En la ida y eterno retorno de Noam Chomsky

por Rafael Kries

Las contradictorias noticias sobre la muerte de ese pensador, de una edad en torno a un siglo, nos muestran que entre una certeza y un fake hay poco espacio. Todos nos vamos a morir en algún momento y los pocos que se acercan al siglo tienen una mayor probabilidad. Pero en este período histórico basta un click para hacernos dudar de lo que parecía una certeza, la de estar vivo o de estar muerto de alguna persona.

A propósito de esa evolución de la conciencia contemporánea, tratada magistralmente por Michel Foucault, (la soberanía y el poder, hoy, no es el que deja vivir o hace morir sino el que deja morir o hace vivir) me vienen a la mente las siguientes reflexiones: en mi juventud tuve ocasión de debatir sobre los temas del poder con un integrante del grupo de Karl Korsch, exiliado de la Alemania de Hitler (respecto a lo cual aún les debo a mis lectores el tomo II de la vida y obra de K. Korsch, ese gran iconoclasta).

Posteriormente pude ver a Noam Chonsky en un brillante debate con otro genio que acabo de mencionar: Michel Foucault. El contenido de ese debate también resumía la diferencia de enfoque, de la crisis del pensamiento “materialista”, en las dècadas 70 y 80, de una izquierda “subterránea” respecto de una izquierda “oficial”. Esa diferencia, renovada así mismo por la generalización del pensamiento de Marcuse y la Escuela de Frankfurt, reflejaba las contradicciones que a nivel teórico, desataba la renovación financiera de la Acumulación Mundial Capitalista que en ese período estaba superando los esfuerzos de los pueblos y sus organizaciones políticas en Asia, América, Europa y Africa por una renovación radical.

La 3a globalización capitalista, con sus pasos hacia adelante y atrás, se hacía indetenible para la humanidad. Las reflexiones y contrapuntos del debate Chomsky – Foucault (aún posible de encontrar en You Tube), me sirvieron entonces para abandonar el marxismo acartonado de la época y darle base al Concejismo que había desarrollado el pueblo chileno, en la práctica de los Cordones Industriales.
Atrás quedaban los Garaudy y los Eurocomunistas, los muyahedines o la búsqueda de un Vaticano del marxismo.

Se abría lentamente en algunos sectores, en ese marasmo de una derrota global, la necesidad de pensar un nuevo modo de construir teoría y la revolución. En ese tiempo, en Chile de la Dictadura de Pinochet y de imposición del nuevo modelo neoliberal, la izquierda oficial chilena se recriminaba por no haber seguido las tácticas y métodos del PCUS en su pasado reciente o en el presente (dcto de Marzo del 73 del PSCh a los que siguió el PCCh incluso con los actos de FPMR símiles a los de Stalin del periodo 1915/1916 en Rusia).
Pero, he aquí, que para fines de los años 70 del s XX, dos grandes filósofos reivindicaban y debatían otra praxis y fundamentos para una crítica revolucionaria al Estado y al sistema capitalistas. Otros grandes pensadores de esa época expresaban tambièn la necesidad de construir “teoría” más allá del Reformismo y Stalinismo, que se fusionaban ante nuestros ojos. Ya no se trataba de la coexistencia pacífica entre potencias imperiales sino de la Globalización entendida como Política Económica.

Entre esos pensadores críticos al nuevo proceso capitalista y a la izquierda oficial incapaz de comprenderlo estaban Guy Debord, Moshe Postone, Jacques Derrida, Daniel Ben Saïd, y muchos otros que alimentaron la discrepancia y deseos de renovación radical del último tercio del s XX. Muchos burócratas de la política los consideraron sólo enterradores del viejo pensamiento y celebraron la renovación de Teng Siao Ping con el “gato caza ratones” y los oligarcas rusos, inicialmente de Yeltsin y ahora de Putin, como la respuesta “socialista”. Les era suficiente criticar a Gorbachov por haber abierto la Caja de Pandora del Imperio Soviético.

Unos pocos rechazaron eso, como Krivine y Melanchon en Francia, u Oskar Lafontain ( hoy del grupo Sarah Wagenknecht) en Alemania, buscando abrir un camino, que al inicio de una crisis sistémica, era difícil de comprender por los trabajadores. Las masas irredentas preferían volver a las raíces religiosas de la cultura y a sus fraternidades familiares y nacionales. Sin diálogo en la esfera política y social, las ideas de Chomsky o Foucault, e incluso las de Marx, aparecian como exordios a una sensatez definitivamente perdida.

En el delicado entresije de ideas de los grandes pensadores y las tristes realidades de un mundo social en descomposición, hoy se enfrentan los conservadores nacionalistas con los globalistas del dinero y las finanzas, así como los racionalistas del poder vs las viejas y nuevas religiones e identidades de pertenencia.

La realidad contrapuesta de las hegemonías y la simple barbarie de las estructuras ideológicas periclitadas, que oscurecen la pràctica cotidiana, ocultan aún que no se trata sólo de una Crisis política o económica sino también socio cultural y eco sistémica. Por lo cual vale nuevamente recordar que ellas se entrelazan y que los escenarios que definen no son lineales o planos sino múltiples e interrelacionados.
A Chomsky como a Postone o Debord, no le importó aparecer aislados o ser citado sólo cuando a los medios les pareciera conveniente. Mantuvieron todos ellos un trabajo intelectual que al mirar en perspectiva, era necesario para abrir en el futuro un período de libertad a ser signado por un nuevo espíritu.

Sin comprensión no hay real compromiso con un cambio radical, y sin una crisis global y perfecta como a la que se agregan y potencian las nuevas fuerzas disponibles de la IA y QC, y del derrumbe del Patriarcado, (que multiplican los desequilibrios ya enunciados), una salida mundial y de verdadera revolución serían imposibles.
Superando el pensamiento binario: en toda crisis hay una nueva oportunidad y en cada muerte hay un renacimiento, para el espíritu de una comunidad como la que hoy seguimos buscando defender y construir. Junio 2024

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