La cuestión del método dialéctico en la obra de Marx

por Ariel Mayo y José Gómez Di Vincenzo

1. Introducción:

El período comprendido entre 1857 y 1859 fue fundamental para la conformación de la teoría social de Marx, tanto en lo que respecta a su concepción de la sociedad como a la elaboración de los principios de su crítica de la economía política1. Luego de un laborioso examen crítico de la economía política2, Marx redactó los Grundrisse (1857-58) y publicó la Contribución a la crítica de la economía política (1859). De este modo pasó de la etapa de investigación a la de la formulación de su concepción de la sociedad.

En esta época, Marx manifestó una gran preocupación por las cuestiones del método. De hecho, en la Introducción a los Grundrisse (1857)3 formuló su exposición más sistemática del método dialéctico con el que abordó la crítica de la economía política4.

La cuestión del método ocupó un lugar importante en los debates acerca de los alcances y el contenido de la teoría de Marx en las últimas décadas. En especial, se ha debatido intensamente en torno a la relación entre la dialéctica hegeliana y la dialéctica marxiana. Así, para algunos autores (Althusser es el ejemplo paradigmático de esta posición), el método de Marx es una dialéctica totalmente diferente a la hegeliana, a punto tal que resulta insuficiente plantear la cuestión en términos de una simple inversión de la misma5. Para otros, en cambio, la dialéctica es una especie de metafísica inútil que nada aporta al examen marxista de las relaciones sociales capitalistas y que, por tanto, debe ser desterrada de la teoría social. En este lugar, no disponemos de espacio suficiente para desarrollar los puntos principales del debate. Basta con decir que la dialéctica constituyó la base teórica desde la cual Marx pudo emprender su crítica de la economía política. Sin ella, es imposible comprender cabalmente el significado del concepto de totalidad en Marx, ni tampoco entender la forma en que Marx concibe las contradicciones internas de esa totalidad. En pocas palabras, sin la dialéctica no existe el marxismo como teoría social diferenciada de los programas de investigación de las ciencias sociales burguesas. De ahí que en esta ponencia abordemos con especial atención el problema de las características principales del método dialéctico, tal como aparece en los textos del período 1857-59.

En el presente trabajo, se examina el desarrollo del método de Marx, tal como aparece en la Introducción de 1857 y en el prólogo de 1859 a la Contribución, con el objetivo de dar cuenta de las diferencias existentes entre ambos escritos, encuadrándolas en el marco general de la elaboración marxiana de un “método de exposición” con el que formular los hallazgos en el terreno de la crítica de la economía política (entendida ésta como teoría burguesa de la sociedad capitalista). En especial, se aborda la cuestión de la manera en que está formulada la dialéctica en ambos escritos, para comprender la raíz de las variaciones en la concepción de la misma.

La estructura de la ponencia es la siguiente. En primer lugar se desarrollarán brevemente los puntos fundamentales del método tal como aparecen formulados en la Miseria de la Filosofía. Luego, en el apartado siguiente se exponen las líneas fundamentales contenidas en la Einleitung. Finalmente, en el penúltimo apartado se examinan los problemas del prólogo de 1859 en lo que hace a la manera en que está formulada la dialéctica. Luego, en las conclusiones, se esboza un panorama de conjunto de la problemática del método en Marx.

2. El tratamiento del problema del método en Miseria de la Filosofía:

En líneas generales, puede decirse que el proceso de transición del pensamiento de Marx desde el liberalismo hacia el socialismo se dio en el marco de una constante crítica y/o diálogo con el pensamiento de Hegel. No es este el lugar para abordar la cuestión de la llamada “ruptura” entre Marx y Hegel, ni tampoco para examinar cuidadosamente las continuidades que se dan entre el pensamiento de ambos autores6. Para los fines de esta ponencia, basta con indicar que Marx llevó adelante una revisión exhaustiva de la filosofía hegeliana desde la primera mitad de la década de 1840, y que los primeros frutos de este trabajo se encuentran en el manuscrito conocido como Crítica de la filosofía del Estado de Hegel (1843). En los escritos de dicha década, Marx (y también Engels) expresaron su distanciamiento del sistema hegeliano en una serie de textos en los que se remarca el carácter materialista y la orientación revolucionaria de su teoría social, en contraposición al idealismo y al conservadurismo que habían sido la marca tanto del Hegel maduro como de sus discípulos conservadores conocidos como Viejos Hegelianos. La ideología alemana (1845-46) expresa con agudeza la ruptura con el sistema hegeliano, así como también la separación definitiva respecto al grupo de los Jóvenes Hegelianos, que habían intentado rescatar el carácter revolucionario de la dialéctica insertándose en los estrechos marcos del liberalismo alemán7.

En las obras de este período (en que se produjo también la primera aproximación marxiana a la economía política, plasmada en los Manuscritos de 1844) la cuestión del método no es tratada por separado. Marx y Engels se hallaban tan preocupados por polemizar con el enfoque idealista de los hegelianos, que pusieron en primer lugar la discrepancia entre el materialismo de la concepción marxiana y el idealismo de las distintas corrientes del liberalismo y la filosofía alemanas8. En pocas palabras, Marx estaba más preocupado por precisar su nuevo punto de partida que por aclarar la manera en que concebía a la dialéctica como herramienta metodológica privilegiada para acceder a la totalidad social. Sin embargo, Marx se vio obligado a abordar directamente la cuestión del método en el marco de su polémica con Proudhon (1809-1865), plasmada en la obra Miseria de la Filosofía (1847)9. Para poder criticar la concepción filosófica de Proudhon, Marx tuvo que confrontar su método con el hegeliano, pues Proudhon se consideraba en esta época un discípulo del filósofo alemán. A diferencia de otros textos en los que Marx había discutido las tesis hegelianas, en Miseria de la Filosofía debió exponer, aunque en forma crítica, su concepción de la dialéctica.

En primer lugar, Marx criticó el idealismo de la dialéctica hegeliana, siguiendo en esto a los demás escritos de este período: “Se imagina que construye el mundo, por mediación del movimiento del pensamiento, pero en realidad no hace más que reconstruir sistemáticamente y disponer con arreglo a su método absoluto los pensamientos que anidan en la cabeza de todos los hombres.” (Marx, 1981: 88). Sin embargo, en este texto Marx asumió como propios toda una serie de postulados dialécticos que se encontraban presentes en la obra de Hegel. Así, en la segunda observación planteó el carácter histórico y transitorio de todas las relaciones sociales10; en la tercera, sostuvo que la totalidad tiene que ser el punto de partida de la teoría social11; en la cuarta destacó la importancia que tiene la contradicción en el estudio de la totalidad social, pues ella es el motor del desarrollo social12. En definitiva, Marx volvió a insistir en que su punto de partida era el estudio de las condiciones de producción de los seres humanos, pero plasmó con mayor precisión los supuestos metodológicos en los que se apoyaba su teoría. Como puede observarse del breve repaso realizado, Marx retomó los puntos centrales de la dialéctica hegeliana, pero aplicándola a la historia de las formas de producción y no a la historia de las ideas. En este terreno, la dialéctica demostró ser especialmente fructífera, pues permitió acceder a una concepción de la totalidad social que superaba la metáfora del “organismo social”, para pasar a concebirla como un todo complejo constituido por relaciones históricas y transitorias y en el cual, los antagonismos eran los factores del desarrollo. Si bien esta concepción de la totalidad aparece de manera fragmentaria en Miseria de la Filosofía, dado el carácter polémico del texto, se encuentran aquí las líneas generales que luego serán desplegadas en los Grundrisse y en las obras posteriores.

3. Los Grundrisse: el laboratorio de escritura de El Capital.

En 2008, se cumplió el 150º aniversario de la finalización de la redacción de Los Grundrisse der kritik der politischen ökonomie, también conocidos como los Manuscritos de 1857/58 o simplemente, los Grundrisse, y en 2009 se conmemora el 150º aniversario de la Crítica de la Economía Política. Los Grundrisse constituyen, en efecto, la primera redacción sistemática de El Capital y representan, a pesar de su carácter de manuscrito no preparado para la publicación, uno de los textos fundamentales de Marx. No tenemos espacio aquí para referirnos a la enorme variedad de temas contenidos en estos textos, y a la riqueza de las soluciones teóricas desplegadas13. Para ceñirnos al tema principal de esta ponencia, hay que decir que los Grundrisse, el famoso prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859), las observaciones metodológicas expuestas en el capítulo II de Miseria de la Filosofía (tratadas en el apartado anterior de este trabajo) y alguna aclaración en prólogos o prefacios de El Capital, constituyen los pocos casos en los que Marx realiza un tratamiento explícito de los problemas epistemológicos y de las cuestiones relacionadas con el método. En rigor, los Grundrisse se destacan por sobre todos los textos mencionados por su profundidad y alcance, y en especial porque allí encontramos desarrollado puntillosamente el método en cuanto al orden de la investigación y el orden en la exposición, una primera aproximación o plan de escritura de El Capital.

¿En qué consiste el carácter revolucionario de la obra? En la introducción de 1857 encontramos expuesto el método mediante el cual, Marx emprenderá el estudio de la sociedad capitalista. Se trata, como señaláramos más arriba, de uno de los poquísimos textos en los que Marx se refiere directamente al método (un antecedente se encuentra en Miseria de la Filosofía).

Coincidiendo con Vargas Lozano (2008), sostenemos que las tesis expuestas no pueden tomarse en forma aislada sino que deben ponerse en contexto y articularse con las obras publicadas. Los pasajes metodológicos de la Introducción de 1857 clarifican el método seguido por Marx en su crítica de la economía política. Con estos textos inconclusos, más la correspondencia de Marx y Engels, es posible adquirir una visión más acabada del conjunto de la teoría de Marx. Esta aparece alejada de la imagen de dogmatismo y de determinismo económico que construyó el marxismo de la II Internacional (1889-1914) y que fuera retomada por los partidos comunistas del período estalinista.

En opinión de Vargas Lozano (2008), los Grundrisse (particularmente, su introducción) contienen explicaciones, aclaraciones y profundizaciones en torno a los aspectos metodológicos mediante los cuales, Marx emprendió el estudio de la economía política; análisis que se plasmó en su obra cumbre, El Capital. Es por esto que debemos tener en cuenta el estudio de los Manuscritos de 1857/58, considerándolos como un aporte sustancial para la comprensión de los principales conceptos y principios metodológicos del materialismo histórico.

En este apartado nos proponemos analizar la Introducción de 1857 a los Grundrisse. El abordaje de la misma permite tratar temas fundamentales para la comprensión de la teoría de Marx. Comenzaremos con las premisas ontológicas desde las que parte la elaboración metodológica. A continuación, veremos la relación estructura – superestructura y el lugar central que ocupa el proceso de producción. Trataremos de exponer el problema del determinismo o la autonomía relativa de la superestructura, planteando una crítica de la metáfora espacial de la base – superestructura, para pasar a analizar luego las diferencias entre las determinaciones generales abstractas y las determinaciones dialécticas. Veremos la dialéctica de las categorías y el movimiento histórico de las mismas. Por último, procuraremos realizar una síntesis que de cuenta de aquellos aspectos que consideramos centrales para la comprensión del método marxiano.

a) Los principios ontológicos:

Las premisas ontológicas desde las que parte Marx para elaborar el método ya habían sido expuestas en otro de los textos manuscritos conocidos con posterioridad a su muerte. Se trata de las famosas “Tesis sobre Feuerbach” (redactadas por Marx en Bruselas hacia marzo de 1845, y publicadas por primera vez por Engels en 1888, en su trabajo Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana).

La primera de estas premisas ontológicas sostiene que la realidad, las cosas, lo concreto real, tiene una existencia anterior a la captación conciente y a la práctica del ser humano. En rigor, se trata del principio materialista. Sin embargo, es importante tener presente que no se trata del viejo materialismo, basado en la pasividad del sujeto y en la negación del papel de la práctica. En este sentido, es significativo que el “materialista” Marx rescate en las tesis el aspecto positivo del idealismo, es decir, el énfasis en el rol activo del sujeto (aunque considere que enfoca la cuestión de manera abstracta, unilateral).

En la introducción a los Grundrisse, Marx realiza un comentario acerca de la posición adoptada por Hegel y da cuenta de su propio punto de vista. Mientras que para Hegel la realidad es puesta por el concepto, para Marx el concepto surge de la realidad. El pensamiento del ser humano actúa como mediador entre el objeto y el concepto. Hegel piensa la totalidad concreta “como producto del concepto que piensa y se engendra a sí mismo, al margen de y por encima de la intuición y de la representación”. Marx nos dice que “lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, porque es, por lo tanto, unidad de lo múltiple. En el pensamiento lo concreto aparece, consiguientemente, como proceso de síntesis, como resultado, y no como punto de partida, a pesar de que es el punto de partida real y, en consecuencia, también el punto de partida de la intuición y la representación.” Vemos entonces que, mientras para Hegel existe una idea que se encarna en lo concreto, en Marx lo que tenemos como punto de partida es la realidad concreta, lo real concreto existente como síntesis de múltiples determinaciones a las que el pensamiento mediante un proceso de síntesis nos permite tener acceso.

La dialéctica marxista implica la unidad de dos procesos: uno que va desde lo abstracto a lo concreto, otro que se dirige de lo concreto a lo abstracto. El resultado abstracto solo puede ser considerado verdadero si se reproduce la unidad de lo diverso, la síntesis de las múltiples determinaciones que se encuentra en lo concreto. Como sostuviera Lenin, la dialéctica en Marx consiste en un doble análisis deductivo e inductivo, lógico e histórico. La dialéctica integra y explica la relación entre la esencia del fenómeno y la apariencia. En términos de Kosik (1976) ésta se plasma como el proceso que va de la parte al todo y del todo a la parte; del fenómeno a la esencia y de la esencia al fenómeno; de la realidad a la contradicción y de la contradicción a la realidad y del objeto al sujeto y del sujeto al objeto.

La segunda premisa ontológica, que también podemos encontrar desarrollada en las Tesis sobre Feuerbach, en particular en la segunda tesis14, es la de la primacía que debe tener la actividad práctica en la reflexión sobre la sociedad. Es mediante la actividad práctica que los hombres logran construir una nueva realidad: la realidad social. Por otro lado, como ya se había expresado en la segunda tesis es la práctica la que aporta los criterios de verdad sobre el pensamiento humano15.

Es a partir de estas premisas que Marx elaborará su método de investigación. Mandel (1979) realiza una excelente descripción del mismo al sugerir una articulación de seis procesos que darían cuerpo a la dialéctica marxista. Estos podrían enumerarse de la siguiente manera:

1- La apropiación abarcadora del material empírico y un dominio de este material en todas sus determinaciones históricas pertinentes.

2- Progresión de lo concreto a lo abstracto que consistiría en la división analítica del material para obtener sus elementos abstractos constituyentes.

3- Exploración de las conexiones entre estos elementos abstractos constituyentes que expliquen su esencia.

4- Progresión de lo abstracto a lo concreto o reproducción de lo concreto en el pensamiento como síntesis de múltiples determinaciones. El descubrimiento de los vínculos intermedios que efectúan la mediación entre la esencia y las apariencias superficiales del material.

5- Verificación empírica de los pasos 2,3 y 4 en la historia concreta.

6- Descubrimiento de datos nuevos y pertinentes empíricamente y de nuevas conexiones a través de la aplicación de los resultados en la práctica transformadora.

b) La relación estructura – superestructura. Centralidad de la producción.

Tal vez la mejor forma de comprender la importancia de los Grundrisse consista en comparar la concepción de la totalidad social que se encuentra en su introducción, con la expuesta en el prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859). En un pasaje famoso, Marx presenta a la sociedad como una estructura, un todo organizado, formada por un conjunto de relaciones complejas que se subordinan o determinan entre sí: “en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un determinado grado de desarrollo de su fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.” Para poder describir esta estructura, Marx apela a la metáfora del edificio (base-superestructura). Esta metáfora posee un indudable valor didáctico, pues enfoca la atención hacia el proceso de producción, tradicionalmente ignorado por la mayoría de los teóricos sociales. También es cierto que, hacia 1859, Marx era casi un desconocido en el plano de las ciencias sociales puesto que sus escritos principales o bien eran manuscritos o bien eran textos que no habían sido vueltos a editar (sólo a partir de la décadas de 1870 y 1880 se produjo una difusión masiva de las principales obras de Marx – no así de los manuscritos -). De ahí que al publicar la Contribución, se propusiera exponer en su prólogo las principales tesis de su teoría de la sociedad.

Sin dejar de tener en cuenta lo anterior, hay que decir que la metáfora del edificio deja de lado buena parte de la riqueza del análisis marxista de la sociedad, pues contiene en sí misma la tendencia a presentar la relación entre base y superestructura como una relación de determinación unilateral, donde las modificaciones en la base se traducen automáticamente en cambios en la superestructura. Es en este sentido que puede decirse que la metáfora del edificio opera como una metáfora epistémica16 cuyo fin es la divulgación y en la que el tipo de imagen presentada conlleva una forma particular de concebir la realidad. Es decir, no se trata sólo del uso de una metáfora sino de toda una forma de pensar la totalidad social. Así, en el pasaje citado del prólogo de 1859, vemos que en la base se desarrolla la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y que esta contradicción determina el movimiento y la dirección de la superestructura. Aquí, Marx percibe el sesgo determinista de esta afirmación y aclara que la dialéctica social se reproduce en todos los niveles y que en muchos casos, las cuestiones superestructurales condicionan parcialmente los movimientos de la base. Más adelante, volveremos sobre este punto.

En la introducción a los Grundrisse (1857), Marx desarrolla una concepción más rica y compleja de la totalidad social, que permite eludir los riesgos del determinismo. Así, las relaciones que se dan en el marco de la estructura social son concebidas condicionándose mutuamente en forma dialéctica. En la introducción de 1857, Marx explica cómo se dan las relaciones entre la producción, distribución, intercambio y consumo en la sociedad capitalista y llega a la conclusión de que estos cuatro procesos se condicionan dialécticamente dentro del todo de sus relaciones.

Esto no quiere decir que Marx supere el determinismo para caer en el relativismo. En la introducción de 1857, Marx no pierde de vista la preponderancia lógica y ontológica de la producción social por sobre los demás elementos y relaciones: “En todas las formas de sociedad hay una producción determinada que asigna a todas las demás su rango e influencia. Es una iluminación general en la que se sumergen todos los demás colores y que los modifica en su particularidad.” Con esto, Marx quiere decirnos que la producción trasciende a todos los demás elementos e imprime en ellos características especiales. Este hecho no puede soslayarse a la hora de realizar un análisis complejo de las formaciones sociales. Para entender claramente este punto, hay que tener en cuenta que Marx define a la producción de una manera ampliada; es decir, que la producción implica tanto producción de bienes y servicios, como producción de relaciones sociales e ideología.

Veremos, a continuación, cómo una lectura detallada de la introducción de los Grundrisse nos permite entender la complejidad de esta cuestión, puesto que para no caer en el determinismo economicista, debemos reconocer cierta autonomía relativa a nivel superestructural y estudiar qué consecuencias trae aparejadas metodológicamente a la hora de abordar el estudio del capitalismo17.

c) Determinismo o autonomía relativa de la superestructura:

Ahora bien, retomaremos esta idea claramente expresada en la introducción de 1857 acerca de la autonomía relativa de la superestructura. Tal vez, esta sea una de las cuestiones poco aclaradas en el trabajo de 1859 y que debe tenerse en cuenta puesto que no existe desde la óptica de Marx, un determinismo o una formulación simple de la causalidad en la influencia que recibe la superestructura social de parte de la estructura.

En la introducción Marx nos da el ejemplo del arte griego: “Es sabido, por lo que al arte se refiere, que determinadas épocas de florecimiento del mismo no están en modo alguno en relación con el desarrollo general de la sociedad, y, por lo tanto, tampoco con el fundamento material, con el esqueleto de su organización. […] Es sabido que la mitología griega no sólo era el arsenal del arte griego, sino además el terreno del que se alimentaba. ¿Es posible la intuición de la naturaleza y de las relaciones sociales que sirve de base a la fantasía griega y, por lo tanto, a la mitología griega, con las máquinas de hilar automáticas, con los ferrocarriles y locomotoras y con los telégrafos eléctricos?”

Si bien todo arte se construye, por así decirlo, a partir de la influencia de las condiciones materiales dadas en la estructura social propia de su época; esta influencia no es absolutamente determinante pero además, trasciende su tiempo para conformar valores permanentes. Esto puede darse también de esta manera si tomamos otros modos del saber tales como por ejemplo: la filosofía, la ciencia, etc. De allí, que la metáfora del edificio nos parece insuficiente para describir la concepción de la sociedad de Marx. En todo caso, para poder avanzar en la comprensión de esta última, hay que partir de una concepción ampliada del proceso de trabajo, del papel de las relaciones sociales y de la caracterización de la política como una lucha de resultados indeterminados (en la que el resultado no se conoce de antemano, es el producto de la lucha de clases). En este trabajo, sólo podemos limitarnos a apuntar estos elementos.

d) Determinaciones generales abstractas y las determinaciones dialécticas

A continuación, y una vez planteado ya el problema del efecto no determinante (en sentido fuerte) de la producción sobre la superestructura (y esto sin perjuicio de reconocer el carácter central del proceso de trabajo), sino el carácter relativamente autónomo de esta superestructura por sobre las condiciones materiales, estamos en condiciones de avanzar en el tratamiento de otro de los problemas que Marx debe resolver para dar forma al método que le permitirá construir todas sus conceptualizaciones sobre la sociedad capitalista. Se trata del problema del tránsito de las determinaciones particulares, que son válidas para un solo momento histórico, y las generales abstractas, válidas para todo momento o época histórica.

En este punto es importante detenernos un poco para realizar un rodeo. Marx quiere fundamentar su método de tal manera que quede claro que lo que está construyendo es ciencia en sentido fuerte. Las discusiones sobre el estatus científico de la historia están presentes en el ámbito académico desde fines del siglo XVIII. Por una cuestión de espacio, no desarrollaremos una descripción y análisis de cada postura pero sí es preciso destacar que Hegel, por ejemplo, subordinaba la historia a una filosofía de la historia que permitía al investigador volver inteligible los hechos y datos históricos permitiéndole ver cómo el espíritu absoluto se encarnaba en ellos. Lo que se discutía desde el punto de vista epistemológico era la transhistoricidad de las categorías y la autonomía de la historia como ciencia. Marx apunta justo al centro de la discusión aportando un método que permite precisamente estudiar las categorías desde una postura autónoma: el materialismo histórico.

Marx plantea el problema de las determinaciones generales abstractas utilizadas por la economía burguesa clásica y nos dice que debemos tener mucho cuidado a la hora de comenzar el estudio de la economía política en general. El ejemplo de la población es bastante gráfico: “Parece correcto empezar por lo real y concreto, con el presupuesto efectivo; y en consecuencia, empezar, por ejemplo en la economía con la población, que es el fundamento y sujeto de todo acto de producción social. Sin embargo, […] esto se manifiesta como falso. La población es una abstracción, si dejo, por ejemplo, de lado las clases de las que se compone…”

Para Marx, la generalidad población debe ser abordada teniendo en cuenta todas sus determinaciones las cuales, pueden pertenecer sólo a algunas épocas históricas o por el contrario, a todas ellas.

Siguiendo a Vargas Lozano (2008), aquí tenemos definida claramente la diferencia entre el método de la Economía Política Clásica y el que construye Marx para su análisis: “Mientras la economía Política inglesa hace uso de las abstracciones generales como un apoyo ideológico a su teoría al hipostasiar las relaciones sociales burguesas, Marx, por el contrario, utiliza las generalidades siempre sometidas a los procesos materiales específicos y determinadas por la historia tanto en sus alcances como en sus limitaciones.”

En la introducción de 1857, Marx nos dice que el método de “elevarse de lo abstracto a lo concreto” es el verdadero método científico para apropiarse de lo concreto tal como se nos aparece. En este sentido, al comenzar por la población debe prestarse atención a las determinaciones más simples que la componen. Si por el contrario, avanzamos pasando por alto este proceso reproduciendo una imagen ideal difusa, llegaremos solo a confusiones.

Entonces, vemos que en el plan de trabajo siempre esta presente la idea de elevarse de lo abstracto hacia lo concreto. Se trata de tener siempre en cuenta las relaciones del todo con las partes, de lo universal sometido a las determinaciones y de las determinaciones sometidas a la influencia de lo universal. Marx considera a la economía como una totalidad, como un todo organizado.

Por medio del pensamiento es posible partir de lo concreto real (población) para llegar a las determinaciones simples que la componen. Pero es fundamental también tener en cuenta que las determinaciones no son mentales e independientes de la realidad sino que se configuran en la conciencia a partir de las relaciones reales que se dan en el marco de la estructura social.

Una vez llevado a cabo el primer paso del análisis, Marx nos propone volver a emprender el camino de regreso hasta llegar nuevamente a la población sólo que esta vez, esta no será una representación caótica de la realidad sino “una totalidad rica de múltiples determinaciones y relaciones”.

En resumen, Marx propone partir de lo concreto teniendo en cuenta que lo concreto es síntesis de múltiples determinaciones, unidad de lo múltiple. Como esto se hace visible a través de un proceso de síntesis o la reconstrucción de lo concreto a partir de sus determinaciones abstractas simples, lo concreto parece el punto de llegada aunque en realidad, a la hora de realizar el trabajo teórico, sea el punto de partida.

e) El orden histórico de las categorías:

Queda aún un tema por resolver. En efecto, hay que distinguir la diferencia que existe entre la forma en la que se organizan las categorías en la realidad y la manera en que las mismas aparecen históricamente.

“La categoría más simple puede expresar las relaciones dominantes de un todo no desarrollado, relaciones que existían ya históricamente antes de que se desarrollaran en el sentido expresado por la categoría más concreta.” Con estas palabras, Marx nos quiere decir que debemos tener en cuenta que ciertas categorías, como por ejemplo el dinero, ya existían como categorías simples en sociedades anteriores y antes de ocupar su posición como mediador universal de mercancías en la sociedad capitalista. Pero también, debemos advertir que existen formas sociales y categorías muy desarrolladas en sociedades históricamente no desarrolladas, como por ejemplo, la cooperación y la división del trabajo en sociedades asiáticas. En palabras de Marx: “Así, a pesar de que la categoría más simple puede haber existido históricamente antes que la más concreta, en su pleno desarrollo intensivo y extensivo, sin embargo puede pertenecer precisamente a una forma de sociedad compleja, mientras que la categoría más concreta estaba ya plenamente desarrollada en una forma de sociedad menos desarrollada.”

Por lo tanto, sería incorrecto tomar las categorías en el orden en que fueron históricamente determinantes. Marx expresa, claramente, que “su orden de sucesión está más bien determinado por la relación que tienen entre sí en la moderna sociedad burguesa, y que es exactamente el inverso del que se presenta como natural o que corresponde al orden de [sucesión en el] desarrollo histórico.” Es preciso, entonces, tener en cuenta desde el principio, cómo se articulan y determinan las categorías en la sociedad burguesa.

La sociedad burguesa capitalista es la sociedad más desarrollada y compleja en cuanto al proceso de producción. La comprensión de las categorías que expresan sus relaciones proporciona la manera de estudiar al resto de las sociedades pasadas, sus relaciones de producción, sus formas de organización. Marx lo expresa de este modo: “la economía burguesa suministra, por lo tanto, la clave de la economía antigua, etc. Pero, en modo alguno, de la forma en que proceden los economistas, que cancelan todas las diferencias históricas y ven en todas las formas de sociedad la forma burguesa. Se puede comprender el tributo, el diezmo, etc., cuando se conoce la renta de la tierra. Pero hay que no identificarlas. (…) Marx marca la diferencia con el abordaje estándar: “El llamado desarrollo histórico descansa en general en el hecho de que la última forma considera a las formas pasadas como estadios que conducen a ella misma; y, puesto que ella rara vez y sólo en condiciones completamente determinadas es capaz de criticarse a sí misma (…) las concibe siempre de forma unilateral.

El ejemplo de la categoría trabajo es interesante. Marx nos demuestra que el trabajo como una categoría simple ha existido en toda época. Pero tomarlo de este modo consistiría en una verdad a medias del tipo de las generalidades abstractas. Se hace necesario entonces, tener en cuenta el proceso dialéctico e histórico de su constitución como categoría compleja.

La generalización de la categoría trabajo es posible sólo en la sociedad capitalista: sociedad en la cual, la categoría trabajo ha llegado a un nivel de generalidad que trasciende la distinción entre distintos tipos de trabajo. Marx sostiene que “la abstracción más simple de la economía moderna coloca en la cúspide, y que expresa una relación antiquísima y válida para todas las formas de sociedad, se presenta, sin embargo, en esta abstracción, como verdadera en la práctica sólo en cuanto categoría de la sociedad más moderna.” Vemos, entonces, que la categoría más abstracta es producto de determinadas condiciones históricas.

4. El Prólogo de 1859, o las dificultades de las metáforas epistémicas.18

De más está decir que este texto constituye uno de los escritos más difundidos y leídos de Marx. En muchos casos, tanto en el plano educativo como en el político, ha sido utilizado como puerta introductoria a la teoría marxiana. Más arriba hicimos referencia a la especial situación que ocupa el prólogo en la vasta producción teórica de Marx. El hecho de formar parte de la primera versión en ser publicada de las investigaciones críticas de Marx sobre la economía política y la producción capitalista no es un dato menor y contribuye a la comprensión de los aportes y las limitaciones del texto. Marx intentó presentar para el público tanto su trayectoria intelectual como el núcleo fundamental de su teoría social, y este esfuerzo marcó la estructura del texto.

Ahora bien, dejando a un lado las referencias autobiográficas (Marx, 2000: 3-4 y 6-7) y/o referidas a la historia de los estudios económicos de Marx elaboración del Corpus DK (Marx, 1981: 3 y 7), los puntos fundamentales son los siguientes:

a) El Derecho y las formas políticas – v.gr., la organización constitucional de un Estado – no son autónomos, no surgen a partir de principios propios o de normas trascendentes a la sociedad. Su naturaleza y forma dependen de las relaciones sociales que entablan los seres humanos en el proceso de producción. Y la centralidad de la producción se deriva del hecho de que es ella la que permite la reproducción de la sociedad en su conjunto. Marx retoma aquí el contenido principal de su crítica del idealismo de los hegelianos y los liberales alemanes, que había desarrollado ampliamente en la primera parte de la Ideología Alemana. El énfasis en el proceso de trabajo (como dijimos arriba, entendido en una versión ampliada, no limitado a lo estrictamente económico) y en la totalidad social representan dos logros para las ciencias sociales, pues permiten dejar atrás tanto las posiciones idealistas, que derivan el desarrollo de la historia del despliegue de algún principio trascendente o ético, como las concepciones individualistas metodológicas, que sostienen que la historia es el resultado de las características que posee la naturaleza de los seres humanos.

b) En el proceso de producción, los seres humanos establecen relaciones sociales independientes de su voluntad. Es en este sentido que puede decirse que las relaciones sociales son “independientes” de los seres humanos. Todos nosotros nos enfrentamos, desde que nacemos, a una realidad que no hemos creado, y que se nos impone a través de una infinidad de mecanismos que están más allá de nuestro control. Durkheim (1858-1917) vio eso cuando sostuvo que la sociedad se manifiesta como coerción, como resistencia a nuestra voluntad. Esta independencia de las relaciones sociales respecto a los individuos es la base de las regularidades verificables de los hechos sociales. Contiene en sí misma la posibilidad de las ciencias sociales.

c) Las relaciones sociales que se establecen en el proceso de trabajo son también “necesarias”, es decir, mantienen una correspondencia con el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Aquí Marx introduce un matiz diferente al de “independencia”, pues no se trata, simplemente, de que las relaciones sociales existan independientemente de la voluntad de los individuos (por lo menos de la voluntad individual, no organizada políticamente), sino de que las relaciones sociales están determinadas exclusivamente por factores materiales (no humanos). Marx promueve esta interpretación al agregar que se refiere a las fuerzas productivas “materiales”. En este punto, aparece una contradicción en el pensamiento marxiano, pues si esto fuera así, poco o nada es lo que pueden hacer los revolucionarios para cambiar la realidad, y hay que recordar que la teoría tenía sentido para Marx en la medida en que servía para contribuir a la transformación revolucionaria de la realidad capitalista. En definitiva, sólo los tecnólogos (al crear nuevas fuerzas productivas) tendrían esta potestad transformadora. En esta línea se ubicaron los dirigentes y/o intelectuales de la II Internacional. Hay que decir, que este determinismo por las fuerzas productivas predomina en el prólogo de 1859 y es fuente permanente de malentendidos sobre la obra de Marx. Sin entrar en la discusión pertinente, hay que indicar que en ninguna parte del prólogo Marx establece concretamente qué entiende por fuerzas productivas. La cuestión se vuelve más interesante si se tiene en cuenta que en Miseria de la filosofía Marx había afirmado que los seres humanos constituyen la principal fuerza productiva19.

d) Derivada del punto anterior, está la concepción de la revolución social que aparece en el prólogo (en rigor, se trata de una concepción de la política), la que es pensada como un producto de las relación entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción. Ahora bien, en todo el prólogo de 1859 esta relación no aparece expresada en términos dialécticos; por el contrario, hay un único factor dinámico (las fuerzas productivas), que opera como variable independiente. Las relaciones de producción, en cambio, parecen acompañar los cambios en las fuerzas productivas, actuando como una variable dependiente. Es cierto que Marx contempla el caso en que las relaciones sociales pasan, de ser un factor de desarrollo de las fuerzas productivas, a fungir como ataduras para las mismas (Marx, 2000: 5). Pero la relación sigue pensada en términos de primacía de las fuerzas productivas.

e) Derivada de los puntos 3) y 4) está la metáfora del edificio (o metáfora espacial), que es el recurso empleado por Marx para graficar las relaciones entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción. El principal defecto de esta metáfora radica en que presenta la relación en términos no dialécticos, deslizándose hacia una causalidad mecánica causa-efecto, donde la causa todopoderosa es el desarrollo de las fuerzas productivas. Así y todo, la frase “el modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general” (Marx, 2000: 4-5) expresa la ambigüedad que, a pesar de todo, subyace al determinismo de las fuerzas productivas que campea en el prólogo. El modo de producción es la combinación de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, de manera que no sólo las fuerzas productivas determinan el proceso social. Sin embargo, y pesar esta aclaración, resulta evidente que el tono general del prólogo apunta a fortalecer la tesis de que las fuerzas productivas son el factor causal que genera el desarrollo histórico. En nuestra opinión, esto no refleja la posición de Marx, mucho más compleja y que se encuentra desarrollada, por ejemplo, en la introducción de 1857. El esfuerzo por presentar públicamente sus tesis sobre el proceso histórico, llevó a Marx a optar por una metáfora que contiene una carga fuertemente determinista. En este sentido, hay que decir que las metáforas no son instrumentos neutrales que pueden utilizarse para usos múltiples, sino que su misma elección implica el adoptar una determinada posición epistemológica. Es así que puede decirse que la metáfora del edificio funciona como una verdadera metáfora epistémica, es decir, un tipo particular de metáfora en que “una expresión (término, grupo de términos o sistemas de enunciados) y las prácticas con ella asociadas, habituales y corrientes en un ámbito de discurso determinado socio-históricamente, sustituye o viene a agregarse (modificándola) con aspiraciones cognoscitivo-epistémicas, a otra expresión (término, grupo de términos o sistemas de enunciados) y las prácticas con ella asociadas en otro ámbito de discurso determinado socio-históricamente” (Palma, 2004: 56). La imagen del edificio actúa como metáfora epistémica de dos modos distintos, conectados entre sí: i) la noción de edificio, en la cual los cimientos sirven de base y sostienen toda la construcción, lleva su carga determinista al ámbito de las relaciones sociales, transformando la dialéctica en una mera relación causa-efecto; ii) la imagen del edificio conlleva un contenido espacial, según el cual las distintas partes de la construcción ocupan lugares físicos determinados. En el caso de la aplicación de esta imagen a lo social, el efecto logrado es muy distinto a la concepción dialéctica de Marx, pues mientras que este sostiene a lo largo de los Grundrisse (y el conjunto de su producción teórica) que lo importante son las relaciones sociales y no los polos, en la metáfora espacial parece sobreentenderse que las distintas instancias de lo social cristalizan en polos y ocupan lugares específicos dentro de la estructura social. De esta manera, la estructura dialéctica se transforma en una pesada estructura monocausal, en la que las instancias cristalizan en instituciones que tienen casi un contenido físico (así, por ejemplo, la escuela deja de ser un lugar donde se entablan relaciones específicas y pasa a denominar una institución que ha cristalizado en un estadio determinado de su desarrollo).

f) Observación general. Los defectos y problemas del prólogo de 1859 no deben hacernos olvidar que constituye la primera exposición pública de los principios fundamentales del materialismo histórico. En este sentido, el contenido esencial del prólogo es la demostración de que las ideas no son el motor de la historia y que, por el contrario, éstas están condicionadas por las relaciones sociales que entablan los seres humanos al encarar la reproducción de su existencia.

g) La lectura del prólogo de 1859 tiene que ser complementada con la Introducción de 1857, pues esta última presenta la concepción dialéctica que falta en el prólogo.

5. Conclusiones

En el período comprendido entre 1857 y 1859 Marx desarrolló las categorías fundamentales de su teoría del modo de producción capitalista, entre ellas, su concepción del plusvalor. Paralelamente, repensó las herramientas metodológicas con las que abordaba el estudio de lo social, y retomó algunas de las principales categorías de la dialéctica desarrollada por Hegel. Es por esto que sostenemos, a diferencia del planteo de autores como Althusser, que no puede hablarse cabalmente de ruptura entre Hegel y Marx en cuanto a la dialéctica, sino, más bien, de un desarrollo de los conceptos hegelianos en el marco de un estudio que exigía categorías y formas de análisis muy distintas a la de la filosofía idealista. En este sentido, la “ruptura” principal tiene que ubicarse en la década de 1840, cuando Marx asumió que el proceso de trabajo era la llave para comprender la sociedad como totalidad. Sus hallazgos en esta dirección se hallan plasmados en la introducción de 1857, en la que define a la totalidad como un conjunto de múltiples determinaciones, en la que las relaciones sociales son el elemento creador, dinámico, y las cristalizaciones (por ejemplo, instituciones determinadas) son meros momentos de esa realidad. Posteriormente, y ya en las cercanías de la fecha de publicación del Libro Primero de El Capital (1867), Marx retomará esta discusión en su correspondencia con Engels, al plantear la distinción entre modo de investigación y modo de exposición. Este último constituye el intento de expresar conceptualmente el carácter dialéctico de la realidad social.

*Ponencia publicada en 2009 Actas 5º Jornadas de Jóvenes Investigadores. Instituto Gino Germani.

6. Bibliografía

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NOTAS

1 Los Grundrisse, redactados por Marx entre julio de 1857 y diciembre de 1857, constituyen la obra principal de este período. Dussel sostiene que “los Grundrisse permiten una entrada a la producción teórica esencial de Marx porque se sitúa, por vez primera, en el discurso definitivo de Marx. Si se entrara (…) por las obras de juventud, como los Manuscritos del 44, en realidad se estudiaría la etapa «preparatoria», feuerbachiana y antihegeliana (aunque desde un marco teórico hegeliano), económicamente incipiente. Por el contrario, los Grundrisse son ya (…) el descubrimiento de las principales categorías y su orden definitivos.” (Dussel, 1985: 12). Rosdolsky, por su parte, afirma que “así como en El capital de Marx la influencia de Hegel sólo parece manifestarse, a primera vista, en algunas notas al pie, cabe señalar a los Grundrisse como una gran remisión a Hegel, y en especial a su Ciencia de la lógica, demostrando la forma radicalmente materialista en que se revirtió a Hegel en este caso. Por ello, después de la aparición de los Grundrisse, a los críticos académicos de Marx ya no les resultará prácticamente posible escribir sobre su obra económica sin haber estudiado previamente su método y su relación con Hegel.” (Rosdolsky, 2001: 13-14). Mandel, por su parte, escribe: “Los Grundrisse, que constituyen con la Contribución a la crítica de la economía política, el punto culminante de la obra económica de Marx antes de El capital, representan una suma enorme de análisis económicos. Concebidos como los trabajos preparatorios de El capital o más exactamente como un desarrollo del análisis del capitalismo en todos sus aspectos, del que habría de nacer la obra maestra de Marx, contienen, a la vez, los materiales de construcción de todo lo que Marx habría de desarrollar después y multitud de elementos que no sirvieron más tarde de fermentos de obras nuevas.” (Mandel; 1974: 111). Por último, Negri, luego de destacar los aportes de los Grundrisse al desarrollo de la teoría económica de Marx, señala que “la excepcional importancia de los Grundrisse para la definición del pensamiento marciano se refiere también al método. Con la Einleitung de 1857 y su aplicación creativa al proyecto de los Grundrisse Marx efectúa, también en el plano metodológico, una síntesis de las pulsiones metodológicas que lo habían agitado. (…) Basta decir que el cuaderno M elabora de manera explícita el método de la abstracción determinada y de la tendencia, la metodología del materialismo histórico, y que la investigación de los Grundrisse efectúa una primera aplicación de la misma, conectando el método materialista con una refinada práctica dialéctica.” (Negri, 2001: 25).

2 Iniciado, según sus propias palabras, hacia 1843, luego de abandonar la redacción de la Rheinische Zeitung. Los Manuscritos de 1844 son la expresión más importante de este primer encuentro con la economía política. Posteriormente, y partir de su exilio en Londres (1849), Marx retomó los estudios de economía, a los cuales dedicó largas horas en el British Museum. Para una exposición del desarrollo de los estudios económicos de Marx puede consultarse Mandel (1974). Para una historia de la redacción de los Grundrisse, ver Rosdolsky (2001: 27:35), Negri (2001: 14-19) y Dussel (1985: 22-26). Para una presentación del marco general en que se desenvolvieron los estudios de Marx, ver Riazanov (2003).

3 Se trata del texto con el que se inician los Grundrisse y es conocido como la Einleitung (Introducción en idioma alemán). Su redacción se llevó a cabo entre el 23 de agosto de 1857 y mediados de septiembre de ese mismo año. El manuscrito es conocido como Cuaderno M. Ver Dussel (1985: 29-63)

4 Marx abordó por primera vez los problemas del método en su obra Miseria de la filosofía (1847). En la sección siguiente realizaremos un breve resumen del planteo formulado en dicha obra, para luego marcar las diferencias con el desarrollo contenido en la Einleitung.

5 En su artículo “Contradicción y sobredeterminación” (1962), Althusser sostuvo que Marx había efectuado una revolución teórica al elaborar una dialéctica distinta a la hegeliana. Con esto habría creado la ciencia de lo social, claramente demarcada de las concepciones ideológicas. Según esta interpretación, el abandono del hegelianismo permite establecer la distinción entre el Joven Marx y el Marx maduro.

6 El lector interesado en este tema puede consultar el texto de Balibar (2000), que ofrece una buena introducción al problema

7 Para un breve esbozo de las características de los Jóvenes Hegelianos (y de la izquierda hegeliana en general) pueden consultarse Rubel (1970: 119-124) y Therborn (1980: 322-325)

8 Esto supone, por cierto, reducir la riqueza de la concepción filosófica de Marx a un esquema bastante chato. Sin embargo, para los fines de este trabajo el esquema es de utilidad, pues apunta a destacar la principal línea de divergencia entre Marx y los hegelianos. Ahora bien, la afirmación de que Marx es materialista es parcialmente verdadera. En verdad, y esto se ve sobre todo en la 1º de las Tesis sobre Feuerbach, Marx propone una superación tanto del materialismo mecanicista como del idealismo subjetivista de los siglos XVII y XVIII. Al centrarse en la relación social y no en los extremos polares de sujeto y objeto (propios de las teorías gnoseológicas tradicionales), Marx planteó una problemática bien diferente a la contenida en las expresiones “materialismo” e “idealismo”. Sería interesante rastrear como un intento de superación análoga se encuentra en la obra del mismo Hegel.

9 Ver en el capítulo II de la obra las siete observaciones sobre el método (Marx, 1981: 83-103).

10 A punto tal de escribir que “lo único inmutable es la abstracción del movimiento” (Marx, 1981: 89).

11 “En cada sociedad las relaciones de producción forman un todo” (Marx, 1981: 89). Aquí también avanzó en la caracterización de la totalidad social, afirmando que en ella “todas las relaciones existen simultáneamente y se sostienen las unas en las otras” (Marx, 1981: 89).

12 “La coexistencia de dos lados contradictorios, su lucha y su fusión en una nueva categoría constituyen el movimiento dialéctico. El que se plantea el problema de eliminar el lado malo, con ello mismo pone fin al movimiento dialéctico.” (Marx, 1981: 91). Más adelante, en la séptima observación, Marx nos da un ejemplo de cómo aplicar esta tesis de la centralidad de las contradicciones en la totalidad social a una forma social determinada, en este caso el feudalismo: “para formarse un juicio exacto de la producción feudal, es menester enfocarla como un modo de producción basado en el antagonismo. Es menester mostrar cómo se producía la riqueza en el seno de este antagonismo, cómo se iban desarrollando las fuerzas productivas al mismo tiempo que el antagonismo de clases, cómo una de estas clases, el lado malo y negativo de la sociedad, fue creciendo incesantemente hasta que llegaron a su madurez las condiciones materiales para la emancipación. ¿Acaso no significa esto que el modo de producción, las relaciones en las que las fuerzas productivas se desarrollan, no son en modo alguno leyes eternas, sino que corresponden a un nivel determinado de desarrollo de los hombres y de sus fuerzas productivas, y que todo cambio operado en las fuerzas productivas de los hombres lleva necesariamente consigo un cambio en sus relaciones de producción? Como lo que importa ante todo es no verse privado de los frutos de la civilización, de las fuerzas productivas adquiridas, hace falta romper las formas tradicionales en las que dichas fuerzas se han producido. Desde ese instante, la clase antes revolucionaria se hace conservadora.” (Marx, 1981: 99). Marx resumió su punto de vista en una expresión célebre: “La producción feudal también tenía dos elementos antagónicos, que se designan igualmente con el nombre de lado bueno y lado malo del feudalismo, sin tener en cuenta que, en definitiva, el lado malo prevalece siempre sobre el lado bueno. Es cabalmente el lado malo el que, dando origen a la lucha, produce el movimiento que crea la historia.” (Marx, 1981: 98).

13 Entre otras cuestiones, se encuentran en ellos: el célebre análisis de las formaciones sociales precapitalistas (publicado en volumen aparte por el historiador británico Eric Hobsbawm); la exposición de la categoría de enajenación que había sido abandonada, luego de ser presentada en los Manuscritos de 1844 y que es reformulada en “El Capital” en el capítulo sobre El fetichismo de la mercancía; El primer desarrollo de la categoría de plusvalor (a punto tal que puede decirse que los Grundrisse constituyen un punto de llegada en la crítica de la economía política emprendida por Marx en la década de 1840).

14 “El problema de si el pensamiento al humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.”

15 Posteriormente, en el Libro I de El Capital (1867), Marx desarrollará esta tesis acerca de la primacía de la práctica, al analizar el proceso de trabajo (que constituía para Marx la forma principal de práctica) en el capítulo 5.

16 Consideraremos una metáfora epistémica como todo concepto, teoría, estructura, nociones, etc., que sufre un desplazamiento o traslado de un ámbito científico a otro o bien que ingresan a la ciencia desde el lenguaje y las concepciones corrientes en el contexto sociocultural y agregan conocimiento. Las metáforas en general y específicamente, las metáforas epistémicas poseen un plus de significado el cual, podemos considerar como extensión, ampliación, interacción o desviación del original del cual es tomada la metáfora. Las metáforas agregan sentidos, crean nuevos mundos. Pero no se trata sólo de una cuestión relativa a la semántica puesto que para dar cuenta de la eficacia de la metáfora debemos extendernos al ámbito de la pragmática del lenguaje. Las metáforas dicen algo del mundo, y aunque no todas las metáforas tienen valor para las ciencias, ellas no sólo tienen una función estética sino que pueden en muchos casos disputar un espacio en el ámbito cognoscitivo con expresiones de otro estilo.

17 Nótese que a pesar de las críticas formuladas a la metáfora del edificio, seguimos moviéndonos en el terreno marcado por esta, pues al hablar de autonomía relativa de la superestructura estamos aceptando implícitamente el valor descriptivo de la metáfora. Somos concientes de esta situación pero por el momento, no encontramos mejores conceptos para elaborar la cuestión. Es por ello que corresponde apuntar que se trata de un problema no resuelto.

18 En este apartado se ha empleado la versión del prólogo de 1859 incluida en Marx (2000: 3-7). La traducción fue realizada por León Mames.

19 “De todos los instrumentos de producción, la fuerza productiva más grande es la propia clase revolucionaria. La organización de los elementos revolucionarios como clase supone la existencia de todas las fuerzas productivas que podían engendrarse en el seno de la vieja sociedad.” (Marx, 1981: 142).

(Tomado de Werken Rojo)

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