León Trotsky: «El partido en el arte y la revolución»

Queridos camaradas: Su carta plantea problemas de gran importancia que, sin embargo, no admiten en mi opinión soluciones generales y categóricas ajustadas a todos los casos. Como organización, tenemos como punto de partida no sólo ideas políticas definidas, sino determinados métodos filosóficos y científicos. Nos basamos en el materialismo dialéctico, del cual se deducen conclusiones no sólo referentes a la política y a la ciencia, sino también al arte. Sin embargo, existe una gran diferencia en nuestra posición con respecto a estas conclusiones. No podemos ejercer en el mismo grado un control riguroso igual sobre el arte que sobre la política, a causa de la propia naturaleza de aquella actividad.

El partido está obligado a permitir una amplia libertad en el terreno del arte, eliminando sin piedad únicamente aquello que esté contra las tareas revolucionarias del proletariado; por otra parte, el partido no puede asumir la responsabilidad inmediata y directa de las declaraciones de sus diversos miembros en el dominio del arte, incluso aunque les haya concedido su tribuna. Observar estas dos reglas –la existencia de la libertad necesaria para la creación individual y el no hacer responsable al partido en los diversos aspectos del arte– es esencialmente obligatorio en aquellos casos en que se trate no de teóricos del arte, sino de los artistas en sí: pintores, literatos, etc. Además, el partido debe ser capaz de distinguir claramente el momento en que la generalización en el terreno del arte pasa directamente al campo de la política. Sin hacer en esto ninguna concesión de principios, el partido debe sin embargo limitarse, cuando se trate de artistas, a rectificaciones firmes, pero comprensivas, de cualquier conclusión política falsa que se derive de sus puntos de vista. Marx expresó esta idea con una frase humorística al hablar de Freiligrath: «Los poetas son seres especiales». Lenin aplicó un criterio diferente para calificar a Bogdánov, el teórico y político profesional, y a Gorki el artista, a pesar de que durante algún tiempo Bogdánov y Gorki estuvieron estrechamente asociados en política. Lenin procedió así teniendo en cuenta que a causa de su actividad artística y de su popularidad, Gorki podría proporcionar a la causa de la revolución un beneficio superior al daño que pudieran producir sus declaraciones y actos erróneos, que por otra parte el partido podría siempre corregir con tacto en el momento oportuno.

Considerada desde este mismo punto de vista, la actividad filosófica se sitúa entre el arte y la política, aunque mucho más cerca de la política que del arte. En filosofía, el partido en sí ocupa una posición militante perfectamente distinta, lo cual no sucede, al menos con la misma extensión, en el terreno del arte. No merecen seria atención aquellas objeciones en el sentido de que, mediante la dogmatización y canonización del materialismo dialéctico, el partido impide el libre desenvolvimiento del pensamiento filosófico y científico. Ninguna fábrica puede trabajar si no está basada en una técnica determinada. Ningún hospital puede curar a sus enfermos si los médicos no tienen en cuenta las enseñanzas ya establecidas por la patología.

Sería una completa estupidez permitir a los diletantes que experimentasen arbitrariamente en la fábrica o en el hospital, con el pretexto de que se consideran a sí mismos innovadores. Los innovadores deben demostrar primero que tienen derecho a influir prácticamente la tecnología y la medicina. El partido debe ejercer una estrecha vigilancia con respecto a esos innovadores que no hacen más que resucitar viejas teorías o que se encuentran todavía en un periodo de investigación cuyos resultados no son seguros. Pero todo esto no quiere decir, en modo alguno, que el partido pueda actuar en la esfera de la filosofía como si todas las cuestiones estuvieran ya resueltas y no hubiera ya nada que esperar de un nuevo desenvolvimiento del pensamiento científico. No es fácil encontrar la línea política justa en esta cuestión. Sólo se puede lograr con la experiencia y con una dirección flexible, lo mismo que en el fuego de la artillería es preciso, para lograr dar en el blanco, hacer una serie de disparos de los cuales unos no llegan y otros lo sobrepasan. Es innecesario señalar que la pregunta refrente a cómo los puntos de vista filosóficos de una determinada personalidad o de un determinado grupo se reflejan en el dominio de la política y de la organización, tiene siempre una tremenda significación para la elaboración de un control justo por parte del partido. Por esto Lenin luchó sin piedad contra Gorki en 1917, cuando Lenin, por encima de toda otra consideración, mantuvo la necesidad de la insurrección. Por otra parte, hay que señalar como la mayor vergüenza de la burocracia estaliniana el que al Barbusse novelista se le transforme en una figura política destacada, cuando precisamente en política Barbusse va del brazo con Renner, Vandervelde, Monnet y Paul Louis.

Quizás no haya dado una contestación satisfactoria a las cuestiones prácticas que me planteaban; pero lo que he manifestado anteriormente explica el porqué no podía dar una respuesta de ese género, que requiere un conocimiento concreto de la situación y de las condiciones personales. De todos modos, confío en que quizás estas breves consideraciones les ayuden, aunque parcialmente, en la elaboración de una política justa en este aspecto complicado y de tanta responsabilidad. Con saludos comunistas,

Texto incluido en el volumen editado por José Gutiérrez:André Breton, León Trotsky-Diego Rivera Por un arte revolucionario e independiente.

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