Entrevista a Jaime Castillo Petruzzi: «es necesario que los revolucionarios presenten una alternativa de poder»

La brevísima entrevista que ponemos a disposición de nuestros lectores, hecha para Venceremos, tiene el aliento y la frescura de la improvisación. El compañero Castillo Petruzzi —figura señera de la resistencia antidictatorial, internacionalista y guerrillero— es en su propia trayectoria testimonio de toda una generación de revolucionarios que entregaron su vida por la causa de los explotados. Más de veinte años en las cárceles del fujimorismo en el Perú adonde fue llevado como resultado de su militancia en el MRTA, son tan solo un episodio en la experiencia política de quien iniciara su militancia en el MIR en nuestro país, para luego sumarse a la lucha de otros pueblos. Más allá de toda diferencia, la discusión que nos plantea el compañero Castillo se da alimentada por el fuego de la misma barricada.

-¿Cómo viviste el 11 de septiembre de 1973? ¿Cuál fue el significado del golpe para el pueblo y para el movimiento revolucionario?

-En primer lugar, debo decir que yo era muy joven, de hecho, cumplí 17 años después del golpe pero, sin embargo, militaba intensamente, profesionalmente, desde los 15 años, en el Movimiento Izquierda Revolucionaria – MIR de Chile. Entonces todo lo que es el momento histórico del gobierno popular, el gobierno de Salvador Allende Gossens, de la llamada Unidad Popular, lo vivimos intensamente, disputando la conducción del movimiento popular, con todas nuestras fuerzas, al reformismo obrero y al reformismo pequeñoburgués; y también disputando en las calles la presencia del fascismo que cada vez estuvo más organizado a medida que avanzaba el programa del gobierno popular.

Tengo que decirte que llegar al 11 de septiembre fue la coronación, en realidad, de una ofensiva contrarrevolucionaria que empezó, inclusive, en el momento mismo en que el Unidad Popular accede al gobierno y es parte del Ejecutivo y es parte de ese Estado burgués en donde no controlaba ni el poder legislativo, ni el poder judicial, ni mucho menos el poder militar del Estado burgués, sus fuerzas armadas y sus fuerzas policiales. En todo momento durante ese período histórico de 1970 a 1973, la línea política y militar del Movimiento Izquierda Revolucionaria –  MIR de Chile fue la de acumular fuerzas para prepararnos para el enfrentamiento de clases que en algún momento se iba a producir, de acuerdo al análisis que nosotros hacíamos producto esto de la agudización de la lucha de clases permanente, a partir del desarrollo del movimiento de masas, del movimiento obrero y del programa también de la Unidad Popular que ponía en cuestión, ponía en jaque, los ejes de la dominación capitalista en nuestro país.

Entonces cuando te digo que el golpe de estado comenzó desde el mismo momento en que Allende y la Unidad Popular son gobierno en Chile, es lo que hemos podido nosotros recoger a partir del estudio de todos esos años, la forma en que el imperialismo accionó mediante la inteligencia, mediante sus aparatos como la CIA para coordinar con los agentes internos de la contrarrevolución, desde un inicio, el boicot, el sabotaje al programa popular, y el fortalecimiento de los grupos de extrema derecha fascista y neofascistas, y en general, el copamiento de todos los espacios en los que el imperio podía transmitir una política anticomunista. Una lucha política ideológica que tuvo un desenlace, por supuesto, militar muy desfavorable, muy trágico para nuestro pueblo.

Entonces este 11 de septiembre del año 1973 nos sorprende a nosotros, los revolucionarios, en pleno ajetreo, en plena preparación de las condiciones para enfrentar, de la mejor manera, la ofensiva de la burguesía y del imperialismo. Y de una u otra forma, ya el gobierno había retrocedido en algunos aspectos capitales, frente a un alza de las masas tremenda, tremenda, los meses de marzo, abril, mayo hasta junio, que ya empieza a desgastarse la ofensiva popular de apoyo al gobierno y de exigir mayor radicalidad al gobierno reformista obrero y reformista pequeñoburgués de la Unidad Popular. El presidente no respaldó la creación de un poder popular alternativo y contrario a los intereses del estado burgués y que realmente fuera la base de la autodefensa de nuestro pueblo y siguió fortaleciendo la institucionalidad, tratando de fortalecer el Congreso, las filas de la Unidad Popular y de todo lo que eran los parlamentarios populares. Parlamentarios que habían tenido un fortalecimiento en las últimas elecciones de marzo de 1973, pasando de las presidenciales en las que se había tenido un 36% con el triunfo de Allende a un 44% de votos en marzo del ’73 de votos nacionales. Ese triunfo electoral, parlamentario de marzo del ’73 fue decisivo para que el imperio y las fuerzas de la burguesía dieran su convicción final de que no tenían otra alternativa para recuperar su espacio, recuperar su poder, recuperar sus privilegios de clase, que estaban siendo cuestionados, no tenían otro espacio que el golpe de estado. Es así como se llega a ese terrible martes 11 de septiembre.

Precipitado también por la decisión de Salvador Allende de llamar a un plebiscito donde pretendía, pues, encarar el problema del congreso y de las fuerzas armadas, y el problema del carácter del proceso. El enemigo burgués se enteró y adelantó el golpe y adelantó el ataque en todos los frentes en Chile, en donde había organización obrera, popular, de pobladores, de estudiantes, de campesinos, de intelectuales. Entraron a masacrar, directamente, a los más destacados dirigentes, militantes, eso ya es conocido. Y también es conocido que hubo puntos donde hubo focos de resistencia activa a la dictadura, tanto en el sur de Chile como en las grandes ciudades donde de una u otra forma se rechazó el golpe de estado, con las armas en la mano.

Entonces, a partir del 11 de septiembre de 1973 empezamos a vivir lo que nosotros caracterizábamos como una dictadura militar, cívico – militar, de corte fascistoide y a la cual había que hacer una política de resistencia activa, utilizando todas las formas de lucha, principalmente, en ese momento, la autodefensa de las masas y la lucha armada revolucionaria.

-¿Cómo se vive Cuál es el significado actual de la fecha en medio del proceso abierto por la rebelión de octubre de 2019?

-Estamos a punto de cumplir dos años y a punto de cumplir 50 años del golpe de estado, te imaginarás lo que es eso… es toda una vida. Entonces, 50 años de lucha y de resistencia, de golpes, de caídas, de deserciones, de desaciertos, de errores, de puntos flacos de nuestra estrategia de resistencia, de puntos altos del enfrentamiento de clases durante lo que fue la dictadura y de lo que fue la transición “democrática”, hasta llegar hoy día a un estado de cosas desde hace prácticamente dos años del 18 de octubre donde todo se puso en cuestión. Donde las masas, el pueblo, los pobres del campo y la ciudad, los marginados del proceso económico, los marginados de la sociedad, los explotados permanente y recurrentemente salieron a las calles. Y, obviamente, se ha conocido mundialmente lo que ha sido esa primavera maravillosa chilena que puso en tela de juicio el statu quo que había logrado acá el imperio. Ponían de ejemplo pues el desarrollo del neoliberalismo chileno como uno de los grandes aciertos, la “joyita” que tenían para explicar cómo el neoliberalismo podía resolver los problemas del “fin de la historia” y de la acumulación capitalista en esta nueva etapa neoliberal. Entonces decimos acá “empezó el neoliberalismo en nuestro país, y acá va a terminar”. Es nuestra convicción más profunda, seguimos luchando por ello, ahora estamos insertos en un proceso de asamblea constitucional, que no es la asamblea constituyente que nosotros hubiéramos querido.

Esta convención constitucional está bastante mediatizada por los acuerdos que han logrado los partidos de la institucionalidad burguesa del país, de la llamada democracia representativa y, entonces, las masas, el pueblo, los pobres del campo y la ciudad, siguen acumulando trabajo táctico y estratégico en los territorios en función de construir un verdadero poder popular alternativo a este sistema burgués decadente, retrógrado y que aniquila nuestro medio ambiente, que aniquila nuestro mundo tal y cual lo conocemos. Entonces estamos en esta disyuntiva hoy día; enfrentados de aquí a dos, tres meses a las elecciones presidenciales donde, obviamente no hay ninguna opción revolucionaria, donde hay opciones de socialdemocracia renovada, de populismo burgués y pequeñoburgués, y en definitiva, vamos a tener que ver cómo nos posicionamos nuevamente los revolucionarios en la perspectiva de ir abriendo una estrategia de poder que responda realmente a los intereses más profundos de nuestro pueblo y responda realmente al deseo de hacer la revolución en Chile.

Nosotros pensamos que el deseo y las ganas de hacer el proceso revolucionario en Chile, no tan sólo es necesario sino que también creemos que es posible. Eso se ha demostrado en los últimos tiempos cómo nuestro pueblo movilizado destruye todo tipo de mitos y todo tipo de monumentos y todo tipo de imposiciones. Vamos a ver si somos capaces de retomar esa senda de lucha y de seguir batallando y construyendo el porvenir, día a día. Creemos que es un momento de inflexión el que se está viviendo, creemos que es un momento en el cual vamos a evaluar las coyunturas que se van avecinando, pero la certeza de construir una alternativa desde el pueblo y para el pueblo, y por el pueblo y siempre al lado del pueblo, es lo que nos alimenta en esta lucha cotidiana.

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