Brasil: una montaña rusa económica y política

por Michael Roberts

Las últimas encuestas situaron al líder del Partido de los Trabajadores, Lula de Silva, por delante de Jair Bolsonaro, presidente de derecha en ejercicio en la ronda final de las elecciones presidenciales en Brasil. Si Lula gana, será un regreso dramático del expresidente después de haber sido encarcelado por presunta corrupción bajo el anterior régimen de derecha de Temer; y posteriormente liberado y autorizado a concurrir de nuevo como candidato presidencial. La victoria de Lula significará que el Partido de los Trabajadores ha recuperado la presidencia después de perderla cuando la última dirigente del PT Dilma Rousseff, fue destituida por un Congreso de derecha en un «golpe suave» en 2016.

La victoria del «Trump Tropical» Bolsonaro en 2018 tuvo lugar debido ante todo a la desilusión de sectores de la clase trabajadora con el Partido de los Trabajadores y el éxito de la campaña de los medios de comunicación que afirmaba que el PT era corrupto. Después del colapso de los precios de productos básicos como materias primas y la agricultura en 2014, la economía entró en recesión. La culpa de ello y de la la corrupción recayeron en el Partido de los Trabajadores. Pero la experiencia de la crisis del COVID con Bolsonaro, en la que más de 750.000 brasileños murieron, ha sido tan abrasadora que, aparte de su base entre cristianos evangélicos y empresarios mezquinos, parece que suficientes brasileños se han alejado de él y que regresará Lula, a pesar de su historial pasado, con la esperanza de algo mejor.

Quienquiera que gane, ¿qué pasará con la economía de Brasil? La economía se ha estado recuperando lentamente de la crisis del COVID, apoyándose en el aumento de los precios de los productos básicos durante el último año. Pero la historia económico a largo plazo de Brasil, especialmente desde la Gran Recesión, es una desaceleración del crecimiento del PIB y la productividad, el aumento de la deuda privada y pública y, sobre todo, de aumento de la desigualdad extrema en la riqueza y los ingresos.

La montaña rusa económica de la última década se refleja en el ranking de Brasil entre las economías más grandes del mundo. Entre 2010 y 2014, Brasil ocupó el séptimo lugar. En 2020, cayó al 12º lugar. Y en 2021 cayó al 13º, según Austin Rating. La tasa de crecimiento tendencial ha estado cayendo.

Brasil: tasa de crecimiento del PIB real (anual %)

Y Brasil tiene casi el mayor índice de desigualdad de ingresos del mundo.

El expresidente Lula lo dijo de manera más dramática: «En Brasil, 33 millones de personas no tienen suficiente para comer», escribió en Twitter. «En el pasado nos las arreglamos para sacar a Brasil del mapa mundial del hambre. Pero el hambre ha vuelto».

¿Puede Lula volver a cambiar esta situación? Si el historial pasado de Lula indica algo, las perspectivas serían mixtas. Hay un excelente análisis del rendimiento económico de las administraciones anteriores del PT del economista marxista brasileño Adalmir Marquetti y sus colegas. Así es como resumen el impacto de las administraciones anteriores de PT: «Los gobiernos del PT combinaron elementos de desarrollismo y neoliberalismo en un modelo contradictorio, organizando una gran coalición política de trabajadores y capitalistas que permitió expandir el salario real y reducir la pobreza y la desigualdad, manteniendo al mismo tiempo las ganancias de los capitales productivos y financieros. La disminución de la rentabilidad después de la crisis de 2008 rompió la coalición de clases construida durante la administración de Lula. El gobierno de Dilma Rousseff adoptó una serie de estímulos fiscales para la acumulación de capital privado con un escaso crecimiento económico. Después de su reelección, el gobierno implementó un programa de austeridad que resultó en tasas de crecimiento negativas. Con la profundización de la crisis económica y sin apoyo político, Rousseff fue retirada del poder».

Marquetti et al argumentan que la disminución de la rentabilidad después de la crisis de 2008 jugó un papel clave en la ruptura de la coalición política organizada bajo el liderazgo de Lula, abriendo las posibilidades del golpe suave de 2016. Eso se debe a que las tasas de inversión y crecimiento del PIB estuvieron fuertemente asociadas con la tasa de ganancias en Brasil entre 2000 y 2016.

Entre 2003 y 2007, la tasa de ganancias aumentó a pesar de la disminución de la participación de las ganancias debido a un aumento de la utilización de la capacidad y de la productividad potencial del capital. Entre 2007 y 2015, la tasa de ganancias disminuyó debido a un aumento de la participación de los salarios y a una caída en la productividad potencial del capital. En 2010, el último año del gobierno Lula, la tasa de ganancias seguía siendo más alta que a principios de la década del 2000. Sin embargo, la tendencia a largo plazo de la tasa de ganancias comenzó a disminuir después de 2010, al terminar el auge de los precios de los productos básicos a nivel mundial. «La disminución simultánea de la tasa de ganancias y de la rentabilidad financiera fue el comienzo del fin de la coalición de clases construida por el gobierno Lula».

El gobierno Rousseff recurrió a las políticas neoliberales para intentar superar la disminución del crecimiento asociado con la caída de las tasas de ganancias del capital brasileño. Rousseff buscó un acercamiento a los sectores de la burguesía, contrariamente a su promesa durante la campaña electoral. Las primeras medidas fiscales, anunciadas en enero de 2015, restringieron el acceso de los trabajadores al seguro de desempleo y cambiaron las normativas de algunos beneficios de la seguridad social. Hubo una reducción del gasto fiscal; la inversión del gobierno federal disminuyó un 32 por ciento en 2015.

El gobierno capituló ante la opresión de las grandes empresas brasileñas, expresada en su boletín de julio de 2016 (Instituto de Investigación para el Desarrollo Industrial, un grupo de expertos vinculado a la gran industria brasileña, «Sin ganancias, sin inversiones» (IEDI, 2016). La política económica neoliberal adoptada aumentó el desempleo y redujo el salario real. Pero esta capitulación no salvó a Rousseff de su juicio político por el Congreso y la formación de un gobierno de derecha.

Este es el peligro que se avecina para una nueva administración de Lula. No tendrá mayoría en el Congreso y se enfrentará a una feroz campaña mediática. Y parece que Bolsonaro ha consolidado una coalición de derechas basada en capas pequeño-burguesas religiosas y enloquecidas, y una clase media alta antagónica, particularmente en las grandes ciudades del sur; mientras Lula confia en una clase obrera algo desilusionada.

La recuperación económica del año pasado también ha reforzado el apoyo a la coalición Bolsonaro, ya que el desempleo oficial ha caído a su nivel más bajo en casi siete años (aunque todavía está por encima de los niveles anteriores a la Gran Recesión de 2008-9).

Tasa de desempleo oficial (%)

La inflación también está cayendo, pero sigue muy por encima de los niveles previos a la pandemia.

inflación del IPC % yoy

La economía brasileña se expandió un 3,2 % interanual en el segundo trimestre de 2022, recuperándose de la predicción de 1,7 %  tres meses antes y superando las previsiones del mercado de un aumento del 2,8 %. Pero es poco probable que esta modesta recuperación dure hasta 2023 a medida que la economía mundial se dirige a una nueva recesión de la que Brasil no puede escapar.

A menudo se informa que el sector público de Brasil tiene la mayor deuda con el PIB entre todas las economías emergentes. Pero lo que es más importante, la deuda del sector privado (en porcentaje del PIB) está ahora en un máximo histórico.

Deuda del sector privado con respecto al PIB (%)

Con el aumento rápido de las tasas de interés globales, esto está destinado a pesar mucho sobre las empresas brasileñas y su capacidad para expandir la inversión de manera rentable.

El FMI prevé un crecimiento del PIB real de solo el 1 % para Brasil el próximo año. Al mismo tiempo, más de la mitad de la población de Brasil se mantiene por debajo de un ingreso mensual per capita de 560 reales. Para reducir este nivel de pobreza a menos del 25 % se requeriría un crecimiento de la productividad cuatro veces más rápida que la tasa actual. Y no hay perspectivas de eso bajo el capitalismo en Brasil.

Eso se debe a que la rentabilidad del capital brasileño es baja y sigue siendo baja. La rentabilidad del sector capitalista dominante de Brasil ha estado en un declive secular, imponiendo una continua presión a la baja sobre la inversión y el crecimiento, por citar otra vez el informe de la asociación industrial brasileña: «sin ganancias, sin inversión».

Fuente: Penn World Tables, autor

Como han demostrado Marquetti et al, la rentabilidad del sector capitalista de Brasil es clave para el crecimiento de la inversión y la producción. El capitalismo brasileño quedará atrapado en un futuro de bajo crecimiento y baja inversión con una continua parálisis política y económica. Y eso incluso sin una nueva recesión global que nuble el horizonte.

(Tomado de The Next Recession)

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