Engels, control de precios y concepción materialista

por Rolando Astarita

Por estos tiempos volvió a tomar fuerza la propuesta de controlar los precios para frenar la inflación (36% en 2020; 4% en diciembre). Indudablemente, una amplia franja del progresismo nacional – izquierdista considera que el control de precios es una medida muy avanzada, casi revolucionaria. Y mucha gente, de derecha o de izquierda, piensa que está inspirada en Marx.

Sin embargo, tiene poco que ver con el enfoque marxista. Vale la pena aclararlo una vez más: de acuerdo a la teoría de Marx, los movimientos tendenciales de precios no pueden ser fijados a partir de relaciones de poder, político o institucional, ya que están regidos por la ley del valor, la cual es objetiva. Esto significa que los seres humanos no la dominan a voluntad, a pesar de que se trata de un fenómeno social. Más precisamente, en tanto subsista el sistema capitalista – producción para el mercado, acumulación regida por la lógica de la ganancia – no hay posibilidad de que el Estado maneje los precios. Además de la teoría, lo muestra la experiencia histórica: en ningún lado el control de precios por el Estado burgués trajo solución a los padecimientos de las masas; ni a las contradicciones del capitalismo. Por eso, en una nota dedicada al asunto, publicada en febrero de 2014, afirmaba: “No se gana nada prometiendo paraísos que sólo existen en la imaginación. Aunque quienes prometen sean personas bienintencionadas y deseosas de ayudar a la humanidad. No es una cuestión de voluntad, sino de relaciones sociales objetivas” (aquí).

En esta entrada refuerzo la idea llamando la atención sobre un pasaje del Anti-Dühring, de Engels. Criticando la idea de que los precios son fijados según las relaciones de poder (o sea, a capricho de “los hombres de puñal”), el compañero de Marx escribía:

“Por otra parte, cuando los hombres de puñal han intentado fabricar un ‘valor de distribución’, no han cosechado más que malos negocios y pérdidas de dinero. (…) Los dos gobiernos más fuertes que han existido, el gobierno revolucionario norteamericano y la Convención francesa, se atrevieron a fijar precios máximos y fracasaron miserablemente” (p. 184-5, edición Grijalbo; énfasis agregado). Naturalmente, a los dos casos señalados por Engels podemos sumar una larga lista de otros fracasos, con Argentina en primerísimo lugar.

De manera que estamos ante dos concepciones antagónicas, la voluntarista y la materialista. Según la primera, los precios “son políticos”. Otra forma de decirlo es que los precios “deben depender de la capacidad de compra del pueblo”. Es lo que dicen muchos economistas K y el común de los socialistas estatistas. Para ellos, los precios relativos son el resultado de relación de fuerzas y voluntad política. De ahí que hasta incluso algunos trosko-radicals, reclamen control de precios “pero en serio”. La concepción marxista la resumo citando de nuevo a Engels en el Anti-Dühring:

“… la producción de mercancías, como cualquier otra forma de producción, tiene sus leyes características, inherentes, inseparables de ella, y esas leyes se imponen a pesar de la anarquía y a través de la anarquía. Esas leyes… se imponen frente al productor individual en forma de leyes constrictivas de la competencia. (…) Se imponen, pues, las leyes sin el concurso de los productores, contra los productores, como ciegas leyes naturales de su propia forma de producción. El producto domina a los productores” (p. 269; énfasis añadido).

Es el enfoque materialista, científico, aplicado a la crítica social. No da lugar a milagreros, charlatanes reformistas y curanderos sociales. De ahí que la defensa de la concepción materialista sea parte de la lucha por la independencia política de la clase obrera.

(Tomado del Blog de Rolando Astarita)

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