La base material de la nación

por Carlos Barros

Los epígonos de Marx trataron la “cuestión nacional” como un “problema”, y nada aportaron a los textos de los fundadores, teóricamente hablando, ni siquiera prestaron atención a sus numerosas y dispersas referencias en sus obras, tratando de explicar desde el punto de vista material los hechos nacionales y su evolución histórica. Poco que ver con la ulterior definición de nación de Stalin, puramente descriptiva, esquemática y dogmática. El concepto originariamente marxista de nación, móvil y abierto, es el antídoto que precisamos ahora para hacer frente a los imperantes enfoques hipersujetivistas, idealistas, primariamente políticos.

La aportación de Marx y Engels se centra en buscar la base material e histórica de la nación, y de los proyectos nacionales, entendiendo lo nacional como un tipo de “totalidad concreta”, donde lo subjetivo y lo objetivo se entrelazan de un modo específico según cada caso. Hemos buceado en todo tipo de fuentes, procurando la complementariedad entre las obras teóricas y los artículos de prensa, los conceptos y sus aplicaciones prácticas. Trabajos de Historia Inmediata –diríamos desde Historia a Debate– sobre Francia, Alemania, Polonia, Irlanda, India, China y pueblos eslavos (Capítulo 3), que retroalimentan la teoría y los métodos que se infieren de los libros y artículos más sesudos (Capítulo 4). Combinación que nos vacuna contra cualquier sistematización dogmática, abstracta o cerrada.

En los artículos ocasionales suelen tomar partido a favor o en contra de los procesos o reivindicaciones nacionales (proliferan en el siglo XIX), según su interés para el presente o futuro del proletariado, sujeto principal –pero no único– de la historia para Marx y Engels. Acostumbran a hacer juicios comprometidos sobre la viabilidad, necesidad o inconveniencia de tal o cual nación, sus contenidos o alianzas de clases, llegando en el caso de Irlanda y Polonia a apoyar públicamente a movimientos nacionalistas concretos, considerando –según veremos en el libro– que la emancipación nacional de esos países era condición previa para la emancipación de los trabajadores.

Los conceptos teórico-metodológicos que han venido siendo tomados de entre las obras de los fundadores del marxismo para su divulgación y puesta en práctica (fuerzas productivas, relaciones de producción, modo de producción, formación social) no sirven, por insuficientes, para profundizar en el análisis del hecho nacional, interclasista por lo regular. Marx y Engels usaban ante todo la noción de condiciones de producción, como fue recordado –con escaso seguimiento– por Ber Borojov, judío sionista y bolchevique ruso muerto a los 36 años en 1917. Su olvido consciente por parte de los sucesivos marxismos ilustra, además de desinterés teórico por el tema, el proceso de simplificación y cerrazón del legado de los fundadores que tanto daño nos hizo política y epistemológicamente.

Marx definía las condiciones nacionales de producción, y más genéricamente las condiciones de existencia nacional, como algo que había que indagar en cada hecho y momento particulares teniendo en cuenta tres partes interconectadas: condiciones económicascondiciones naturales y condiciones históricas (sociedad, política y cultura), tanto referido a la producción nacional como, en conjunto, a la comunidad nacional. De ese modo, difícilmente se podría restringir lo nacional a lo puramente económico (cuya importancia siempre señalan) o a lo puramente cultural o político (como se hace hoy en día). Por fuerza había incluir todos los factores diferenciales en los análisis de las naciones específicas, siempre dependientes al mismo tiempo del espacio y el tiempo, la economía y la sociedad, la lengua y la cultura, heredadas, transformadas y legadas a las generaciones futuras. Así lo hicieron ellos mismos en relación con los procesos nacionales de su tiempo, combinando invariablemente las dimensiones nacionales e internacionales de las luchas sociales, políticas y culturales.

Por último, ¿qué provecho tendría hoy implementar la teoría histórico-materialista de nación que subyace en la obra de Marx y Engels? Comprender mejor, es decir, globalmente, un fenómeno que está hoy más vivo que nunca, tanto o más que en el siglo XIX. La globalización ha hecho eclosionar, desde fines del siglo XX, el hecho nacional resucitando antiguas nacionalidades, impugnando las naciones modernas y suscitando vastas comunidades nacionales de nuevo tipo, incluyendo como inalienable el derecho de los pueblos a la identidad colectiva, nacional.

Cuatro son los tipos de comunidades e identidades nacionales, clásicas y/o asimiladas, que están presentes, interactuando, en el siglo XXI. En primer lugar, las naciones europeas sin Estado de origen medieval (también las etnias americanas de origen precolonial), que resurgen a causa de la crisis de los Estados que las cobijan durante las épocas moderna y contemporánea. En segundo lugar, los Estados-nación del siglo XIX hoy severamente cuestionados por la mundialización de la economía y la creciente pérdida de soberanía, actualmente propensos al autoritarismo y el proteccionismo económico. En tercer lugar, las identidades de ámbito interestatal o continental, surgidas de procesos “regionales” de unificación comercial, cuyo modelo es la Unión Europea, lejos todavía de constituir una comunidad nacional incluyente. Y, en cuarto lugar, la propia tierra entendida como una nacionalidad global cosmopolita, hoy ya una realidad en lo económico, pero no tanto desde el punto de vista social, político y cultural. Dicho de otro modo: para la nación global existen condiciones naturales y económicas de existencia, pero no condiciones históricas (sociales, políticas y culturales), ni fuerzas sociales y políticas suficientes que definan y sostengan la humanidad como una referencia identitaria superior, contra los intereses hoy por hoy hegemónicos de los mercaderes y las multinacionales.

La característica más novedosa, por consiguiente, del hecho diferencial comunitario en el siglo XXI es la superposición espacial y temporal de las identidades y las realidades nacionales, provocada por el cambio revolucionario que suponen las nuevas condiciones económicas de producción (e información) global: necesitamos a Marx para comprenderlo.

Fragmento del prólogo de Carlos Barros a su libro La base material de la naciónEl concepto de nación en Marx y Engels.

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