Narración de Juan Navarrete: «La extraña manzana»

“Una manzana soy todavía del verano pasado, /preservada fresca en suave piel, /sin manchas, sin arrugas, igual de tersa que una recién brotada, /aún unida a ramas de hermosas hojas, /regalo exótico en época invernal” (Antífilo de Bizancio, Antología Palatina II, Gredos, págs. 96-97). 

Abril estremece de frío los frutos del verano, entre las varas secas palidecen las vainas de los últimos porotos (algunas se sonrojan), y el aroma dulzón de las «limonas», como mirra divina, traspasa nuevamente las quintas y huertas de Valdivia.

Las «limonas» son un esperado regalo anunciado en septiembre, y caído por fin en nuestras manos entre marzo y abril; es aquella una paciente maduración que termina con su distintivo color amarillo oro y suaves pecas. El árbol limón es así como una luz encendida en el ocaso del verano, su corona, su brillante despedida, y es al mismo tiempo la dorada estrella que anuncia nuestro lluvioso otoño.

La rareza más celebrada de esta fruta está en su característico sabor: su alta acidez y dulzura, anunciada por un aroma penetrante e intenso; aquel singular gusto “alimonado” que fascina. Su tamaño menor y compacto puede variar hasta la pequeñez juguetona, y sin embargo hasta la más diminuta estremece con su intensidad.

¿Cuál fue su origen?, ¿cómo llegó a ser lo que es? Se dice que probablemente la especie fue traída por colonos europeos, quizás durante la segunda mitad del siglo XIX, sin embargo esta es solo una hipótesis sin certezas, y su ascendencia podría ser más antigua.

En 1782, Pedro de Usauro Martínez de Bernabé consignó al igual que otros cronistas que en la zona de Valdivia “las frutas son manzanas con tanta abundancia que se forman bosques y cercos de sus árboles”, y luego agregó que aquellas “tienen la particularidad de que sus especies son tan distintas al gusto que dan el sabor de varias frutas” (La Verdad en Campaña, 2008, pág. 65). Así en el siglo XVIII la sabrosa variedad de los manzanares locales era un hecho, y ya podría haber existido entonces una manzana con gusto “alimonado”. Lo cierto es que su sabor actual es pura pulpa de esta tierra, y el árbol se muestra renuente a crecer fuera del centro Sur.

¡Es abril y el árbol limón es un astro en las quintas de Valdivia!, cargado de fruta, fulminante de aroma, como una estela ensoñada de los luminosos días. Como la manzana de Antífilo de Bizancio, es la rara y olorosa presencia del verano ido, guardada claridad, un presente extemporáneo, atípico, o es quizás su secreto revelado: un extraño y ácido dulzor.

Fotografía: limonas en la localidad de San Carlos, Corral.

(el autor es Licenciado en Historia UACh y originario de,San Carlos, Corral, Valdivia)

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