Entrevista a Leila Ghanem: «La batalla de Gaza es la batalla de todos nosotros, como lo fue la guerra civil española, la de Beirut en 1982 o la del Líbano en 2006»

por Angeles Maestro

¿Por qué la operación militar de Hamas del 7 de octubre conmocionó a Medio Oriente e incluso al mundo? ¿Cuál es el impacto histórico de este acontecimiento en los movimientos de resistencia de Medio Oriente?

No cabe duda de que para el pueblo palestino, y de hecho para el pueblo árabe, el «Diluvio de Al-Aqsa» del 7 de octubre fue una operación militar de proporciones míticas; en cualquier caso, sin precedentes desde la ocupación de Palestina en 1948, una especie de epopeya legendaria a los ojos de los pueblos árabes. Algunos escritores se remontan a Homero para evocar la imagen de la Ilíada, una leyenda heroica «en la que el débil consigue derrotar a su colonizador en un equilibrio de fuerzas inimaginable». En apenas dos horas, la mayor potencia de Medio Oriente, el quinto ejército del mundo, sufrió una aplastante derrota a manos de una modesta unidad de comandos apodada «Distancia Cero» (para destacar el enfrentamiento del cuerpo contra el tanque), compuesta por un centenar de hombres modestamente armados, pero dotados de un valor heroico. Veinte asentamientos liberados, bases militares ocupadas –  una de las cuales albergaba el cuartel general del Tsahal en el sur –, un observatorio militar de alta tecnología encargado de controlar la frontera, la unidad 545 de investigación y la unidad 414 de inteligencia fueron neutralizadas y dos generales capturados. La leyenda sionista-occidental de la invencibilidad del Estado sionista se hizo añicos. En cuestión de horas, Gaza se convirtió en Hanoi. Y recordamos la célebre frase del general Giap durante su visita a Argel en diciembre de 1970: «Los colonialistas son malos alumnos de la historia».

Para el escritor y activista palestino Saif Dana, el ejemplo que más se acerca a esta victoria militar, a pesar del desequilibrio en la relación de fuerzas entre colonizados y colonizadores, es la «Revolución Haitiana», que fue y sigue siendo un símbolo importante para las personas de color de todo el mundo. Los haitianos, armados de valor y de «voluntad de emancipación», se lanzaron, dirigidos por Dessalines, a una batalla decisiva contra los colonos franceses, que acababan de recibir refuerzos, mandados por el general Rochambeau. Esta batalla parecía estratégicamente imposible, pero tras cuatro heroicos ataques dirigidos por el líder negro Cabuat, los franceses se vieron finalmente obligados a capitular el 18 de noviembre de 1803 en Fort Vertières, aunque los haitianos tuvieron considerables pérdidas de vidas humanas. Las guarniciones francesas se rindieron una a una, lo que permitió a la antigua colonia proclamar su independencia el 1 de enero de 1804. A partir de entonces tomó el nombre de Haití. Esta legendaria batalla ha pasado a los anales de la historia. Más tarde inspiró levantamientos de esclavos en otros lugares, como la rebelión de Aponte en Cuba en 1812 o la conspiración de Denmark Vesey en Carolina del Sur en 1822. Esa victoria también influyo decisivamente en Simón Bolívar y otros líderes de movimientos independentistas en América Latina, aunque habría que esperar hasta 1834 para abolir la esclavitud.

Lo que sucedió el 7 de octubre en Palestina es tan legendario como la batalla de Haití, y en adelante pasará a los anales de la historia, como las batallas de Hittin, El Kadissiya, etc. en tiempos de Saladino.

Imagínense el terremoto que sacudió todo el sistema del Imperio de Occidente ante la repentina derrota de su mano derecha, en la que había invertido miles de millones de dólares durante casi un siglo. La misma potencia a la que el Imperio había confiado la función de ser cabeza de puente imperial para controlar las rutas marítimas estratégicas, los recursos vitales como el petróleo, el gas y el uranio, y de constituir la pieza clave para consolidar su dominación desestabilizando a los enemigos del Imperio, introduciendo relaciones de clase en beneficio de los opresores… «Israel» estaba en el corazón de este sistema capitalista que debía mantener a los países del Sur dependientes de él; para ello, el pueblo palestino debía convertirse en un escenario precursor, en un modelo de persecución… Para lograrlo, era necesario desposeerlos, deshumanizarlos, mantenerlos bajo bloqueo, masacrar a sus líderes históricos… Esto requería un estatuto específico para sus títeres, y una protección política, institucional, financiera y mediática…

La alarma inmediata que sacudió el 8 de octubre a todos los dirigentes del mundo capitalista, que acudieron en masa a «Tel Aviv», es la prueba irrefutable de la inversión del mundo occidental en este Estado constituido al margen de la ley, al margen de todos los derechos y normas humanas. Derechos y normas creados por el propio Occidente.

El 7 de octubre fue una derrota para el Occidente imperialista. Y a partir de ahora, habrá un antes y un después de ese 7 de octubre.

¿Es Hamas una organización terrorista?

Empecemos diciendo que, aparte de Estados Unidos y la UE, ningún otro país del mundo acusa a Hamas de terrorismo.

Si nos fijamos en la historia, el término «terrorista» no siempre ha sido peyorativo.  Los revolucionarios utilizaron el «terror» contra sus enemigos de clase.  Fue durante la Revolución Francesa cuando el término «terrorista» fue utilizado por primera vez por Gracchus Babeuf al hablar de «los patriotas terroristas del segundo año de la República». Para el marxismo, el terror no era en absoluto un fin político, sino una herramienta, el instrumento de una política, y debe juzgarse en relación con los objetivos de esa política. Esto plantea dos cuestiones diferentes: primera, la cuestión de la legitimidad de los fines políticos, y la segunda, la adecuación de los medios. Condenar el terror como «sistema» metafísico oculta el interés por deslegitimar los objetivos políticos que se fijó.

Tomemos el ejemplo de la Comuna de París, punto culminante de la guerra civil francesa. Tras su derrota se les calificaba, por no citar más que Le Figaro, órgano de la reacción de los de Versalles, de “terroristas del Hôtel de Ville [del Ayuntamiento] o de “terroristas del 18 de marzo” o  «la Comuna terrorista».

El terror se defendía o combatía en función de los objetivos que perseguían  las diferentes clases sociales y facciones políticas y que cada una de ellas consideraba legítimos.

En una carta a su madre, Friedrich Engels le explicaba: “De los pocos rehenes que fueron fusilados al estilo prusiano, de los pocos palacios que fueron quemados al estilo prusiano, se habla mucho, porque todo lo demás es mentira; pero de los 40 mil hombres, mujeres y niños que los versalleses masacraron con ametralladoras después de que fueran desarmados, nadie habla».

Se diría que esta descripción de Engels se refiriera a los acontecimientos de Gaza. Podría pensarse que está describiendo cómo los medios de comunicación occidentales han valorado desproporcionadamente (y siguen haciéndolo) el impacto del ataque de Hamás el 7 de octubre, y el genocidio que siguió con la sangrienta venganza del ejército de Tsahal – ejército de «Israel» –  apoyado por las fuerzas Delta norteamericanas y sus tres portaaviones en el Mediterráneo. Quienes han hablado de la Hiroshima de Gaza no están lejos de la cifra de las 70 mil víctimas que cayeron en Japón en agosto de 1945. En Gaza, la cifra de civiles asesinados sube a 50 mil.

Los Estados imperialistas-coloniales han denunciado habitualmente el terrorismo de las luchas de los pueblos sometidos a su dominación y tratado a sus combatientes de terroristas. Recordemos, una vez más, que varias organizaciones terroristas, puestas en la picota a lo largo de la historia, llegaron a ser  interlocutores legítimos; fue el caso del Viet Cong, del Ejército Republicano Irlandés (IRA), del Frente de Liberación Nacional argelino, del Congreso Nacional Africano (CNA) y de muchas otras organizaciones que fueron calificadas a su vez de «terroristas», como la OLP y el FPLP en Palestina.

Con este término se pretendía y se pretende despolitizar su lucha, presentarla como un enfrentamiento entre el Bien y el Mal.

Cada vez que los palestinos se rebelan, Occidente – tan rápido para glorificar la resistencia de los ucranianos – invoca el terrorismo. Lo hizo durante la primera Intifada en 1987 y la segunda en 2000, durante las acciones armadas en Cisjordania o las movilizaciones por Jerusalén, durante los enfrentamientos en torno a Gaza, sitiada desde 2007 y que ha sufrido seis guerras en 17 años.

Queda por tratar la cuestión de la legitimidad de «Israel» para defenderse y desarmar a Hamas. Algunos medios de comunicación sionistas llegan a invocar a Thomas Hobbes y su percepción de lo que él llama la posesión por parte de las clases dominantes del «monopolio de la fuerza física legítima». Se ignora así que esta legitimidad no puede aplicarse a un Estado de colonos, una legitimidad impugnada en primer lugar por los palestinos, por los pueblos de los países de su entorno atacados (libaneses, sirios, iraquíes, yemeníes e iraníes…) y por todos aquellos que lo consideran un Estado de colonos. Antes del engaño del “Acuerdo de paz” de Oslo, la mayoría de los países del mundo no reconocían a Israel. Su legitimidad se basa, sin más, en una decisión de las Naciones Unidas, mientras que Israel ha rechazado sistemáticamente todas las decisiones relativas al pueblo palestino (resoluciones 242, 323, 194, derecho de retorno de los palestinos a su país).

¿Puedes explicar brevemente el contenido político del Eje de la Resistencia, quiénes son sus miembros y qué lugar ocupa Palestina en él?

Hay dos ejes diferentes, que se solapan, pero que no tienen una dirección común. Está el eje de los Estados: Irán, Siria, Yemen, Líbano (Sur) y el eje de los movimientos de resistencia que son grupos político-militares antiimperialistas de obediencias diversas que van desde el chiismo de los desheredados, al marxismo.  Todos ellos, incluido Hamas, plantean la cuestión anticolonial y algunos propugnan la justicia social en su programa. Están integrados esencialmente por Hizbullah (Líbano), Yihad (Palestina), Hutíes (Yemen), AL-Mad shaabi / «Refuerzos populares» (Irak); y podemos añadir a este bloque el FPLP (Palestina), la Saraya (unidad especial de los campos de refugiados palestinos en Líbano) y otras organizaciones comunistas, como por ejemplo el Partido Comunista del Líbano que acaba de llamar a sus militantes a la movilización y se están entrenando en las bases de Hizbullah. Existe una importante coordinación entre estos grupos político-militares, que actúan bajo el lema «Unidad de Caminos», una forma que garantiza la relativa independencia de cada organización, en particular de las que tienen su base en Palestina, como Hamas. No obstante, cabe señalar que la coordinación con Hamas es más o menos distante, esencialmente por razones ideológicas –  Hamas pertenece a los Hermanos Musulmanes, grupo islámico suní conservador –  pero también por diferencias políticas, alianza de Hamás con Qatar y Turquía, lo que ha afectado a sus relaciones con Siria. En 2014, Hamás tuvo que abandonar el campo de Yarmouk, en Siria.

Sin embargo, es importante señalar que Hamas tiene una estructura diferente a la de las organizaciones mercenarias islámicas creadas por la CIA, como Al Qaeda o Anossra o Daesh, cuyo único objetivo era destruir las estructuras de los Estados árabes y combatir contra su resistencia antiimperialista.

Hamas es un movimiento palestino arraigado en las clases trabajadoras de Gaza, Cisjordania y los campos palestinos de Líbano, Siria y Jordania. Hamas fue elegido democráticamente en unas elecciones supervisadas por las Naciones Unidas en 2007, y desde entonces Gaza está bloqueada no sólo por «Israel», sino también por Europa y Estados Unidos. No es el islam lo que molesta a los imperialistas, que históricamente han sabido utilizar perfectamente al islam fascista. Por lo que confrontan con Hamas es porque esta organización se niega a deponer las armas hasta liberar Palestina y rechaza los llamados tratados de paz, como los de Camp David u Oslo, que sólo han servido para usurpar el 78 por ciento de la Palestina histórica anterior a la Nakba de 1948. Hamas recibe actualmente entrenamiento y armas del Eje de la Resistencia antiimperialista y no de sus amigos ideológicos de Estambul o Qatar. Esto explica las diferencias dentro de Hamas entre dos ramas: la rama militar, Al-Qassam,  y la rama política cuyo líder vive en Qatar y no en Gaza. También hay que señalar que la liberación de Palestina está en el corazón del programa de este Bloque de la  Resistencia, al igual que acabar con la injerencia yanqui en Medio Oriente.

A pesar de estas diferencias, la batalla de Gaza que se está librando actualmente ha requerido la unidad de todos los componentes mencionados y una perfecta coordinación militar. Su ingenio y valentía pasarán a la historia.

¿Se puede hablar de Bloque Histórico?

Para caracterizarlo, nos remitimos a Gramsci y a su concepto de Bloque Histórico, cuya primera mención se encuentra en el Cuaderno 4, en un pasaje que trata de la importancia de las superestructuras – éstas son vistas por Gramsci como el ámbito en el que los individuos toman conciencia de sus condiciones materiales de existencia –  y de la necesaria relación entre la base y la superestructura.

Los movimientos anticolonialistas, independientemente de su filiación declarada, desempeñan un papel progresista en la dinámica de la historia y representan las aspiraciones de emancipación de las clases dominadas y explotadas. Su lucha sobre el terreno las radicaliza necesariamente. Es el caso de Hamas, que libra una guerra de liberación nacional y ha forjado alianzas en el campo de batalla con todos los componentes de la resistencia.

En otro pasaje del Cuaderno 7, Gramsci vincula el Bloque Histórico a la fuerza de la ideología y a la relación entre las ideologías y las fuerzas materiales; insiste en que se trata de una relación de unidad dialéctica orgánica, en la que las distinciones se establecen sólo por razones «didácticas».

Otra de las afirmaciones de Marx, muy significativa, es la que asegura que una convicción popular tiene a menudo la misma potencia que una fuerza material. Creo que el análisis de estas afirmaciones lleva a reforzar el concepto de «Bloque Histórico». En el Cuaderno 8, Gramsci insiste en la identidad entre historia y política, identidad entre «naturaleza y espíritu», en un intento de elaborar «una dialéctica de momentos distintos, como los que operan en el interior de la lucha de clases, de forma que el impulso revolucionario de los pueblos oprimidos actúa sobre las relaciones sociales de producción».

La demostración de la vulnerabilidad militar del Estado sionista para la Resistencia Palestina, ¿es comparable a la victoria de la Resistencia en Líbano en 2006?

Sin duda las similitudes existen, porque en ambos casos se trata de comandos precariamente equipados que se enfrentan a un ejército regular dotado de importantes medios. Los relatos de la batalla que nos llegan cada día desde Gaza muestran que la fuerza de la determinación de los combatientes es decisiva para el resultado de la batalla.

Cuando los gazatíes se refieren a sus combatientes como «samuráis» o hablan de «Distancia Cero», quieren mostrar el enorme valor de «un combatiente que se enfrenta a un tanque». En 2006, en la llanura de Khiam, cuando combatientes de Hizbullah se apoderaron de 40 tanques Mer-Kaba sin destruirlos,  utilizaron la misma táctica.  Sayyed Hassan Hasrallah dijo entonces para animar a sus hombres: «`Israel´ es más débil que una tela de araña». En palabras de Mao, «el imperialismo es un tigre de papel».

La derrota de Tsahal fue tan amarga que desde 2006 «Israel», que ha librado seis guerras destructivas en 25 años, ya no se atreve a aventurarse en Líbano.

Hoy en Gaza, su terrible y cobarde venganza contra los civiles, sobre todo mujeres y niños, no juega a su favor. En términos militares, las fuerzas poderosamente armadas israelí-estadounidenses, Tsahal y Delta, no han sido capaces, en 40 días de guerra feroz, de aplastar el fuego de los combatientes, de detener a Hamas, ni de capturar a uno solo de sus combatientes. La resistencia de Gaza, su pueblo y sus combatientes, está resucitando la batalla de Stalingrado.

¿Tiene algún fundamento real la opinión de que el gobierno sionista conocía el ataque palestino del 7 de octubre y lo permitió para desencadenar la masacre?

Muy al contrario. Como hemos señalado antes, «Israel» fue cogido por sorpresa de forma escandalosa. El comando llegó a ocupar las oficinas de la Dirección General, que se presentaba como una joya de la tecnología. El ataque puso en evidencia los fallos estructurales del quinto ejército más poderoso del mundo; mostró cómo este ejército fue desestabilizado de forma que empezó a disparar a todo lo que se movía, incluidos sus propios ciudadanos. Estos hechos fueron revelados tanto por los miembros del comando palestino, como por la prensa israelí, que citó a testigos. También Nasrallah aludió en su discurso al  desconcierto del ejército israelí, que disparó contra civiles israelíes.

¿Cuáles son los principales planes del imperialismo sionista que se han roto con el ataque palestino?

Hamas aún no ha revelado las dos razones fundamentales de su intervención: la elección de la fecha y el lugar de su operación, pero conviene hacer algunos análisis para caracterizar la situación:

– La necesidad vital de romper el bloqueo, después de que los túneles del lado egipcio fueran cerrados en operaciones conjuntas israelo-egipcias en 2019 que asfixiaron a Gaza;

-La voluntad de frenar la limpieza étnica que se está produciendo en Cisjordania desde 2020 y que ha afectado a mil 600 jóvenes, especialmente en Yenín, Nablus, Jerusalén y El-Hawara, donde hubo un pogromo en 2022.

– El deseo de salvar Al-Aqsa, santuario musulmán y símbolo de la capital de Palestina, que Netanyahu ha decidido confiscar y abrir al Muro de las Lamentaciones. Los ataques a la oración de los viernes se han vuelto sistemáticos.

– Acabar con el proceso de acercamiento entre Arabia Saudita e «Israel», que incluía la construcción, ya iniciada, del Canal Ben Gurion[1] entre Arabia Saudita e «Israel», que debería desembocar en Gaza.

–  El propósito de «Israel» de hacerse con los yacimientos marítimos de gas de Gaza[2].

– Las repetidas declaraciones de «Israel» sobre la necesidad de reducir a la mitad la población de Gaza y enviar la otra mitad al Sinaí, así como de enviar a los combatientes de Hamas a Guantánamo y a los dirigentes políticos a Qatar.

¿Por qué la solución de dos Estados, israelí y palestino, es inaceptable para las diversas corrientes de la Resistencia Palestina y califican esta propuesta de colaboración con el enemigo.

Si queremos resumir la historia de la ocupación de Palestina en unas pocas fechas, diremos que Palestina fue ocupada en tres fases: la Nakba de 1948, la Naksa o  derrota de 1967 y los acuerdos de Oslo de 1993. Como reconoce Elías Sambar, jefe de la delegación palestina responsable de las negociaciones de paz, estos llamados acuerdos de paz (sic), que duraron 32 años, sólo sirvieron para ir reduciendo Palestina. Hoy sólo queda el seis por ciento de la Palestina original.    

Además, una de las razones de la «popularidad» de Hamas, que fue elegido democráticamente en 2007 bajo los auspicios de una misión internacional de observadores de la ONU, es que los gazatíes, contra todo pronóstico, lo eligieron, no por su «doctrina islámica», sino porque esta organización se niega a deponer las armas y negociar un acuerdo de «capitulación». Una postura que costó la vida a una docena de sus líderes históricos, incluido su fundador, el jeque Yasin, brutalmente asesinado. Desde entonces, Israel ha sometido a Gaza a un bloqueo como castigo colectivo. Un bloqueo total que ha durado 17 años, que ha hecho de Gaza una prisión al aire libre antes de convertirse en un cementerio al aire libre.

Hamas no fue la única en rechazar los Acuerdos de Oslo, conocidos como los Acuerdos Vergonzosos. Todas las demás organizaciones palestinas los rechazan, incluidas fracciones de la Fatah (Consejo Revolucionario), así como la mayoría de los dirigentes de la OLP, y personalidades próximas a Arafat como Mahmud Darwish, que escribía los discursos de Arafat, o Edward Said. El Estado dormitorio, o Estado tapón que preside Mahmud Abbas, es ante todo un Estado de seguridad destinado a proteger a Israel.

En realidad, la solución de los dos Estados no es más que un señuelo que ha permitido a «Israel» seguir desposeyendo a los palestinos, acelerando la construcción de cientos de asentamientos y llevando a cabo una limpieza étnica sistemática en Cisjordania. Este año, antes del 7 de octubre, 266 jóvenes palestinos fueron masacrados en sus casas delante de sus familias, en una operación preventiva, ya que por decisión del Tsahal «estos jóvenes son terroristas potenciales».

De hecho, mucho antes del 7 de octubre de 2023, Israel nunca había ocultado su intención de «reducir a la mitad, es decir –  aniquilar a un millón de seres humanos – el número de palestinos en la Franja de Gaza», provocando una «Nueva Nakba» y, por tanto, el éxodo y el genocidio. Lo que estamos viviendo actualmente en Gaza forma parte de un largo calvario sangriento para el pueblo gazatí: en 2006, 400 mártires; en 2008-2009, mil 300 mártires; en 2012, 160; en 2014, dos mil 100; en 2021, casi 300; y en la primavera de 2023, varias decenas.

Según Michèle Sibony [Michèle Sibony para Agence Média Palestine, 13 de octubre de 2023][3], antisionista declarada y portavoz de la Union Judía Francesa por la Paz (UJFP): «Sabemos cuál es el objetivo desde hace mucho tiempo: ‘el menor número posible de palestinos en el mayor territorio anexionado posible desde el mar hasta el Jordán’. En otras palabras, una tierra vaciada de sus habitantes palestinos y abierta a la colonización, un verdadero «gran reemplazo».

En un artículo publicado en Haaretz, titulado “Por qué los palestinos nos matan”, Amira Hass, periodista israelí antisionista, comenta los acontecimientos del 7 de octubre de la siguiente manera: «Los palestinos no nos dispararon porque seamos judíos, sino porque somos sus ocupantes, sus torturadores, sus carceleros, los ladrones de sus tierras y de su agua, los demoledores de sus casas, los que les han exiliado y les han bloqueado sus horizontes. Los jóvenes palestinos están dispuestos a dar su vida y a provocar un enorme dolor a sus familias porque el enemigo al que se enfrentan les demuestra cada día que su crueldad no tiene límites».

Uno de los creadores de Oslo, Gideon Lévy, que fue la mano derecha de Simón Pérez, acaba de declarar en una conferencia de prensa en Nueva York que «`Israel´ es responsable de lo que está ocurriendo en Gaza y el problema no es el actual gobierno de extrema derecha, sino el hecho de que «Israel» se niega a la paz y ha mentido en todo momento». Para él, «Israel» sólo tiene una idea fija en mente: cumplir lo que se inició con la guerra del 48. Tania Reinhardt ya ha publicado un libro con el mismo título. Para «Israel», la paz «no era más que un pretexto para ganar tiempo y tierras y seguir construyendo asentamientos».

Por supuesto, la “paz” de Oslo se hizo bajo los auspicios de EE.UU., que quería proteger a su vástago dándole reconocimiento internacional. Oslo dio a «Israel» el reconocimiento de todos los países asiáticos, incluida China, de los países latinoamericanos y de 52 países africanos.

Según Ilan Pappé, la llamada paz también dio al Estado colono «la absolución total de todos sus crímenes cometidos contra el pueblo palestino desde 1948».

¿Qué ha cambiado definitivamente en la región desde el 7 de octubre?

Todavía es pronto para evaluar toda la trascendencia del acontecimiento, que dependerá del resultado de la guerra, pero lo que es seguro es que se ha tambaleado la ecuación sobre la que descansa el equilibrio entre el arrogante Occidente imperialista y los países del Sur.

El hecho de que «Israel» haya arrasado el norte de Gaza y matado a 30 mil civiles, el 70 por ciento de ellos mujeres y niños, y obligado a huir a un millón y medio de personas, no significa que «Israel· haya ganado. Tras 40 días de ataques, sus objetivos no se han alcanzado.

También es cierto que la desoccidentalización del mundo se ha acelerado para los países del Sur.  El Occidente bárbaro ha quedado desenmascarado ante los pueblos. Ha supuesto el fin de las ilusiones sobre Europa como modelo de democracia o santuario de los derechos humanos y su verdadera faz ha quedado al descubierto en todo el mundo. Los responsables occidentales son señalados como criminales de guerra.

Según un periódico estadounidense, «Israel» es el país más odiado del mundo, lo que repercutirá en su privilegiado status. En un editorial titulado «Es hora de poner fin a la relación especial entre Estados Unidos e `Israel´», Stephen Walt, profesor de Relaciones Internacionales de la prestigiosa Universidad de Harvard (Boston MA), añade que el «apoyo incondicional» al Estado judío empieza a pasar factura. «El coste de esta relación estratégica está aumentando, y este coste no es sólo político sino también económico».  Y, añade, «Cuando Estados Unidos utiliza su derecho de veto tres veces, en solitario, en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre un alto el fuego, está respaldando de hecho el ‘derecho a defenderse’ de «Israel», un derecho que apoya con una nueva  transacción militar por valor de unos 735 millones de dólares». Costoso o no, EE.UU. no abandonará a su criatura «Israel», pero tales voces revelan una nueva realidad.

En lo que respecta a la posición de los BRICS, constituye una decepción total para el mundo árabe y especialmente para los movimientos de resistencia. Los BRICS se han mostrado como una alianza exclusivamente económica, que sólo vela por sus propios intereses. Esto está muy lejos del espíritu de No Alineación o de Bandung. Están interesados en que EE.UU. se hunda en Medio Oriente y esperan sacar provecho de ello.

¿Cuál es la importancia de la solidaridad internacional en los países que se encuentran hoy en el corazón del imperialismo?

De Los Ángeles a Río de Janeiro, de Estocolmo a Madrid, de Túnez a Ciudad del Cabo y de Bombay a Sydney, la opinión pública mundial lleva más de un mes expresando su revuelta contra la despiadada guerra de Israel contra los palestinos.

Ahora que las masas se han apoderado de Internet para ponerlo al servicio de su causa, desafiando y sorteando todos los métodos represivos de las multinacionales que dominan los medios de comunicación, se ha conseguido abrir una brecha en el muro mediático para mostrar lo que está ocurriendo sobre el terreno y transmitir a los gazatíes la solidaridad de los pueblos de todo el mundo.

Estas manifestaciones masivas en todas las grandes ciudades del mundo, son el testimonio de una revuelta contra los crímenes de «Israel» y sus protectores comprometidos en acciones militares con Estados Unidos; una revuelta contra la hipocresía de un Occidente que ha removido cielo y tierra contra Putin hasta un punto que roza el racismo antirruso, mientras que se callan aquí contra estos sórdidos crímenes.

Así, mientras que Estados Unidos se considera el principal defensor de «Israel», es interesante observar que las imágenes de las manifestaciones estudiantiles en apoyo del pueblo palestino en los campus estadounidenses muestran una mezcla heterogénea de árabes, descendientes de esclavos estadounidenses y nietos de emigrantes latinoamericanos. De la opresión que sufre el pueblo palestino se hacen eco, tanto los países del Sur, como  una parte importante de los ciudadanos de los países del Norte, que recuerdan la opresión sufrida durante siglos de colonización y dominación, e incluso de humillación y crueldad, infligida por parte de sus antepasados.

«Israel» aparece así como el último de los países «blancos» en oprimir a un pueblo del Sur. Y el palestino desposeído, pobre y aterrorizado se convierte en un símbolo de clase.

Leyendo las pancartas de los manifestantes, se tiene la impresión de que la «excepción israelí», concedida por Occidente en nombre de las víctimas del Holocausto, y que minimiza el sufrimiento y la crueldad padecidos por otros pueblos del mundo, pronto llegará a su fin.

Hay que decir que esta solidaridad internacional se alimenta de la resistencia y el sacrificio de un pueblo mártir que sufre tres guerras al mismo tiempo: el terrible bloqueo total, el genocidio y el  éxodo.

Esta tarde, un representante del FPLP declaraba que «nuestro pueblo se niega a marcharse, ha aprendido desde la primera Nakba que si abandona su patria nunca volverá; así que su única opción es «Vencer o morir». Permanecer en su patria ya es una victoria.

Personalmente, estoy convencida de que la batalla de Gaza es la batalla de todos nosotros, como lo fue la guerra civil española, la de Beirut en 1982, o la del Líbano en 2006. Todavía resuenan en mis oídos las palabras de Miguel Urbano cuando vino a saludar a la resistencia: «Allí donde el imperialismo concentra sus fuerzas militares, políticas, económicas y mediáticas, quienes le hacen frente lo hacen en nombre de toda la humanidad”. La caída de Gaza será la caída de todos nosotros frente a la barbarie capitalista. El mérito de esta solidaridad es haber señalado con el dedo a nuestro enemigo de clase.

Noviembre de 2023

[1]    Nota de la traducción. La importancia estratégica del Canal Ben Gurion (Ben Gurion es el nombre del dirigente sionista que dirigió la masacre y desposesión del pueblo palestino en 1948)  que iría del Mar Rojo a Gaza, alternativo al Canal de Suez y que canalizaría el 30% del comercio mundial de energía puede consultarse aquí:  https://es.sott.net/article/90564-Israel-se-propone-abrir-el-Canal-Ben-Gurion

[2]    Nota de la traducción. La importancia del yacimiento de gas Gaza Marina estimado en 30.000 millones de metros cúbicos , junto a ooss yacimientos de gas y petróleo que se encuentran en tierra firme, entre Gaza y Cisjordania, en la actual guerra de Israel contra Palestina, se analiza aquí: https://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=51528

[3]Michèle Sibony para l’Agence Média Palestine, 13 octubre 2023

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