¿Quién mató a Francisca Sandoval?

por Gustavo Burgos

A mediodía se hizo pública la noticia de la muerte de la periodista Francisca Sandoval, quien fuera baleada por uno de los doce pistoleros que atacaron la marcha del 1º de Mayo convocada por la Central Clasista. El feroz ataque se hizo bajo el inexcusable amparo de las fuerzas de Carabineros, como quedara demostrado con la justificación de su proceder por parte del propio General Ricardo Yáñez. Según la máxima autoridad policial del país—e imputado por violaciones a los DDHH durante el Estallido— los comerciantes habrían sido atacados por grupos de saqueadores lo que habría generado esta reacción defensiva.

Tal declaración la prestó ante el Subsecretario del Interior. En un país democrático si un jefe policial justifica un atentado de esta naturaleza sobre una manifestación, lo mínimo que debió ocurrir es que fuese destituido. No solo eso no ocurrió, sino que tal inverosímil versión sirvió de base a la política que ha observado el Gobierno hasta el día de hoy: caracterizar el hecho como un acto de delincuencia común atribuyéndole la propiedad de fundar su política represiva, que hoy se orienta hacia el viejo sueño piñerista de incorporar las FFAA al control del orden público.

Quien jaló del gatillo —un miserable sicario del Barrio Meiggs— sería el responsable, él o uno de los pistoleros que se encuentran individualizados por múltiples grabaciones finalmente habrá de purgar la pena por su crimen. En realidad a ese respecto no hay mucho que investigar el «esclarecimiento de los hechos» —otra de la palabrería gubernamental— si entendemos la muerte de Francisca Sandoval como una cuestión de delincuencia común, carece de todo contenido. Porque la muerte de Francisca Sandoval, periodista, mujer, madre, es un hecho político de primera magnitud, un acto terrorista orientado a dar una clara señal a todo sector que se muestre dispuesto a movilizarse.

Los hechos ocurrieron de una forma muy distinta a como unánimemente difunden los medios de comunicación del régimen. Como indicamos en nuestra editorial anterior, el 1º de Mayo hubo dos convocatorias. La oficial, de la CUT, con nutrida presencia institucional y otra de la Central Clasista que tenía un claro sentido de protesta popular. El trato dispensado por la fuerza policial obedeció a un nítido criterio político.

A la manifestación de la CUT se le protegió, al contrario, la marcha de la Central Clasista fue atacada por la policía desde el primer momento y dicho asedio policial es el que permitió que los pistoleros dispararan libremente y en coordinación objetiva con las fuerzas del COP (Control de Orden Público). Esta diferencia de trato, una cuestión política objetiva, es de exclusiva responsabilidad de las autoridades civiles del Ministerio del Interior y el propio Gobierno. Se equivocan quienes atribuyen este proceder a una supuesta autonomía de Carabineros. Si tal insubordinación hubiese tenido lugar el Gobierno cuenta con las herramientas legales, políticas e institucionales para expresar una posición diversa.

Al contrario, lo que ha ocurrido desde el 1º de Mayo puede ser considerado el mayor ataque a los sectores populares después del Levantamiento Popular del 19 y tal ataque ha sido orquestado desde las más altas esferas del Gobierno. Después del atentado a la marcha del 1º de Mayo los ataques han sido prácticamente diarios: desalojos de comerciantes callejeros en el centro de Santiago; múltiples allanamientos en poblaciones de Santiago; el asesinato de un comunero mapuche en Tirúa; el desalojo de los obreros subcontratados de ENAP el pasado lunes 9 y, un riguroso cerco represivo sobre los estudiantes secundarios en todo el país. Todas estas acciones han sido explícitamente requeridas por las autoridades, por lo que carece de todo asidero la idea de que estemos en presencia de tal mentada autonomización de las fuerzas policiales.

Los efectos de este ataque han dado frutos y es indudable que han logrado —mediante el terror— hacer retroceder las protestas. Hoy mismo pequeñas manifestaciones de protesta enfrentan un dispositivo policial que se presenta feroz e implacable en el centro de Santiago. Hace un par de días una activista fue dejada inconsciente a palos por parte del personal policial, en el marco de acciones represivas frente a la Ex. Posta Central. En Valparaíso al menos, las acciones de protesta por la muerte de Francisca Sandoval han sido igualmente de una entidad menor. Esto es el resultado del terror, no de la popularidad del Gobierno que en sus dos meses de instalación no ha hecho otra cosa que reconstruir pieza a pieza los pilares del orden que llamaron en otro momento «neoliberal».

A Francisca Sandoval la mató un sicario de Meiggs, es cierto, pero tal pistolero no hubiese podido actuar sino en el marco de un Gobierno que se ha propuesto firmemente acabar con toda manifestación popular. Es por esa razón que ahora y no en otro momento se han sentido con la cobertura política para actuar impunemente, porque el Gobierno no hace otra cosa que blandir el expediente represivo como único a respuesta a la crisis. La manifestación más elocuente de esto es el demencial proyecto de Estado de Excepción Constitucional «intermedio» para poner a las FFAA a cargo del control del orden público. Lo de «intermedio» no hace referencia a menor capacidad represiva, sino que a la mayor libertad del Gobierno para disponer de las FFAA.

Con el mismo vértigo con que se desploma su popularidad Boric —casi por una cuestión física— se aferra a salidas dictatoriales que permitan aplastar toda resistencia. El proyecto de Boric es un solo: institucionalizar y para ello cuenta con la Convención Constitucional en la que día a dia se despluma cada uno de los reclamos populares. Esta semana se consolidaron las AFP y se rechazó en paquete todos los reclamos sustanciales de los pueblos originarios. Se prepara un texto gatopardista cuya objetivo es legitimar al régimen, no acabar con él.

En poco tiempo más se nos volverá a plantear la misma disyuntiva Kast/Boric ahora bajo la formulación Apruebo/Rechazo. Con idénticos argumentos se nos emplazará a impedir que gane el rechazo y resignar los reclamos populares y la independencia de clase. De nuevo sopa. Y el resultado de tal trampa política ya lo conocemos: ganan los poderosos, el gran capital, la oligarquía y el imperialismo. En diciembre pasado se nos invitó a votar Boric para impedir que gane el fascismo de Kast, ahora se nos propondrá impedir que gane el fascismo del rechazo . No podemos tolerar que nos vuelvan a pasar por encima y que nos sigan disparando en la cabeza. Es el momento de la unificación de todas las fuerzas que se reclaman del octubrismo, del levantamiento popular y de la clase trabajadora.

Ha muerto Francisca Sandoval. ¡Viva Francisca Sandoval! hasta la victoria siempre.

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