EE.UU. no pudo encontrar evidencia de que el COVID «salió de un laboratorio»

por Andre Damon

El 25 de mayo, el presidente estadounidense Joe Biden respaldó públicamente la teoría de la conspiración de que el COVID-19 pudo haber sido liberado desde el Instituto de Virología de Wuhan, en China, y ordenó a las agencias de inteligencia estadounidenses que elaboraran un informe en un plazo de 90 días sobre los orígenes potencialmente humanos de la enfermedad.

Tres meses después, las agencias de inteligencia estadounidenses no han presentado ni una sola prueba que corrobore las afirmaciones de la Administración de Trump, la Administración de Biden y todos los principales medios de comunicación estadounidenses de que una filtración de un laboratorio es un escenario “factible”.

Este fue el resultado de lo que fue, según los medios de comunicación, un “gigantesco” esfuerzo de Estados Unidos. El 5 de agosto, CNN informó que Estados Unidos estaba examinando “un gigantesco catálogo de información [que] contiene planos genéticos extraídos de muestras de virus estudiados en el laboratorio de Wuhan, China”.

Para procesar la enorme cantidad de datos en sus manos, las agencias de inteligencia estadounidenses estaban “dependiendo en los superordenadores de los Laboratorios Nacionales del Departamento de Energía, una colección de 17 instituciones de investigación gubernamentales de élite”.

En su reportaje, CNN sugirió directamente que Estados Unidos había llevado a cabo un ciberataque contra instituciones médicas y científicas, escribiendo que “las máquinas que participan en la creación y el procesamiento de este tipo de datos genéticos de los virus suelen estar conectadas a servidores externos basados en la nube, lo que deja abierta la posibilidad de que hayan sido hackeadas”.

Y después de todo esto, ¿cuáles son las conclusiones? El informe, en palabras del New York Times, se caracteriza por una “falta de conclusiones”. No arrojó, en palabras del Wall Street Journal, “ni una sola conclusión definitiva”. Ambos periódicos afirman que transmiten las declaraciones de “altos funcionarios”.

El Times y el Journal afirman que las agencias de inteligencia no pudieron llegar a una conclusión debido a “la negativa de China a seguir cooperando con las investigaciones internacionales” y a la negativa de China a “dar acceso a ciertos conjuntos de datos”.

Sin embargo, ninguno de los dos informes mencionó el reportaje de la CNN sobre el acceso de EE.UU. a un “gigantesco” catálogo de datos secretos, y por qué, si EE.UU. tuvo acceso a los datos “ocultados” por China, no se encontró nada.

Las razones por las que las agencias de inteligencia de EE.UU. no encontraron nada son simples: no hay pruebas, secretas o no, de que el Instituto de Virología de Wuhan (IVW) tenga algo que ver con los orígenes del COVID-19.

Más de medio año después de que el Departamento de Estado de Trump publicara una hoja informativa en la que se afirmaba que algunos investigadores del WIV mostraban síntomas, antes del estallido de la pandemia, “consistentes con… enfermedades estacionales comunes”, no ha habido ni una sola prueba –ni pública ni insinuada— que corrobore la “teoría” de la filtración del laboratorio.

En marzo, el equipo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que investigaba los orígenes del COVID-19 dijo en su informe que había considerado seriamente la hipótesis de la fuga de un laboratorio, pero la declaró “extremadamente improbable” basándose en la ausencia de pruebas. El informe expresaba su voluntad de hacer un seguimiento de “las nuevas pruebas aportadas en torno a las posibles fugas de laboratorio”, pero desde entonces no se ha aportado ninguna.

Los miembros del equipo “no encontraron pistas que pudieran seguir”, y eso sigue siendo así hasta el día de hoy, escribieron en un artículo publicado en Nature el miércoles, al mismo tiempo que el informe de las agencias de inteligencia.

Los científicos advirtieron que los esfuerzos de Estados Unidos para culpar a China de la pandemia estaban socavando gravemente la lucha por determinar los verdaderos orígenes de la enfermedad. Escribían: “La búsqueda de los orígenes del SARS-CoV-2 se encuentra en un momento crítico. Tanto el equipo internacional de la OMS como el equipo chino están dispuestos a avanzar”.

Pero a medida que pasa el tiempo, “los anticuerpos contra el SARS-CoV-2 disminuyen”, mientras que las granjas que proporcionan animales salvajes al público “están ahora cerradas y los animales han sido sacrificados, lo que hace que cualquier evidencia de propagación temprana del coronavirus sea cada vez más difícil de encontrar”.

“Nos estaba preocupando un poco el hecho de que realmente no hay prácticamente ningún debate sobre el grueso de las recomendaciones que no están relacionadas con la hipótesis del laboratorio, y por supuesto hay mucha discusión sobre el cuento del laboratorio, particularmente proveniente de los Estados Unidos”, dijo Marion Koopmans, viróloga holandesa y miembro de la delegación de la OMS, al New York Times .

“Nuestra preocupación es que, debido a ese énfasis, el resto no reciba más atención”.

Ante la incapacidad de Estados Unidos de aportar cualquier prueba que respalde su incendiaria teoría conspirativa, los medios de comunicación estadounidenses han procedido a acusar a China de promover incendiarias teorías conspirativas propias. Las afirmaciones de personajes de China de que una “filtración de laboratorio” por parte del ejército estadounidense es responsable de la pandemia no tienen ningún mérito. Sin embargo, todas las acusaciones de los medios de comunicación estadounidenses ahora contra China aplican con mayor validez a los medios de comunicación estadounidenses.

En un reportaje colocado muy por encima del artículo que informaba del fracaso de las agencias de inteligencia para encontrar pruebas del origen del laboratorio, el New York Times escribió ayer:

Cuando empezó a circular en China una teoría conspirativa que sugería que el coronavirus se escapó de un laboratorio militar estadounidense, se mantuvo en gran medida al margen. Ahora, el Partido Comunista gobernante ha impulsado la idea firmemente en los canales principales…

Beijing está promoviendo teorías infundadas según las cuales Estados Unidos podría ser la verdadera fuente del coronavirus, mientras se resiste a los esfuerzos para investigar los orígenes de la pandemia en China. La campaña de desinformación comenzó el año pasado, pero Beijing ha subido el volumen en las últimas semanas, reflejando su ansiedad por ser culpado por la pandemia que ha matado a millones de personas en todo el mundo.

Estas líneas podrían corregirse de la siguiente manera:

Cuando empezó a circular en Estados Unidos una teoría conspirativa que sugería que el coronavirus se espacó de un laboratorio militar chino, se mantuvo en gran medida al margen. Ahora, el Partido Demócrata gobernante ha impulsado la idea firmemente en los canales principales…

Washington está promoviendo teorías infundadas según las cuales el Instituto de Virología de Wuhan podría ser la verdadera fuente del coronavirus, mientras se resiste a los esfuerzos para investigar los orígenes de la pandemia… La campaña de desinformación comenzó el año pasado, pero Washington ha subido el volumen en las últimas semanas, reflejando su ansiedad por ser culpado de la pandemia que ha matado a millones de personas en todo el mundo.

La teoría conspirativa del “Laboratorio de Wuhan”, que se originó en los círculos fascistas de expatriados chinos en torno a Steve Bannon y el periódico de extrema derecha Epoch Times, ha sido promovida por la Casa Blanca de Biden, el New York Times y el Washington Post porque sirve a una necesidad apremiante del capitalismo estadounidense.

Casi 650.000 personas han muerto en Estados Unidos a causa del COVID-19, y millones más se han enfermado gravemente o han perdido a un ser querido. En la medida en que los trabajadores exijan el fin de la pandemia mediante la erradicación del COVID-19, se pedirá que las figuras políticas culpables de sacrificar vidas humanas en nombre del lucro privado rindan cuentas. Los trabajadores deben sacar, y sacarán, la conclusión de que la responsabilidad de este desastre no recae en China, sino en el capitalismo estadounidense.

(Tomado de WSWS)

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