Poema de Salvador Allende

por David Hevia

Se cumple medio siglo desde que fuera electo Presidente Salvador Allende, a cuya figura y conducción rindió tributo la Sociedad de Escritores de Chile al organizar un certamen poético en torno al triunfo de la Unidad Popular. Y es que al vasto programa de realizaciones sociales de su gobierno se sumó su intenso y ampliamente reconocido quehacer en materia de políticas públicas de promoción del arte y la cultura. La señera estatura ética del Mandatario, que defendió con su vida la soberanía del pueblo y la Constitución de 1925, cobra especial sentido en estos momentos, en que la movilización de las fuerzas vivas de la sociedad ha abierto espacio a un itinerario que permitiría aprobar una Nueva Carta Fundamental, la primera que se origine en una proposición ciudadana después de la dictadura.

El Último Discurso, cuyas palabras hallaron eco en el mundo entero como valiente voz de una convicción volcada en medio del fuego abierto contra La Moneda, es asimilado también como la prosa poética surgida de la vocación republicana.

El Mandatario, en efecto, siempre manifestó un estrecho compromiso con la creación humana en las más diversas disciplinas, como aún hoy nos lo recuerda el emblemático paso del Tren de la Cultura, que llevó a los artistas nacionales a cada rincón del territorio en aquellos años.

En esa línea, el Jefe de Estado cultivó un gran acercamiento al universo de la pintura y de la dramaturgia, siendo testigo directo de los grandes pasos que daba el teatro a mediados de la centuria pasada. Por lo demás, su afinidad con las letras aparece una y otra vez sintetizada en las postales que deja su abrazo a Pablo de Rokha, Pablo Neruda, Manuel Rojas, Isidora Aguirre, Julio Cortázar y tantos más.

Pero no se trata solo de su admiración por la obra de otros. El propio Salvador Allende empuñó la pluma en clave literaria y de manera temprana. Una muestra de ello es un poema que compusiera a los 20 años, cuando era estudiante de Medicina en la Universidad de Chile. Los versos, de rima consonante y endecasílabos que alternan con heptasílabos, fueron publicados por la Revista Viña del Mar (año II, número 19, mayo-junio de 1929).

Aquí dejamos el poema y una fotografía de esos tiempos, donde aparece el joven vate y futuro Presidente.

Angustia

Calma un instante tus angustias locas,

Pobre corazón mío,

Si sientes que te oprime el hondo frío

De las nieves eternas y las rocas;

Pronto a este invierno seguirá el Estío.

Todo tiene en la vida

Amargas horas de implacable duelo:

Las tiene el ave que, en la selva, herida

Arrastra su nidal de rama en rama,

Las flores que hacia el suelo

Pálidas doblan sus marchitas hojas,

La virgen infeliz que sufre y ama

Y devora en silencio sus congojas,

La desolada madre que en pedazos

Siente su pobre corazón partido,

Al ver que para siempre se ha dormido

El hijo de su amor entre sus brazos,

Y hasta la mar inmensa que batalla

Con su dolor a solas

Y, sollozando, vierte por la playa

Cual torrente de lágrimas sus olas.

Pero todo no es duelo ni quebranto,

Ni jamás es eterna la agonía,

Y surge a veces el placer del llanto,

Como tras de la noche surge el día.

No sufras, corazón.

Calma un instante

Esa angustia letal que te domina,

Y ten valor en la áspera jornada;

Tu alegre despertar no está distante,

Ya el oscuro horizonte se ilumina

Con todo el resplandor de una Alborada!

Salvador Allende Gossens

(tomado de la revista Alerce)

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