Punta Arenas: la mágica y extendida gira austral que trajo por primera vez al grupo Congreso

por Roberto Hofer

Entusiasmados más por la aventura que por la plata, llegaron por primera vez a Punta Arenas en el verano de 1988 a coronar una incursión por el sur de Chile. Hace sus buenos años, cuando la conectividad aérea en la región era tanto o más restringida que en la actual pandemia, un viento de cola trajo por estos pagos a unos “congresistas” además honorables por obra y gracia de la música. Políticamente incorrectos demostraron ser en aquella primera visita a Magallanes los integrantes del grupo Congreso, entrañable banda nacional conocida como un excelso puente musical entre el rock y los ritmos latinoamericanos.

Muy lejos de alguna romántica entrada triunfal en aquel verano de 1988, lo cierto es que Pancho Sazo, “Tilo” González y compañía nunca llegaron a la zona en un imaginable puente aéreo, como esas clásicas embajadas artísticas que recibimos en tiempos pretéritos. Ajenos a todo lujo parlamentario, aquí pudieron más el empuje y las ganas para lograr una histórica proeza, que los vio rematar en esta región una gira nacional trazada a pulso, dejando los neumáticos (y riñones) en la carretera, algo impensable en este veinteañero nuevo siglo.

“Fue un enganche que hicimos con un amigo que conocimos (de allá) de Punta Arenas”, refiere Jaime Atenas, saxofonista de los Congreso, quien aún tiene muy patente el recuerdo de lo que fue aquella gira de 1987-88 y los entretelones de lo que les significó enfilar rumbo más hacia acá de la Región de los Lagos, en un verdadero “viaje por la cresta del mundo”. Como la mayoría de las iniciativas que han nutrido a Magallanes con música “de la buena” -en este caso, rock nacional-, aquella delegación fue posible gracias a la buena voluntad de artistas y melómanos locales que se la jugaron por traer una ración de cultura para nutrir nuestra “hambrienta” parrilla -por lo demás apaleada en modo censura-.

Aquel aludido gestor cultural, quien fue fundamental para su venida, no fue otro que el recientemente fallecido fotógrafo Óscar Riquelme Navarro. “Él fue el nexo como para que llegáramos hasta acá y un poco aprovechó que nosotros terminábamos la gira en Puerto Montt, e hizo la invitación”, añade. Pese a la oferta, admite que de por medio había “súper pocos recursos”, pero los Congreso estaban tan entusiasmados de venir a Punta Arenas que aceptaron el ofrecimiento, ya que nunca habían llegado tan lejos.

Girando al sur

Sólo en sus andamiajes musicales los Congreso se habían arrimando a esta ignota región. Primero, con aquella alusión indirecta en el título de su álbum “Terra Incógnita” (1975), y luego el grandioso tema “Sur” de su disco “Ha llegado carta” (1983), tras su refrescante obra “Viaje por la cresta del mundo”.

Así, devorando distancias metafísicas y sociales, estos músicos todoterreno culminaron en Punta Arenas una prolongada gira al sur, iniciada en 1987 como soporte de su álbum “Estoy que me muero…”. Para los registros, estos talentos estuvieron en Punta Arenas en febrero de 1988 y actuaron por primera vez el 24 de ese mes en el Teatro Cervantes y, con todo el tiempo del mundo, se despacharon una segunda actuación el 27 de febrero en el gimnasio cubierto -emblemático recinto con fachada de Partenón, demolido en 2007 junto a medio siglo de historia, para dar cabida a un casino de juegos-.

“Fue con mucho sacrificio, porque vinimos en un bus clásico, ni siquiera en un salón cama, sino que era derecho nomás, con la espaldita bien recta. Y estuvimos tres días y dos noches viajando, fue duro, fue duro (repite)… Pero nosotros todavía éramos jóvenes en esa época. Yo creo que hoy día no la hacemos”, admite Atenas. Aquello supone también una buena dosis de adrenalina, pues los muchachos en aquella extendida gira se abocaban también a grabar un primer registro en vivo, que se llamó “Gira al sur” (el cual salió editado en casete doble).

En esa época vino el mismo elenco del disco “Estoy que me muero…”, generosa formación de nueve músicos: Jaime Vivanco, en el piano; Jorge Campos, bajo; Ricardo Vivanco, percusiones; Fernando González, guitarra; “Pato” González en el cello; “Tilo” González, batería, Pancho Sazo, voz; Hugo Pirovic flauta traversa; y Jaime Atenas, al saxo. Como hasta Puerto Montt viajaban en un bus particular, contabilizaban fácilmente unas 20 personas junto a sus iluminadores, asistentes e ingenieros, que se encontraban además grabando la gira, lo que les implicaba disponer de sonido de refuerzo.

Claro que no pudieron traer todo ese aparataje. Atenas señala que entonces sólo un grupo más reducido siguió hasta Punta Arenas, el cual se compuso de la banda más su sonidista e ingeniero. Si bien durante la gira venían trabajando con Eduardo Vergara, quien se fue luego con Los Jaivas, esa vez habría venido su asistente Jorge Abarca, quien entonces partía recién –“era un pollito”- y después lo reemplazó y se quedó con el grupo.

Una semana “distrital”

A la postre, estuvieron una semana en Punta Arenas e hicieron muchas cosas, evoca Atenas, como conocer la ciudad, compartir sus buenos asados e incluso formaron un equipo y jugaron a la pelota, “fue una semana de vacaciones prácticamente”. Asimismo, la prensa escrita local habló mucho acerca de los Congreso durante esa primera experiencia magallánica: “yo en esa época coleccionaba los recortes de diario y todavía los tengo”. Jaime además era el fotógrafo oficial de la banda y, para sorpresa nuestra, un archivero tan eficiente que inclusive aún conserva uno de los afiches artesanales confeccionados durante aquel periplo regional-obra del inquieto artista local Juan Carlos Muñoz Alegría (a) “Chico” Alegría-.

Claudio Fierro, productor y propietario de la ex disquería Almendra, admite todo fue fruto del esfuerzo e inquietud artística de un grupo de amigos por traerlos, pues en esa época casi no llegaban artistas consagrados a la zona. Recuerda que una vivienda cercana a la suya en Avenida España -antes de llegar a la Población Fitz Roy-, albergó casi a la totalidad del grupo, en tanto sus integrantes alternaban en distintos domicilios a las horas de comidas –al ser muy numerosos-.

En su caso, le tocó recibir en su casa a Jorge Campos y al fallecido Jaime Vivanco a la hora de onces, experiencia a la postre interesante. “Yo tenía unos mil vinilos y les mostré mi colección, y me encontré con la sorpresa que tanto Vivanco como Jaime Campos eran bien fanáticos. Y les impresionó el material que tenía de (Luis Alberto) Spinetta, que se conoció mucho antes acá que en Santiago (pues recién se le descubrió cuando estuvo en el Café del Cerro la primera vez que llegó a Chile)”. Con Vivanco quedaron de encontrarse y después lo visitaría sucesivamente en el norte.

Otro momento especial fue una salida al Parque Japonés con la banda en pleno y amigos, con quienes se armó allí una entretenida pichanga de fútbol, dividiéndose por equipos los más veteranos y más jóvenes. “Fue una cuestión muy de suerte que tocó un día muy bonito y casi nada de viento”, destacó.

También compartió con los Congreso el saxofonista magallánico Roberto Núñez, quien destacó la escaramuza futbolera en el recinto de Conaf, “en una cancha que no era plana, sino que inclinada”. A raíz de dicha incursión, destacó que en su recital del Teatro Cervantes los porteños “reconocieron que habíamos jugado futbol y les habíamos ganado, y que si nosotros éramos malos para la pelota ellos eran peores”.

Y si de anécdotas se trata, Núñez señala que le tocó cooperar en la boletería del Gimnasio de la Confederación Deportiva. Justo en los minutos previos al show ese día, mencionó que se les acercó Óscar Riquelme junto a otros organizadores para decirles que “los Congreso habían pedido que les juntemos la plata de la recaudación y que hasta no verla no van a tocar en el escenario, porque ya los habían estafado en uno de los lugares donde habían actuado”.

Vuelta y vuelta

Igual de anecdótica que su llegada fue su retorno, ya que –como era esperable- se tuvieron que regresar de la misma forma, y el derrotero fue más largo porque desde Punta Arenas debieron tomar impulso para llegar directo hasta Santiago. 

Claro que lo más potente de aquel peregrinaje patagónico para estos músicos, según dichos al vuelo de “Tilo” González y Pancho Sazo, fue la elaboración de un álbum conceptual que habría nacido en alguna medida a partir de lo vivenciado y de un especial momento que los vio alucinar ante la contemplación de un amanecer magallánico en esos días veraniegos. Los “cerebros” de grupo irían armando con el tiempo una obra conceptual a la que terminarían bautizando como “Los Fuegos del Hielo”, inspirada en el exterminio de nuestros pueblos originarios del austro.

Por supuesto que los Congreso retornarían a este terruño: el 2 de septiembre de 2002, para cerrar el XXII Festival Folclórico en la Patagonia; a mediados de abril de 2005, traídos por el Sismo Cultural (en el gimnasio cubierto); y posteriores presentaciones en el XXXII Festival en la Patagonia (11 de agosto de 2012, Gimnasio Fiscal), en la XXXVI versión del evento (26 de agosto de 2016, gimnasio de la Confederación Deportiva) y en el concierto por sus 50 años de trayectoria (15 de marzo de 2019, Restobar Lucky 7 del Casino Dreams).

Pero, volviendo a esa primera visita que nos prodigaron, un buen expediente para captar la esencia musical de Congreso en aquellos días sería escuchar su disco “Gira al sur”, en caso de tenerlo a la mano. Aunque –valga la advertencia- desconocemos si habrá salido alguna toma registrada durante los dos históricos conciertos ofrecidos en Punta Arenas.

(Tomado de El Magallanes)

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