El COVID fue la principal causa de muerte en el mundo en 2021

por Benjamin Mateus

La magnitud de la devastación humana causada por la pandemia de COVID-19 está emergiendo con mayor claridad a medida que científicos y epidemiólogos estudian minuciosamente los datos disponibles y extraen conclusiones cuando faltan datos. Un importante estudio publicado la semana pasada reveló que el COVID-19 fue una de las principales causas de muerte en 2020 y la principal causa de muerte en 2021 a nivel mundial, por delante incluso de la cardiopatía isquémica, que mató a 8,9 millones de personas en 2019, y del cáncer, que mató a 9,5 millones en 2018.

El estudio fue una continuación del informe de mayo de 2022 del Grupo Asesor Técnico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el exceso de muertes asociadas al COVID-19. Según sus estimaciones, el exceso de muertes en el mundo había alcanzado los 14,83 millones a finales de 2021, una cifra 2,74 veces superior a los 5,42 millones de muertes por COVID-19 notificadas en ese periodo.

Exceso de mortalidad y muertes notificadas por COVID-19 y tasas de mortalidad por 100.000 habitantes. [Photo by Nature / CC BY 4.0]

El exceso de muertes se define como la diferencia entre el número total de muertes en una crisis y las esperadas en condiciones normales. Como señalan los autores:

El exceso de mortalidad tiene en cuenta tanto el número total de muertes atribuidas directamente al virus como las resultantes del impacto indirecto, como la interrupción de los servicios sanitarios esenciales o las alteraciones en los viajes. El exceso de mortalidad es un concepto bien establecido que se remonta a siglos atrás y se ha utilizado ampliamente para estimar el número de víctimas de crisis sanitarias y pandemias pasadas, como la ‘gripe española’ de 1918.

Cuando se comparan los dos años, 2020 y 2021, lo que llama la atención es que las muertes sufridas en el primer año palidecieron en comparación con las del segundo, a pesar del inicio de campañas de vacunación masiva en muchos países. La promoción del nacionalismo vacunal impulsada por los beneficios condujo a una distribución enormemente desigualada de las vacunas en todo el mundo, causando millones de muertes innecesarias en países predominantemente de ingresos más bajos. Mientras que en 2020 se estimaba un exceso de aproximadamente 4,47 millones de muertes, en 2021 la cifra se disparó hasta los 10,36 millones.

Uno de los autores del estudio, Ariel Karlinsky, creador y encargado del mantenimiento del World Mortality Dataset, declaró al World Socialist Web Site que el estudio actual intenta desarrollar y mejorar los modelos para estimar el exceso de muertes en los países que no proporcionaron datos sobre mortalidad por todas las causas. Añadió que el estudio actual incluye más datos de más países y de más periodos de tiempo durante la pandemia. También incluye datos subnacionales para ayudar a estimar la mortalidad a nivel nacional de los países en los que los informes van retrasados o no están disponibles por diversas razones.

Mapa de la relación entre el total de muertes por exceso y el total de muertes por COVID-19 notificados. [Photo by Nature / CC BY 4.0]

Para apreciar la magnitud de las muertes provocadas por las políticas que permitieron que el SRAS-CoV-2 se propagara sin control por todo el mundo, habría que retroceder hasta la Primera y Segunda Guerras Mundiales. De hecho, la enorme mortandad que se está presenciando de primera mano no es sólo un subproducto de las particulares características virulentas del coronavirus, sino de la política internacional del capital financiero que decidió que el coste de eliminar el virus era demasiado costoso en sus cálculos financieros y, por tanto, no merecía la pena salvar millones de vidas.

Más que en ningún otro momento de la historia de la humanidad, la capacidad técnica y la comprensión científica de cómo eliminar rápidamente el coronavirus y acabar rápidamente con la pandemia estaban al alcance de los líderes mundiales. El principio que guio sus decisiones ha sido acertadamente definido por el WSWS como ‘descuido maligna’, que continúa en el tercer invierno de la pandemia.

Como señalan los autores, la falta de definiciones estandarizadas precisas de las muertes por COVID-19 y de acceso a los datos necesarios sobre mortalidad por todas las causas a través de los sistemas de registro civil y estadísticas vitales planteó enormes dificultades para cuantificar estas estimaciones en todos los países y regiones del mundo de la OMS. Sólo 100 países (el 52%) pudieron proporcionar datos nacionales mensuales sobre el exceso de muertes. El estudio señala:

Durante los dos años en que la pandemia de COVID-19 ha afectado gravemente a la humanidad, quedan importantes lecciones por documentar y aprovechar plenamente como parte de la capacidad de vigilancia de la salud pública mundial. En primer lugar, la urgente necesidad de mejorar los datos y los sistemas de información sanitaria, así como la forma en que se recopilan, analizan, comparten y comunican los datos. En segundo lugar, la alineación necesaria de la vigilancia de las enfermedades transmisibles con el fortalecimiento continuo de los sistemas de información sanitaria y su integración con otros sistemas de vigilancia rutinaria existentes, y con los sistemas de seguimiento demográfico y geográfico para facilitar intervenciones oportunas y específicas. La vigilancia de COVID-19 también debe combinarse con el seguimiento de la Cobertura Sanitaria Universal y el Reglamento Sanitario Internacional y los indicadores relacionados para la preparación del sistema de salud, incluyendo la cobertura de vacunas y los servicios de agua, saneamiento e higiene.

Sin duda, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional conocen perfectamente la salud financiera completa de todos los países, ya que disponen de amplios y meticulosos datos históricos sobre casi todas las transacciones y pagos realizados. Pero preguntarse cuántos han muerto y la causa de estas muertes sigue estando en el terreno de la especulación en gran parte del mundo.

Una respuesta racional a la pandemia actual y a los brotes y epidemias del futuro requerirá bases de datos e infraestructuras coordinadas internacionalmente que puedan hacer frente a estos retos en tiempo real, asignando recursos y mano de obra de forma eficiente y eficaz.

El informe ofrece un importante análisis sobre los países más afectados por la pandemia, tanto en términos absolutos de exceso de muertes como en relación con el tamaño de su población y su estructura por edad. Señala:

Los 20 países con las estimaciones de exceso más elevados representan aproximadamente la mitad de la población mundial y representan más del 80% del exceso de muertes estimado a nivel mundial… Bangladesh, Brasil, Colombia, Egipto, Estados Unidos de América, Federación Rusa, Filipinas, India, Indonesia, Irán, Italia, México, Nigeria, Pakistán, Perú, Polonia, Reino Unido, Sudáfrica, Turquía y Ucrania.

Cuando se analizó el exceso de muertes en el contexto del tamaño de la población y la estructura de edad de cada país, quedó claro que los países empobrecidos se llevaron la peor parte de la pandemia, con más del 50% de todas las muertes ocurridas en las economías de nivel inferior.

Veinticinco países con el mayor exceso de muertes totales estimadas entre enero de 2020 y diciembre de 2021. [Photo by Nature / CC BY 4.0]

Aunque India, la Federación Rusa, Indonesia, Estados Unidos y Brasil fueron los países que sufrieron el mayor exceso de muertes totales estimadas en orden descendente de magnitud, cuando éstas se ajustaron a las muertes esperadas teniendo en cuenta el tamaño de la población y la estructura de edad de cada país, se observó un cambio apreciable en el número de víctimas mortales de la pandemia en los países de ingresos bajos. En concreto, Perú, Ecuador, Bolivia, México y Armenia fueron los cinco países con mayor exceso de muertes en relación con las muertes esperadas.

Aunque el informe no tiene en cuenta directamente los seis primeros meses de la pandemia, en conversaciones previas con Karlinsky, éste señaló que los esfuerzos por contener el virus y proteger a la población, especialmente en la región del sudeste asiático, el exceso de muertes en relación con las esperadas (véa más abajo) fue negativo. En otras palabras, se salvaron muchas vidas en exceso. Esto también plantea la importante cuestión de por qué las muertes esperadas son la cifra que son. ¿Qué intervenciones o cambios sociales pueden realizarse para proteger vidas por encima de lo que se considera ‘normal’ antes de la pandemia?

Veinticinco países con el mayor exceso de muertes totales estimadas entre enero de 2020 y diciembre de 2021. [Photo by Nature / CC BY 4.0]

Las estimaciones de The Economist se han correlacionado estrechamente con las que presentó el grupo técnico de evaluación de la mortalidad COVID-19 de la OMS, y su estimación central a finales de diciembre de 2021 se situaba en torno a los 15,9 millones, una diferencia de alrededor de un millón con respecto a los 14,83 millones de muertes en exceso de la OMS.

Puntuaciones P mundiales y de las regiones de la OMS (exceso de muertes en relación con las muertes previstas), que muestran un marcado descenso del exceso de muertes en medio de los confinamientos al principio de la pandemia, especialmente en la región del sudeste asiático. [Photo by Nature / CC BY 4.0]

A finales de 2022, la estimación central de The Economist ha subido a 20,9 millones, lo que significa que la fase ómicron de la pandemia bien puede haber contribuido a aproximadamente cinco millones de muertes, echando por tierra todas las mentiras de las élites capitalistas y sus medios de comunicación de que ómicron es ‘leve’. De hecho, el número de muertes asociadas al COVID-19 en 2022 será probablemente similar al de 2020, lo que significa que el virus volverá a estar probablemente entre los tres principales asesinos del mundo.

Con la pandemia entrando en su cuarto año, la imprudente apertura de China a la infección masiva está exponiendo a una sexta parte de la población mundial al COVID-19 por primera vez. Como resultado, la evolución viral puede muy bien engendrar una nueva variante preocupante en los próximos meses, potencialmente más infecciosa, resistente a las vacunas, patógena o cualquier combinación de las tres.

La clase obrera internacional debe asimilar las lecciones políticas de los últimos tres años, en los que las élites gobernantes capitalistas de todo el mundo han permitido que un nuevo virus arrasara la sociedad y se convirtiera rápidamente en una de las principales causas de muerte en todo el mundo. Este sistema social es irracional y obsoleto, y debe ser sustituido por una sociedad socialista mundial planificada, en la que se garanticen las necesidades sociales de la humanidad y se permita el florecimiento de la salud pública.

(Timado de WSWS)

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