Joe Hill después de Joe Hill

por Carlus Jové

Las biografías normalmente acaban con la muerte del protagonista. Sin embargo, en la vida de un revolucionario es importante considerar su legado y cómo su vida y obra han influido en otras personas. En el caso de Joe Hill, podemos decir que siguió con vida después de muerto y que hoy, a casi un siglo de su ejecución, sigue siendo un personaje que inspira a amplios sectores de la izquierda.

Una de las referencias a Hill más citadas suele ser el poema que Alfred Hayes le escribió en 1925 y que fue musicado por Earl Robinson en 1936, I dreamed I saw Joe Hill:

“Desde San Diego hasta Maine,
en cada mina y fábrica
donde los trabajadores se organicen para la huelga”,
Me dice, “allí encontrarás a Joe Hill”.

Soñé ver a Joe Hill anoche,
Vivo como tú y como yo.
Y le dije, “Pero Joe, hace diez años que estás muerto”,
“Yo nunca morí”, me dijo él.

La canción recuperó protagonismo cuando la cantante folk Joan Baez la interpretó en el festival de Woodstock en 1969.

Pero esta no es la única referencia que otros artistas han hecho a Joe Hill. Conocidos cantantes de folk como Woody Guthrie, Phil Ochs o Roy Bailey también le han dedicado canciones. Pete Seeger, cantante y activista político, cantó canciones de Hill con los Almanac Singers, lo que ha permitido que algunas de ellas queden grabadas para nuestro disfrute. La influencia que Hill ha tenido sobre todos ellos es, pues, indudable. Algunos incluso encuentran similitudes entre versos de Joe Hill y algunas letras de John Lennon, lo que nos da otra muestra del alcance de la figura de Hill.

Después de su ejecución se publicó una edición especial del Little Red Songbook con el subtítulo Songs to fan the flames of discontent  (Canciones para avivar las llamas del descontento), en el que diecinueve de las cincuenta y ocho canciones eran de Joe Hill. Muchas de ellas contienen reflexiones al final de las letras contra la guerra, contra los esquiroles, a favor del sabotaje y de denuncia de las malas condiciones que sufren los trabajadores y trabajadoras. En la página final se incita a los trabajadores a unirse a la IWW con el eslogan que Joe Hill regaló a sus compañeros: “No malgastéis tiempo en lamentaciones, ¡organizaros!” Un prólogo en forma de poesía del cantautor Ralph Chaplin, gran amigo de Joe Hill, introducía al lector a las páginas de un panfleto repleto de versos contra el capitalismo y de llamamientos a la rebelión. Chaplin fue, junto a Hill, uno de los cantautores más destacados de la IWW y su himno Solidarity forever, al que se ha hecho aquí referencia, se sigue cantando hoy.

Durante los años siguientes a su ejecución, la IWW organizó campañas contra la Primera Guerra Mundial y ganó importantes conflictos laborales. Pero también sufrió una importante persecución por parte del Estado y en 1918 cien militantes de la organización fueron llevados a juicio por desobediencia a la Ley de espionaje. Entre ellos se encontraba el amigo de Joe Hill, Bill Haywood, que se exilió en la Rusia revolucionaria para evitar años de presidio. El “Gran sindicato” del que tantas veces Hill había hablado en sus canciones parecía hacerse realidad, aunque después de los años veinte sufrió un progresivo decaimiento que lo convirtió en una pequeña organización comparada con el emergente Partido Comunista de Estados Unidos (CPUSA).

Sin embargo, el mito de Hill permanecía. Como ya se ha mencionado, el cantante folk Pete Seeger, miembro del CPUSA durante muchos años, cantó sus canciones y ha ayudado a mantener  vivos temas como Casey Jones, que ya forman parte de la  tradición sindical estadounidense. Pete Seeger compuso temas como If I had a hammer en los que se puede apreciar el mismo sentimiento que Hill intentó transmitir en todas sus canciones:

Si tuviera un martillo
Y tuviera una campana
Y tuviera una canción para cantar
Por toda esta tierra…
Sería un martillo de justicia,
Una campana de libertad
Y una canción sobre el amor
Hacia mis hermanos y hermanas
Por toda esta tierra.

Woody  Guthrie,  el  conocido  cantautor  de  las  décadas  1940-50, escribió una canción en la que relata el proceso judicial de Hill. En ella cuenta incluso detalles de sus últimos días de vida, como el contacto con Elizabeth Gurley Flynn o el último telegrama a Bill Haywood. Guthrie también dedicó un disco entero a los anarquistas Sacco y Vanzetti, ejecutados el agosto de 1927, cuyo caso tuvo ciertas similitudes con el de Hill: ambos eran inmigrantes, fueron acusados de robo a mano armada y asesinato, y fueron ejecutados en medio de fuertes protestas populares.

En 1971 el cineasta sueco Bo Widerberg realizó la película The balad of Joe Hill donde cuenta la historia de su compatriota desde su llegada a los Estados Unidos hasta su ejecución.

Músicos actuales como Billy Bragg han cantado canciones de Hill y editaron un disco de homenaje titulado “Don’t mourn – organize!”

En 1995 algunos de ellos participaron en el festival conmemorativo del ochenta aniversario de su fusilamiento en Sheffield, Inglaterra. Hoy, nueve décadas después de su muerte, estamos seguros de que Joe Hill permanecerá entre nosotros y que sus canciones seguirán inspirando huelgas y veladas fraternales en los sindicatos. Sin duda, el mejor homenaje que podríamos ofrecerle sería hacer realidad su sueño de un mundo sin jefes donde los trabajadores controlaran sus propias vidas y pusieran sus esfuerzos en beneficio de la comunidad y no de unos pocos individuos.

Último capítulo del libro de  Joe Hill. Sindicalismo con banda sonora.

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