Para fortalecer la negociación colectiva, levantar sindicatos para luchar 

de Asociación Intersindical de Trabajadores Clasistas

Actualmente las y los trabajadores de Chile siguen luchando, demostrando que nuestra clase combate la crisis con organización. En cada industria, en cada empresa, mall, fundos y casa de estudio, crece y crece la rabia y la necesidad de luchar. Para que esta rabia se convierta en movilización, el deber de las y los trabajadores es levantar sindicatos para luchar.

En ese camino, existen distintas formas de lucha, donde la más común y poderosa fue la huelga extralegal y la negociación colectiva no reglada entre 2015 y 2020[1]. Esta forma de lucha permite avanzar y conquistar nuestras demandas, rompiendo con las trabas legales y fortaleciendo la organización. Hoy en día la tendencia de la huelga en general va a la baja, debido a que las huelgas extralegales están bajando.   

El sindicalismo presenta varias enfermedades en su seno, que pocas veces le permite ganar mejoras sustanciales para nuestra clase en el marco de las negociaciones colectivas regladas, ni mucho menos conformar un movimiento cohesionado, con independencia de clase y combativo que permita instalar demandas políticas. Estas enfermedades son, el burocratismo, la conciliación y la cooptación política estatal de las centrales sindicales y de los sindicatos.

En fines de 2021 las cifras[2] de sindicalización alcanzaron un 22,2%, calificada como la más alta desde el retorno a la democracia. Esto significa aproximadamente 12350 sindicatos, que representan 1.242.500 personas. De esta cifra solamente el 14,3% está afiliada a la CUT, siendo la central patronal con mayor afiliación sindical en nuestro país. Esto significa que existe también un amplio espectro de sindicatos que no se encuentran afiliados a ninguna central sindical, lo que significa una debilidad para nuestra clase en general, sin mencionar que la mayoría de las centrales sindicales hoy, son abiertamente patronales.

Analizando la capacidad de negociación de los sindicatos en Chile, en 2022 hubo 3.156 procesos de negociación colectiva[3], significando una caída de 12,9% comparado con 2021 y un alza de 10,6% versus el 2020, año que postergó varios procesos de negociación debido a la pandemia. De acuerdo a las cifras, las huelgas ejecutadas en el país (o sea, las que se concretaron) están cayendo. En 2022 se aprobaron 636 paralizaciones de actividades, de las cuales se ejecutaron tan solo 93, lo que corresponde al 14,6%. Respecto a 2021, las huelgas votadas subieron un 5,8%, pero las concretadas bajaron un 21,1%, existiendo 246 huelgas en 2020 y 248 en 2021 según cifras del Diario Financiero de enero de este año.

Esto significa que existe aún poca capacidad de asumir los costos y sacrificios de la huelga, debido al alza sostenida en el costo de la vida por un lado y también a una falta de organización y politización de los sindicatos por otro. Históricamente estos costos se han combatido con fondos de huelga, con solidaridad activa de los demás sindicatos y con apoyo de los demás sectores de nuestra clase. Al día de hoy que esto no ocurra es una clara demostración de que el burocratismo se encuentra instalado en las organizaciones sindicales, tanto como por una mala forma de dirigentes honestos  de ejercer el sindicalismo como por una lógica instalada de los partidos reformistas (que buscan desmovilizar o hacerlo solo cuando les conviene), existiendo una falta de participación activa de las bases, que muchas veces incluso significa una falta de democracia sindical, traduciéndose en ni siquiera saber quiénes  son los dirigentes, por tanto una nula participación en movilizaciones así como en toma de decisiones.

Por otro lado, las lecciones que podemos sacar de los datos entregados por el informe del observatorio de huelgas laborales de la Universidad Alberto Hurtado sobre el año 2021[4], tienen varias aristas. Podemos observar que, si bien las huelgas legales son las que más proliferan, las huelgas extra-legales son las que movilizan a más trabajadores y trabajadoras, son las que ocupan métodos más disruptivos (como la paralización efectiva, bloqueo de ingresos, toma de dependencias, vinculación con el territorio, resistir la represión policial, manifestaciones en oficinas administrativas, etc.) y las que presentan una duración mucho menor que las legales, lo cual significa que logran negociaciones de forma más rápida y muchas veces de forma más efectiva. Es decir, la realidad demuestra que los sindicatos con mayor participación, más masivos y los que usan métodos combativos son los que aseguran ganadas concretas para las y los trabajadores, desbordando sin problemas las leyes de los patrones. 

Esta concepción del sindicalismo es antagónica al sindicalismo de conciliación, que lejos de la movilización, buscan solo intentar llegar a acuerdos, muchas veces por falta de experiencia y de concepción clasista de sus dirigentes, como también de forma consciente por parte de dirigencias patronales.

Así, el burocratismo y la conciliación permiten fácilmente la cooptación política de los sindicatos, debido a que significan el avance de la ideología de los patrones en el sindicalismo. Esta cooptación se da de diversas maneras. En primer lugar, tenemos las centrales patronales, que a cambio de responder a la política de los partidos del poder que las conducen, brindan un “apoyo” en sus luchas, apoyo siempre limitado a métodos que impiden a las y los trabajadores dar luchas más profundas, reduciéndose a la asesoría legal y técnica por sobre la movilización, reduciendo el desarrollo de las capacidades de las y los trabajadores en sus huelgas y negociaciones. Estas centrales significan hoy una oficina de consejeros para el ministerio del trabajo, que lejos de cumplir su rol de pelear por los derechos negados de nuestra clase, concilian y acuerdan por arriba las reformas que al gobierno o a los partidos que las conducen convienen, borrando toda independencia de clase. 

Complementada con esta forma de cooptación tenemos directamente la injerencia de las instituciones y el entramado jurídico que regula el trabajo, que se ha vuelto más evidente últimamente, de la mano de este supuesto gobierno del pueblo. Por un lado, tenemos al Ministerio del Trabajo que cumple su rol manteniendo domadas a las centrales sindicales y negociando reformas en favor de los patrones, como últimamente las falsas 40 horas laborales y el aumento miserable del sueldo mínimo. Por otro a la Dirección del Trabajo invitando a sindicatos a seminarios, actos y escuelas de formación, con el objetivo precisamente de instalar métodos y concepciones que no se salgan de los marcos legales, permitiendo que las negociaciones siempre sean favorables para los empresarios. Todo esto mandatado directamente de organismos como la Organización Internacional del Trabajo-OIT, que sirve para instalar a nivel internacional, programas jurídicos que regulan más y más el conflicto capital-trabajo, permitiendo así limitar la lucha de los trabajadores, con la excusa de querer tutelar derechos. Claro ejemplo de esto es la incipiente discusión de regular la negociación ramal e inter-empresa, buscando ponerle una camisa de fuerza a las y los trabajadores que logran negociar en este nivel, siendo generalmente, sindicatos masivos y altamente movilizados. 

En conclusión, levantar sindicatos para luchar es la cura a estas enfermedades. El sindicato tiene que volver a ser la herramienta de combate de las y los trabajadores, no solo una personalidad jurídica. A medida que nuestras concepciones sean de clase y nuestros métodos combativos, la negociación colectiva se fortalecerá, permitiendo que los sindicatos vayan a la lucha siempre que lo vean necesario y no solo cuando la ley se los permita. Así, el camino hacia un sindicalismo clasista y combativo capaz de dar luchas políticas será cada vez más claro.


[1] https://fen.uahurtado.cl/wp-content/uploads/2022/10/informe_huelgas_2021.pdf

[2] https://www.df.cl/economia-y-politica/laboral-personas/los-numeros-tras-la-sindicalizacion-en-chile-mas-organizaciones-de

[3] https://www.az.cl/diario-financiero-lo-que-dejo-2022-en-negociaciones-colectivas-se-aprobaron-mas-huelgas-pero-menos-se-concretaron/

[4] https://fen.uahurtado.cl/wp-content/uploads/2022/10/informe_huelgas_2021.pdf

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