Mistificación de lo social, vida dañada e historización del sufrimiento

por Alberto Cordero

Es imposible no ser consciente del dolor general, del malestar que se concentra en el mundo. Creo que la teoría de Malthus ya estaba muerta pero ahora está muerta y enterrada, la tortura de esta sociedad ya no puede achacarse a ‘’los boletos no premiados de la lotería de la vida’’ (Malthus, 2016) en la medida en que es algo generalizado. Empiezo a escribir esto con el objetivo de comprender eso mismo, en qué medida hay una necesidad de historizar ese sufrimiento. El SPK (Colectivo Socialista de Pacientes) asegura en ‘’Hacer de la enfermedad un arma’’, su manifiesto de agitación, que no basta con la atribución del malestar al ‘’malvado capitalismo’’, remitir a las causas sociales (SPK, 2020). Sin embargo, lo que es obvio es que es imposible no pensar en la sociedad como una olla recalentada, esa metáfora hace tiempo que huyó del individuo.

Sin embargo, mientras el trabajo (el trabajo abstracto diría Anselm Jappe -Jappe, 2019-) se ha diluido según los sociólogos en toda actividad social, con fenómenos como el ocio entrando de lleno en la lógica de la producción de valor, lo que algunos llaman “la proletarización del consumo”. Hay que recordar cómo define Marx, en una cruda metáfora, este tiempo abstracto: es nada más que un desgaste de carne y sangre, de nervios y cerebro. Podríamos decir que la autoalienación que Marx  atribuye en El Capìtal tanto a capitalistas donde estos ‘’ven la confirmación de su poder y su satisfacción’’, como a la clase trabajadora donde se siente ‘’aniquilada y débil’’ (Rubin, 2021) hoy se siente como un hierro candente.

Un mundo, sin embargo, que se presenta pavorosamente natural. Vivir una vida dañada, una vida que se contradice a sí misma, se despliega cada vez más normal en nuestro contexto histórico. En este momento contradictorio siempre hay un peligro reaccionario latente: Tratar como un problema individual, incluso corporalizado, los problemas que las lógicas capitalistas generan en el tejido social. En este sentido se suele invocar lo que Giovanni Jervis llama ‘’una síntesis reparatoria’’ (Jervis, 2022), la racionalización técnica de problemas políticos que tienen más que ver con la lógica de una sociedad dividida en clases.

Frantz Fanon habla de cómo la mano de obra esclava sufría de continuo bajo la bota colonizadora; sin embargo, llegaron a su consulta algunos de los torturadores de esta mano de obra que veían su vida resquebrajarse por los remordimientos que le provocaba su trabajo (VVAA, 2022), eso influía en su vida que cada vez se veía más empobrecida, incluso a veces el dolor significaba un insomnio terrible. La situación pasó a ser inaceptable cuando un sentimiento completamente normal influía sobre los tiempos de reproducción y, a su vez, de producción. Normalmente, estas personas eran diagnosticadas a pesar de que, como hemos dicho, es totalmente comprensible. De la misma manera los esclavos que trataban de huir del campo eran diagnosticados de drapetomanía. Ambos son sentimientos comprensibles pero ambos diagnósticos tienen que ver con cómo influyen sus pasiones en su actividad. Son diagnósticos aferrados a la división social del trabajo y el proceso social de producción. Esto no pretende dar una imagen abigarrada de que cualquier sufrimiento tiene que ver con esto, sin embargo esto desmiente la idea del sufrimiento como una instantánea natural tallada en las tablas de la ley de la historia. Es imposible pensar en un concepto de sufrimiento no determinado históricamente.

Aquí volvemos a lo que hablábamos, la síntesis reparatoria. De la contradicción nace lo que en algunos de la Psiquiatría Democrática llamaron ‘’Neurosis’’ (Jervis, 2022). Podría continuar con los preceptos de la Psiquiatría Democrática pero prefiero abandonarlo en aras de unos estrechos colaboradores: El SPK y sus ‘’momentos de la enfermedad’’. Estos revelan en el diagnóstico, al menos para mí, algunas de las lógicas manicomiales del pasado como decía el colectivo Locomún aquí en el estado español (Locomún, 2020). Con el conveniente recuerdo de aquello que dijimos al principio, no basta con atribuir al ‘’malvado capitalismo’’ el sufrimiento, no podemos caer en la mistificación que nos llevaría a creer que la consideración de los determinantes sociales mejoraría la situación. La primera tanda de construcción de manicomios en Estados Unidos fue motivada por una ideología social que creía que había que encerrar y contener al sufriente para defenderlo en la sociedad. Después la ideología bioquímica solo ha continuado el legado de esta en el mantenimiento de estas prisiones médicas con el auge del capitalismo neoliberal (Durakov, 2021).

Cabría preguntarse en ese sentido si las lógicas manicomiales no están presentes en las economías del dolor capitalistas (Recordemos que el germen del manicomio es fundado 400 años antes de que surja el alienismo como “protopsiquiatría”) (Liria, 2018) y no surgen precisamente de ellas, es decir, si no son esas mismas maneras que según Franco Basaglia tenían las instituciones de la violencia de contener las contradicciones presentes en nuestro mapa social (Basaglia, 2021).

En este sentido hay que bañarse en las contradicciones en aras de desbordarlas. Y aquí vienen los momentos que desarrolla el SPK, no es más que el punto de desarrollo de esas contradicciones que genera el sufrimiento.

Siempre hay un momento reaccionario y uno progresivo. Empecemos por el final, ese momento progresivo que tiene que ver con lo que llamaban la ‘’situación del delirio’’ (que no es más que tratar los síntomas individuales en relación a la totalidad del sistema en el que se producen).

Según ellos, este momento llega al comprender que el delirio -y yo aquí metería desde las voces a los pensamientos inusuales, en el lenguaje de Hearing voices– es “el producto de la objetivación del individuo en la sociedad capitalista, es la expresión de la relación polarizada entre vida y capital, de la materia viva y orgánica con la inorgánica y muerta’’. Es la comprensión de que el sufrimiento es condición esencial, presupuesto y resultado del proceso de producción. La paranoia vivida como sensación totalizadora del extrañamiento del mundo que antagoniza al individuo como una fuerza ajena que expresa la verdad del mundo (SPK, 2020).

Un pensamiento muy normal es pensar que quieren matarte (os lo cuento con ello grabado a sangre y fuego, también os lo puede contar cualquier escuchador de voces o incluso un profesional, no es un secreto). En este momento está un conato de verdad que, según el SPK, habría que desarrollar. Las ejecuciones policiales, la acumulación imperial, los accidentes y la exposición a enfermedades laborales, los accidentes de tráfico, etc. El asesinato es la norma en el modo de producción capitalista (SPK, 2020). El momento progresivo del sufrimiento surge, entonces, al comprender que el despilfarro humano al que da pábulo el capitalismo está en el origen de gran parte del sufrimiento generalizado. Un sufrimiento cada vez más extendido en cuanto que sus lógicas (el trabajo abstracto, es decir, las lógicas de la producción de valor) no paran de extender sus dominios (Krisis, 2018). En este sentido el miedo se convierte en arma.

Hemos hablado, sin embargo, del momento progresivo y habría que hablar de aquel que predomina en nuestra sociedad y que más genera nuestro sistema: el momento reaccionario. Volvemos, casi por arte de magia, a esa síntesis reparatoria. Ese momento tiene que ver en el momento de ser considerado una máquina escacharrada. Es, como decía Jervis, considerar tu sufrimiento un mal funcionamiento de tu cuerpo que confecciona una imagen de tu cuerpo como una herramienta de trabajo, el cuerpo lejos de ser un lugar de resistencias y lucha de clases, es una máquina binaria que funciona por una lógica de buen o mal funcionamiento. El cuerpo es experimentado como un límite, como un engranaje en el proceso de producción. Es la individualización del malestar, su racionalización técnica.

Bajo la fórmula “El capitalista sólo funciona en cuanto capital personificado, es capital en cuanto persona; del mismo modo el obrero funciona únicamente como trabajo personificado” (Marx, 2017) se construyen las metáforas que encierran un cuerpo maltrecho y que son un arma peligrosa que alimenta ese sufrimiento (Jervis, 2022), aquel de considerar nuestros problemas tornillos sueltos y tuercas flojas en el proceso de producción. En este sentido hay que tratar de entender el sufrimiento en las contradicciones que nuestra sociedad genera, que nuestro momento histórico alberga. Este pequeño texto solo trata de ser una contribución a ese proceso de crítica que debe ser continuado. Considerar el sufrimiento político. Frente a un mundo donde crece la normalización del sufrimiento, la politización es necesaria contra el desgaste continuo. Para cambiarlo todo.

Referencias
SPK. Hacer de la enfermedad un arma, EMF Colombia, 2020.

Malthus, Thomas Robert (2016) Primer ensayo sobre teoría de la población, Madrid: Alianza Editorial.

Jappe, Anselm (2019) La sociedad Autofaga, Pepitas Editorial.

Rubin, Isaak (2021) Ensayos sobre la teoría del valor, Dos Cuadrados.

VVAA (2022) La Otra Locura, Extremadura: Editorial Irrecuperables.

Grupo Krisis (2018) Manifiesto contra el trabajo, Barcelona: Virus Editorial.

Fernández Liria, Alberto (2018) Locura de la psiquiatría, Bilbao, Desclee de Brouwer.

Marx, Karl (2017) El Capital, Tomo I. España: Siglo XXI.

Basaglia, Franco (2021) La institución negada, Extremadura: Irrecuperables.

VVAA (2022) Tosquelles: Como una máquina de coser en un campo de trigo, España: Arcadia.

Locomún (2020)       https://primeravocal.org/seguimos-en-el-manicomio-colectivo-locomun/

Durakov Warren, Sasha (2021) https://www.unsoundmind.org/post/the-asylum-is-sick-the-mental-institution-from-me dical-prison-to-laboratory-for-change

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