Marx en la playa: la historia olvidada de la escuela de verano comunista rebelde en Yugoslavia

por Jonathan Bousfield

Con sede en la ciudad costera de Korčula, la escuela de verano organizada por la revista Praxis mantuvo firmes principios socialistas, defendiendo el marxismo y advirtiendo contra una emergente burguesía comunista de burócratas de partido. Durante varios veranos de libertad abrasadora, el campamento de Korčula fue un foco de pensamiento izquierdista europeo, hasta que las autoridades yugoslavas finalmente echaron el cierre.

Bañada por las aguas aterciopeladas del Adriático croata, la ciudad amurallada de Korčula es conocida sobre todo por sus puertos deportivos repletos de yates, sus tiendas de bisutería y sus precios por las nubes. Resulta difícil creer que este pintoresco lugar de veraneo mediterráneo atrajera en tiempos un tipo de turista muy diferente: algunos y algunas de las marxistas internacionales más influyentes que Europa haya visto jamás.

De 1963 a 1974, la Escuela de Verano de Korčula acogió cada año, durante diez días, sendas reuniones de filósofos, sociólogas y estudiantes que marcaban la evolución de la izquierda europea durante uno de los periodos más turbulentos de su historia. A pesar de que la dirección comunista yugoslava la considerara peligrosamente herética, la escuela de verano fue un foro intelectual sin parangón que juntaba a influyentes pensadores y pensadoras de este y oeste. Con esa mezcla de vacación playera y sensación estimulante de libertad intelectual, la escuela de verano ofrecía a sus participantes un marco utópico en el que estaban garantizados el sol y la camaradería socialista… hasta que las autoridades, hartas de sus herejías, pusieron fin a la experiencia.

Una de las razones por las que los halcones yugoslavos tardaron tanto en vetar la escuela fue su brillante reputación internacional. Entre las personas que participaron en esos años figuraban los padrinos de la nueva izquierda, como Herbert Marcuse y Jürgen Habermas, y figuras que inspiraron intelectualmente las revueltas estudiantiles parisinas de mayo de 1968, como el profesor de sociología francés Henri Lefebvre. También atrajo a destacados personajes de otros ámbitos, como el psicoanalista Erich Fromm y el positivista británico Alfred Jules Ayer.

Organizaban la escuela los editores de Praxis, una revista teórica marxista impulsada por intelectuales de Zagreb, la capital de la entonces república federal yugoslava de Croacia. Atrayendo a pensadores de otras universidades yugoslavas, especialmente de Belgrado, Praxis forzó desde el principio los límites de lo que el régimen estaba dispuesto a tolerar. Si bien aplaudía genéricamente la vía independiente al socialismo emprendida por Yugoslavia, una trayectoria ejemplificada por la política de autogestión obrera, Praxis se mostraba crítica con la emergente burguesía comunista de burócratas del partido. Asimismo desconfiaba de las reformas de mercado que dividían a la sociedad y se abrían paso en Yugoslavia en la década de 1960, cuando se dio prioridad a la producción de bienes de consumo, se favoreció la competencia en el mercado y apareció una nueva clase de administradores tecnócratas. Al ofrecer una crítica de izquierda de un país socialista realmente existente, Praxis hizo también causa común con la izquierda radical de Europa Occidental, que combinaba la oposición al capitalismo occidental con la crítica del socialismo de Estado practicado en el este comunista.

La idea de una escuela de verano nació de la creciente importancia de la costa adriática en los espacios de ocio de Yugoslavia y del hecho ineludible de que todo el mundo quería escapar durante el verano a algún lugar junto al mar. Milan Kangrga y Rudi Supek, profesores de la Universidad de  Zagreb y fundadores de Praxis, tenían sendas casas de veraneo cerca de Korčula y decidieron que era el lugar ideal para combinar el debate teórico con ocupaciones más sibaritas. Los primeros años de la escuela se limitaron en gran medida a miembros del cuerpo docente universitario, pero  Korčula se convirtió pronto en un centro de atracción para enseñantes y estudiantes de izquierda que deseaban tomar el sol, beber vino y discutir sobre el sentido de la vida.

Lino Veljak, actualmente profesor de filosofía en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Zagreb, asistió a la escuela en cinco ocasiones desde 1970 hasta su última edición en 1974. “Acudí por primera vez nada más terminar mi primer curso como estudiante de filosofía y sociología, cuando fui con un grupo de amigos en barco desde Split”, recuerda. “Dormíamos en una tienda en el cámping de la localidad, como hicimos la mayoría de las veces en los años posteriores. A veces dormíamos al aire libre en el bosque, a veces también en un barco u otros lugares. Tan solo el último año dormimos diez, tal vez más, en una habitación alquilada. La vida social era allí particularmente intensa: no se dormía mucho, y después de las conferencia y coloquios íbamos a la playa, nos sentábamos en las terrazas de restaurantes (nuestros profesores nos cedían a menudo alguna copa de vino y nos daban un poco de dinero para que pudiéramos comprarnos algo de comer). Pudimos charlar informalmente no solo con nuestros profesores, sino también con personajes muy significativos de la filosofía mundial, desde [el filósofo marxista alemán] Ernst Bloch hasta [el sociólogo y padre de la teoría crítica] Jürgen Habermas.”

El cineasta Rajko Grlić fue a la escuela de verano casi todos los años siendo adolescente y durante su juventud, pues su padre, el filósofo croata Danko Grlić, era uno de los fundadores de la escuela. Las originales memorias cinematográficas de Grlić, More for the Road, las publicará la editorial Berghahn en octubre de 2021. “Fue un periodo muy divertido”, dice. “Había un montón de jóvenes pintores, filósofas, escritoras de mi generación y académicos de más edad. Y para todas estas personas, la escuela de verano era la ocasión para celebrar la vida. Había sesiones de tres horas por la mañana y algunos coloquios al caer la tarde. ¡Pero no veas lo que ocurría entre medias! ¡Esos almuerzos! ¡Esos partidos de fútbol! Quienquiera que viniera a Korčula, incluidas las serias figuras internacionales, se relajaban y se adaptaban al ambiente de la escuela de verano apenas unas horas después de llegar. Y trataban de establecer una relación entre la vida que llevaban en la isla y las teorías sobre las que debatían. Mezclar vida y teoría era la razón principal por la que estaban allí.”

No por nada el marxista francés Henri Lefebvre contó a la madre de Grlić, Eva (tras una excursión bien regada de buen vino) que la escuela de verano representaba el “socialismo dionisíaco” en acción, una síntesis perfecta de la teoría progresista y la buena vida a la que se suponía que debía conducir.

Resumiendo la experiencia de Korčula en sus memorias, publicadas en 2007, el sociólogo Ivo Kuvačić califica la escuela de verano de “un enjambre frenético de gente joven venida de todos los rincones del mundo… Las sesiones tenían lugar tanto en interiores como al aire libre, y los coloquios seguían en los bares y restaurantes de los alrededores, o en la playa hasta bien entrada la noche… Era la continuación de lo que había ocurrido en los campus universitarios de Berkeley, París y Berlín, aunque a menor escala.”

El hecho de que Praxis tuviera el aura de la fruta prohibida ‒un fenómeno tolerado por un régimen que desaprobaba gran parte de lo que decía‒ contribuyó a que los y las estudiantes del país sintieran, al igual que quienes venían de occidente, que estaban viviendo una especie de revolución. También acudieron a la escuela de verano, en sus primeros años, intelectuales disidentes del bloque del este (como el filósofo checo Karel Kosik, la filósofa húngara Àgnes Heller y el polaco Leszek Kołakowski), pese a que la visión elástica del marxismo que profesaba Praxis resultaba muy sospechosa a los gobiernos de Europa Oriental. Moscú, en particular, odiaba los ataques de Praxis al dogma soviético y sugirió al líder yugoslavo Josip Broz Tito que el cierre de la revista podría favorecer las relaciones (a menudo turbulentas) entre los dos países.

Hubo algo así como una inflexión en mayo de 1968, cuando los disturbios en Francia tuvieron un efecto electrizante en la izquierda global. Cuando el movimiento estudiantil de izquierda tomó las calles de París y la clase obrera en huelga paró las máquinas en las fábricas, pareció por un momento que la revolución anticapitalista era inminente (aunque el presidente conservador Charles de Gaulle recuperó pronto el control). Una huelga estudiantil en Belgrado, en junio, reveló la insatisfacción generalizada con el giro hacia la economía de mercado por parte de la dirección comunista yugoslava. Buena parte del personal académico de Belgrado asociado a Praxis se unió a las manifestaciones. El tema de la escuela de verano de aquel año, titulado Marx y la revolución, parecía pensado para capitalizar lo que prometía ser una largamente esperada época de cambio.

Este optimismo sufrió un duro golpe cuando llegaron las noticias, el 21 de agosto, de que el Pacto de Varsovia había intervenido en Checoslovaquia, donde el líder del partido comunista, Aleksandar Dubček, había emprendido un programa de reformas liberales en la llamada Primavera de Praga. Los cambios que propugnaba no agradaban a Moscú, que despachó rápidamente una fuerza militar. La invasión dejó claro que, al menos en el bloque del este, cualquier intento de democratizar el socialismo tenía todos los visos de ser castigado por los tanques soviéticos. Fue un golpe especialmente para Rajko Grlić, quien había vuelto a Croacia después de pasar un tiempo estudiando en la famosa escuela de cine FAMU de Praga. “Recuerdo el momento muy bien. Mi padre me despertó a las cinco o seis de la madrugada y me dijo: ‘¡Los rusos están en Praga!’ En pocas horas los responsables de la escuela de verano redactaron una carta abierta de protesta y recuerdo que hubo una larga cola de gente que quería firmar. ¡Y allí estuve esperando junto a Bloch y Lefebvre! Siempre he hecho broma con que esa fue mi relación más estrecha con la historia de la filosofía. Ese mismo día me apresuré a ir a Zagreb para ver si podía tomar un vuelo para Praga.”

Participantes de países del bloque del este tenían cada vez más dificultades para asistir a la escuela de verano tras los acontecimientos de 1968. Sin embargo, para la izquierda occidental, Korčula adquirió mayor importancia como el espacio en el que la generación post-1968 tejía relaciones y debatía ideas. La población de Korčula siguió recibiendo la escuela de verano con los brazos abiertos porque tenía lugar a finales de agosto, cuando llegaba a su fin la temporada turística regular. La llegada de izquierdistas amigables y amantes del vino era más que bienvenida.

“La reacción de la gente del lugar, según recuerdo, era muy positiva”, dice el profesor emérito de economía (y oriundo de Korčula) Ante Lešaja, quien ha dedicado su jubilación a montar el archivo del movimiento Praxis. (Este archivo ha sido digitalizado posteriormente gracias al pensador zagrebí Tomislav Medak, de una generación más joven.) “Conocí a estudiantes universitarios de Korčula que volvían a casa por las vacaciones y seguían las sesiones de la escuela de verano con gran entusiasmo. Incluso cuando las autoridades superiores sugirieron que había que clausurar la escuela de verano, el alcalde de la ciudad siempre rechazó cualquier intento en este sentido. Es casi seguro que los servicios de seguridad yugoslavos enviaban a observadores a Korčula, pero la policía local se comportaba con mucha discreción y nunca mostró interés alguno en supervisar la labor de la escuela.”

Lino Veljak atribuye la actitud de Korčula a su historia como territorio partisano: apoyó y albergó el movimiento de resistencia, dirigido por comunistas, que se enfrentó a los ocupantes italianos y después alemanes en la segunda guerra mundial. “Por un lado, la población local nos miraba con simpatía, pero por otro había mucha gente, especialmente los funcionarios locales, que no podía entender que alguien pudiera estar más a la izquierda que el propio régimen comunista gobernante”, dice. “Había cierta desconfianza, pero más en el sentido de tratar de comprendernos como hijos que se han descarriado y no como enemigos de los valores en los que creía la comunidad.”

Espinas clavadas en las carnes del régimen durante mucho tiempo, tanto la escuela de verano como la revista fueron clausuradas formalmente en 1975. Era una época en que las disensiones de todo tipo se sofocaban sigilosamente: a finales de 1971 había sido disuelto un movimiento autonomista croata; un año después se purgó la dirección liberal del Partido Comunista Serbio. Una nueva constitución (de complejidad alucinante), implantada en 1974, debía poner fin a todas las discusiones sobre el futuro del socialismo yugoslavo, y no se toleraría ningún comentario crítico, viniera de donde viniera. Mientras que los miembros zagrebíes de Praxisconservaron sus puestos de trabajo, algunos de sus colegas de Belgrado fueron expulsados de la universidad, cosa que provocó protestas internacionales e hizo temer nuevas medidas represivas. Hubo intentos de reproducir la escuela de verano de Korčula en la isla de Vis y en Dubrovnik, pero al haber desaparecido la revista Praxis, su impacto ya no fue el mismo.

La historiografía croata moderna no ha otorgado a Praxis la importancia que merece. Como fenómeno de izquierda y antinacionalista en la historia intelectual del país, no encaja fácilmente en la narrativa patriótica contemporánea. No obstante, el interés por la revista Praxis se ha revitalizado en una Europa magullada por la crisis financiera y la incertidumbre política. Entre la juventud, dice Veljak, “el interés por este legado [anticapitalista] ha crecido notablemente, y es del todo cierto que mucha gente joven está sacando lecciones significativas de lo que pasaba por ser una tradición marginada.” Para muchas personas ‒y no solo de la izquierda‒ hay un hambre renovada de pensamiento político y económico creativo. Aunque Praxis ofrece pocas respuestas a los problemas de hoy, su memoria ‒como la escuela de verano que amparó en su tiempo‒ sigue siendo una buena vía para iniciar una conversación y, en última instancia, para reunir a gente.

(Tomado de Calvert Journal)

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