Martín Correa: “El despojo forma parte de la memoria mapuche y constituye la base para los procesos de recuperación territorial”

por Paula Huenchumil

“La historia del despojo. El origen de la propiedad particular en el territorio Mapuche” (editoriales Ceibo y Pehuén), es el último libro del Historiador y Doctor en Antropología, Martín Correa Cabrera, el cual aborda los distintos métodos del proceso de despojo territorial que ha sufrido el Pueblo Mapuche, a través de un exhaustivo trabajo de archivo y de historia oral. 

La investigación fue escogida como mejor libro del año 2021 por la Asociación de Librerías Independientes de Chile, conformada por más de 70 librerías chilenas, además lleva semanas en el ranking de los más leídos del diario El Mercurio, pero paradójicamente para Martin Correa es un “reconocimiento que no ha tenido en los medios oficiales como La Tercera, El Mercurio o La Segunda, quienes hacen caso omiso de esta ‘suerte’ de fenómeno editorial, porque no es fácil que un libro tenga tanto nivel de ventas. Desde el quinto día que salió además está pirateado (ríe), todo eso me tiene bastante contento”.

Este libro tiene una larga historia, según comenta Martín Correa, siendo “el resultado de investigaciones que se realizaron durante 28 años pero que se transformó en un libro en un año”. También es coautor de “La reforma agraria y las tierras mapuches: Chile 1962-1975” (Lom, 2005) y “Las razones del Illkun / enojo” (Lom, 2010), entre otros estudios.

En esta entrevista Martín Correa, explica en detalle el origen de los actuales conflictos territoriales en Wallmapu.

En esta entrevista con INTERFERENCIA, Martín Correa, quien los últimos meses ha llevado libros a las comunidades con la que trabajó, a ‘devolver la memoria histórica’, explica en detalle el origen de los actuales conflictos territoriales en Wallmapu, como fueron los métodos de hijuelación, remate y adjudicación de las tierras antiguas a los colonos, y del proceso de radicación/reducción.

“La idea es develar los mecanismos de usurpación, pero también los mecanismos de violencia posteriores, cuando las familias mapuche son expulsadas de sus tierras antiguas. El libro tiene un lenguaje amable, más allá del conocimiento letrado  de los eruditos, un texto entendible pero no por ello menos contundente, y es así en la medida que para mi es importante que se haga parte de las discusiones familiares de la sociedad mapuche, como también de la sociedad chilena”, añade.

– Para realizar la investigación acudió a diversos archivos como Conservadores de Bienes Raíces, pero también hay trabajo de memoria en las mismas comunidades, ¿cuál es la importancia de esto?

Hay varias fuentes, las principales son las documentales y las orales, esos son los dos caminos. Las documentales, como las Memorias del Ministerio de Guerra, de Colonización y de Tierras, las cartas de la Intendencia, los Conservadores de Bienes Raíces, donde se rescata la historia de la propiedad de los fundos, como se originaron, el origen de la usurpación. Fui vinculando distintas fuentes, allí donde se alojan son las historias que se esconden. Se nos ha contado que primero estaban los “araucanos”, luego los españoles, luego los chilenos y luego los alemanes, en el caso de Valdivia, o suizos en caso de Traiguén, por ejemplo, pero el proceso de pérdida territorial no se cuenta, se niega, se ha invisibilizado.

Por otro lado, y no obstante que es profundamente coincidente con las fuentes documentales, está la tradición oral, el libro está plagado de testimonios, no hay comunidad, no hay lof, que no sepa cuál eran los deslindes antiguos, con quién se colindaba, cuando llegaron los primeros winkas, cómo fue el ingreso del Ejército de Ocupación, cómo se perdió la tierra, cómo fueron expulsados violentamente “los antiguos”, en qué espacio territorial quedaban los menokos, los sitios ceremoniales, todo eso forma parte de la memoria comunitaria. Eso sí que no estaba sistematizado. Cuando uno está en los territorios una de las primeras cosas que te relatan son las historias que se recibieron ‘de los antiguos’, y que no son tan antiguos tampoco, de hoy a la Ocupación de Wallmapu han pasado tres abuelos, son tres generaciones, nada más, lo que es ayer para un pueblo con memoria, y en el caso mapuche, de una memoria viva.

«Es fundamental relevar la historia comunitaria, porque a través de esa memoria histórica se entienden los procesos actuales».

Creo que es fundamental relevar la historia comunitaria, porque a través de esa memoria histórica se entienden los procesos actuales, y se valora la resistencia de las comunidades, porque es una continuidad de lo que hicieron sus antiguos. Solo por dar un ejemplo, las Comunidades en Resistencia de Malleco están permanentemente recordando la Junta de Quechereguas de 1867, la lucha que libraron con el Ejército de Ocupación los guerreros  de Mañil Wenu y del Lonko Kilapán, y paradojalmente son comunidades que territorialmente viven en la misma zona que el entonces General Gregorio Urrutia llamó como “el asiento de la rebelión y la guarida de los fascinerosos”, ya estigmatizadas, y 120 años se hable de la “zona roja”, … la percepción por parte del Estado no ha cambiado. 

– El werken (vocero) Rodrigo Curipan dice en el prólogo que “no existe argumento alguno para sostener que esto fue una ocupación con gestos pacíficos o con voluntad política”. En ese sentido, ¿cómo se ha contado esta historia desde la oficialidad, desde los libros chilenos en los colegios?

Yo creo que la historia de la Ocupación del Wallmapu, la historia de usurpación, de la expropiación y de colonización de Wallmapu, ha sido objeto de un blanqueamiento oficial, no se ha contado. Se ha negado porque hay intereses detrás, porque es la oligarquía gobernante la que ordena ocupar el territorio mapuche e instalar a los suyos. Hay un proyecto país que es instalar colonos y reducir y expulsar territorialmente a los mapuche de sus tierras, pero eso no lo puede saber la sociedad chilena. Entonces te cuentan otra historia, una historia de encuentro de civilizaciones, la historia de la pacificación. 

«He revisado todos los documentos de memoria del Ministerio de Guerra, de Tierra, entre otros, y no hay documento alguno en el que se hable de ‘Pacificación’».

He revisado todos los documentos de memoria del Ministerio de Guerra, de Tierra, entre otros, y no hay documento alguno en el que se hable de ‘Pacificación’. La primera persona que habla de pacificación fue Benjamín Vicuña Mackenna, coincidentemente en ese entonces diputado por Valdivia, territorio mapuche, por tanto, interesado también, en los cuatro discursos sobre la Pacificación de la Araucanía que hace ante la Cámara de Diputados en 1867, no hay más. Se habla de invasión, se habla de guerra, se habla de ocupación, en las cartas, en los mapas y en los informes. Sin embargo, queda el concepto de Pacificación de La Araucanía, no obstante que fue una invasión a mansalva, con armas, con violencia, con muertes, con persecución, aquello no se cuenta. Creo que lo que está detrás es básicamente esconder una historia sucia, de violencia y de muerte, de lo peor de la historia de Chile.  

Creo que es importante destacar también, sin embargo, que es una historia que sí está “al alcance de la mano”. A modo de ejemplo, La Matanza de Forrahue, en Osorno, se conmemora todos los años en el Río Rahue, en la salida poniente de Osorno. La marcación Painemal, en que un colono marca a un peñi como si fuera un animal, forma parte de la memoria mapuche, todas las denuncias en el parlamento de Coz Coz, en 1907, en que se denuncian las atrocidades de los colonos alemanes en Panguipulli, Lanco, Malalhue, Valdivia, también. Todas esas atrocidades fueron públicas, fueron denunciadas, salieron incluso en la prensa. 

Luego, están los informes de la Comisión Parlamentaria de Colonización de 1912, un documento oficial. En 1911 se traslada una comisión parlamentaria a todo Wallmapu, miembros del Congreso, parlamentarios de todos los partidos, diputados y senadores, que están un día en Cholchol, otro día en Carahue, en Saavedra, en Temuco, en Freire… y recorren durante dos o tres meses todo el territorio recibiendo las denuncias de las comunidades mapuche, eso forma parte de un informe parlamentario, de un documento oficial, que tiene 600 páginas y que forma parte de la Biblioteca del Congreso, pero de aquello no se habla. Estamos hablando de más de cien años atrás, y todo lo que se relata en el libro ya estaba ahí. Y claro, uno puede decir que está perdido en anaqueles de la biblioteca, pero también está en internet, es de acceso público, quien quiere acceder a ello lo puede hacer.

«En los registros en los Conservadores de Bienes Raíces se rescatan los engaños, la presencia de mapuche que no vivían en la zona y que aparecen vendiendo»

Entonces, en definitiva, a mí me llama la atención la sorpresa frente a lo que se publica en el libro, son denuncias que se vienen realizando hace mucho tiempo. Incluso, si se revisa la prensa de la época también allí está, la forma cómo se hacen dueños los particulares. A esto se suma la revisión exhaustiva de los registros de propiedad de los diferentes Conservadores de Bienes Raíces, desde los cuales se rescatan los engaños, la presencia de mapuche que no vivían en la zona y que aparecen vendiendo, las vinculaciones entre los notarios y los poderosos locales, los oídos sordos y ojos ciegos de la gobernación y de la intendencia, no obstante que la legislación de entonces exigía su presencia para validar la venta de tierras mapuche. Toda la documentación está, pero no existe la intención, o la voluntad, de querer conocerla y, sobre todo, de hacerla pública. 

– A propósito de los engaños, recuerdo por ejemplo el caso Ralco, en la década de los 90, donde hubo distintos abusos para conseguir las firmas, ¿cree que no ha cambiado mucho la lógica? 

Muchos historiadores hablan de que la historia es cíclica, que se repite, etcétera. Yo no estoy tan seguro de aquello, pero de que se repiten situaciones, se repiten. 

Hay dos formas de hacerse del territorio mapuche: una, a través de los remates, y la otra, a través de subterfugios y engaños notariales.

En el caso de los remates, que se realizan en las Juntas de Almoneda en Santiago, Valparaíso, se instala la propiedad particular en las Provincias de Malleco y Cautín, en virtud de los cuales se adjudican hijuelas de 500 hectáreas, muchas veces colindantes entre sí. De ahí viene el origen del gran latifundio. A partir del año 1862 el Ejército de Ocupación va avanzando la línea de frontera, del río Biobío al Malleco, del Malleco a Lumaco y de ahí al Traiguén, del Traiguén al río Cautín y de ahí hacia la cordillera, Curacautín, Lonquimay, y en 20 años se ocupa todo lo que fue el territorio, y a medida que se va ocupando se va hijuelando, y consiguientemente, rematando. 

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Archivo en "La historia del despojo. El origen de la propiedad particular en el territorio mapuche"

Archivo en «La historia del despojo. El origen de la propiedad particular en el territorio mapuche»

Mecanismos de despojo: “Los títulos de Merced y los notarios”

– ¿Cómo fue el mecanismo para despojar al Pueblo Mapuche de su territorio?

La Ley de 1866 sobre Radicación de comunidades, establecía que la Comisión Radicadora se trasladaría a cada territorio, a fin de deslindar los territorios de ocupación antigua, se levantaría un mapa, para luego adjudicar un Título de Merced a las familias del sector… y aquello que no se probare como ocupación por más allá de un año –un año apenas, siendo un pueblo ancestral– se declaraba baldío, sobrante, fiscal, y en ese carácter se remataba. El asunto es que los remates empiezan en 1868 y el proceso de Radicación/Reducción comienza en 1884, 16 años después, lo que significará que cuando a las familias mapuche se les mide y adjudica los Títulos de Merced ya tienen a los vecinos al lado, ya tienen a los colonos, ya tienen a los particulares. Entonces, no es que lo sobrante a la ocupación mapuche se remata, sino al revés, lo sobrante de los remates se le reconoce en dominio a las familias mapuche, por lo mismo se les llama “reservas”, porque es lo que el Estado reserva para las familias mapuche una vez que le ha entregado el gran territorio a los colonos y particulares. Así se reduce el territorio mapuche en Malleco y en Cautín, y por lo tanto la mayor de las veces la demanda mapuche se dirige a las “tierras antiguas”, anteriores al proceso de división, de reducción territorial y al proceso de remate a los colonos, todas las cuales forman parte de la memoria comunitaria. 

Cuando los mapuche dicen «nuestras tierras fueron usurpadas, fueron rematadas, usurpadas por el Estado chileno sin nuestro consentimiento» están diciendo la verdad.

Entonces, lo que están haciendo las comunidades mapuche es reconstruir los antiguos espacios territoriales, aquellos que les permitían la supervivencia económica y material. Cuando los mapuche dicen «nuestras tierras fueron usurpadas, fueron rematadas, usurpadas por el Estado chileno sin nuestro consentimiento» están diciendo la verdad. El problema es que a lo largo de la historia esto no ha sido reconocido.

A partir de la década de 1990 se han formado múltiples comisiones de estudio, mesas de diálogo, la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato, etcétera, todas las cuales concluyen con una propuesta, y siempre coinciden en la realización de un catastro de las tierras que faltan a los Títulos de Merced, no obstante que la demanda territorial mapuche no es solo la reconstrucción de los Títulos de Merced, los que sin constituyen el piso, la base territorial mínima, que debiera reconocerse incluso “de oficio”, pero jamás se habla de las ‘tierras antiguas’, jamás se ha enfrentado la demanda de las tierras ancestrales, las que se poseían antes de la Ocupación Militar del Wallmapu.  Todos los tratados que ha firmado Chile, el Convenio 169, la Declaración Universal de los Pueblos Indígenas, hacen referencia a las tierras antiguas, “las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído”, pero de aquello el Estado chileno no se hace cargo.

En cambio, los organismos del Estado o las comisiones que se crean para enfrentar y solucionar la problemática territorial mapuche, plantean como la solución la reconstrucción de los títulos de merced, cuando los títulos de merced fueron un castigo, fueron una reducción, la solución no puede ser el castigo. En contrario, para que exista el otro camino, de la ampliación territorial hacia las tierras antiguas, tiene que existir voluntad política, que hasta ahora no ha existido.

-¿Además de los Remates, cuál fue el otro mecanismo de pérdida territorial mapuche?

A diferencia de las Provincias de Malleco y Cautín, en el Alto Biobío y en la Provincias de Arauco, de Osorno, de Valdivia y de Chiloé la usurpación territorial se produjo a través de múltiples triquiñuelas notariales, con la presencia en las escrituras de compraventa de mapuche que no existían en la zona enajenándose de amplios espacios territoriales, con notarios que en veces actúan como notarios, en veces como testigos del comprador, y en veces comprando al nombre del propietario. 

«En el Alto Biobío y en la Provincias de Arauco, de Osorno, de Valdivia y de Chiloé la usurpación territorial se produjo a través de múltiples triquiñuelas notariales, con la presencia en las escrituras de compraventa de mapuche que no existían en la zona».

Así sucede con las tierras pewenche del Alto Biobío, donde el Notario Jervasio Sanhueza, quien una vez que es expulsado de la notaría de Nacimiento por vender maliciosamente tierras indígenas se instala -haciendo lo mismo- en la notaría de Los Ángeles, lugar desde el cual “legaliza” una serie de documentos en virtud de los cuales los Anguita y los Brito se hacen dueños de todo el valle del Biobío y los Núñez y los De La Maza hacen lo mismo en el valle del Queuco, y resulta que De La Maza era alcalde de Nacimiento y, luego, de Los Ángeles, y Rafael Anguita era alcalde de Los Ángeles. En Valdivia pasa lo mismo, con Clodomiro Fonseca y cómo se adjudica el gran territorio de los llanos de Valdivia y la zona de la precordillera, Lanco, Malalhue, Panguipulli, a cinco o seis particulares. Lo mismo sucede en San Juan de la Costa, de Osorno al mar, cuando el notario Juan Segundo Ide adjudica los predios Huilliche a su familia directa o bien a los Hille, los Schilling, los Hott, los Angermayer, todos a su vez emparentados entre sí. que es pariente de los Hiles, de los Shot, de todos los que se hacen dueños de ese territorio. Esto se denuncia en las Memoria de los Abogados Protectores de Indígenas del Ministerio de Tierras y Colonización, no era un asunto desconocido.

Luego, en las ventas de las tierras en Arauco, semana tras semana van, en un lapso de 2 meses, de a 20, de a 15 mapuche desde el Lleu Lleu hasta Lebu, a 100 kilómetros, no existían caminos, no existían micros, no existía nada, a vender sus tierras ¿para qué?, o a firmar hipotecas ¿para qué? ¿A cambio de qué?, ¿En qué se invertía el dinero que supuestamente se les entregaba?, no existía un mercado donde los peñi participaran y se hicieran negocios, por ejemplo, se invirtiera en bienes materiales, ¿para que si ya no tenían la tierra? Nada de eso importaba, porque en Lebu y en Cañete estaba la figura del notario, que era Ramón Saavedra. 

«El mismo Cornelio Saavedra denuncia en sus Memorias de 1870 que “en general, tales contratos son simulados; que los terrenos que se embargan en virtud de ellos, o no son de los supuestos deudores o son baldíos,…»

Incluso el mismo Cornelio Saavedra denuncia en sus Memorias de 1870 que “en general, tales contratos son simulados; que los terrenos que se embargan en virtud de ellos, o no son de los supuestos deudores o son baldíos,… La especulación no era mala, se buscaba a cualquiera persona que vistiese chamal y hablase el indio, se le daba uno o dos pesos a fin de que asegurase ante un escribano ser dueños de grandes extensiones de terrenos y decir que había recibido unos cuantos miles de pesos”.  Si bien Saavedra no decía que eran tierras mapuche, sino del Estado, la metodología de usurpación utilizada es la misma.

Lo que viene después de este proceso, que es de remate en Malleco y Cautín y de engaños notariales en todo el resto del territorio, a partir de 1910 para adelante s un nuevo ciclo de violencia, lo que viene es la expulsión de las familias mapuche de sus tierras antiguas. Luego, a partir d 1974, aparecen las empresas forestales, cuya propiedad se origina en el proceso relatado, en su origen la propiedad es ilegítima. Hoy tanto los particulares como las empresas forestales te pueden decir “tengo títulos legales”, de acuerdo, pueden ser legales, porque el papel da para todo, pero ¿son legítimos? No, pues. Provienen de un engaño y ese engaño forma parte de la memoria mapuche. La legalidad es un asunto más de poder que de justicia, se ha dicho, la esclavitud fue legal, el apartheid fue legal, la colonización fue legal, el código de aguas vigente incluso, la propia constitución del 80, todos en su momento fueron legales, pero ¿justos, legítimos? No.

-Ahora, el concepto “toma ilegal” es utilizado constantemente por el gobierno y la prensa 

Así es, y yo lo encuentro una burla mayor, por decir palabras suaves, de una desfachatez total que hoy día se esté discutiendo, que se discuta en el Congreso una ley de “usurpación”, y se castigue a los mapuche que recuperan las tierras antiguas por ser usurpadores. Cuando la usurpación tiene su origen, que tampoco es tan lejana, que es de los ancestros de los actuales propietarios colonos, winkas o particulares y, sin embargo, se habla de usurpación. Que aparezca Piñera hablando de usurpación ¿qué es esto? Cuando la usurpación tiene su desarrollo bien clarito y comienza en 1860-1870, ahí comienza la usurpación territorial, no es de ahora. 

Se discute esto y por otro lado se castiga, ahora con las nuevas leyes, la nueva glosa de la Conadi que señala que no se van a reconocer derechos territoriales para aquellas comunidades que ocupan territorialmente un predio bajo la categoría de tierra antigua, y que con esa pura ocupación o recuperación quedan fuera del proceso de compra y venta de tierra. El 2020 había 500 comunidades que habían cumplido con todos los requisitos para que se ampliaran sus tierras legalmente y no se les respetó, y todavía están en listas de espera, el año recién pasado se gasta el 8% del presupuesto del Fondo de Tierras de la Conadi, no existe voluntad política para enfrentar seriamente la demanda territorial mapuche por parte del Estado chileno, y desde la Ley Indigena 19.253, de 1993, el tema territorial se resuelve en el mercado. No es una resolución política, no va por ese lado. Hoy día –incluso- existe la hectárea/conflicto, que vale siete veces más que una hectárea común y corriente.

Yo encuentro que es una desfachatez total, e insisto, mientras no exista voluntad política para enfrentar este proceso en su real magnitud, no se va arribar a buen puerto. 

«El único momento en que se enfrentó políticamente como un problema de Estado, no de mercado, la situación territorial mapuche, fue durante el proceso de reforma agraria»

Creo, incluso, que el único momento en que se enfrentó políticamente como un problema de Estado, no de mercado, la situación territorial mapuche, fue durante el proceso de reforma agraria. Fue el único momento en que el Estado dijo: “mira, hay una cantidad de tierras que fueron usurpadas al pueblo mapuche, hay que enfrentarlo, ¿cómo se hace esto?”, se forman asentamientos, cooperativas, centros de producción con participación mayoritaria mapuche en un fundo determinado, y para ello se revisa la historia respecto al predio que se está expropiando, se apoya económicamente, con créditos blandos, se crea una forma de compra y venta de los productos que produce cada asentamiento, cada cooperativa, se va a mejorar la calidad de vida, cosa que en definitiva resultó. Vino el Golpe Cívico Militar de 1973 y hasta ahí no más llegó este proceso. 

Entonces cuando se plantea que la demanda mapuche, es porque el Estado usurpó su territorio y lo entregó a particulares, que venga el mismo Estado a decir que la solución a la problemática territorial mapuche son los propios títulos que ha entregado el Estado, a través de los cuales se redujo territorialmente a los mapuche, no tiene ni pies ni cabeza.

«¿Qué hacemos con los mapuche y sus tierras? Y el Estado, los distintos gobiernos de turno y la clase empresarial siempre plantea como solución la elaboración de un catastro de las tierras que faltan a los títulos de merced,

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Archivo en "La historia del despojo. El origen de la propiedad particular en el territorio mapuche"

Archivo en «La historia del despojo. El origen de la propiedad particular en el territorio mapuche»

– Y la Conadi lo utiliza como un método de respuesta, ¿termina siendo uno de los problemas de fondo los títulos de merced?

Claro, la pregunta del millón, entonces ¿qué hacemos con los mapuche y sus tierras? Y el Estado, los distintos gobiernos de turno y la clase empresarial siempre plantea como solución la elaboración de un catastro de las tierras que faltan a los títulos de merced, a las reducciones, que por algo se llaman así, en total serán unas 40 mil hectáreas, no más. Lo que planteo acá es un diagnóstico, así fue la construcción de la propiedad territorial en el territorio mapuche y este tipo de construcción fue un despojo, fue una usurpación. Esta usurpación y este despojo forma parte de la memoria mapuche y, fundamentalmente, constituye la base argumental para los  procesos de recuperación territorial, de las tierras antiguas. 

– ¿Cómo ve que el futuro gobierno pueda afrontar este tema?

En el acuerdo de Nueva Imperial prometieron el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, la firma del convenio 169 de la OIT, y la creación de una ley indígena. Reconocimiento constitucional que aún no existe, el karma de Diego Portales, que Chile es un Estado unitario, que lo conforman solo chilenos, que no existen otros pueblos. Luego se firma el Convenio 169, pero con reservas, se aplica solo en la medida que no contravenga la legislación interna, no tiene peso alguno; y la Ley Indígena reconoce que las tierras indígenas son solo aquellas que fueron entregadas por el Estado chileno: ninguno de los tres elementos ha sido cumplido en su real magnitud. 

«Lo fundamental es la voluntad política para enfrentar el fondo de la demanda, que hoy se expresa, entre otras cosas, con la militarización en los territorios».

Entonces lo fundamental es la voluntad política para enfrentar el fondo de la demanda, que hoy se expresa, entre otras cosas, con la militarización en los territorios. Para mi un elemento base para el nuevo gobierno lo constituye que los Estados de Excepción no sigan, el proceso de militarización es grave y, no obstante que se remonta hace ya un largo tiempo, ahora se hizo público, Wallmapu ya está militarizado hace mucho tiempo. Lo otro es enfrentar la problemática territorial es su magnitud total, que parte, a mi entender, en reconocer el origen de la propiedad particular, asumir el origen de lo que se ha denominado “conflicto mapuche”, asumir que los mapuche estaban bien antes que llegara el Estado a hacerse de sus territorios, y por lo tanto, es el Estado el que crea el conflicto, es un conflicto del Estado con el pueblo mapuche, y no al revés.

-¿También debería ser fundamental que sucederá con la industria forestal?

Claro, se debiera hacer un análisis crítico, histórico y fundamentado, de cómo llegaron las empresas forestales al territorio mapuche, que es tan sórdido como es la licitación del litio de estos días, no obstante existan coincidencias, como la presencia de Julio Ponce Lerou, en ambos procesos, quien como mandamás de CORFO encabeza el proceso de Contra Reforma Agraria, se revocan la expropiaciones de los predios y luego se adjudican a las empresas forestales a ‘precio de huevo’, luego se dictó el decreto 701, que bonifica el 75% de las plantaciones, un negocio redondo, de eso también se tiene que hacer cargo el Estado chileno, porque pueden haber distintos gobiernos, pero hay un hilo conductor, la presencia del Estado chileno y sus ‘proyectos país’. desde la ocupación al wallmapu hasta nuestros días.

-Finalmente, comentó que el libro no ha tenido cobertura desde grandes medios, ¿por qué cree que sucede?

Porque hay intereses de por medio. Los medios hegemónicos de prensa forman parte del proceso de despojo, El Mercurio, El Correo del Sur, el Diario Austral, forman parte del despojo a través de la utilización mediática del terror, del miedo, de difundir una imagen de los mapuche, tiene que ver con eso también. Estamos hablando de la historia negada, invisibilizada, que no forma parte de la historia de Chile, que no se enseña en las escuelas, colegios, universidades, … y hay mucha gente interesada en que la historia siga estando ausente, porque forma parte de la historia sucia de Chile, todo eso da pie para que no haya reacción de parte de los medios hegemónicos, y lo entiendo también, no me imagino que pueda ser de otra forma.

(Tomado de Interferencia)

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