Poema de Juan García Brun: «La sed»

Estabas oculta en una carpa, en los suburbios de una ciudad que terminaba en unos acantilados. Siempre una lona, un tapiz, un objeto transmutado por el viento, nos separaba. Temías otra tormenta. Los truenos iluminaban las notas que te dejaba en distintos lugares del campamento, con la finalidad de que supieras que aún soy real. Las carpas formaban parte de una institución psiquiátrica de emergencia. La dieta, que me vi obligado a seguir, estaba conformada estrictamente por pan duro y seco, humedecido en aguardiente.

El sonido de la llovizna y los relámpagos, hacían que nuestra bandera flameara intimidando a los infieles.

Los animales se habían vuelto gigantes, los ríos desbordado toda racionalidad. Vivíamos una patología continua e irreversible. Los vestigios de nuestra lengua común habían remitido. Los hombres jóvenes fueron enviados a la construcción de ese único edificio en las cumbres. En tres años sólo alcancé a recorrer los estacionamientos y parte de las bodegas. Te dije que me esperaras y lo habías hecho y aprendimos a dormir separados, adivinando nuestro amor, separados en esta carpa sencilla, precaria y que me impide tocarte.

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