La Convención Constitucional: ¿Instrumento de soberanía popular o crónica de una frustración anunciada?

por Raúl Román

Tras una semana de algarabía impuesta por parte de los medios de comunicación, un alborozado Frente Amplio y su nuevo socio el PC, por la aplastante derrota que sufrieron el gobierno y la ex concertación, comenzaron a aparecer los análisis más templados.

Ambas organizaciones se dieron la tarea durante toda la semana, de imponer la lectura de que las masas aplastaron a los representantes del neoliberalismo, apoyándolos a ellos. Con lo cual se arrogaban la representación de la amorfa masa de votantes que no llegó a más del 41% del padrón electoral.

Dicha estrategia responde a la necesidad de ir desactivando la movilización social y reactivando la estrategia de reacción democrática que pretende imponer la visión, de que la salida política de la crisis es mediante la Convención Constituyente, donde la población debe sentar todas sus esperanzas y expectativas.

No obstante, esta lectura optimista e institucionalizada, la realidad es más compleja desde una perspectiva de clase, por lo cual es necesario revisar los hechos desde un contexto más amplio, como lo hemos venido haciendo desde hace un tiempo. Esto evita que nos ceguemos con tanto destello político que se lanza.

Un contexto necesario

Chile sufre una crisis del sistema de dominación burgués, que es fruto entre otros factores, de la crisis mundial del capitalismo, que ha provocado producto un agotamiento acelerado del modelo económico neoliberal. Esta crisis expuso al modelo chileno a una tensión que aceleró su descomposición. Poseedor de un modelo extractivo-exportador y de consumo interno a costa de un elevado endeudamiento de la población no resistió y comenzó a crujir desde principio del milenio.

La persistente porfía de la autoridad política burguesa de no hacer grandes cambios en el régimen político que mostraba fatiga, extendió su desarrollo hasta el estallido social del 18 de octubre de 2019. El régimen político que venía dominado por un bonapartismo presidencialista, representando los intereses de una “oligarquía” burguesa que se posesionaba como administradora todopoderosa del Estado, comenzó a sentir las complejas condiciones que deparaba la situación mundial.

El ingreso de China a la disputa con EEUU por la hegemonía mundial, empuja al mismo tiempo a la “oligarquía” burguesa a dividirse, entre los dos grandes centros de donde emana el capital. Con ello comenzará a sufrir lentamente un verdadero “deja vu”, con los tiempos donde su división interna le permitía el ingreso a otros sectores políticos al poder, como fue entre los años 1952 y 1973.

En este contexto caracterizado por una burguesía dividida y debilitada; una pequeña burguesía sufriendo una descomposición impuesta, debido a su debilidad económica y una clase

trabajadora explotada, sobre endeudada y con un empleo en franca precarización, todo esto exacerbado por la pandemia, tenemos una estructura de clases en una reestructuración forzada.

Mientras la burguesía tarda en tomar partido y se preocupa de no sufrir las consecuencias de una mala decisión o un acercamiento indebido (EE.UU- China); la pequeña burguesía debe buscar nuevas formas de adaptarse a una economía de menor consumo o consumo externalizado por lo digital; la clase trabajadora que redescubre, por medio de la unidad en las movilizaciones de masas su fuerza estructural y “super estructural”1, lo que no se ha expresado en lo electoral todavía, ya que con esta fuerza potencial movilizadora ha sido suficiente para imponerse en la agenda política, como por ejemplo los retiros sucesivos de las afp.

Es en este contexto de crisis, donde pugnan la burguesía y la clase trabajadora, de forma desenfrenada por momentos, cabe preguntarse; ¿Qué sucede con la pequeña burguesía y por qué no se menciona?

Esto es debido a que no tiene una existencia productiva real, es accesoria; comerciantes, profesionales liberales o distribuidores de grandes empresas, entre otros, pero nada producen en la realidad con su actividad. En cambio el proceso de producción tiene dos grandes factores; el capital y el trabajo. Es por ello, que ambos se disputan la conducción histórica de los sistemas, el capitalismo o el socialismo. En cambio, la pequeña burguesía, tanto la económica, que realiza un seguimiento a la burguesía como modelo a seguir, para distribuir o comercializar sus productos; como la “ideológica”, que administra sus empresas, dirige sus partidos, resguarda sus intereses o conduce los gobiernos que los primeros imponen a la clase trabajadora, tienen un rol colaborador de la clase dominante.

Pero este rol de comparsa de la burguesía, no es menor ni menos es insignificante, en momentos de crisis política es fundamental, puede desnivelar la balanza entre las dos clases. Se puede convertir en la “aceleradora” de la crisis del capitalismo, debido a toda su carga social, intelectual y económica o puede desviar a la clase trabajadora de sus objetivos históricos que es la emancipación de la explotación del capitalismo y llevarla a confiar en gobiernos que se presentan como más humanitarios, más democráticos o más participativos y ciudadanos, pero que terminan siendo instrumentos de la burguesía y continuadoras de la explotación.

Es por ello, que se debe tener claro que los análisis de efectos institucionales, gestos políticos o resultados electorales, no pueden opacar los necesarios análisis de la correlaciones fuerza entre las clases sociales. Porque todo proceso electoral representa una visión distorsionada pero no falsa, de la correlación de fuerzas entre las clase en pugna. Sirven como un antecedente más, para poder realizar la acción política para los militantes o para los partidos revolucionarios.

Pero veamos, ¿qué sucedió el 14 y 15 de mayo?

Votó el 41% del padrón electoral, resultado que nos aclara que la mayoría de la clase trabajadora (clase inmensamente mayoritaria) no fue a votar, ya que la burguesía disciplina, pero sin convicción, ante el paupérrimo accionar de Piñera, no logró consolidar un discurso preciso para convencer a sus huestes y al parecer también bajo su porcentaje de votación.

Esto nos lleva a pensar que se modificó el panorama electoral, es decir que los resultados son una redistribución del padrón que había, más que la intervención de un nuevo contingente de electores. Esto producto de que venía votando un 48% aproximadamente, y ahora solo alcanzó a un 43%2. Si partimos de la base que gran parte de ese 5% que no fue a votar, es del votante de la clase burguesa o que vota por sus candidatos, estaríamos planteando que a pesar de todos los errores de Piñera, las fuerzas de oposición no sumaron ni un votante más, entre los dos últimos procesos electorales, exceptuando el plebiscito.

Entonces, ¿por qué varió tanto la composición política?

Sin duda alguna deberíamos establecer que existe un fenómeno electoral, que veníamos constatando desde el 18 de octubre del 2019, que se ha conocido como la “izquierdización” de la pequeña burguesía. Esto se entiende, debido al casi nulo apoyo gubernamental efectivo y la presión a la quiebra que han sufrido sus negocios, en contraste con los mall y supermercados que han obtenido importantes utilidades.

Pero, esta “izquierdización” de la pequeña burguesía, no es más que un abandono del seguidismos de la burguesía, rectora del orden y de la ideología del emprendimiento3, que al primer viso de crisis los abandona y los hace pagar la crisis junto a la clase trabajadora. Por tanto, debemos constatar que hay un sector de esta clase que rompe con la burguesía en el poder (UDI-RN-Evopoli) y consolida su desconfianza con la burguesía en la oposición (DC-PS- PPD-PRSD), buscando el cobijo de nuevas autoridades políticas, donde predomine el “asistencialismo local” tipo Jadue; el “tecnocratismo-social” tipo Sharp o la independencia interesada de algunos candidatos.

Esta seudo “izquierdización” pequeño burguesa es eventual y electoral, interesada de que alguien llegue a salvarla de la crisis o le dé un empleo para sortear esta instancia, no necesariamente es un acercamiento a la ideología social demócrata, que ya es decir mucho. No obstante, declamaciones de tal o cual convencional elegido como independiente. Por lo que este proceso no es más que una estructuración de un nuevo centro político, girando en el tecnocratismo productivista derivación natural del neoliberalismo, por lo que no es de extrañar que en el Frente Amplio, el partido Revolución Democrática sea el que más apoyo concitó.

Este sector no traspasa los límites del populismo burgués, tal como lo hizo la DC en los años 50 y principio de los 60, defendiendo el régimen político a costa, incluso de su propia existencia, ejemplo de ello, es la firma del “Acuerdo por la Paz” que salvó a Piñera, en noviembre de 2019. Solo le está faltando su auto proclamación con un slogan político tipo “Patria Joven”, que hoy podría derivar en la “Patria Millennials”. ¡Que razón tenía Marx parafraseando a Hegel y complementando su frase, que decía que “la historia se produce como si dijéramos dos veces… una vez como tragedia y otra como farsa”!

Mientras en la clase trabajadora caló hondo la perspectiva de que las elecciones, tanto para la Convención Constituyente como para los concejales, alcaldes y gobernadores, no era más que un intento de utilizarlos para legitimar un régimen que “les permite seguir robando”, por lo que no se motivó a participar. Actitud que no pudo ser contrastada por los candidatos anti sistema, debido a su estado de frustración ante la multitud de candidatos, la carencia de recursos y al estado de pandemia.

Es por ello, que la composición de la Convención Constituyente a pesar de la fuerte derrota a los candidatos que apoyaba el gobierno, no necesariamente representa un victoria segura en contra del neoliberalismo, por la cantidad de independientes o representantes de la burguesía que no siendo apoyados por el gobierno, si son garantías de mantención del modelo.

Pero, ¿Qué relación existe entre la composición política de la Convención Constituyente y la correlación de fuerzas entre las clases?

Aquí debemos volver a señalar que las elecciones son una manifestación distorsionada de la correlación de fuerzas de las clases sociales en pugna histórica, es decir, la burguesía y la clase trabajadora. Es por ello que debemos tener siempre presente y no confundir conceptos que nos pueden llevar a error, por ejemplo identificar a “las masas” con la clase trabajadora. Las masas son un conglomerado de sectores pertenecientes a dos clases sociales, la pequeña burguesía y la trabajadora, y como hemos visto más arriba, no tienen los mismos intereses debido a su ubicación en el sistema de producción capitalista, lo que determina su conciencia y sus objetivos.

Mientras en algunos casos coinciden (como hoy) en alguna tarea u objetivo político, en otros, son enemigos intransigentes. Es decir, en este proceso de revolución democrática ambas clases quieren terminar con un modelo económico neoliberal que los llevó a un endeudamiento creciente que los tiene al borde de la quiebra y a una crisis generalizada. Pero, sin embargo, mientras sectores de la clase trabajadora querían darle un golpe de gracia al régimen político, haciendo caer a Piñera, la pequeña burguesía (económica y la “ideológica”) se apresuró a tratar de institucionalizar la crisis por medio de sus representantes. Es por ello, que el FA y el PC, se alinearon, uno por acción y el otro por omisión, con el “Acuerdo por la Paz” de noviembre de 2019.

Esto demuestra en toda su amplitud las limitaciones de la pequeña burguesía como clase que no está dispuesta, históricamente hablando, a traspasar los límites estrechos de la sociedad capitalista, debido a que carece de una formación económica y
social particular, diferente al capitalismo o al socialismo, por lo que debe aferrarse necesariamente a uno de ellos para sobrevivir.

Es claro, por tanto, que al no tener la iniciativa la clase de trabajadora y al no haber reestructurado su proyecto histórico, la
pequeña burguesía se convierte en lo más conservador dentro del movimiento de masas y un socio poco confiable. Más, en un
escenario donde la clase trabajadora comienza a despertar, a organizarse y a estructurarse con un programa necesario, pero aunque reconozca que tiene la fuerza, que ha hecho tambalear al régimen, sigue estando en el sistema dominado por la burguesía.

Esta condición de clase que tiene la pequeña burguesía determina que su preocupación principal sea las formas y no el fondo de los problemas, y su comportamiento es similar, por no decir igual, en todo el mundo, donde domina el capitalismo. Se preocupa más de las modificaciones o reformas “cosméticas” de lo administrativo y del régimen político que le permitan ingresar a la administración del estado, que de la base de sustentación de este régimen, que es la explotación de la clase trabajadora. Es decir, pueden preocuparse del agua, movilizarse por nacionalizarla, crear embalses, etc., pero no pretenden eliminar el sistema de explotación de los trabajadores que conlleva la propiedad de las empresas que ocupan el agua, por lo que terminan protegiendo los intereses de la burguesía, con diversos motivos y argumentos, tales como la creación de empleos, la activación económica de la localidad, de la región o comuna, etc.

Sin embargo, esta clase tanto la pequeña burguesía económica como la “ideológica” (entendiendo esta última, como grupo de la clase trabajadora cooptado en su condición de vida por la burguesía), pueden tener contingente que crucen el estrecho marco burgués y se transformen en revolucionarios; como también en la clase trabajadora su contingente más preclaro pueden ser cooptados por el bienestar personal que permite la entrega de sus servicios a la burguesía.

La representación en la Convención Constitucional

1.- Su contenido de clase.

a.- La mayoría son pertenecientes a la burguesía y a la pequeña burguesía económica e “ideológica”, ya sean de la UDI, RN, Evopoli, DC, PPD, PRSD o PS o del FA y PC. Incluso el componente convencional de pueblos indígenas, están sumidos en reivindicaciones sectoriales que ante lo nacional, deberán hacer un seguidismo a las organizaciones políticas de dicho carácter a las cuales recurrieron para alguna vez salir electos alcaldes, por ejemplo.

b.- Los independientes extra partidos, se ubican en su mayoría en la pequeña burguesía ideológica, con la gravedad de que no tienen ninguna vinculación militante con organización alguna, que le haya definido el camino o evite que se desvíe. Estos votarán a conciencia y ya sabemos que significa esto y de donde viene dicha conciencia.

2.- Su posición política.

La mayoría de los convencionales posee una posición “político-ideológica” entre el neoliberalismo a ultranza y un democratismo burgués neokeynesiano, ambos en el marco del sistema capitalista. Exceptuando un reducido grupo de no más de 6 convencionales aproximadamente, que tendrá un duro trabajo para poder estirar la perspectiva hacia un “nacionalismo revolucionario”, como argumento efectivo, para atraer hacia las tesis de la revolución democrática, en cuanto a la propiedad del cobre, agua, el rol de estado, la salud, la educación, el trabajo, etc., a sectores de independientes que estarán jalonados por la maquinarias políticas.

3.- Su inexistente orgánica.

La mayoría de los independientes serán absorbidos por la maquinaria política y comunicacional de las tendencias oficialistas o de oposición, es decir burguesas, ya que estás tenderán a copar la prensa y los medios de comunicación con sus alternativas. Dejando aprisionados a los díscolos entre el “utopismo millennials” y el “ultraizquierdismo trasnochado”. Viéndose absorbidos en esta lógica bipolar, unos recurrirán a:

a.- Rendirse a la cooptación de la burguesía, utilizando el “realismo político” o los “mínimos comunes” como argumento para ceder y votar a favor de los grandes intereses económicos.

b.- Otros buscarán el cobijo de una organización para soportar la presión de operadores políticos que estarán ávidos de comprar su existencia. Lo que hará crecer el PS o RD e incluso el PC, declarando su ineptitud política como forma de escape de los intereses de las masas movilizadas.

c.- Algunos, ante el aplastante escenario donde sus posiciones minoritarias no tendrán sustento de votos, tenderán al ultraizquierdismo, como forma de auto protección y auto legitimación al interior de la convención, política que sólo los llevará a la abstención constante o a la votación del mal menor.

d.- Y, por último, unos, muy pocos, volverán a su redil. Es decir, buscarán en el movimiento social su legitimación de la argumentación utilizada en la convención tratando de evitar alejarse de ellas, empujando desde afuera con la movilización de masas, la fuerza que no se tienen al interior.

En este contexto, ¿Qué debe hacer la clase trabajadora?

La clase trabajadora que marchó y luchó en las calles, con sus contingentes de estudiantes y pobladores, debe estar clara ante este proceso y no debe confundirse. Aunque lea, los más rimbombantes titulares o editoriales de medios de comunicación que exageren un estado de victoria inexistente por anticipado. Ejemplo de ello, es la pretendida idea de que “la “victoria” electoral del 14-15 de mayo es más importante que el triunfo de Allende”.

Esto es solo un absurdo de análisis plano. Este triunfo electoral, como establecimos más arriba, se da en el modelo económico neoliberal en crisis y un régimen político bonapartista o como le llaman “ultra presidencialista”, es decir, este triunfo establece la victoria de un nuevo centro político, donde se cuestiona el modelo económico y no el sistema capitalista. En cambio, con el triunfo del reformista Allende, guardando todas las proporciones y falencias, se cuestionó el sistema capitalista. Por lo que, el nivel de conciencia de clase de los trabajadores estaba por sobre la modificación reformista del régimen, se pretendía “avanzar” al socialismo desde un régimen democrático burgués. Hoy se pretende avanzar de un régimen democrático burgués caracterizado por un bonapartismo o “ultra-presidencialismo” a uno con mayor participación, es decir se pretende alcanzar lo que se tenía en 1970.

Y si lo vemos, desde el punto de vista de clases sociales movilizadas, el triunfo de Allende se apoya en las organizaciones de la clase trabajadora y sus orgánicas políticas. En cambio, hoy, como vimos más arriba, el “triunfo” electoral se basa en el reordenamiento del mismo porcentaje electoral, pero con una carencia de una gran parte de la clase trabajadora y de sus organizaciones de clases que brillaron por su ausencia.

Establecido esto, debemos llegar a una conclusión; la clase trabajadora y sus objetivos históricos no están representados en la Convención Constitucional, exceptuando por una ínfima minoría a la que se le debe dar sustento político desde afuera para lograr imponer los intereses de clase.

Por ello, debemos tener claro, que la desaparición de la movilización de masas, llevará a la Convención Constitucional hacía las posiciones de la burguesía irremediablemente, es decir a mantener los principios neoliberales en su mayoría.

En cambio, si el movimiento de masas, estudiantil y poblador, pero por sobretodo de los trabajadores y trabajadoras, sigue activo, lograremos desplazar a la Convención Constitucional a aprobar lo que las mayorías necesitan aunque este limitado por la composición de clases, antes mencionada.

Para ello, debe levantar un programa que no deje margen a la traición por interpretaciones diversas, ¡que las habrá, por doquier!, ya que la presión será formidable y los sobornos suculentos. La única manera de que los convencionales no caigan en estas tentaciones es que el movimiento de masas presione desde afuera con toda sus fuerzas, transformándolo en un instrumento de la soberanía popular o de otra manera, será un proceso que se podría caracterizar como “la crónica de una frustración anunciada”.

En este escenario, la primera tarea de esta Convención y donde podremos saber que tan dura vendrá la mano para la clase trabajadora, es la lucha por la transformación de la Convención Constitucional en Asamblea Constituyente, asumiendo toda la soberanía que le dio la votación del 14 y 15 de mayo y eliminando cual vestigio de tuición de instituciones del régimen político en descomposición.

Si esto se logra, asumirá plenos poderes de representatividad popular, pudiendo plantear la libertad inmediata de los presos políticos del estallido social, sino sabremos que la burguesía ha hecho el trabajo de ir cooptando a cada uno de los nuevos convencionales.

Sin embargo, es muy necesario que la lucha política no sólo se resuelva en la Convención Constituyente, deberá seguir estando
en las calles como gran rectora de las diferencias internas del proceso. Ya que este es el gran miedo que tiene la burguesía, que las masas impongan sus intereses por medio de la movilización social que presione a lo convencionales a no poder traicionar al sector que los eligió.

Es por ello, que el programa de la clase trabajadora debe estar presente en cada momento y en cada lugar. Donde las tareas fundamentales que la población ha levantado como prioritarias para construir una nueva constitución en un contexto de mayor democracia, se lleven a cabo, es imperioso que se logren las siguientes tareas.

Fuera Piñera
Libertad a los Presos Políticos
Transformar la Convención Constitucional en Asamblea Constituyente

(foto de portada corresponde al interior del Palacio Pereira, sede de la Convención Constitucional en Santiago)

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