modelo imperante (defensores de izquierda y de derecha) de superar la profunda crisis hegemónica abre una encrucijada en que las posturas reaccionarías encuentran campo fecundo para sembrar sus semillas y posteriormente recoger los frutos. Lo alarmante para quienes abogamos por la superación del capitalismo es precisamente nuestra propia impotencia de construir las herramientas para hacer frente a la situación que se desarrolla en nuestras narices: la sentencia de socialismo o colapso pareciera estar más cercana que nunca.

Para finalizar, nos gustaría señalar una última cuestión, hemos dejado de manifiesto las diferencias entre el fascismo y las tendencias que hoy vemos en pleno desarrollo, sin embargo, pareciera ser que el anticomunismo es un elemento intrínseco a cualquier tentativa contrarrevolucionaria, el comunismo sigue siendo la principal amenaza pese a haber sido sepultado junto con la caída de los socialismos reales. El espectro de la transformación social comunista sigue rondando y pareciera volverse más terrorífico en medio de las crisis capitalistas. En esta línea, adquieren relevancia las palabras de L. Trotsky: “El fascismo no es solamente un sistema de represión, violencia y terror policiaco. El fascismo es un sistema particular de estado basado en la extirpación de todos los elementos de la democracia proletaria en [la] sociedad burguesa. La tarea del fascismo no es solamente destruir a la vanguardia comunista, sino también mantener a toda la clase en una situación de atomización forzada”.

IV. Conclusión

Agradecemos profundamente a quienes llegaron hasta esta parte del documento, si bien tratamos que fuera en un formato más amigable los aspectos a desarrollar se interpusieron con aquello. En esa línea, nos gustaría comenzar este cierre señalando que lejos de buscar concluir un debate, las intenciones de este documento son precisamente lo contrario: iniciar un diálogo amplio y abierto, con el que buscamos arribar colectivamente a una caracterización certera del fenómeno de las derechas radicales y sus distintas expresiones, toda vez que sus representantes políticos en distintas latitudes llevan más o menos tiempo instalándose paulatinamente en distintos sectores de la sociedad en el marco de una crisis civilizatoria en la que la “izquierda” sale al paso utilizando categorías que muchas veces son descontextualizadas. Desde ahí el imperativo de abrir el debate.

Respecto al resurgimiento de las tendencias reaccionarias, definimos cinco elementos que estructuran el fenómeno. En ese sentido, hemos asumido que el desarrollo de estas están en íntima concordancia con las crisis de carácter hegemónico que padece el capitalismo las cuales atentan contra su existencia. Un segundo aspecto es el la defensa irrestricta de los postulados centrales de la conformación capitalista que eventualmente puede pasar desde estás posiciones de protección del modelo a otras que son francamente contradictorias con su cuidado. El tercer aspecto guarda vinculación con la revitalización del anticomunismo entre las perspectivas post fascistas toda vez que se presenta como agente movilizador identitario aglutinante en los marcos de una ofensiva contrarrevolucionaria. La cuarta característica es la relación de continuidad que existe entre el reformismo y la ultraderecha, toda vez que en los proyectos políticos de ambas tendencias se evidencia la ausencia de ruptura con los pilares constitutivos de la sociedad capitalista, en esa contradicción se incuba el lazo continuador entre estas disímiles expresiones políticas. El último elemento es el potencial carácter de masas que presenta la ultraderecha y el espacio del uso público en circunstancias de ofensiva donde los sectores sociales donde se basifica se presentan como arietes contra sus enemigos (establishment, la izquierda, determinado poder del Estado, etc).

En las últimas semanas hemos asistido en posición privilegiada al espectáculo que nos brinda la decadencia civilizatoria capitalista, en este caso ya no en Ucrania sino que en Medio Oriente, particularmente frente al genocidio contra el pueblo Palestino. La tendencia a la guerra es una expresión evidente de un momento de crisis aguda y el sionismo la expresión más nítida de la descomposición de la sociedad Capitalista. En el lapso de estas semanas hemos presenciado como con el codo se borró lo que la mano de la sociedad en crisis escribió durante el siglo pasado en medio de anteriores crisis, los acuerdos tomados para la guerra y la paz, los términos de los conflictos o mejor dicho los límites “éticos” de estos son arrojados al cuarto oscuro del olvido.

Finalmente, la expresión más reciente del fenómeno que hemos venido desarrollando en este documento se sitúa al otro lado de los Andes. Milei, electo presidente de Argentina ha encarnado las tendencias que aquí hemos desarrollado, más allá de los resultados electorales, el fenómeno de Milei como particularidad se seguirá desarrollando y seguirá en medio de la crisis atacando con su propuesta “superadora” a la bancarrota de la izquierda progresista, mientras a nivel global la ola reaccionaria seguirá su curso, se cumple la sentencia planteada por Trotsky, es decir el fascismo como continuidad de la socialdemocracia. ¿Logrará ser resuelta la crisis? ¿Surgirán más levantamientos populares en el mundo? En medio de estos días oscuros para la humanidad, es un deber histórico plantearnos la superación del progresismo, sacudirnos definitivamente de la derrota y levantar una alternativa de nuevo orden social a la crisis civilizatoria en ciernes.

Ir al contenido