Aprendamos de Recabarren

por Miguel Silva

Aunque los trabajadores hoy están pasando por un largo período de desorganización, tienen una larga y rica historia de organización y lucha. Historia que comienza hace más de un siglo y medio en los centros de los artesanos urbanos, para muy luego integrar su primera huelga general, las Mancomunales, la obra de Recabarren en las ciudades y campos salitreros del norte, la experiencia del Frente Popular, los mil días de la UP y el largo período de recuperación de la represión del golpe militar, después del plebiscito de 1989.

Vamos a conversar sobre esta historia para entenderla desde nuestra óptica. Claro que no queremos hablar de cada detalle de la historia, sino usar algunos episodios para aclarar nuestras ideas sobre la “auto-emancipación” de la clase trabajadora y el socialismo. Es decir, hablaremos de algunos episodios de la lucha con el propósito de mejor saber cómo luchar en el futuro.

¡A lo obra! Y comencemos con una mirada a la época de Luis Emilio Recabarren. Vale la pena repetir que no queremos hablar de cada detalle de su vida y obra, sino sobre esos detalles que nos pueden ayudar a construir hoy.

Los Primeros Pasos

Muchas veces se imagina que es sobre los movimientos sociales que se construyen organizaciones de partidos, pero no es siempre así. A veces, los partidos crecen más rápido, a una velocidad distinta o en una dirección distinta que los movimientos base. Un ejemplo fue el Partido Demócrata (PD).

El PD había irrumpido abruptamente hacia fines del siglo antepasado, logrando ganar, gracias al empuje de sus jóvenes militantes, la simpatía de importantes segmentos del mundo popular. Durante sus primeros años de vida este partido centraba su trabajo en las organizaciones sociales populares, especialmente las mutualistas, en la edición de periódicos, la agitación, la propaganda y el impulso a movilizaciones masivas para representar ante las autoridades las más sentidas demandas de los sectores populares. Esta línea de trabajo respondía, sin duda, a los ejes principales de su programa, que apuntaban a “la emancipación social, política y económica” del pueblo de Chile.

Pero el “extra-parlamentarismo” demócrata de esos primeros años fue solo una imposición de las circunstancias, no una opción voluntaria, porque sus dirigentes pensaban que con el correr del tiempo, el desarrollo de la influencia del partido en el seno del pueblo le daría la fuerza suficiente para alcanzar una adecuada representación en el Parlamento y las municipalidades y así ganar las reformas sociales y el advenimiento efectivo de un sistema político plenamente democrático.

El régimen parlamentario que se instauró en Chile luego del término de la guerra civil de 1891 brindó al PD la posibilidad de conquistar mayor influencia social y un espacio en sus proyectos de reforma social. Pero ello implicaba el pleno ingreso a un juego político que distaba de la colectividad demócrata. La integración del PD a la Alianza Liberal parlamentaria en 1896 dio comienzo a los pactos, alianzas y compromisos con las fuerzas políticas oligárquicas y burguesas, que cambiaron la línea de acción del partido, provocando descontento entre muchos militantes y seguidores.

Como consecuencia, desde 1902, el PD se dividió en dos fracciones: los reglamentarios y los doctrinarios, división basada en la composición de clase de cada fracción y las relaciones entre el partido y los varios grupos parlamentarios liberales, radicales, balmacedistas y conservadores. Recabarren, que trabajaba como tipógrafo, era militante del sector doctrinario del PD y pasó largos años viviendo las divisiones, reencuentros y otra vez divisiones dentro de su partido.

Las Mancomunales

Mientras tanto, a fines del siglo los conflictos laborales irrumpieron violentamente y el gobierno respondió con la represión. “Tal realidad ayudó a encauzar, por muchos años, al movimiento obrero por la vía de la oposición al sistema político, social y económico”. Según El Mercurio de la época, el problema tenía sus raíces en “la falta de cumplimiento de los deberes sociales, y sus manifestaciones más claras y comunes son la irreligiosidad, el egoísmo y las ambiciones desmedidas de los ricos y de los pobres”.

Luego, a principios del nuevo siglo veinte, nacieron nuevas organizaciones con el propósito de mejorar la organización de los gremios en su territorio: las Mancomunales.
Los mancomunados eran trabajadores de los puertos y de la pampa nortina al principio. En buena parte eran obreros chilenos provenientes del sur, pero con un porcentaje menor de peruanos y bolivianos. Varones en su mayoría, pero también integraban mujeres, trabajadores de los gremios marítimos, mineros, artesanos, costureras, lavanderas.

En la pampa, los poblados donde vivían los trabajadores y sus familias consistían en unas largas filas de casitas de, con suerte, dos o tres piezas. Se entregaban las casas gratuitamente para el uso del obrero mientras durara su trabajo en la oficina. Digo “gratuitamente”, porque el arriendo se restaba de las utilidades que el trabajador reportaba al industrial.
El problema de la salud también era bastante grande porque en los puertos como en la pampa, la falta de higiene, de servicios de alcantarillado y de medicina preventiva, permitía y daba origen a toda suerte de enfermedades y pestes. Es más, la falta de legislación del trabajo hacía de las condiciones de la faena algo en extremo peligroso. En los puertos el problema de accidentes fue de más fácil solución debido a la existencia de hospitales y personal médico, pero en la pampa no había instalaciones de hospitales y el obrero tenía la obligación de entregar un peso mensual para el médico. No sobra mencionar que parte importante de los obreros veían debilitada su salud por la cantidad de alcohol que tomaban.
Y no había escuelas en las oficinas salitreras.

Los Estatutos de las Mancomunales nacen en el programa y reglamento de la Mancomunal de Antofagasta, publicado en 1903. El objetivo de su “combinación” era unir a los gremios de la clase trabajadora. Un gremio era un grupo de gente que ejercía una misma profesión o trabajo; distintos grupos de un mínimo de 15 personas formarían un gremio, pagarían sus cuotas al gremio, se reunirían en juntas extraordinarias cada tres meses y escogerían cada año tres representantes al Congreso de la Mancomunal. Ese congreso se reuniría tres veces al año cuando se elegiría su Consejo Directivo y Cuerpo de Tesorería.

Recabarren trabajó mucho con el dirigente Gregorio Trincado de la Mancomunal de Tocopilla en la preparación del segundo congreso de las sociedades obreras de socorros mutuos en 1903. Cuando terminó, fue invitado a organizar el diario de la Mancomunal. El Congreso terminó en la primera semana de septiembre y se fue a Tocopilla el veintidós del mismo mes. La primera edición de «El Trabajo» salió a la calle el 18 de octubre, un mes después.

Por otro lado, Recabarren encontró que un trabajo de “limpieza social” en los municipios era muy útil:

«La actual administración (de la municipalidad) lleva un año trabajando y Tocopilla está completamente transformada, de un basural que era en poder de los correligionarios del muy amado don Víctor, en un pequeño Edén, que promete mejorar mucho más en los años que le restan a la actual mayoría. Ahora tenemos: ¡veredas, ornato, aseo, carritos urbanos, servicio de higiene, comestibles bien atendidos para la salud pública, las calles arregladas en su mayor parte, etc….!»

Muy luego empezó a trabajar en la directiva de la Mancomunal y organizó un centro social en la pampa salitrera. Los patrones obstaculizaron la construcción, entonces un grupo de la Mancomunal subió a la pampa con materiales y junto a 200 trabajadores del salitre, construyeron su centro. La celebración por la colocación de los tijerales atrajo a tres o cuatro mil trabajadores. En ese centro, esperaban construir la libertad. Tenía un almacén, un servicio médico, una escuela y una imprenta.

Recabarren en su prensa describió la Mancomunal de Tocopilla así…

“Ahora paso a exponer los FINES DE LA SOCIEDAD MANCOMUNAL DE OBREROS».

Dada la angustiosa situación del trabajador, se echaron las bases de esta asociación que encontró amplia aceptación entre la mayoría de los hombres de trabajo. Y no podía ser de otra manera desde el momento en que la Sociedad otorga al socio los siguientes beneficios:

– Dos pesos diarios en toda enfermedad, ya sea natural o heridos por accidentes del trabajo, cosa que sucede muy a menudo y los primeros auxilios de médico y botica.
– Cuota mortuoria y sepultación decente.
– Traslado de los enfermos con enfermeros por cuenta de la Sociedad a donde lo solicite el enfermo.

– La Sociedad cuenta con un espacioso edificio, donde tiene excelente y bien ventilada sala con tres camas, para heridos, convalecientes o enfermos de poca gravedad.
– A los socios que sean damnificados por incendio, naufragio, derrumbe u otra circunstancia, se le protege con una cuota de 50 centavos para cada socio activo.
– Los socios activos no bajan de mil.
– Sucede, aquí, especialmente entre los mineros, que los patrones no les pagan sus sueldos a los operarios. La Sociedad toma por su cuenta la demanda y corre con todos los gastos judiciales hasta obtener el pago del salario. Con esta medida no habrá ningún patrón que trampee a sus operarios.
– Además, la Sociedad cuenta con un taller de imprenta que vale más de tres mil pesos donde tiene una escuela de tipografía y un centro de publicaciones. También tiene una escuela elemental para adultos y niños que trabajan.

… es que hace más de un año que no se presenta a los patrones un solo reclamo, ni ha habido una sola huelga, ni se ha pensado ni se piensa en ello. Buscamos hoy el mejoramiento económico en el establecimiento de cooperativas por acciones y todos los empeños están hoy dedicados a su pronta implementación porque creemos que esta fórmula nos va a dar mayores garantías que la misma huelga, por muy bien dirigida y organizada que sea».

Vale la pena medir el peso de esta última frase. En condiciones en que las huelgas eran más bien explosiones de ira y a menudo terminaron con violencia, ¿sería mejor construir una organización permanente, bien ordenada?

En ese sentido, la Mancomunal ayudaba a mejor organizar los gremios.
Por ejemplo, en una unión gremio-Combinación Mancomunal en Iquique, viernes 12 de febrero 1904:
“Anoche se reunió en masa el Gremio de Cargadores de la Combinación Mancomunal de Obreros para tratar de su mala situación económica y ver la manera de remediarla:
Asistieron el Presidente General, señor Díaz; Vice-presidente señor Muñoz…
Gremio de cargadores: Presidente, Vice-presidente, vocal, Tesorero, Secretario y 350 miembros de la sala.

Al final del acto, el Presidente General interpretando los sentimientos del Gremio dijo: “que por el espíritu de la presentación y las diversas indicaciones hechas durante el curso de la asamblea, que encontraron acogida unánimemente en la junta, podía apreciar que el Gremio de Cargadores se considera muy mal colocado en sus relaciones con los industriales a lo que respecta a su trabajo que, en consecuencia, quiere que se estudie su situación en un sentido que procure más equidad para el Gremio porque el trabajo es duro y mal pagado y no sujeto a ninguna medida que significa garantía para el trabajador…”

Con esos propósitos, las mancomunales pretendían implementar una Caja de Ahorros, difundir entre los obreros los hábitos de sana moral y laboriosidad, la ilustración del trabajador y la atención a sus problemas y derechos. Era necesario entonces, la existencia de un local, un medio de difusión, una organización respetable y respetada. La Mancomunal tendría una Dirección General de donde emanan los acuerdos, sancionados por el Congreso Obrero, órgano deliberativo, que representa cada gremio a través de un miembro de cada ramo. Todos los socios se reunían el primer domingo de cada mes y en otras sesiones extraordinarias.

Según el diario El Trabajo de Tocopilla, “Los trabajadores aspiramos a unirnos para que siendo muchos tengamos fuerzas morales para regenerarnos y perfeccionar nuestras costumbres bajo la más delicada cultura y civilización”.

Con el paso de los años, las organizaciones hacían más énfasis sobre derechos frente al patrón y menos al apoyo mutuo, pero desde el principio, se metían en “la política” en todos los sentidos; eran dirigentes mancomunales los que encabezaban el Partido Democrático localmente.

“El Trabajo” de Tocopilla, por ejemplo, discutía que si “desea disminuir los rigores de la eterna lucha entre el capital y el trabajo…en el orden político y administrativo desea el exterminio de las malas autoridades, de las que no representan al pueblo sin fraude, de las que lo vejan, lo denigran y lo maltratan. En el orden religioso desea la libertad absoluta de religiones…en el orden militar desea convertir los soldados de máquinas destructoras de hombres que son, en máquinas productoras de trabajo y los millones que gastan en armamentos, en millones que beneficien a las industrias”.

El crecimiento de las mancomunales trajo la necesidad de coordinación nacional, y también relacionarse con el gobierno. El día 15 de mayo de 1904, por ejemplo, se dio inicio a la Primera Convención Mancomunal en Santiago con 15 de ellas representadas y se le presentó a S.E. Germán Riesco un manifiesto, firmado por diez mil obreros, en que se entregaba una detallada cuenta de la difícil vida del obrero del norte. No sobra decir que Germán Riesco fue la candidatura presidencial apoyada por la mayoría del PD, pero no por su minoría más radical.

Por otro lado, los mancomunados de Iquique formaron su Partido Obrero (o del Trabajo) en 1906 con motivo de las elecciones parlamentarias y municipales del marzo de ese año. Su directorio fue formado por cinco hombres provenientes de diversos sindicatos: lancheros, tipógrafos, fleteros del puerto y trabajadores de la pampa. Su partido pretendía el funcionamiento de una «democracia

obrero-liberal» y formó parte de la Unión Liberal que apoyó al oligarca Pedro Montt como presidente.

Pero las otras organizaciones mancomunadas permanecieron fieles al Partido Demócrata. Las agrupaciones de Tocopilla y Antofagasta mantuvieron estrechos lazos con el PD y en el caso de Taltal y Chañaral, sus inicios se confunden con la organización demócrata en tales localidades. En todo caso, Recabarren y otros militantes demócratas rebeldes decidieron apoyar a un candidatopresidencial distinto al candidato “oficial” del PD, Pedro Montt, y entre ellos organizaron una fracción del PD con el nombre de Partido Demócrata Doctrinario, que contaba con su propio periódico en Santiago, «La Reforma», que comenzó a publicarse el día 23 de junio de1906. Se planteaba la obra de su «fracción limpia» del partido en estos términos:

«…Por lo demás estoy satisfecho. La división del Partido Demócrata significó la expulsión vitalicia del señor Concha y demás elementos incorregibles que han manchado el nombre de la democracia y han contribuido a la ruina del pueblo.
Hoy resurge, así, pura, la democracia, como la luz del sol, y en poco tiempo más probaremos ante el país que somos capaces de destruir la maldad y contribuir a las reformas sociales con el concurso de todos los hombres buenos que aún quedan en este país.»

En todo caso, eran dirigentes mancomunales los que encabezaban el Partido Obrero y el PD en el norte.

Las elecciones de 1906.

El PD obtuvo la mayoría en las elecciones de municipios en marzo de 1906 en Taltal, Tocopilla, Antofagasta y Valparaíso y por lo tanto pudo concentrar esfuerzos en algunas tareas muy importantes como fomentar la educación del pueblo, la fundación de cursos y cines; vender comida y otras necesidades, abaratar la vida y luchar contra la prostitución y el alcohol. En esos años, los municipios tenían una cierta autonomía del gobierno, por ejemplo, tenían el poder de prohibir botillerías y de organizar cooperativas.

Por su parte, Recabarren fue candidato a diputado por Antofagasta en marzo de 1906 y ganó. Esto representó una tremenda victoria contra toda la campaña y presión de los patrones de la zona. Los agentes de los otros candidatos se paseaban por las calles comprando votos incluso remataron votos para derrotar a Recabarren. Pero él ganó la elección por su trabajo como dirigente de las mancomunales en los últimos tres años, por su gira en los meses finales de 1905, la que incluyó Antofagasta y por su apoyo a la huelga de los trabajadores de la línea ferroviaria de Antofagasta.

Llegó Luis Emilio al Congreso y como ateo y muy honesto que era, dijo que, si tenía que jurar, lo haría, pero no creía en Dios, ni en los evangelios. Era representante de los trabajadores de Antofagasta y no le entraba en la cabeza la idea de mentir ni defraudar a nadie. Vale la pena recordar que todos los ácratas (anarquistas) y la mayoría de los democráticos socialistas de la época eran ateos y que la Iglesia casi siempre atacaba al movimiento del trabajador. Finalmente, el Congreso lo echó.

En octubre de ese año de 1906, la Corte de Tacna condenó a Recabarren a 541 días de prisión como término del largo proceso en contra del mancomunal de Tocopilla. Luis Emilio tenía dos

posibilidades: cumplir la sentencia o esconderse. Eligió irse a Argentina cruzando la frontera a los treinta años de edad.

Como conclusión de nuestra discusión sobre las Mancomunales, podemos decir que eran organizaciones que intentaban mejorar el nivel de organización de los gremios y llenar el vacío social que enfrentaban los mancomunados en la salud y la muerte, el trabajo y la cultura. La relación estrecha entre las Mancomunales y el PD trajo sus consecuencias. Por un lado, los mancomunados visualizaban perfectamente la ineptitud del gobierno y demás autoridades, es decir, eran testigos claves de la inoperancia del sistema. Y por el otro, el PD integraba las actividades mancomunadas de sus dirigentes, pero luego era parte del sistema parlamentario. Y además, para los sectores menos politizados, existían otras mutuales que no traían tantos sacrificios como despidos del trabajo, persecuciones etc.

En fin, en las Mancomunales se hacían acuerdos y se mejoraban los niveles de organización, se formaban líderes y cuadros, se unificaba las bases y se desarrollaba la conciencia.

Dejemos en las manos de Recabarren la obra de describir la política de la época, en el lenguaje de la época:

«¿Qué soy yo? Es decir, ¿en qué escuela milito? ¡SOY socialista revolucionario! Eso es lo que indican mis escritos y mi labor. Promesas no hago jamás, propiamente tales.
¿Qué fin u objetivo persiguen todas las escuelas socialistas? digo yo a mi vez y respondo: El fin que dicen persiguen los socialistas demócratas, anarquistas y demás, es, buscando el término más adecuado a todos: «la felicidad proletaria, para llegar a la felicidad universal». ¿Verdad? Bien.
Ese es el fin. Para llegar a ese fin se escogen medios. En términos más claros, para llegar a ese fin, todos los que quieran ir allá toman un carruaje. Unos toman el anarquismo, otros el socialismo, otros el cristianismo, etc.
Pero antes de llegar allá hay una muralla que se llama la burguesía y sus anexos, que estorba el paso a todos los que van. Llegan al pie de la muralla todos los carruajes, la gente se baja y en vez de poner todo el hombro para derribarla de un golpe, nos ponemos a discutir sobre qué medio debemos emplear para pasar al otro lado y llegar al fin; unos opinan por abrirle un portillo, otros por escalarla y aquellos por derribarla y durante la discusión riñen y mientras pierden tiempo en todo eso, la guardia de esa muralla dispara sin compasión sus metrallas sobre los que discuten cómo franquearla.
Disculpe la pintura, pero no soy capaz de otra cosa.
… Soy socialista revolucionario, y entre los medios, es decir las armas que llevo hasta hoy en mi bagaje para hacer la revolución, está el parlamentarismo y de esto yo no tengo la culpa porque así está formado en mi conciencia, por esta razón milito en el Partido Demócrata, con honor, hasta hoy en él. ¿Qué derecho tienen para tratarme o tratar de charlatán o arlequín, al que está convencido de que esta arma aún es útil? Responda».

Sobre el sentido de las palabras “socialista revolucionario”, vamos a discutir a lo largo de estas páginas.

Los movimientos en crisis.

Mientras Recabarren estaba de viaje en Argentina, varios sectores de la clase trabajadora lograron mejorar sus organizaciones. Mientras diez mil trabajadores marcharon el Primero de mayo de 1906 en Santiago y se cerraron mil industrias, treinta mil llegaron a la marcha el próximo año de 1907. Se fundó la Federación de Trabajadores de Chile (FTCH), la que en mayo de 1907 ya tenía afiliadas 27 sociedades de trabajadores en Santiago.

Los trabajadores de la maestranza de Ferrocarriles del Estado llamaron a la huelga en junio de ese año en apoyo de su pliego. Se paralizó todo el sistema ferroviario y se formó un Comité de Huelga con representantes de todas las sociedades obreras importantes de Santiago. El día 5 de junio, la FTCH y la Mancomunal de Santiago llamaron a una huelga de solidaridad y pararon quince mil trabajadores. El gobierno amenazó con usar las tropas para movilizar los trenes, el comité de huelga comenzó a negociar en secreto con el gobierno a pesar del hecho que sus dirigentes eran del PD. Incluso, estaba involucrado Bonifacio Veas, quien era un dirigente bastante conocido del PD Doctrinario y que había organizado, con Recabarren, el mitin el día Primero de Mayo en Santiago el año anterior y que fue el orador invitado a la reunión del Primero de Mayo en Valparaíso en ese año de 1907.

El comité de huelga aceptó un arreglo, y cerró el local donde se reunió con llave después de terminar sus conversaciones con el Presidente Montt, aunque la huelga de solidaridad todavía crecía y ganaba el apoyo de más trabajadores cada día. La mitad de los trabajadores de la maestranza volvió a trabajar el día 10 de junio.

¿Por qué el comité negoció en secreto y terminó la huelga?

Una explicación posible está en que la mayoría del PD había apoyado a Pedro Montt como presidente en las elecciones de 1906 y el comité de huelga sentía que debía negociar con él el futuro de la huelga. O sea, que el Partido perdió su independencia y provocó un fracaso. «La Reforma», el diario de los Doctrinarios, describió el arreglo como traición, pero rápidamente guardó silencio. El fracaso de la huelga puso fin al crecimiento del movimiento de 1906-07 en Santiago; medio año después, ya no existía la FTCH en Santiago y luego la masacre de Santa María en Iquique marcó por un tiempo la destrucción del movimiento nacional.

En esa “huelga grande” tarapaqueña la agrupación de Iquique del PD jugó un papel destacado, tanto en la agitación previa como durante el movimiento, poniendo a disposición de los trabajadores su periódico “El Pueblo Obrero”. Esta actitud –que contrastó con la posición vacilante y ambigua de la Sociedad Mancomunal de Obreros– redundaría poco después de la masacre en un significativo crecimiento de la militancia e influencia demócratas en Tarapacá. Ante el ocaso de la Mancomunal, el PD se alzó como el principal referente político del movimiento obrero, logrando en las elecciones de marzo de 1909 que su candidato, el tipógrafo Pedro Segundo Araya, obtuviera la primera mayoría provincial y fuera el primer diputado obrero tarapaqueño.

Poco a poco, la antigua división dentro del PD entre reglamentarios y doctrinarios, perdía importancia, ya que el surgimiento y fortalecimiento de la corriente socialista iría produciendo una nueva fractura, cuyo corolario sería la fundación del Partido Obrero Socialista en 1912.

Mientras tanto, el impacto de su encuentro con las ideas del socialismo en Argentina fue muy fuerte para Recabarren y le provocó un “repensamiento” de sus ideas. A fines de 1907, por ejemplo, escribió la serie de artículos «Democracia-Socialismo»:

«Hasta hace poco tiempo he creído que la Democracia y el Socialismo eran más o menos una misma idea, una misma cosa, o que ambas se complementaban, que no tenían otra diferencia que el nombre. Sin embargo, el estudio y mi presencia desde hace algunos meses en las filas de los socialistas de esta nación, el ambiente nuevo que respiro me llevan hacia otro más eficaz y más completo que el de la Democracia, y me hacen comprender más exactamente la diferencia que entre ambos ideales existe.

He estudiado de nuevo ambos programas: el demócrata y el socialista, ¡Y cuán enorme es la diferencia!
El programa demócrata aparece pálido, insignificante, probando con sus expresiones la poca capacidad moral e intelectual de los obreros de Chile. Sólo contiene un programa de reformas por realizar sobre las instituciones existentes, ampliándolas, suavizándolas, democratizándolas, pero dejándolas siempre lo que son: instituciones coercitivas de la libertad dominadas por la burguesía.

La democracia proclama reformar instituciones, democratizándolas.
El socialismo proclama la desaparición de las instituciones inútiles y el reemplazo de algunas por otras completamente distintas, socializándolas.
Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Socialismo es la socialización común de la propiedad de la tierra y de los medios de la producción».

¡Es como poder escuchar la “reorganización” de sus ideas dentro de su cabeza!
En marzo de 1908, se embarcó rumbo de Argentina a España y luego a Francia y otros países de Europa.

Recabarren en Europa.

En España existía un poderoso movimiento encabezado por Pablo Iglesias, un tipógrafo como Recabarren, que había fundado el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en 1879. Los años fuera de Chile introdujeron a Recabarren al mundo de la Segunda Internacional, organización creada por los socialistas alemanes.

De seguro que conoció los debates entre las distintas corrientes de la Segunda Internacional que logró organizar millones de trabajadores. Su partido más importante, el de Alemania, controlaba cientos de periódicos, sindicatos, organizaciones sociales y clubes y ganó los votos de millones de personas. Creció en una época de estabilidad y auge del capitalismo internacional, estabilidad que provocó la formación de corrientes con diversas y contradictorias ideas en su seno: unos socialistas plantearon que la revolución ya no era necesaria, otros que el capitalismo mismo se convertiría en socialismo y otros que seguían en las huellas de Marx, postularon la organización de un partido para la emancipación del trabajador.

Un examen del proyecto de programa del POS, partido que fundará en 1912, publicado por Recabarren en “El Pueblo Obrero” en octubre de 1907 y en “El Socialista” de Santiago en agosto de 1909, muestra que este texto reproduce íntegramente el programa del Partido Socialista Obrero Español redactado por Pablo Iglesias en abril de 1880 y publicado en enero de 1886 en el primer número de “El Socialista”, de Madrid. Es decir, la “ideología” que aprendía en sus años de viaje en Europa, era de la Segunda Internacional.

Recabarren se encontró con varios de este grupo de dirigentes socialistas europeos durante su viaje. En mayo de 1908, pasó por París y el día viernes 29 de ese mes, se encuentra en el Salón de Familles, 40 Avenue de Saint-Mandé, para participar en un almuerzo organizado por el periódico L’Humanité. Están presentes Jenny Marx (hija de Carlitos Marx) , Paul Lafargue, Jean Jaurés y Emile Vandervelde.

En fin, hemos visto que Recabarren había avanzado de “demócrata” a “socialista” y entendía que el socialismo significaba la socialización de los medios de producción y la democracia solamente el derecho a voto para toda la gente. Por otro lado, aceptaba la “vía parlamentaria” hacia el nuevo país, pero comenzó a pensar la forma en que el trabajador podría reconstruir esa nueva vida en la práctica.

Aprendió que, en Bruselas, “La Casa del Pueblo tiene también establecida carnicerías, carbonería, una tienda de confecciones con toda clase de artículos de vestir para la familia, un despacho de cerveza, vinos y cigarros. Tiene también establecido un magnífico servicio farmacéutico, para sus asociados y para el público……La sección de servicio médico y botica se desarrolla extraordinariamente, extendiéndose a diversas poblaciones… Hay cooperativas agrícolas en las que compran 20 y 30 comunas enteras de campesinos. Las carretas repartidoras de artículos que cruzan ciudades y pueblos llevan en grandes carteles las frases «Casa del Pueblo», «Cooperativa Obrera» cuando acarrean por todas partes los artículos de consumo”

Recabarren volvió a Chile y estuvo encarcelado entre los meses de noviembre 1908 y agosto de 1909 por haber apoyado huelgas conflictivas, tiempo para pensar en lo que había escuchado y en las organizaciones que había visto.

Mientras, los trabajadores volvieron a sus organizaciones tradicionales, o sea, a las Sociedades de Socorro Mutuo y también a las “sociedades de resistencia” que servían para organizar huelgas. La economía creció rápidamente entre los años 1909-13, y se recuperó, paso a paso, la confianza y la organización. En 1909, los mutualistas eran 65 mil y 91 mil en 1912-13.

Nace la FOCH.

En ese año de 1909, los trabajadores de la maestranza de vías de Ferrocarriles del Estado llamaron a la huelga porque la empresa había impuesto una reducción de diez por ciento a sus sueldos, con el compromiso de devolver el dinero después, cosa que no hizo. Los trabajadores contrataron un abogado conservador, Pablo Marín Pinuer para seguir su caso en la Corte. ¡Después de todo, la reducción de sus salarios era ilegal!

Se formó la Gran Federación Obrera de Chile (GFOCH) sobre la base de este conflicto.

De los estatutos de la FOCH de 1909:

«1. Intervenir amistosamente en los desacuerdos que se produzcan entre los obreros y patrones, siempre que éste sea suficiente para subvenir a las necesidades del hogar obrero.

2. Como demostración práctica de que la institución desea evitar los conflictos que se produzcan entre obreros y patrones declaran que aceptan el arbitraje como medio de conciliación y se esforzará por obtener de las autoridades de la nación la constitución de tribunales arbitrales en que estén representados los intereses obreros para dirimir los conflictos que se produzcan entre el capital y el trabajo, siempre que estén representados por iguales partes y una parte neutral que falle las discusiones.

3. Crear un organismo que se nominará «Oficina de Trabajo» y cuya labor será la de facilitar la contratación de trabajo del elemento obrero, con sede en Santiago y ramificaciones en todos los consejos federales y bajo la autoridad inmediata con reglamento uniforme».

Queda claro que la GFOCH era más bien una organización mutualista y aceptaba el principio de arbitraje tripartita en los conflictos … ya logró tener quince consejos en mayo de 1911.

Veremos que el arbitraje, como primera manifestación de una “ley laboral”, será más y más importante con el paso de los años.

La formación del Partido Obrero Socialista

Sin duda, la desorganización del movimiento obrero en el Norte salitrero fue un factor importante en la decisión de Recabarren de quedarse en Santiago durante los años 1910 y 1911 después de salir de la cárcel. Desde fines de 1909 hasta el verano de 1911 fue secretario de la segunda comuna del PD en Santiago. Hacemos notar que no se registró ninguna huelga importante en el norte salitrero en el año 1911 y solamente 7 huelgas notables en todo el país.

Parece que esos años de 1909-1911 sirvieron a Recabarren para reflexionar sobre su trabajo político, porque cuando tuvo la oportunidad, a principios de 1911, volvió rápidamente a Iquique. Un grupo de socialistas lo invitó a hacer una gira por el país, pero el PD oficial de Santiago no estuvo de acuerdo. Sin embargo, se fue y se radicó en Iquique.
Ya había comprado la imprenta del periódico «La Voz de Perú» la que había sido atacada por una pandilla reaccionaria de la «Liga Patriótica» y trasladó la imprenta a Iquique con la idea de venderla a la cooperativa de la sociedad de tipógrafos. Su sueño era que esa cooperativa y otras sirvieran para educar a los trabajadores, para erradicar los vicios y abaratar el costo de la vida.

El grupo de socialistas en Iquique comenzó su importante trabajo cuando la clase trabajadora iquiqueña estaba poco activa, aunque hay que saber que el candidato demócrata Pedro Segundo Araya ganó una elección en 1909 gracias al voto radical y liberal.
Recabarren, al llegar a Iquique, refundó la organización democrática local. Los poco más de 40 asociados que asistieron al acto de refundación eligieron a Luis Emilio para presidente de un directorio en el que también figuró el gasfíter Enrique Salas, antiguo militante anarquista y demócrata. Ellos fundaron un periódico – el “Grito Popular”- lo que retomaba el discurso socialista ya anunciado en las primeras conferencias dictadas por Recabarren en la zona. A menos de un mes de su aparición, el “Grito Popular” ya tenía un tiraje de 300 ejemplares sólo para Iquique, más 800 para Pisagua y las localidades del interior.

Por ese mismo tiempo, la asistencia promedio a una conferencia de Recabarren en Iquique podía fluctuar entre 300 y 800 personas, en tanto que un Comicio público celebrado en la oficina Alianza, en compañía de los diputados demócratas en ejercicio, congregó más de mil.

Además, hay que tener presente que por esos mismos meses Tarapacá fue escenario de una violenta explosión nacionalista, conducida por las “Ligas Patrióticas”. Cualquier expresión de simpatías socialistas podía acarrear a serios riesgos para la integridad física y moral. Otro tanto es lo que sugiere una nota enviada al gobierno central por el Intendente de la Provincia, donde se identifica a los socialistas como “perturbadores del orden público, detractores de la sociedad y

agitadores del pueblo”. Acto seguido, la primera conferencia de Recabarren en Pisagua le valió un encarcelamiento de más de un mes por presunto “desacato a la autoridad”.
¡En esas circunstancias, quien asistía a sus prédicas y conferencias asumía un riesgo que no era menor!

Recabarren estaba dispuesto a ser candidato en las elecciones de 1912 por el PD, sin embargo, su labor de agitación no tenía nada que ver con su militancia en el PD oficial; seguía como opositor a la política del partido de Santiago. Finalmente, la decisión del PD de apoyar, en el Congreso, a un gobierno conservador, en canje de algunos puestos convenció a Recabarren de que había llegado la hora de separarse. Rápidamente trasladó su imprenta, o sea, la imprenta de la Cooperativa de la Sociedad de Tipógrafos, a otro lugar y fundó otro periódico «El Despertar de los Trabajadores», que sería el diario del nuevo Partido Obrero Socialista que se formaría varios meses después.

Comenzando con la sección de la oficina Cholita, presidida por el antiguo militante José Zuzulich, las oficinas salitreras se fueron plegando rápidamente al POS. El nuevo partido contaba con más o menos cincuenta socialistas en total en toda la zona de Tocopilla, grupo formado de los núcleos anarquistas de los años 1903-1907 y de la propia Mancomunal. Tenían un diario, un local, mucha experiencia en el PD, pero a este grupo de socialistas le faltaba una organización nacional con secciones en otros lugares. El tiraje de «El Despertar» era al comienzo de unas 1,200 copias. Creció y después de seis meses fue de 3.500, setecientos de los cuales se vendían en el puerto de Iquique. ¡Vender 750 diarios socialistas en el puerto de Iquique era un tremendo éxito!

Recabarren propuso la formación de ese nuevo partido con este programa político:

«El Partido Socialista declara que tiene por aspiración.
1° La posesión de los Poderes Públicos por la clase trabajadora (los poderes legislativo, ejecutivo, judicial, comunal).
2° La transformación de la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo, en propiedad colectiva, social o común, entendiéndose por instrumento de trabajo: la tierra, las minas, las fábricas, los transportes, las máquinas, capital moneda, etc., todo bajo la administración comercial o sindical.
3° La organización de la sociedad sobre la base de la federación económica, el usufructo de los instrumentos de trabajo por las colectividades obreras, garantizando a todos sus miembros el producto total de su trabajo, y la enseñanza general científica y especial de cada profesión a los individuos de uno u otro sexo.
4 ° La satisfacción por la sociedad de las necesidades de los impedidos por edad o padecimiento.

En suma: el ideal del Partido Socialista Obrero es la completa emancipación de la clase trabajadora, es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola, de trabajadores dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes».

El nuevo grupo de socialistas se puso a trabajar…

“Las conferencias realizadas durante el año pasan de 60 y habrán tomado parte unos 20 oradores. Todas las conferencias en esta región atraen una magnífica concurrencia y los temas dominantes se basan en la explicación de la doctrina socialista, medios de lucha, organización obrera, cooperativas, crítica, anticlericalismo, antimilitarismo.

Entre los oradores de que dispone la organización obrera se cuenta una niña de 14 años, Rebeca Barnes, y una joven de 22, M. Teresa Flores, que prestan utilísimos servicios a la propaganda emancipadora, aparte de que constituyen una novedad atractiva.

Las conferencias, la prensa y los folletos van produciendo buenos resultados en la formación de la conciencia. La Cooperativa obrera tipográfica ha editado en el año los siguientes folletos:
Flores Rojas (dramita) 2.000 ejs., Las Vampiros (dramita) 2.000 ejs., 1° de Mayo (dramita) 4.000 ejs., La Guerra (dramita) 8.000 ejs., El Socialismo 2.000 ejs. Suman 5 folletos con 18 mil ejemplares».

Pasados unos años, el dirigente socialista Pedro J. Sandoval hizo un resumen de lo realizado en sólo tres años de existencia del POS:

“En 1912 hemos realizado 60 conferencias con 107 temas y 20 oradores (hombres, mujeres y niños); en 1913 realizamos 76 conferencias con 193 temas y 39 oradores y en 1914, hemos realizado 117 conferencias y mítines con 613 temas y 132 oradores. Como se ve la labor ha ido prosperando año en año y nada detendrá su gigantesco progreso. “

Una “velada socialista” típica, como la realizada a mediados de febrero de 1915 podía incluir valses, polkas y mazurcas interpretadas por la estudiantina, una conferencia del socialista argentino radicado en Iquique Mariano Rivas sobre “el valor cultural de la música…una intervención de Teresa Flores sobre “la participación de la mujer en la lucha socialista” …para concluir con “la sentimental dramita de Palmiro de Lidia, titulado Fin de Fiesta”.

Mejor comparar esa obra con el trabajo (mal) hecho por el PD en los municipios…

“Ocho años en posesión de los municipios son demasiado tiempo para dar a hacer algunos principios doctrinarios o algunas iniciativas en pro de la educación del pueblo…. Los dos pensamientos esenciales que debieron animar e inspirar a estos municipios: el abaratamiento de la vida y la instrucción popular… El municipio de Tocopilla, en vez de tomar por administración el servicio del matadero para abaratar la vida, lo entregó por contrato a un demócrata, que encareció el precio de las carnes, aumentando así la carestía de la vida. ¿Podrán estos municipios pensar en hacer labor en bien de la pobre y explotada clase obrera? Cada uno de estos Municipios pudo establecer un biógrafo para dos funciones, a bajo precio, pudiendo funcionar los sábados gratis, a fin de atraerse las multitudes que faltas de diversión buscan en la taberna un rato de distracción. Cada uno de estos municipios pudo preocuparse de adquirir un biógrafo para dar funciones ambulantes con fines educativos».

El primer congreso del POS se realizó en Valparaíso en 1915 y el partido salió más fortalecido. Ya existían 18 secciones, de las cuales siete asistieron al congreso (Iquique, Antofagasta, Taltal, Valparaíso, Viña, Concepción y Punta Arenas). Llama la atención que la capital de Chile no era la capital del POS. La sección de Santiago fue debilitada por la división entre sus dos secciones y el trabajo del partido más bien se focalizó en Valparaíso, en el norte, en la zona del carbón cercana a Concepción y en Magallanes.

En 1915, las secciones en Tarapacá tenían alrededor de trescientos militantes; el partido tenía 580 militantes en Chile. En el año 1917, el POS Tarapacá tenía 800 militantes y en Chile 1.500. En el año 1920, el POS había logrado tener 2.000 militantes en Chile.

En resumen, la obra de los socialistas integraba la propaganda, la construcción de cooperativas y organización de uniones obreras.

El Cooperativismo, los gremios y el Socialismo

Desde hace tiempo, la formación de cooperativas llegó a ser, para Luis Emilio, uno de los pilares fundamentales de un movimiento consciente. El centro de cooperativismo en Iquique en el año 1912 era un edificio de dos pisos y de media cuadra de largo, con un cine y una panadería. Esa panadería tenía una historia espectacular. Se fundó y rápidamente logró hacer pan de alta calidad a bajo precio, ocupando máquinas muy antiguas. Creció y creció hasta cuando los patrones de las otras panaderías conspiraron entre ellos para comprar toda la harina de Iquique y lograron que se cortaran los créditos a la cooperativa. Sin harina y sin plata, la panadería no pudo seguir adelante. Esa prueba difícil de «cooperativismo» duró seis meses.

Según Recabarren, las cooperativas podrían ser una gran fuerza para la emancipación, es decir una forma en que se HACE el socialismo:

“Algunos años atrás los socialistas han gastado mucho tiempo en teorizar acerca de la forma en que se llegaría al colectivismo y cómo se realizaría la expropiación sin o con indemnización.
Hoy se presenta a nuestra inteligencia un problema más sencillo: El desarrollo de la acción cooperativa.

La multiplicación de las cooperativas socialistas es la disminución de los negocios de la burguesía.
La multiplicación de la cooperativa industrial es el reemplazo de la industria burguesa que explota a la comunidad productora en beneficio de unos cuantos individuos y mientras más campo de acción desarrolle la cooperativa socialista, más reducido irá siendo el campo de explotación que le vaya quedando a la clase capitalista y por consiguiente el régimen de explotación irá extinguiéndose a medida del ímpetu con que progrese la cooperativa.

La acción cooperativa ha sido el último medio que ha entrado en el sistema socialista y pasa hoy a ocupar el primer concepto.
La cooperativa será de hoy en adelante la fuerza expropiadora sin indemnización, que marcha hermosamente victoriosa a realizar de verdad la emancipación y la perfección humana y la cooperativa tiene por base y campo de acción, la organización gremial del proletariado en cuyo seno se recluta el sostén y la fuerza cooperativa.

La fuerza del proletariado, con el poder legislador, abrirá a la cooperativa el ancho camino por donde avanzará a consumar su principio expropiatorio, por medio de leyes protectoras que faciliten su desarrollo, leyes que se dictarán bajo el mismo criterio actual de protección a las industrias nacionales, de concesiones, etc., y leyes aduaneras encaminadas al mismo fin.

Esa es la evolución ideal del socialismo:
Las tres fuerzas: Cooperativa, gremio y acción política. Tarde o temprano toda la acción política. Tarde o temprano toda la acción socialista del mundo entrará a luchar desde ese punto de vista, orientando, así, precisamente, el nuevo rumbo por donde se llegará rápidamente a la total emancipación de la especie humana.
¡Hermoso momento histórico de la vida, te saludamos desde ya!».

Recabarren plantea que la emancipación es una obra práctica… mejor olvidar la palabrería y HACER el socialismo. Es el desarrollo de esta idea, de sus fuerzas y debilidades, que hemos visto y que vamos a ver tras los años de su obra.

Y sobre el fomento de organizaciones base, de uniones obreras, Recabarren formó ideas muy fuertes, consecuencia de su experiencia en el norte:

«Hace más de dos años, el POS intentó organizar a los trabajadores por gremios independientes de toda participación política a fin de evitar disculpas en ciertos elementos. Se notó en aquel momento un vigoroso impulso a fortificar la organización de los pocos obreros que en torno de cada organización se agrupan. Como era natural, los socialistas eran los elementos de más actividad, puesto que ellos habían sido los que le habían dado el soplo impulsivo y organizador.

Cuando pudo notarse que la obra iba a afirmarse, la clase capitalista hizo maniobrar el carneraje vil y corrompido que tenía introducido en el seno de cada naciente organismo.
Obreros radicales y balmacedistas iniciaron su campaña de odios y de hipocresías contra los socialistas y para dañar a estos elementos dieron un golpe mortal a todos los pequeños y nacientes organismos, llevándolos a su desorganización.

Hablaban de que querían gremio sin socialismo ni socialistas y sin embargo, no pudieron tenerlo, porque lo único que era verdad era que lo que perseguían, era evitar la unión de los obreros.
Destruyéronse, pues, todos los gremios. Si la mayoría de los obreros no son socialistas, ¿Por qué no han mantenido la organización obrera, sin socialistas?

Porque la mayoría de esos obreros, no socialistas, son viciosos y son adulones de capataces y patrones y no sienten aún necesidad de ser fraternales entre sí.

Vimos, pues, por experiencia propia, que aun cuando quisimos y cooperamos a formar organizaciones gremiales, independientes del POS, no pudimos obtener el éxito deseado porque la fuerza desorganizadora que pagaba y alimentaba la clase capitalista actuando en un campo de ignorancia fue superior a nuestras fuerzas.
Corresponde ahora a los socialistas militantes dar la forma de su organización.

Opinamos a este respecto que todos los socialistas de un oficio determinado, por ejemplo: zapateros, o mecánicos, que sean más de diez formen una sección socialista de oficio, dentro del mismo partido, tan sólo aumentando la cuota para atender al nuevo servicio o administración y nombrando un comité seccional administrativo que cobraría una cuota…».

Recabarren, los gremios y el partido.

Recabarren explica aquí que los sindicatos a veces son débiles y a veces fuertes. Para evitar que los sindicatos desaparezcan en los períodos difíciles, necesitan todo el apoyo de los socialistas, tanto, que deben ser secciones de ese partido. Está bien… ¿pero integrar las organizaciones base en el mismo partido era correcto?

Los militantes de un “partido” o “movimiento” político forman y trabajan dentro de los sindicatos para organizar a otros trabajadores con menos conciencia, para luchar por mejorar sus condiciones de vida. Si los otros trabajadores dejan su sindicato atrás, entonces los militantes socialistas deben intentar asegurar que el sindicato siga activo, aunque sean los únicos sindicalistas, deben intentar hacer todo lo posible en el sindicato bajo las condiciones difíciles. ¿Pero organizaciones base dentro del partido…?

La mayoría tiene que aprender a organizarse y si en un período el sindicalismo está muy mal organizada (como hoy en día), necesitamos paciencia y un sentido de historia para entender que esa época es transitoria.

Recabarren también criticó a la GFOCH, federación de los trabajadores de la maestranza de vías de Ferrocarriles del Estado, por su falta de principios. La GFOCH era una organización mutualista bien importante. En este artículo escribió lo siguiente, en mayo de 1913:

“La habilidad con que se desarrolla esa organización hace creer a los inocentes que van a mejorarse con la estúpida táctica de bendecir estandartes y tener padrinos a los burgueses empedernidos. Los compañeros socialistas que viven cerca de todas las secciones de esa organización deben combatirla enérgicamente antes que abarque y embrutezca a la totalidad de los trabajadores.

Los estatutos de esa gran federación no establecen ninguna reivindicación social ni económica y demuestran ser solamente una sociedad de socorro mutuo como cualquiera otra, con la diferencia que tiende a engañar más disimuladamente a sus incautos asociados, agregando a la organización almacenes llamados cooperativas.

Trabajadores de Chile: la Gran Federación Obrera de Chile, es sólo una hábil trampa destinada a entreteneros por muchos años.
Dejarla crecer es dejar crecer al enemigo”

Sin embargo, la situación dentro de la GFOCH cambiaba…una huelga importante se declaró en febrero de 1915, la de los ferroviarios.

Comenzó con mítines y petitorios reclamando contra el descuento del 10% de sus salarios con ocasión de la guerra. Agregaron reclamos contra el pago en peniques, contra la rebaja de jornales de 15 a 24% en octubre de 1914, otra rebaja de jornales en 1915 y la aplicación de multas al personal por jefes inescrupulosos.
Estalló una huelga en demanda de la devolución o reposición de los salarios injustamente rebajados. Durante 14 días en marzo, más de 18 mil obreros paralizaron la red ferroviaria de Valparaíso a Valdivia. El ministro encargado era Ángel Guarello – del PD -, pero eso no significó nada en términos de apoyo a la huelga y los obreros volvieron a trabajar sin ganar un peso.
Esta derrota fue importante en la disminución de la fuerza de la GFOCH y derivó en una invitación de dirigentes trabajadores del PD y la GFOCH a todos los sindicatos de la clase trabajadora a formar parte de una nueva y poderosa FOCH, en el año siguiente, 1917.

O sea, la “traición” del ministro Guarello del PD, provocó el fortalecimiento del movimiento sindical. Es en ese tipo de circunstancias que la independencia de los sindicatos del aparato parlamentario es tan importante. Es el movimiento social que se fortaleció y no la política parlamentaria. Veremos este proceso muchas veces, y sería muy importante durante la formación de la CUT en 1953.

Otra vez más en Argentina

Recabarren salió de Chile por segunda vez en octubre de 1916 y volvió al fin del verano de 1918. Quizás sintió que en Chile no podía concentrarse y que necesitaba tranquilidad para escribir algunos folletos para el partido. En realidad, se dedicó a eso en Argentina. Publicó folletos sobre el trabajo socialista en los municipios, otros sobre la importancia del gremio o sindicato y uno sobre la iglesia y la religión, cambio notable porque no había escrito ningún libro desde «El Socialismo” en 1912, cuatro años atrás.

Podemos ver que Recabarren discutía el “cómo” de la emancipación desde Argentina…

En «Lo que puede hacer la Municipalidad en manos del pueblo inteligente» (1917):

«Cuando los socialistas estemos convencidos de que todas las desgracias que afligen a la humanidad son producto inevitable de su mala organización social, nuestro deber será convencernos cada vez más de que sólo la progresiva capacidad del pueblo será efectivamente el arma más formidable que ha de producir la reorganización de la sociedad humana sobre las bases de la propiedad colectiva, y la capacidad progresiva del pueblo no se adquiere en períodos de «eterna teorización» ni de «ejercicios huelguísticos», sino que esa capacitación debe adquirirse y demostrarse en la «práctica» de la vida orgánica gremial, cooperativa, política, educación …».

Y en «Proyecciones de la Acción Sindical» (1917):

«¿Cómo el sindicato va a apoderarse de la producción y distribución? Los sindicatos presentarán a las actuales industrias las siguientes conclusiones: «A partir de tal fecha el sindicato intervendrá en la administración de la producción de la industria, asimismo de la colocación de los productos para que sean adquiridos por los consumidores» (Nota: a través de almacenes libres al público, el perfeccionamiento de la producción, construcción de casas bajo la dirección de los sindicatos de la construcción, cocinas en hoteles para economizar en gastos superfluos, etc.).

«Los integrantes de los ejércitos y otras comunidades que resultarán innecesarias sólo se encaminarán a buscar un sitio donde cooperar, a su gusto, al movimiento de ese nuevo mecanismo de la sociedad».
… «La clase obrera, no pudiendo ni debiendo pensar seriamente en organizar una revolución armada para derribar del poder al capitalismo, no debiendo hacernos la ilusión de que, por poderosa que fuera la acción del sindicato en combinación con la cooperativa, si la clase capitalista está en dominio del poder político, usará la metralla despiadadamente para vencernos, es juicioso y serio, y también inteligente que la clase obrera a la vez que fortificar el sindicato y la cooperativa -sus dos armas económicas más precisas debe avanzar sus posiciones, cuanto más sea posible en el terreno político, porque esta tercera arma es decisiva en esta contienda cuyo primer aspecto es la lucha de intereses de clases«.

«Si la clase obrera cuenta con la mayoría en el Parlamento, el gobierno político del país estará en sus manos, y cuando el sindicato vaya a la huelga general para reclamar la socialización, la clase capitalista no podrá disponer del ejército ni de policías, y en cambio, la clase obrera paralizará la producción y hasta podrá amenazar con el hambre a la clase capitalista, mientras la cooperativa previsoramente bien provista salvará a los sindicatos de la escasez de alimentación, sin perjuicio de que el sindicato sabría tomar las medidas para que el abastecimiento del proletariado no sufra»…

En fin, Recabarren plantea que los trabajadores, una vez educados, solidarios y conscientes, pueden dar a los empresarios una oferta que no pueden rechazar… entregar sus fábricas a los sindicatos y cooperativas. Por otro lado, una vez alcanzada la mayoría parlamentaria, los trabajadores controlarán el Estado y en particular a las FF.AA.

Es decir, el socialismo es una tarea práctica.

Y por otro lado, afirma que, si la clase obrera cuenta con la mayoría en el Parlamento, el gobierno político del país estará en sus manos, y cuando el sindicato vaya a la huelga general para reclamar la socialización, la clase capitalista no podrá disponer del ejército ni de policías. Esa afirmación, como ya bien sabemos, es falsa. Es falsa porque el Parlamento, las FF.AA., la justicia, la burocracia estatal, son todos sectores del estado, y si la clase capitalista pierde control de un sector, puede usar los otros para volver a controlar todo el país.

Luis Emilio volvió a Chile en el mes de febrero de 1918 y pasó un tiempo en Punta Arenas estudiando nuevamente las acciones de su federación de obreros. Después se radicó en

Antofagasta y echó a andar el periódico «El Socialista» del POS. Se dedicó con toda su fuerza a la organización de la Federación Obrera.
Ese trabajo en la FOCH dio frutos rápido y ya en octubre de 1918, tenía tres secciones: Antofagasta, Yungay y Calama. En diciembre, tenía otras secciones en Placilla, Baquedano, Mejillones y Punta de Rieles y se formó una organización regional en Tarapacá con Recabarren como secretario general.

Los mejores dirigentes del POS decidieron concentrar su trabajo en la FOCH, pero la decisión tuvo algunos efectos desafortunados porque murió, en 1918, «El Socialista» que era el único periódico nacional del POS y el partido no contó con un periódico nacional hasta cuando tomó control del diario de la FOCH en 1921.

En fin, la decisión de “salir afuera” y convertir la FOCH en una central amplia era una decisión muy audaz y nos puede enseñar algo sobre la costumbre de muchas organizaciones “políticas” -ya sean “movimiento” o “partidos”– de olvidar que su tarea central es la intervención en el movimiento más amplio.

Las secciones de la FOCH tomaban parte en la organización de un creciente número de huelgas, por ejemplo, la huelga marítima de Iquique de 1918 cuando el diario «El Despertar de los Trabajadores» del POS (y de la FOCH) llamó a los trabajadores de ferrocarriles y del salitre a apoyar a los portuarios. Desarrollaron una huelga solidaria, pero volvieron a trabajar después de ocho días cuando faltaba la comida y parecía que los marítimos ya habían ganado. Los patrones no cumplieron el acuerdo con los gremios del puerto y se enviaron tropas y marinos para romper la huelga.

La huelga no se ganó, pero los gremios de la FOCH probaron su fuerza en la acción. La FOCH comenzó a ser un poder, una organización que daba confianza.

La FOCH, los Mutualistas y la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN).

Durante ese año de 1918 se organizaron varias protestas importantes contra los precios de los alimentos que subieron en dos tercios, mientras las ricas familias de la agricultura seguían con sus exportaciones de trigo y papas. Y en contraste con el año 1917, prácticamente todos los grupos de trabajadores que entraron en huelga en 1918 ganaron sus demandas.

En marzo de 1918, por iniciativa del Consejo Federal No 1 de la FOCH (los Ferroviarios), se formó la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional, AOAN. Esta, terminaría agrupando a docenas de organizaciones, desde secciones de la FOCH hasta la federación de Profesores de Instituciones primarias, el Congreso Obrero de Sociedades Mutualistas, la FECH y una serie de “Uniones” de obreros.

Carlos Alberto Martínez la describió así…” buscamos una manera de llamar fuertemente la atención de los poderes públicos. El punto de partida fue organizar un gran Comicio que realizaríamos en la Alameda…luchábamos contra el hambre y la desnutrición”.

Luego, en noviembre, terminó la guerra mundial y la economía de armamentos de los EE.UU. ya no necesitaba tanto salitre como antes para fabricar explosivos. La industria salitrera chilena quebró, la cesantía subió y los precios también.

La Asamblea reaccionó y exigió la formación de un Consejo Nacional de Subsistencia con delegados obreros para controlar los precios y llamó a un mitin en Santiago para el 22 de noviembre de 1918 reuniendo a cien mil trabajadores. Acto siguiente, el gobierno de la derecha comenzó a negociar con la Asamblea, pero sin el éxito que esperaba para controlar el movimiento. Se dio al gobierno quince días para formar el Consejo de Subsistencia o la Asamblea llamaría a otro mitin.

El 14 de enero de 1919, se organizó en Valparaíso una manifestación con gran éxito a la que llegaron cincuenta mil trabajadores y se comenzó a organizar otra en Santiago el día 7 de febrero Pero los poderosos no se quedaron quietos. Se inventaron rumores de una “guerra” con Perú. Salieron grupos de matones patrióticos a la calle dirigidos por la Liga Patriótica de la capital en un gran desfile una semana después del mitin de la Asamblea y luego el Intendente de Santiago decretó la expulsión del territorio nacional del español Casimiro Barrios, uno de los dirigentes más conocidos en Santiago de la Asamblea y del Partido Obrero Socialista, el partido de Recabarren.

Además de celebrar efemérides patrióticas como, por ejemplo, el aniversario de la Batalla de Maipú y la Batalla de la Concepción, la liga antofagastina -que tenía delegados en Chuquicamata, Calama y pueblos de la pampa- organizaba en septiembre 1919 un boicot contra todas las casas comerciales que emplearan personal peruano e impedía el desembarco de peruanos que llegaran a la ciudad.

Es preciso en este punto entender la posición de la FOCH del Norte frente a la crisis económica, los despidos en la pampa. La producción de salitre en el año 1918 fue de un poco menos de 3 millones de toneladas, pero en el año 1919 no alcanzó a una tercera parte de la del año anterior. Típica fue la situación en junio cuando los trabajadores de seis oficinas del cantón de Aguas Blancas cerca de Antofagasta presentaron pliegos de peticiones que exigían la libertad de asociación, la expulsión de empleados abusadores, etc. En tres de las oficinas, los obreros ganaron sin huelga, en otras dos se expulsó a los federados y en la última, la policía disolvió un mitin a sablazos. Las tres oficinas que enfrentaron la huelga apagaron sus fuegos, dejando a los obreros cesantes y sin indemnización.

Entonces, en una situación de gran crisis económica y racismo nacionalista, la FOCH organizaba sus secciones…. el tema de la conciliación y arbitraje cobraba fuerza en el movimiento. Existían dos puntos de vista dentro del movimiento del trabajador. Algunos pensaban que habría que aprovechar cualquier elemento que pudiera proteger a los trabajadores de la mano negra de los patrones. Otros decían que los Intendentes casi siempre apoyaban a los capitalistas en las Juntas de Conciliación, entonces sería mejor no pedir sus intervenciones.

Por su parte, la FOCH reaccionó a la combinación de la represión del gobierno, el crecimiento y confianza del movimiento de la AOAN y la cesantía en el Norte, haciendo uso del nuevo sistema de arbitraje estatal del decreto Yañez. Organizaron consejos de la FOCH en varias empresas públicas como en los tranvías, los telégrafos etc. Al principio, esos consejos eran débiles y la FOCH generalmente llamaba a la conciliación para legalizarlos… los consejos de la FOCH, decían, eran también de la GFOCH, la antigua organización mutualista de los ferroviarios y esa organización era legal. Por lo tanto, los nuevos consejos de la FOCH también eran legales.

Con ese argumento, lograron ganar el derecho a negociar en los tranvías, en la fábrica de galletas Mckay, en la refinería de azúcar de Viña, en las fábricas de la CGT, en la industria textil etc. Y como

consecuencia, creció la confianza en los comités de conciliación como instrumento para finiquitar conflictos laborales.

Sin embargo, el gobierno quería enfrentar tanto la FOCH como la AOAN y volver al país a la “normalidad”. Y cuando la AOAN llamó a otro mitin para principios de febrero de 1919 porque el Gobierno no había cumplido con sus promesas, se instaló un Estado de Sitio. Como consecuencia, los dirigentes de la AOAN postergaron este segundo mitin. Podemos entender esa decisión cuando vemos al Memorial elaborado por la AOAN (o por algunos dirigentes de la AOAN) para la marcha postergada de febrero …

”… hay, entre los dirigentes, una corriente que suena en reprimir en sangre este movimiento de patriotismo…y también hay elementos ajenos a la colectividad obrera que sueñan con una revolución social que lo destruiría todo, sin saber construir nada…Fuera de estas dos, hay una tercera corriente de hombres patriotas y previsores que quieren la conjuración de amor y la concordia de clases…”

Esta política de “calmar las aguas” reflejaba el uso de las negociaciones y del decreto Yáñez en el sentido de crear una alternativa a la pura represión.

Sin embargo, en el mismo mes de febrero, bajo el Estado de Sitio decretado para reprimir a la Asamblea Obrera de Alimentación, Recabarren fue secuestrado y relegado a Lautaro, un pueblo en el Sur. Fue cerrada también la imprenta de «El Socialista», el diario del POS y de la FOCH en Antofagasta.

La AOAN convocó a un congreso el 10 de marzo para organizarse y planificar cómo combatir las alzas en los precios y decidió realizar una manifestación por el mes de agosto. En la convención, se ocupó gran número de horas de la asamblea en debatir las actividades “divisionistas” que habían realizado los delegados de las sociedades católicas de socorros mutuos que “no representan genuinamente al proletariado católico”. La AOAN, después de todo, era un gran Frente Único que integraba hasta trabajadores católicos conservadores.

Tras el fin del estado de sitio, el 1 mayo, los centros urbanos del país ven sus fábricas y talleres paralizados por primera vez desde 1907. En Valparaíso, Santiago, Concepción y Talcahuano, la AOAN hace parar a las faenas. En el resto del país hubo mítines más reducidos organizados principalmente por los consejos federales de la FOCH.

La cesantía, la represión y el nacionalismo reaccionario, por lo tanto, no habían logrado desactivar a la clase trabajadora. Pero los precios seguían aumentando, en un 50% en el mes de Julio 1919. Y si fuera poco, se supo que se habían arrendado por lo menos tres embarcaciones de la Armada para que algunas ricas casas comerciales pudieran realizar la venta de alimentos al exterior.

Mientras tanto, en junio, los conservadores tenían su proyecto de leyes sociales listo. Según ellos, los mismos patrones deberían tener el derecho de formar sindicatos para “sus” trabajadores, compartir con ellos un porcentaje de las ganancias y así reconstruir la “gran familia” de la empresa. En la puerta del taller, así como en la boca de la mina, debía colocarse una inscripción simbólica de la hermandad cristiana: “Amaos los unos a los otros”.

Por su parte, los liberales, representantes de la clase media, los industriales y los empleados estatales, creían que sí los trabajadores tenían el derecho de organizarse, incluso por profesión,

integrando trabajadores de varias empresas en la misma organización sindical. También creían que había que compartir las ganancias.
Pero nada es gratis en este mundo y el liberal Arturo Alessandri, el “León de Tarapacá”, planteaba que, a cambio del reconocimiento y la protección estatal, los trabajadores debían comprometerse a despolitizar sus gremios, aceptar los mecanismos institucionalizados de arbitraje y dejar el recurso de la huelga solo como último recurso. Ya hemos visto que Eliodoro Yáñez, otro liberal, había decretado el arbitraje voluntario a fines de 1917 cuando era ministro del gobierno actual de Sanfuentes.

Mientras tanto, la AOAN decidió, como única fuerza sana que existía en el país, llamar a otro mitin de protesta para el día 29 de agosto. Y esta vez, la concurrencia fue fenomenal. Mientras la marcha se llevaba a cabo, el comité organizador ingresó por las puertas de la Moneda para entregar al Presidente las conclusiones del mitin.

Carlos Alberto Martínez, mutualista (y abuelo del mismísimo Gutenberg Martínez) pronunció estas palabras: “La indolencia con que nuestros Poderes Públicos han recibido hasta hace poco nuestras peticiones, se debe a que los asientos en el Congreso, salvo una que otra excepción, se compran y a que los representantes del pueblo no representan sino su propio dinero e interés.”

¡Algunas cosas en este país no han cambiado!

Bueno, el gran mitin del 29 de agosto tuvo lugar durante la huelga de los trabajadores de la CCU. Los trabajadores de la CCU formaban parte de la Asamblea AOAN y de la FOCH y la Junta Ejecutiva de la FOCH recibió un telegrama en la tarde del 1° de septiembre diciendo que tropas de carabineros habían intentado asaltar su oficina en Limache, “hiriendo a varios huelguistas y pretendiendo ultimar al Presidente de este Consejo local”. Entonces, se anunció el paro general de la totalidad de los consejos federales de la FOCH de la capital, “ya que se han agotado todas las instancias de diálogo y la gerencia no parece ceder” y así se integraron los conflictos sindicales a las protestas de la Asamblea. El paro general podría haber ganado la huelga y así haber dado más fuerza a la Asamblea de Alimentación.

Una confrontación, una crisis social, entonces. Por un lado, una huelga de la CCU integrada en una u otra manera con las movilizaciones de la Asamblea de Alimentación. Y por el otro, un gobierno que quería imponer su “paz social”.

Los trabajadores tenían cómo avanzar y ganar… sin embargo, la FOCH recomendaba a todos los federados a permanecer al interior de sus salones y abstenerse de cualquier tipo de manifestación callejera mientras se esperaban señales de conciliación del Gobierno. ¡Perdió la iniciativa!
Y, finalmente, después de cuatro días, el comité ejecutivo de la huelga se reunió en la Moneda con el Presidente Sanfuentes, y decidió suspender y poner punto final a la huelga general, “manifestándole que volvían al trabajo sin condición previa alguna y que dejaban en sus manos la solución de las dificultades que pudiesen suscitarse en el futuro”.

¡Grave error! Porque la CCU no aceptó el arbitraje, la FOCH sufrió un revés muy grande y dentro de pocos meses, la AOAN murió.

Grandes cambios en la FOCH

La presión de las huelgas en 1918-19 y la actividad de los nuevos Consejos Federales dirigidos por socialistas o demócrata-socialistas, dio a Recabarren la posibilidad de transformar la FOCH en una

central de agitación y de oposición al sistema capitalista, pero enfrentada por condiciones de lucha muy difíciles. Recabarren fue elegido su presidente en su 2° Congreso en Concepción al finalizar el año 1919. El abogado conservador Marín Pinuer seguía con su sección y editaba un periódico aparte que atacaba a la FOCH «revolucionaria», pero Recabarren, los socialistas y los demócratas habían ganado.

Esta es la declaración de principios de la Convención de Concepción de la FOCH del 25 de diciembre de 1919:

“La Federación Obrera de Chile se ha fundado para realizar los siguientes propósitos:
– Defender la vida, la salud y los intereses morales y materiales de toda la clase trabajadora de ambos sexos. – Defender a los trabajadores de ambos sexos de la explotación patronal y comercial, de los abusos de jefes y autoridades y de toda forma de explotación y opresión.

– Fomentar el progreso de la instrucción y cultura de la clase trabajadora por medio de conferencias, escuelas, bibliotecas, prensa y toda actividad cultural y conquistar la libertad efectiva, económica y moral, política y social de la clase trabajadora (obreros y empleados) de ambos sexos, aboliendo el régimen capitalista, con su inaceptable sistema de organización industrial y comercial, que reduce a la esclavitud a la mayoría de la población.

Abolido el sistema capitalista, será reemplazado por la Federación Obrera, que se hará cargo de la administración de la producción industrial y de sus consecuencias.”

Queda claro que los principios de la FOCH repiten las concepciones que ya difundía Recabarren en sus actividades. Plantean la emancipación cultural y económica del trabajador a través de mejoras en su estándar de vida y conciencia y la liberación de los vicios del capitalismo.

La idea de que no fuese el “capitalismo” sino la FOCH que organizara el país, es una réplica de lo planteado por Recabarren en Argentina e incluso mucho antes en el sentido que la clase trabajadora tomara el control de su vida a través de los municipios y cooperativas.

El León de Tarapacá

En los últimos meses de 1919 hubo fuertes aumentos en los precios y luego la producción del salitre sufrió otra crisis derivada de la crisis económica mundial del año 1920. Las ricas familias de la agricultura no pudieron vender sus cosechas en el exterior, sus exportaciones ya habían bajado en una cuarta parte en 1919 y volvieron a bajar por un tercio más en 1920. Los precios entretanto subieron en una tercera parte y la producción agrícola del país se estancaba. Y todo esto en la ausencia – mejor dicho, el colapso — de la Asamblea de Alimentación.

Luis Emilio enfrentó la situación así:

«En las tierras chilenas, famosas por su rica calidad, se produce abundante: el trigo, la papa, el poroto, la lenteja, el maíz, las verduras, el zapallo, el pasto, las ricas frutas y tanto artículo alimenticio para el pueblo, sin que el precio del brazo del peón chileno haya subido gran cosa.

¿Por qué están tan caros todos estos artículos?
¿Por qué están caras las gallinas y los huevos, siendo que el alimento y cuidado de ellas no debiera haber encarecido?

Nos alegan que los fletes de los ferrocarriles encarecen el costo del acarreo ¿Por qué encarecen los fletes ferroviarios siendo que se alimentan de carbón chileno no producido hasta antes de la última huelga, al precio que han querido los que se llaman dueños de las minas?
¿Cuánto han subido el sueldo de los obreros ferroviarios? Una miseria.

¿Por qué está cara la leche y la carne?
¿Qué razón hay para que la alimentación de los animales haya encarecido, siendo que el cultivo del pasto no tiene razón de haber subido al exorbitante precio hoy?

Nunca, nunca podrán probarnos con honradez, qué razón han tenido en Chile para que hayan encarecido tanto los productos chilenos…
Hay materiales de construcción producidos en Chile en abundancia como la madera, ladrillos, clavos, etc. ¿Por qué han encarecido, subiendo el alquiler de las habitaciones y empeorando sus condiciones?

No hay razón ninguna para tanto encarecimiento.

Encárguese, preocúpese cada obrero y empleado de ambos sexos, de analizar, de estudiar esta situación y llegará a convencerse que no hay razón para la carestía y que la mayor parte de las razones que nos dan los burgueses son sólo mentiras para ocultar su terrible ambición y crueldad.

El día que el pueblo chileno tome la dirección del gobierno y del Congreso, se convencerá por su propia experiencia que no hay razón para tanto encarecimiento y que se puede abaratar mucho el costo de la vida.».

Recabarren escribió estas líneas durante un período de transición, de cesantía en la pampa salitrera, auge y fin del AOAN, represión y comienzo de intervención estatal en el mundo de trabajo. Y también de la campaña presidencial popular y exitosa de Arturo Alessandri, el León de Tarapacá.

Recabarren estaba preso durante la campaña, entre abril y octubre, pero igual entregó sus planteamientos sobre el Parlamento en julio de 1920:

«La Federación Obrera de Chile y demás organizaciones representan actualmente una fuerza aproximada a cien mil adheridos activos y posiblemente influyen directamente sobre cerca de medio millón de proletarios en toda la república. ¿Cuántos ciudadanos ELECTORES hay dentro de esta fuerza organizada?

Fácil es comprender y calcularlo: Por lo menos el SESENTA POR CIENTO de los electores de Chile.
Hasta hoy estos electores están divididos entre todos los partidos políticos de Chile.
Si hemos logrado hacer fuerza económica para disminuir nuestras desgracias y nuestro malestar y en la práctica diaria, vemos y comprobamos que es batida y obstaculizada en su acción mejoradora, por la fuerza política de que disponen nuestros patrones, retardando así nuestras esperanzas y manteniendo intacta nuestra situación miserable, ¿Por qué SI TENEMOS ahora la mayoría electoral que construye la fuerza política, por qué no la usamos en beneficio nuestro y de nuestra familia?

Pensemos, reflexionemos y determinemos nuestra acción futura.
Si todos los federados al formar parte de la Federación se han propuesto realizar el hermoso programa de mejoramiento que tenemos: ¿de qué manera se realizará más pronto? ¿Usando sólo nuestras fuerzas económicas con la huelga o usando estas fuerzas económicas JUNTO con el voto político, hasta lograr tener mayoría parlamentaria, puesto que somos la mayoría electoral del país?

Creo que no será difícil disciplinar y uniformar las ideas, para que TODOS LOS ELECTORES que hoy están afiliados a las Federaciones voten, en el porvenir, de manera de servir sus INTERESES SOCIALES que están por encima de todo ideal político que haya logrado dominarnos hasta hoy.

Si como asalariados explotados, nos hemos unido, para obligar al capitalista a cesar en su explotación, usemos el voto político para poder hacer la LEY QUE JUNTO CON NUESTRA UNION obligará al capitalista a ser honrado y cesar en su obra de explotación.
De hoy en adelante el obrero federado tiene el deber de resolver donde está su más grande interés: si conquistar CON LA UNION Y CON EL VOTO el triunfo completo de la Federación o al del partido político a que pertenece».

Mejor no olvidar que Recabarren estaba en la cárcel cuando escribió este artículo.

Bueno, fue la campaña de Alessandri y no de la fuerza independiente de la FOCH, la que llenó el vacío popular que dejó la cesantía, la represión y la caída de la AOAN… Un ejemplo de la campaña populista de Alessandri:

“…los marítimos de Antofagasta le ofrecieron a Alessandri trasladarlo desde el vapor hasta el muelle en una chalupa tripulada por fleteros federados, desplazando a las infinitamente más cómodas lanchas a vapor puestas a su disposición por las casas embarcadoras. Sorprendido al comienzo, Alessandri resolvió aceptar la invitación, subiéndose a la inestable embarcación en medio de la algarabía popular: Tras de la chalupa presidencial iba una larga columna de botes y pequeñas lanchas atestadas de gente y llenas de bandoleras y luces de colores”. En ese mismo viaje, los trabajadores llegaron de madrugada para cumplir su propósito: “Efectivamente, a las 6 a.m., más o menos, se divisó el tren que conducía a don Arturo. Los compañeros y compañeras se pusieron entonces en la línea a fin de obligar al maquinista a detener la marcha. Así ocurrió, desengancharon la locomotora y buscaron al Sr. Alessandri. Una vez que pudieron conversar con él le arrancaron la promesa de que visitaría Punta de Rieles, a lo que accedió muy gustoso.”

Y fue así que el nuevo presidente, a lo menos por un tiempo, apoyó a los trabajadores e intervino en los conflictos, lo que le hizo poco popular ante la mayoría de los poderosos. Era común en esos días de luna de miel entre este burgués y el movimiento, que los desfiles obreros terminaran con discursos de Alessandri. En otras palabras, por algunos meses, en 1920-21, en que se veía enfrentado a la derecha tradicional y a la crisis económica, el nuevo Presidente (liberal) necesitaba el apoyo de los trabajadores.

Creando nuevas ideas; La FOCH y las Leyes Sociales

Recordemos que Recabarren estuvo preso durante toda la campaña presidencial. Acto seguido, impulsó una campaña electoral de su candidatura a diputado por Antofagasta a principios de
1921. En enero de ese año, llegó a Concepción y realizó una gira por la región del carbón. En marzo fue elegido diputado, en mayo realizó una gira por el norte del país y en el mes de agosto asumió la dirección y administración del periódico “La Federación Obrera” de Santiago.

Los años 1919-21 eran años de un gran auge de organización y conflicto, seguidos por una crisis económica, desempleo y desorganización de la clase trabajadora y de la FOCH. Fue durante ese período que se discutieron las opciones de conflicto, huelga o arbitraje, de negociación, lucha o conciliación, dentro de las organizaciones de los trabajadores y empresarios.

Dentro de la FOCH, se desarrollaron dos estrategias; la primera basada en la conciliación entre los dos «socios» en cada empresa: capital y trabajo. Y la segunda, el uso de organizaciones paritarias para aumentar el poder de los trabajadores con el propósito de perfeccionar su organización social

que…..y una vez lista…se hará cargo de la administración de la producción industrial y de sus consecuencias.

Pero los trabajadores no eran la única clase dividida por su intervención en la lucha. Los empresarios también estaban divididos sobre la manera de «solucionar» la ola de conflictos, huelgas y marchas de los años 1919-1921. El gobierno del “unionista” Juan Luis Sanfuentes, por ejemplo, ordenó la represión en Puerto Natales en enero de 1919 y en Punta Arenas en julio de 1920. Pero un ministro de ese mismo gobierno, Eliodoro Yáñez, había decretado el arbitraje (voluntario) para solucionar conflictos, a fines de 1917.

Los conservadores no querían perder el derecho «señorial» del patrón dentro de su empresa, sin embargo, también sentían la fuerza de los conflictos. En pleno proceso convulsivo de las “marchas del hambre”, en junio de 1919, el senador del Partido Conservador Juan Enrique Concha presentó un proyecto de Código del Trabajo a la cámara alta. Pagando el precio de confinar los conflictos dentro de los límites de una empresa, su proyecto incluyó varias de las demandas históricas que exigía la FOCH, como el reconocimiento legal del sindicato y su derecho de celebrar contratos colectivos con la empresa, la duración de trabajo de 48 horas semanales, el salario mínimo, el pago de salarios en dinero y no en ficha o mercaderías.

Los derechos señoriales se conservaban en el sentido que la conciliación de conflictos sería efectuada dentro de la empresa, entre la empresa y los trabajadores, sin intervención estatal. Y que, en su Artículo 15, el proyecto estipuló que «los patrones de toda empresa … deberán subvencionar al sindicato (de las utilidades) … una suma anual equivalente al diez por ciento de los salarios pagados…».

Por su parte, en junio de 1921, el Presidente de la Oficina del Trabajo (OT), el abogado liberal Moisés Poblete Troncoso envió a la Cámara de Diputados el proyecto de ley Alessandrista y basado en la intervención del Estado para conciliar los conflictos.

No hay que olvidar, tampoco, que fue bajo la nueva presidencia de Alessandri cuando se organizó la masacre de los trabajadores del salitre en San Gregorio, cerca de Antofagasta, el día 3 de febrero de 1921.

Los Tres Proyectos de Leyes Sociales.

La FOCH apoyó el proyecto liberal, pero también envió tres proyectos de ley a la Cámara. Este trabajo parlamentario fue posible porque al realizar un pacto electoral instrumental con la coalición Alessandrista en las parlamentarias de marzo de 1921, se eligieron 9 diputados «Fochistas» (5 PD, 2 PR, 2 POS).

La llegada en marzo de 1921 al Congreso Nacional de nueve “diputados federados” llenó de esperanzas a la FOCH de que era posible presionar por la aprobación y promulgación del proyecto de Código del Trabajo del gobierno y también de sus propios proyectos. Para cumplir este objetivo, algunos diputados federados –entre ellos Luis Emilio Recabarren– integraron la Comisión Permanente de Legislación Social de la Cámara de Diputados.

En esa Comisión podían seguir la tramitación de los tres proyectos enviados por la FOCH. De hecho, la Convención extraordinaria de la FOCH en julio 1920 ya había discutido el primero de los proyectos. El Presidente de la conferencia, el obrero salitrero Enrique Salas, manifestó que el objetivo principal de la convención era luchar por

«(…) una Cámara del Trabajo que controle el cumplimiento de la lejislación vijente sobre trabajo que lleve estadística y que sirva de intermediaria entre el obrero y el Gobierno. Pensamos también, pedir que se apruebe la ley del salario mínimo y varias otras leyes y reformas de leyes que están haciendo mucha falta para establecer el trabajo sobre una base de orden y una garantía de equidad».

En su artículo 1o, la Cámara del Trabajo estableció que “(…) tiene por objeto servir de órgano regular en las relaciones entre capital y el trabajo”. En su artículo 2o, se afirmó que “Se compone de dos entidades —

patrones y trabajadores— que obran separadamente en defensa de sus respectivos intereses y conjuntamente en el anhelo común de salvar todas las dificultades que se oponga a la marcha normal del trabajo de la industria y el comercio”. En su artículo 8o, “Corresponde a los delegados de los patrones y los obreros el nombramiento de un tribunal de conciliación y arbitraje, compuesto de 3 miembros designados por cada parte, y el 3o, en acuerdo de ambas. Y en el inciso 10° de sus “Disposiciones Fundamentales”, estipula que, “Se prohíbe en el seno de la Cámara las discusiones sobre política y religión”.

De hecho, la idea de las Cámaras de Trabajo ya se había instalado en la FOCH. Como resultado de las sucesivas huelgas carboníferas, a inicios de 1921 el gobierno liberal de Alessandri había tomado la iniciativa de crear un Tribunal de Conciliación y Arbitraje permanente en la zona. Para llevar a cabo esta tarea se constituyó una comisión parlamentaria especial que estudiara la formación del tribunal. De este modo, el Ministerio de Industrias y Obras Públicas dirigido por el demócrata Zenón Torrealba organizó una reunión donde asistió la comisión parlamentaria, representantes empresariales, integrantes de la OT y de Ferrocarriles del Estado, y delegados de la FOCH.

El ministro Torrealba planteó a los obreros que aceptaran la formación del tribunal y la forma en que el organismo desarrollaría su acción. Fue en ese momento de negociación que los delegados de los consejos federales del carbón propusieron a la comisión parlamentaria la constitución de una Cámara del Trabajo según las disposiciones fundamentales votadas en julio de 1920 en la Convención de Santiago.

La respuesta de la comisión parlamentaria y de los representantes patronales fue de absoluto rechazo.

Bueno, el segundo proyecto entregado por la FOCH fue el “Cámara del Trabajo o Tribunales de Conciliación”, redactado por el diputado Recabarren en Antofagasta, durante el mes de julio de 1921.

En este proyecto, Recabarren propuso crear organismos colegiados y paritarios de empresarios y trabajadores en cada provincia del país, que legislaran acerca de todos los ámbitos de la organización del trabajo al interior de las empresas y ejecutaran a su vez lo acordado… “El Tribunal tendrá a su cargo, resolver todo lo que se relacione con la vida industrial y comercial de la provincia

Es decir, al contraste con el proyecto conservador y el primer proyecto de la FOCH, el proyecto de Recabarren propuso la conciliación y negociación a nivel Provincial, mucho más en sincronía con la organización Fochista de esa época.

Por último, el proyecto estableció que “los gastos que origine la Cámara del Trabajo serán costeados por iguales partes, entre el Estado, la Federación Obrera y la organización patronal” (Art. 28).

Respecto al objetivo y atribuciones de la Cámara:

1o. Reglamentar las condiciones del trabajo o prestaciones de servicio en cada caso que sea necesario.
2o. Fijar salarios o precios mínimos por la realización de trabajos al día, a la semana, al mes o por pieza.
3o. Fijar horarios ordinarios que en ningún caso excederán de 48 horas por cada semana de siete
días en trabajos diurnos y de 42 horas de trabajos nocturnos;
4o. Establecer las condiciones de horario extraordinarios o turnos según las industrias;
5o. Reglamentar las condiciones higiénicas de los sitios del trabajo y de las habitaciones que ocupan los personales, cuando estas habitaciones sean propiedad de los industriales, construidas cerca de los sitios del trabajo, como ser en las minas salitreras, fundos o haciendas, vías férreas, etc.
6o. Intervenir y controlar la administración de las respectivas empresas, contratistas o cooperativas obreras de trabajo;
7o. Reglamentar servicios sanitarios y aplicar la ley de accidentes.
8o. Fijar los precios de los productos.
9o. Fijar anualmente el porcentaje de la utilidad que debe repartirse entre el personal o devolverse a los consumidores.
10. Reglamentar o suprimir el trabajo que se hace por contratistas que se valgan de más de dos obreros para su realización;
11. Organizar un sistema de trabajo por medio de cooperativas obreras;
12. Reducir el número de establecimientos de una misma industria con fines de economía social, acordando la forma de indemnización al artículo.

Está bien claro que este proyecto es muy, muy distinto al primer proyecto porque su objetivo es preparar las capacidades y conciencia de los trabajadores, como condición fundamental para un futuro “socialista”.

El tercer proyecto fue del Contrato de Socialización Industrial de las Cámaras del Trabajo.

Lo que distingue a este tercer proyecto es que tuvo como eje central la participación paritaria de los obreros como “socios” en la administración y gestión de la producción y en la distribución igualitaria de las ganancias con la parte patronal.

En su artículo 1o definió el Contrato de Socialización Industrial como “un contrato de compañía por el cual el patrón y el obrero estipulan poner respectivamente un común capital y trabajo para desarrollar actividades en industrias fundamentales y repartirse de los beneficios líquidos”.

Afirmó que terminaría con la “relación jurídica de arrendamiento de servicios” regulada por el Código Civil (1855), y establecería el “contrato de compañía, cuyos aportes son el capital y el trabajo, ambos de igual valoración, porque son dos factores igualmente necesarios para producir”.

En otras palabras, reemplaza el “contrato por arriendo de servicios” entre patrones y obreros— vigente hasta el momento en ausencia de un Código del Trabajo—, por el “contrato de sociedad” que permitiría la administración común de la industria.

El máximo defensor y propagandista del proyecto fue el Secretario General de la FOCH y Director del periódico carbonífero “La Región Minera”, Enrique Díaz Vera.

Según Enrique Vera, «(…) este proyecto acusa un valioso y experimentado concurso a las leyes que el nuevo Gobierno [de la Alianza Liberal y su Presidente Arturo Alessandri Palma] debe dictar, para producir la armonía indispensable en los grandes factores Capital y Trabajo, es también el más rotundo desmentido para todos aquellos espíritus apocados y pusilánimes, que han creído ver en todos los francos actos de la Federación Obrera de Chile, el bolcheviquismo encubierto y a los agitadores profesionales que viven a expensas de las huelgas.
La Federación Obrera de Chile, con sus estatutos reformados en las memorables Convenciones de Valparaíso en el año 1917 y en Concepción en 1919 va de la mano con el progreso y con los principios evolucionistas.»

Este tercer proyecto fue aprobado por la Directiva de la FOCH, a pesar de su contenido muy distinto (por no decir contradictorio) al segundo proyecto. Formaron parte de la Directiva en Santiago: Recabarren, Manuel Hidalgo, Antonio Rodríguez, Eduardo Bunster, Carlos Alberto Martínez y el mismo Díaz Vera.

¿Cómo se explica los contenidos tan distintos de los tres proyectos?

Queda claro que el segundo proyecto – escrito por Recabarren -, fue distinto a los otros dos, relacionados en una forma u otra con Enrique Días Vera. En ese sentido, Recabarren era vocero del ala que interpretaba los nuevos principios de la FOCH como un camino hacia la revolución social. Y Días Vera era vocero del ala «sindical» de la FOCH que interpretaba esos principios como un camino a la evolución social.

Cabe hacer notar que de los seis máximos dirigentes de la JEF (Directiva) de la FOCH en Santiago, cuatro correspondieron al ala sindical evolucionista. Nos ayudará ver algo de la historia de los dirigentes asociados con el ala «evolucionaria», para entender mejor su base ideológica…

Enrique Días Vera y Eduardo Bunster hicieron que la FOCH aprobara a fines de octubre de 1920, el envío de una circular a sus Consejos Federados planteándoles la conveniencia de la formación de un Partido Laborista que reuniría “a los trabajadores socialistas, demócratas, conservadores y radicales, liberales, religiosos y ateos” para que marcharan “de la mano hasta la conquista del poder político.” El nuevo partido resultaría de la fusión de la FOCH, el POS y el PD, mientras estaba en desarrollo el acercamiento del POS a la Tercera Internacional y la conversión del POS en Partido Comunista.

Vera se opuso a la transformación del POS en PC en el Congreso del 1o de enero de 1922 y finalmente fue expulsado de la organización sindical. Carlos Alberto Martínez asumió la Secretaría General de la FOCH en 1922 hasta 1923 cuando se marginó de la FOCH, porque también era opositor a la conversión del POS en PC.

Antonio Rodríguez y Eduardo Bunster fueron expulsados de la central sindical por las mismas razones que los anteriores y por oponerse a la identificación del diario La Federación Obrera como organismo de prensa del PC.

Años más tarde, en noviembre de 1925, Carlos Alberto Martínez y Antonio Rodríguez formaron—junto a un centenar de dirigentes sindicales, entre ellos el conspicuo dirigente tranviario de la FOCH y futuro diputado Luis Ayala— la Unión Social Republicana de Asalariados de Chile (USRACh).

Puedes decir que no importaron nada las diferencias sobre los tres proyectos, porque la Comisión de Legislación Social murió después de meses de reuniones abandonadas por falta de asistencia, incluso después de la elección de un diputado Fochista como su presidente en julio de 1921.

Para ver la relación entre estos proyectos de ley y la legislación social que avanzó en septiembre 1924 bajo presión militar, en la semana del 3 de septiembre 2021, la Comisión de Legislación Social del Senado despachó el proyecto de ley de sindicalismo legal y conflictos colectivos, correspondiente a la propuesta del Partido Conservador. Ese proyecto sería la primera parte (Titulo 1) de la ley 4057 de 1924.

El Código del Trabajo fue promulgado mediante decreto con fuerza de ley por el dictador Carlos Ibáñez del Campo, dos meses antes de la caída de su gobierno, el 13 de mayo de 1931.

Recabarren, su proyecto del socialismo y las Leyes.

Entre abril y noviembre de 1921, la participación de Luis Emilio Recabarren en la Comisión de Legislación Social se orientó a presionar al Congreso por la discusión de los proyectos laborales de la FOCH –Cámaras del Trabajo, Conciliación y Contrato de Socialización Industrial–. Al no ver cumplida sus expectativas de aprobación de estos, se retiró de la Comisión en noviembre de ese año.

Mientras tanto, durante ese mismo año de 1921, se crearon cinco inspecciones regionales dependientes de la Oficina de Trabajo (OT), correspondientes a Tarapacá, Valparaíso, Chillán, Concepción y Valdivia. Cada sección regional contó con seis secciones (Estadística, Accidentes de Trabajo, Inspección e Higiene del Trabajo, Bolsa del Trabajo, Correspondencia y Relaciones Internacionales).

No debemos olvidar que el Presidente de la OT, Moisés Poblete Troncoso, era el autor del proyecto Alessandrista de Leyes Sociales y que avanzaba en la implementación de su proyecto mientras los trámites legales estaban entrabados.

Los proyectos de ley enviados por la FOCH constituyeron una táctica de carácter más defensivo, que buscaron crear condiciones favorables para la recuperación del poder social y económico perdido por los trabajadores durante la crisis económica y social de 1920-21. Sin embargo, el proyecto de Constitución Socialista creado y escrito por Recabarren durante su estadía en prisión en Tocopilla en 1920, no fue nada de defensivo. Vimos el “reflejo” de esa obra en el segundo proyecto enviado por la FOCH.

Se publicó su Proyecto de Constitución para la República Federal Socialista de Chile como folleto (“¿Qué queremos los federados y Socialistas y para qué?”) en mayo de 1921 por la imprenta El Socialista de Antofagasta…

“-Queremos vivir bien; eso es todo. La organización industrial capitalista no nos permite poder vivir bien, porque nos obliga a soportar un régimen de esclavitud, de explotación y de opresión.

Al mantener el régimen del salario, nos mantiene esclavizados a ese régimen. Nosotros sabemos que los pobres somos la mayoría del mundo, la mayoría de cada pueblo y sabemos que tenemos derecho a disponer, a ordenar, a organizar el mundo en cada pueblo, como sea nuestro deseo de vivir mejor la vida.

Entonces eso es lo que queremos; organizar la vida industrial, a nuestro gusto, quieran o no quieran los capitalistas y gobernantes, para darnos el bienestar que queremos y que necesitamos.

Pedir aumento de salarios y conseguirlos no es obtener el bienestar y la tranquilidad que deseamos…no hay sino un SOLO REMEDIO, que consiste en lo siguiente:
Abolir toda propiedad particular o privada, de la misma manera que una ley anula otra ley, de dejar “propiedad nacional” todo lo que hay dentro del territorio nacional.

Entendemos por ley: la voluntad que se manifieste por el Congreso legislador, como la voluntad que se resuelva hacer efectiva por la mayoría del pueblo organizado cuyo poder y soberanía es superior al Congreso, puesto que el Congreso no existiera si el pueblo no lo eligiera.
Si las cámaras no quieren hacer esa ley que el pueblo necesita y reclama, porque las cámaras están compuestas de burgueses que viven de la explotación, es entonces el pueblo organizado el que hará esta nueva ley y obligará a todos a observarla, imponiendo su observancia por medio de la dictadura proletaria establecida por la organización.
De la misma manera que con una huelga se impone una ley a una industria, una huelga general obligará a todos los industriales a someterse a lo que quieren los trabajadores organizados.

En cada industria, faena u ocupación donde haya más de diez personas mayores de 18 años ocupadas, estas mismas reunidas en asambleas, elegirán a sus jefes administradores y encargados o capataces para la dirección y administración de cada sección de trabajo y de toda una industria.
Los administradores o capataces estarán bajo el control de sus respectivas asambleas y le deben cuentas de sus actos.
Las asambleas fijarán salarios, honorarios, condiciones de trabajo, precios de venta de los productos y todo lo que fuere necesario determinar, oyendo los consejos de los técnicos cuyos informes pidiere.

Las municipalidades se compondrán de los delegados que cada industria o faena envíen, debiendo determinar la ley hasta qué número de obreros tendrá el derecho a enviar un delegado o más.
Los delegados a las municipalidades, los administradores capataces y toda persona que recibiera nombramientos por una asamblea desempeñarán sus funciones mientras cuenten con la confianza de la asamblea y su nombramiento no sea modificado.
…Constituyen la Asamblea Nacional, un delegado por cada territorio municipal que tenga 10.000 habitantes… La Asamblea Nacional legisla sobre los asuntos de interés general a todo el territorio de la República…»

Recabarren publicó este tremendo folleto en el mes de mayo de 1921, al año de estar elegido como diputado por Antofagasta, de comenzar a editar un nuevo diario nacional de la FOCH y también de dirigir la transición del POS en un partido comunista. Es una obra teórico-práctico, en

que se cuestiona unas de las ideas que ha aceptado desde hace un largo tiempo. Por ejemplo, la política expresada en este párrafo:

“Si las cámaras no quieren hacer esa ley que el pueblo necesita y reclama, porque las cámaras están compuestas de burgueses que viven de la explotación, es entonces el pueblo organizado el que hará esta nueva ley y obligará a todos a observarla, imponiendo su observancia por medio de la dictadura proletaria establecida por la organización”

Es distinta a lo que creía antes, en julio de 1921, es decir:

“Si como asalariados explotados, nos hemos unido, para obligar al capitalista a cesar en su explotación, usemos el voto político para poder hacer la LEY QUE JUNTO CON NUESTRA UNION obligará al capitalista a ser honrado y cesar en su obra de explotación.”

En el folleto dice que hay que OBLIGAR los capitalistas POR LA FUERZA a ceder al poder del trabajador. Qué significa en la práctica esto, será tema de discusión dentro de su partido durante el año de 1924, pero ya vimos que Recabarren hizo un intento de usar el Parlamento como “herramienta” legal luego de ser electo diputado y presentó al Congreso su Proyecto de Ley donde se planteaba el tipo de leyes sociales que quería la FOCH.

En febrero de 1921, ya había escrito que:

«Lo que hay que hacer es señalar claramente al pueblo, desde la tribuna parlamentaria, toda la inaudita corrupción capitalista, toda la incapacidad burguesa, toda la inutilidad de las leyes burguesas, para que el pueblo vea la verdad, por sus ojos, y entonces tome las medidas necesarias para organizar el bienestar social.

Para hacer esta labor de higiene pública es que acepto ir al Congreso en brazos del esfuerzo popular.
Por eso digo a los electores: no voy al Congreso a hacer leyes inútiles que violarán enseguida los capitalistas; o leyes que perfeccionen el sistema de esclavitud; no, voy al Congreso a criticar y combatir el régimen de la explotación burguesa contra la Nación, y a señalarle al pueblo desde la tribuna parlamentaria, el camino más corto para que alcance su completa libertad y felicidad«.

Sin embargo, ya vimos que aspiraba en su proyecto de Ley (¿una ley inútil que violarán enseguida los capitalistas?) a la “socialización industrial”, o sea, en las fábricas se instalaría un “Consejo de Administración” compuesto por igual número de representantes empresariales y obreros, con atribuciones para repartir las ganancias entre el patrón y los obreros. El Consejo tendría a su cargo la administración de la fábrica con plenos poderes para reglamentar la duración de la jornada laboral, los salarios, la admisión del personal, condiciones higiénicas, etc.

Recabarren interpretaba los nuevos principios de La FOCH en el sentido que los mismos trabajadores eran capaces de “gobernarse” y a través de la “socialización industrial”, los federados podían aprender a hacer funcionar una empresa. Luego, serían capacitados para tomar control de su lugar de trabajo y también del país. Los federados tomarían el lugar de los capitalistas, como planteaba la FOCH en sus nuevos Estatutos. O sea, Recabarren pensaba en la forma en que los trabajadores comenzarían a tomar el camino hacia el nuevo país y en el folleto, plantea sus ideas sobre la estructura de su nueva sociedad y su funcionamiento.

Estaba discutiendo consigo mismo …todavía…, cuál sería la manera en que los trabajadores iban a tomar control del país. En otras palabras, cómo la “socialización industrial” podía crear un nuevo estado… frente a la oposición de los capitalistas. Los acontecimientos de 1924-5 iban a destacar los varios caminos que podía tomar su partido, la FOCH y la clase trabajadora en general.

Ya hemos discutimos que había otras “corrientes” dentro de la FOCH que no interpretaban sus Principios en ese sentido.

Bueno, el Congreso ni discutió su Proyecto de ley y Recabarren aprendió que no valía la pena trabajar como “político parlamentario” y que, de verdad los proyectos de Ley que presentó la FOCH, SÍ eran “leyes inútiles que violarán enseguida los capitalistas”.

Había una clara diferencia entre sus planteamientos antes de las elecciones presidenciales de 1920, y sus formulaciones de 1921… ¿por qué sería?
¿Por la represión de los trabajadores en San Gregorio en febrero 1921 y quizás también por el acercamiento de la adhesión del POS a la Tercera Internacional a fines de diciembre de 1920 y la formación del Partido Comunista?

Pedro Aguirre Cerda, ministro del Interior durante la represión, presentó lo siguiente en el Senado, el día 8 de febrero, pocos días después de la masacre de los trabajadores del salitre el día 3 de febrero…

«Esta es la fórmula que el Gobierno ha adoptado sin vacilación; se presenta ante los obreros para decirles la vinculación estrecha que deben tener con el capitalista y sus obligaciones para con él y para con el Gobierno en cuanto al mantenimiento del orden y al respeto que deben a las autoridades. Les hace presente los perjuicios que ellos reciben por estas huelgas y ejercita su influencia ante los patrones para que cedan en aquello que pueda significar un beneficio legítimo para la clase trabajadora. Si esta armonía no se produce, si la mediación del Gobierno es insuficiente para evitar las dificultades, en todo caso amparará a los obreros que deseen trabajar, pertenezcan o no a las instituciones en huelga, empleando la fuerza pública si fuere necesario” (Boletín de Sesiones del Senado; 8-2-1921)

La formación del PC

Fue en su Cuarto Congreso en enero de 1922 que el POS se afilió a la Tercera Internacional, la Internacional de la revolución de los “soviets”. Cambió su nombre al de Partido Comunista de Chile, aceptó todas las condiciones de la Tercera Internacional y fue aceptado como partido “simpatizante”. Se fundó el PC con menos de dos mil militantes y cincuenta secciones, mientras la FOCH a principios del año ’21 tenía más o menos treinta mil militantes, 11 mil mineros, diez mil del transporte y diez mil de otros sectores.

Pero en la realidad, el POS-PC no sufrió mayores cambios internos. De todos los diarios y periódicos que imprimía el POS/PC, solamente “El Socialista” de Antofagasta imprimió los nuevos estatutos del partido. Parece que los militantes del POS no creían que el cambio era muy importante.

Es interesante sobre este punto, ver una descripción del nuevo partido en «La Federación Obrera» de Santiago en abril de 1922:

«¿Qué es el Partido Comunista?

En primer lugar, – no es ni será jamás un partido político, puesto que no admitirá nunca relaciones políticas con los partidos de la clase capitalista. La acción electoral sólo la admitimos como un instrumento de lucha y con carácter revolucionario, nunca con carácter político.

El Partido Comunista tiene por objeto inmediato, capacitar, orientar y disciplinar científicamente a sus adherentes, para que constituyan la vanguardia revolucionaria del pueblo y desparramados sus miembros en todos los sindicatos, ayuden a dirigir la marcha del proletariado hacia el triunfo final de nuestras aspiraciones de abolir el sistema capitalista con todas sus injusticias y miserias».

Es más… según los Principios adoptados en su primer Congreso de enero 1922, es un organizador de la revolución:

“El Partido Comunista de Chile, reunido en Congreso en la ciudad de Rancagua el 1° de enero de 1922, después de ratificar su adhesión a la Internacional Comunista con sede en Moscú y considerando:

Que la sociedad capitalista, por lo mismo que se divide en clases, cimienta su estructura jurídica, política y económica, sobre la explotación del hombre por el hombre;
Que en este proceso se ha llegado al grado de máximo desarrollo, razón por la cual la lucha de clases se hace más intensa;

Que, en virtud de este hecho, comprobado en todo el mundo sujeto a la dominación del capitalismo, las clases son cada vez más irreconciliables;
Que los componentes de esas clases no sólo se manifiestan en defensa de sus intereses aisladamente, sino que, por el contrario, tienden a agruparse con directivas propias, constituyendo organismos con funciones definidas;
A fin de que la clase trabajadora pueda encaminarse ventajosamente a la consecución de sus ideales, que propague la supresión de la explotación del hombre por el hombre instaurando en su defecto una sociedad comunista, es indispensable organizar sus fuerzas, capacitándose para la instalación de su dictadura en el período de transición;
Que para conseguir ese resultado se requiere la constitución de un organismo revolucionario de vanguardia, con propósitos claros, directivas precisas, que no puede ser otro que el Partido Comunista…”

Bueno, desde el principio, el PC tuvo que enfrentar condiciones de lucha difíciles. En esos años, La FOCH sufría su propia crisis porque perdió parte importante de su fuerza durante los años 1922-3, producto de la cesantía y la represión. Pero también, porque a medida que la FOCH se afilió a la Internacional Roja en 1922, numerosas organizaciones como la Unión de Empleados, la Asociación de Profesores, los Ferrocarrileros y los sindicatos dirigidos por demócratas, comenzaron a desafiliarse o a desarrollar un accionar menos comprometido con la estructura central. La Central organizaba alrededor de 80.000 socios en diciembre de 1921, cifra que bajó a alrededor de 20.000-30.000 en diciembre de 1923 y volvió a crecer solamente en los últimos meses de 1924.
No sobra notar que Recabarren propuso al segundo Congreso de la FOCH a fines del año 1923, que su diario fuese el diario también del PC. Ganó la moción por el estrecho margen de 33 votos a 24. Una vez más, Recabarren mostró que pensaba que un “sindicato” es el mismo tipo de organización que un “partido”.

Cabe preguntar si era posible integrar, bajo el mismo diario, — como pretendía Recabarren–, a los ochenta mil fochistas no comunistas, con los dos mil comunistas.

Quizás la realidad económica y el ritmo de la lucha de clases en Chile a fines de 1921 podrían facilitar la integración. Quizás la situación objetiva haría inevitable una lucha aguda entre las clases y así integrar la mayoría con la minoría en la lucha. Sin embargo, tomando en cuenta que los sindicatos dirigidos por demócratas ya habían tomado el camino de desafiliarse de la FOCH, ya estaban en otro camino menos radicalizado.

Pero Recabarren no estaba en Chile durante el período de 22-23, porque viajó a la Rusia revolucionaria.

Recabarren, los bolcheviques y los Soviets.

Luis Emilio viajó a Rusia en septiembre de 1922 para participar en el segundo congreso de la Internacional Sindical Roja, y el cuarto congreso de la Internacional Comunista, en nombre de la FOCH y del PC. Volvió a Chile y envió descripciones de lo que vio allá, por ejemplo, en una imprenta estatal:

“La primera oficina que visitamos fue la de la dirección del establecimiento. Después del cambio de saludo y de la bienvenida que nos dio el director, tomó la palabra uno de los compañeros franceses, para hacer una serie de preguntas lo cual nos economizó trabajo a los demás:

¿Cómo se elige el Comité Administrativo del establecimiento? ¿Cómo y quién elige al director o gerente?

Anticipó el camarada francés que no hacía la pregunta porque lo ignorara, sino por constatar las noticias que al respecto se tienen.

-El Comité Administrativo del establecimiento es elegido por la asamblea de personal y es renovado cada seis meses. En la renovación generalmente son elegidos los compañeros que demuestran mayor competencia y dedicación a sus labores. En cuanto al director, es nombrado por el Consejo de Economía Nacional a propuesta del personal. Existe este trámite con el propósito de encontrar siempre para estos cargos las personas más competentes.

¿Qué trabajos hace de preferencia el establecimiento?

-En su mayoría son trabajos del Estado Sovietista, y sobre todo se hace la impresión de millones de folletos de propaganda, de afiches, de estadísticas, calendarios y todo aquello necesario a consolidar la revolución.

-¿Y los salarios los fija también el personal?

No. Los salarios los fija el Sindicato.

-¿La contabilidad y el control?

-Todo está bajo la vigilancia de los obreros, sin que nada se escape a su examen. Para esto se verifican asambleas cuando ellos lo necesitan.”

Recabarren volvió a Chile en febrero de 1923 y luego hizo una gira por el país y ofreció una serie de conferencias donde describió la vida de los trabajadores rusos bajo el socialismo:

“Llevamos 38 días de gira en cuyo transcurso hemos vendido ocho mil pesos en folletos. El producto de las conferencias, funciones teatrales y colectas, costean perfectamente los gastos que demanda la gira.

Las concurrencias en todas partes han sido numerosísimas y entusiastas, todo lo cual constituye un éxito grandioso para la gira de conferencias emprendida, las opiniones de la prensa burguesa declarando fracasada la propaganda comunista quedan absolutamente destruidas con los resultados».

Volvió a un país bajo el mandato de un Alessandri cada vez más autoritario. Por ejemplo, cuando los dueños de las oficinas salitreras reclamaban sobre las Conferencias que hacía Recabarren en la pampa, Alessandri respondió que:

“Tienen el perfecto derecho los salitreros de no permitir a Recabarren que dé conferencias dentro de sus oficinas ni dentro de sus pertenencias … El derecho de reunión se ejercita siempre que no pugne o destruya otros derechos…No tenga consideración de ningún género con Recabarren, trátelo con especial y efectivo rigor y cuente con mi apoyo incondicional.”

Luis Emilio también escribió un libro, «Rusia Obrera y Campesina», sobre su impresión del país de los trabajadores. Esta obra fue publicada con su resumen de los informes presentados por Trotsky y Lenín al 4° Congreso. Escribe:

«¿Qué es un Soviet? Un Soviet es una comisión de personas elegidas por el pueblo (como si dijéramos en Chile, una Municipalidad elegida libremente por el voto popular). Su número es variable según las condiciones de la población. En Rusia tienen derecho a votar todos los que trabajan. Las votaciones se hacen en los sitios del trabajo; fábricas, talleres, puertos, cuarteles, naves, campos, almacenes, etc. Los soldados son considerados trabajadores del Estado y están libres de toda presión.

Aparte de que cada población elige un Soviet local, existe un Soviet Provincial, en cada provincia, compuesto de delegados de cada Soviet Local.

Cada Soviet Provincial (que reúne en su seno la representación directa y genuina de todos los pueblos, aldeas y localidades de la provincia) envía delegados al Congreso Pan-Ruso nacional de los Soviets de toda Rusia; es la autoridad suprema del país y elige los Comisarios del Pueblo, que, reunidos, constituyen el Gobierno Nacional, y que, separados, atiende cada uno un Ministerio.

El Congreso Pan-Ruso elige también una Junta Ejecutiva, llamada «Presidium», Que funciona entre el intervalo entre una reunión y otra del Congreso Pan-Ruso.

En cada pueblo, en cada aldea o campo, etc., existe además del Soviet, la organización política y obrera como la conocemos en todas partes. Los sindicatos obreros y los grupos políticos, siendo el comunista el de mayor importancia en todas partes, colectivamente no participan en las elecciones de los miembros del Soviet, pero es comprensible que los nuevos intereses dirijan el curso de los actos electorales»

«…Organizar el poder de la clase trabajadora, el poder político y el poder económico, capacitar a la clase trabajadora para el ejercicio de esos poderes, porque no tenía esa capacidad, ésta ha sido la tarea de mayor importancia del Partido Comunista que ha realizado hasta el presente y que continúa realizando. Si el Partido Comunista ha podido realizar esta tarea, ha sido en razón de que se trata de un partido fuertemente disciplinado y capaz de realizar esa acción que nadie ha podido disputarle.

Por eso es que la Internacional Comunista, ante el resultado de esta experiencia, recomienda la formación de Partidos Comunistas, reducidos si se quiere en número, pero fuertemente disciplinados, cuya disciplina los capacite tanto para arrancar el poder a la burguesía como para organizar el Estado proletario después.

La experiencia, también, ha dejado establecida, que no es posible confiar esta labor a los sindicatos, que, en razón de la composición de sus elementos, es difícil construir la disciplina que se requiere para asegurar el triunfo de la revolución proletaria, que coloque a la clase trabajadora en posesión de todos los poderes para abolir la explotación capitalista y establecer el comunismo.

El Partido Comunista consciente de estas realidades ha asumido sin vacilación en Rusia la responsabilidad de ejercer el poder.

Como he dejado establecido, las funciones del Partido Comunista cambian de método, pues una vez en posesión del poder encaminan su acción a la implantación de su programa, que antes era una aspiración. De Partido revolucionario pasa a ser Partido de Gobierno».

«…No esperó el Partido Comunista conquistar el poder por medio del voto electoral, por medio de la legalidad como nos aconsejan siempre los partidos demócratas, llamados partidos de orden, porque el Partido Comunista está convencido, por los hechos ya vividos, que por medio del ejercicio legal del voto, de la elección de parlamentarios, JAMAS conseguirá la clase trabajadora tener el poder para abolir el sistema de explotación y opresión capitalista, que le permita vivir en un estado de justicia y libertad. El Partido Comunista convencido de esta verdad histórica recurrió a la violencia para tomar el poder en sus manos, después de haber organizado y disciplinado bien sus filas, escogió el momento de mayor desorden porque atravesara la clase capitalista. Así es como hoy día la clase obrera tiene en sus manos los elementos para ir construyendo la sociedad comunista del porvenir».

Recabarren, después de tantos años de proponer –en una u otra forma– la «vía parlamentaria» hacia la revolución ya plantea una estrategia muy distinta. Son las mismas ideas que llevaron a los trabajadores rusos al poder (por lo menos por un tiempo), las ideas de una revolución armada, planificada y organizada, que es la acción culminante y necesaria para la organización de la emancipación de la clase trabajadora. Una vez terminada su gira por Chile, volvió a trabajar en el diario de la FOCH .

Bueno, después de las elecciones y el trabajo asociado con la conversión del POS al PC, trabajo terminado en 1922, el nuevo PC quedó en un estado de inactividad pos-electoral, estado que reflejaba la crisis que sufría la FOCH. Se repitió este ciclo típicamente “electoral” en 1923 cuando, antes de las elecciones congresionales de marzo de 1924, se organizaba una serie de Comités Centrales Administrativos que comenzaban a coordinar la actividad partidaria electoral por área. El número de secciones del partido creció de 16 en julio de 1922 a 70 en diciembre de 1923, pero bajó después a 38 secciones activas en septiembre de 1924 creando la impresión que el PC daba muestras de vida solamente durante períodos electorales.

La Prueba de 1924

Muy luego, se puso a prueba definitiva la teoría y la práctica del PC.

Los enfrentamientos de 1924 eran productos de una larga lucha económica y política entre los conservadores “oligárquicos” y los liberales “modernos”.
El sector más conservador pensó que había perdido la guerra cuando Alessandri fue elegido Presidente como representante de la clase media, de algunos industriales, de la gran masa de la clase obrera, de los campesinos y de los empleados del Estado. Por lo tanto, como controlaban el

Congreso hasta 1924, obstaculizaron el camino de las leyes propuestas por Alessandri y la gente que le apoyaba. El enfrentamiento entre alessandristas y conservadores en el Congreso duró poco menos de cuatro años, años llenos de acusaciones y de corrupción por ambos lados.

Mientras tanto, aunque la recuperación gradual de la economía en 1923-24 hacía la vida menos difícil para los trabajadores, los precios subían rápidamente y los arriendos aumentaron casi un tercio en 1924. La FOCH había comenzado a reconstruirse, logrando alrededor de 30 mil militantes. (En la realidad, la FOCH declaró en su 6° Congreso a fines del año 1923 que tenía 11 mil cotizantes y 12 mil en el congreso de 1924. Podemos decir que sus militantes eran tres veces el número de sus cotizantes).

Finalmente, fue el ejército el que entró en la política para arreglar el empate entre liberales y conservadores e “imponer el orden” como gran “árbitro” del sistema capitalista.

El ejército había cambiado bastante durante los veinte o treinta años antes del golpe de 1924. Con el invento de los fusiles de largo alcance y el uso de la artillería, ya no servían las tácticas antiguas de batallas entre masas de soldados, que chocaban cuerpo a cuerpo, y una nueva generación de oficiales tuvo que aprender el manejo de nuevos «medios de destrucción». Pasaron años de perfeccionamiento, muchos fueron a estudiar en el ejército de Prusia y volvieron al país para tomar otros cursos en la Academia de Guerra, la que fue reorganizada en 1898 bajo el mando de un coronel alemán, Emilio Koerner, general en el ejército chileno.

Esa nueva generación de jóvenes oficiales con experiencia y bien entrenados incluía a Marmaduque Grove quien dirigirá la «República Socialista» en 1932, y a su compañero de curso y futuro dictador, Carlos Ibáñez del Campo. Ambos fueron figuras muy importantes en los golpes de 1924-5. Aquellos militares conocían la incompetencia de los “viejos” oficiales en 1920, cuandoLadislao Errázuriz, ministro de guerra del gobierno de Sanfuentes, envió a todo el ejército al Norte del país, cerca de la frontera con Perú, en una movilización caótica; los oficiales se encontraban y allí podían conversar. Les parecía que la “oligarquía” era de la misma escuela que los oficiales viejos que controlaban la jerarquía de las FF.AA., porque también eran más importantes las influencias que el mérito. La mayoría de los oficiales jóvenes sentían por lo menos simpatía hacia Alessandri y se oponían a los conservadores. En 1920, por ejemplo, Marmaduque Grove criticó a los conservadores en el casino de la Escuela Militar y fue trasladado rapidito a la guarnición de Traiguén.

Los primeros años de los ’20 eran años de rumores, de complots, de conspiraciones, pero la derrota de los conservadores en las elecciones parlamentarias del año 1924 fue la señal para un golpe. La derecha conspiraba con el alto mando del ejército y los altos oficiales de la marina para derrocar a Alessandri, mientras los jóvenes oficiales a su vez conversaban con los alessandristas para debilitar a los conservadores.
El día 2 de septiembre, el Congreso aprobó una ley para darle más dinero a sus miembros luego de rechazar una ley que asignaba más recursos al ejército. Algunos oficiales llegaron al Congreso, gritaron, pifiaron y después organizaron una reunión permanente en el Club Militar. Hicieron un pliego de demandas que enviaron a Alessandri, formaron un Comité Militar Revolucionario (CMR) el que nombró una Junta Militar Ejecutiva.

Las demandas incluían el pago del dinero que el gobierno debía a los profesores y empleados públicos, la estabilización de la moneda y el despacho inmediato de varias leyes sociales. Alessandri prometió trabajar con ellos, y si no podía cumplir, disolver el Congreso y llamar a una Asamblea Constituyente. El 8 de septiembre, se despacharon con rapidez algunas leyes sociales

bloqueadas en el Congreso, leyes propuestas por liberales y también por conservadores, que intentaban hacer cambios sociales, controlar a los sindicatos, formalizar la responsabilidad en accidentes del trabajo y formar un sistema de seguridad social. Sin embargo, los militares no volvieron a sus roles anteriores.

Distribuyeron el siguiente manifiesto el 11 de septiembre:

«Manifiesto de la Junta Militar al país.

Este movimiento ha sido el fruto espontáneo de las circunstancias.
Su fin es abolir la política gangrenada y su procedimiento, enérgico pero pacífico, es hora de cirugía y no de venganza y castigo.
Se trata de un movimiento sin bandera de secta o partidos, dirigido igualmente contra todas las tiendas políticas que deprimieron la conciencia pública y causaron nuestra corrupción orgánica.
Ninguno de los bandos podrá arrogarse la inspiración de nuestros actos, ni deberá esperar para sí la cosecha de nuestro esfuerzo.
No hemos alzado, ni alzaremos un caudillo, porque nuestra obra debe ser de todos y para todos. Mantendremos las libertades públicas, porque de su ejercicio racional nace toda creación y porque bien sabemos que de ellas arranca su existencia la más augusta de las conquistas: el reconocimiento de la soberanía popular.

De creación y no de reacción es el movimiento.
Nuestra finalidad es la de convocar a una Libre Asamblea Constituyente de la cual surja una Carta Fundamental que corresponda a las aspiraciones nacionales.
Creada la nueva Constitución, de apoderarse a la elección de los poderes públicos, sobre registros hechos por inscripción amplía y libre. Constituidos estos poderes, habrá terminado nuestra misión.
…”

Una Nota: La Junta Militar fue asociada a los militares más conservadores y el Comité Militar Revolucionario asociado a los oficiales militares jóvenes más radicales.

Recabarren respondió a los acontecimientos con un comentario en estilo lírico:

«Pero hoy estamos frente a una nueva ilusión.
La Junta Militar -el verdadero Gobierno de la República en los presentes momentos-, ha dirigido al país un Manifiesto, con la fecha 11, que declaramos sin vacilar que merece nuestra amplia aprobación. Sólo que siempre surge a nuestra mente el aguijón de la duda: ¡si nos engañaremos una vez más!

La publicación del Manifiesto -que damos en otro sitio-, aparecida en los diarios de ayer coincide con lo que hemos publicado en nuestra edición de ayer, propiciando la forma en que debe organizarse la Asamblea Constituyente.
A partir de este momento, en que la Junta Militar y nosotros coincidimos en un mismo punto inicial para la labor fundamental que ha de realizarse adelante, es preciso que el proletariado organizado estreche más sus pensamientos y se coloque en un plan de grandes actividades para marchar a poner en práctica las ideas emitidas en el Manifiesto de la Junta Militar, cuya realización sería el paso más altamente revolucionario y de mayor significación verificado en la época que atravesamos.

La Junta Militar declara bajo el amparo de su fuerza, que entregará al país la creación de su nueva Constitución, para que, en el porvenir, el pueblo viva conforme a las nuevas leyes que se quieren dar.

Si esto es la verdad, ¿Qué Constitución y qué leyes fundamentales y esenciales querrá darse al pueblo de Chile?

El momento actual es totalmente revolucionario, revolución serena y tranquila, como muchas veces la hemos soñado, como la entreviera Emilio Zola en «Trabajo».
¿Quiénes van a dirigir esta revolución?
¿Quiénes lograrán dirigir las finalidades de la gran Asamblea Constituyente en perspectiva?

Si el proletariado divide sus finalidades y sus doctrinas en dogmatismos estrechos perderemos la oportunidad de ganar esta jornada, que ganada significaría un gran paso en el camino de la Revolución Social.
No habremos de hacernos la ilusión que de esta Asamblea Constituyente vaya a surgir una República comunista ni anarquista, pero debemos trabajar para que surjan por lo menos los elementos con qué hacerla un poco más adelante.

Por lo tanto, el momento presente es el más culminante de nuestra historia.

Si la Asamblea Constituyente va a ser una libre asamblea, es el proletariado quien tendrá mayoría en esa Asamblea, y si el proletariado en mayoría no sabe guiarse, será la clase capitalista en minoría en esa asamblea quien gane la partida.
Esta es, pues, nuestra advertencia y nuestra voz de orden es: ¡Unirse y trabajar! Es decir, trabajar creando y dando formas a las ideas que deben llevarse a la Asamblea Constituyente.

Una de las ideas fundamentales que debe cristalizarse en la Constituyente es la descentralización administradora y legislativa. Por lo tanto, la abolición del parlamentarismo debe ser un ideal unánime. ¿Sería necesario reemplazar el parlamentarismo por otra organización? ¿Cuál sería ella y en qué forma funcionaría?
Un sistema federal se impondría.
Un sistema federal que entregue a los ciudadanos de las distintas regiones el derecho a trabajar por la grandeza de cada región.

Así tenemos hoy por ejemplo la región maderera, esclavizada al capricho de especuladores criminales que dañan a todos los habitantes. Independizada esa región buscaría la manera de progresar y de servir a todos.

El trigo, el pan del pueblo, está monopolizado también por especuladores extranjeros en complicidad con los nacionales, etc.
De creación y no de reacción, es el momento: nos dice la Junta Militar. Ayudemos a crear. Cada Consejo Federal, cada Sección Comunista, cada grupo proletario, ¡ayude a crear!

Si no fuera sincera la Junta Militar, sí factores extraños o surgidos del momento quisieran desviar la ejecución de las ideas del Manifiesto de la Junta Militar, sea el proletariado, obreros, empleados, profesores, universitarios, soldados, etc., quienes se encarguen de llevarla a la práctica.
Ejecutar el manifiesto de la Junta Militar debe ser nuestra acción presente y futura, cueste lo que cueste».

Lo que planteó Recabarren, o sea, la reforma del sistema ocupando tácticas revolucionarias de la organización democrática de base, era exactamente lo que necesitaban el PC y la FOCH en la situación y el 17 de septiembre, publicó otro comentario:

«Pues, si el actual gobierno militar no puede realizar los propósitos que ha anunciado, si una vez más vamos a presenciar el fracaso de todo buen propósito, ¿debemos quedarnos con los brazos cruzados?, ¿debemos dejar deshacerse estas ilusiones, debemos conformarnos una vez más con quedar burlados en nuestras aspiraciones?

Los militares nos han dado el ejemplo: tomar por la fuerza el poder para realizar el programa de bienestar social, que dicen quiere todo el país.
¡Tomar por la fuerza el poder si los militares no pueden realizar el programa que nos han ofrecido, imitar su ejemplo eso es lo que debemos hacer!».

Ahora bien, podría ser que Recabarren habla del uso de la fuerza metafóricamente, porque ni el PC ni la FOCH tenían sus propias fuerzas armadas. Había pasado dos años desde la afiliación del POS a la Terceras Internacional como PC, cuando aceptaron las condiciones de afiliación. Una de las condiciones era efectuar trabajo revolucionario dentro de las FF.AA. del Estado capitalista, trabajo que, claramente, no se había hecho.

Bueno, el PC llamó a un congreso extraordinario el 20 de septiembre de 1924 en Santiago con el propósito de debatir la situación. Recabarren presentó diversas mociones y, una vez más, planteó la posibilidad que los militares hicieran reformas democráticas, pero subrayó que el movimiento no debería pasar tiempo en la espera. Por otro lado, llamó al partido a apoyar la Asamblea Constituyente como forma de abrir camino a la revolución.

Veremos luego cómo desarrolló la preparación mancomunada para esa Asamblea, durante el Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales de marzo 1925.

Sin embargo, ni el ala conservadora de los oficiales, aquellos de la Junta, ni los jóvenes militares del Comité Revolucionario, abrieron camino a la Asamblea. Por un lado, la Junta no quiso devolver el poder del Congreso y del Senado porque representaban a los poderosos, y a su vez, los jóvenes militares eran representantes de la clase media radicalizada, ligada al aparato del Estado y quisieron asegurar el control del Estado sobre los acontecimientos. Además, y no es un tema menor, no quisieron romper la disciplina jerárquica del ejército y el nuevo Ministro de Guerra y Marina era el Almirante Luis Gómez Carreño.

Bueno, como respuesta a los militares, el PC aspiraba a una Asamblea del siguiente tipo:

“’Creemos que en el momento actual sería preferible reunir una Asamblea Constituyente totalmente democrática para dictar leyes esenciales. Pero esa Constituyente debe organizarse como sigue:

Delegados por fábrica o establecimientos industriales, mineros, salitreros, etc.,
Un delegado por cada mil obreros o fracción;
Los establecimientos que tengan menos de 500 operarios y empleados se agruparán para elegir su delegado; Igualmente procederán los trabajadores de los fundos o haciendas, puertos, etc.; delegados del ejército, marinos y policías en iguales condiciones;
Delegados del profesorado y universitarios;
Delegados de los comerciantes e industriales asociados;
Delegados de los organismos Directivos Centrales obreros de todas clases;
Delegados de los organismos Directivos Centrales de todos los Partidos Políticos». (La Justicia 27/9/1924)

¿Pero quién iba a dirigir al pueblo durante esos meses decisivos?
Bajo la presión de los sucesos se desarrolló una tremenda pelea en el Congreso del PC. Se eligieron siete nuevos miembros al Comité Central, cuatro de ellos militantes de poca experiencia fuera y dentro del partido, dos de ellos tenían menos de dos años de militancia. Sin embargo, por algo ganaron la elección al Comité Central, representaban a los militantes que querían mover el PChacia la ”izquierda”.

¿Por qué algunos militantes criticaban tanto a los dirigentes «antiguos» del PC en esa Conferencia? Las raíces del choque dentro del partido se encuentran en el trabajo municipal y parlamentario poco revolucionario del partido. O así les parecía a los jóvenes dirigentes nuevos.

Los delegados al Congreso Extraordinario del PC celebrado el 18 de octubre, y con el propósito de enfrentar los pactos con otros partidos en los Municipios y la falta de trabajos concretos, aprobaron un “programa práctico” elaborado por la sección de Antofagasta. Los regidores comunistas estarían obligados a protestar contra la carestía de la vida, deberían demostrar que mientras no se sustituyera el régimen capitalista por el comunista, todas las reformas y programas burgueses serían inútiles, tendrían que organizar a los obreros municipales en sus respectivos gremios (sindicatos) y combatir los vicios de todo tipo y desarrollar las artes, la cultura, el deporte etc.

El tema de la calidad política del trabajo comunista municipal no fue un pequeño detalle, porque hemos visto varias veces, que era una de las palancas centrales de la obra de emancipación del POS.

Los acuerdos con los partidos “burgueses” tampoco era un pequeño detalle. Las secciones comunistas de Valparaíso y Viña del Mar estaban acusadas de haber cometido errores graves en hacer pactos con otros partidos. Respondieron, con toda la razón, que habían seguido las decisiones tomadas durante Congresos anteriores sobre ese tipo de pactos, entonces si se habían errado, también se habían equivocado los Congresos.

De hecho, en el año de 1921, Recabarren había hecho un pacto electoral con los alessandristas cuando era candidato a diputado por Antofagasta y el POS había ganado 5 mil votos; los aliados dividieron las candidaturas entre ellos y Recabarren salió elegido. Sin embargo, en el año 1923 Recabarren planteó que era legítimo hacer alianzas electorales con cualquiera de los partidos burgueses, porque eran todos iguales. Acto seguido, en las elecciones de 1924 el PC ganó 12 mil votos, pero ninguno de sus candidatos salió elegido. Es más, surgieron varias secciones nuevas del partido durante la campaña electoral, pero muy pronto desaparecieron.

Estas discusiones sobre el trabajo electoral gatillaron la elección de varios nuevos militantes para la Directiva del partido, cosa rechazada por Recabarren quien describió a uno como ocioso notable y a otros como borrachines, vanidosos que le faltaban a los principios y carecían de experiencia y se negó a ser dirigente mientras el Comité central tuviera miembros así.

En fin, después de la violenta discusión, Recabarren logró que el 13 de diciembre, las bases del PC eligieran otro Comité Central y que la sección de Santiago expulsara a la mayoría de los militantes jóvenes.

Sin embargo, aparte de la crisis social del país y la crisis interna que sufría su partido, Recabarren también tenía problemas personales de salud, porque sufría de una enfermedad nerviosa que le causaba dolores de cabeza y de los ojos. Y parecía que su relación con su compañera de años, Teresa Flores, estaba a punto de terminar. Ya había intentado suicidarse en agosto.

El 19 de diciembre de 1924, Luis Emilio se suicidó. Hasta el final, su ánimo, su espíritu, estuvo estrechamente ligado a los problemas del movimiento, de su partido, de su “obra”.
Sin poder “trabajar”, ¿por qué vivir?

Recabarren después de Recabarren.

El impacto del golpe de septiembre 1924 fue grande porque abrió las puertas para la obra de preparación para la Asamblea Constituyente.

La oficialidad joven que había sido el alma y el motor del movimiento de septiembre volvió a organizar un golpe el día 23 de enero, que desplazó las más altas jerarquías militares del gobierno de la República. Su llamado al autoexiliado Alessandri Palma para que volviera al país a terminar su mandato presidencial, junto a su declaración a favor de la convocatoria a una Asamblea Constituyente, generó nuevas esperanzas y un clima de febril actividad de las dirigencias del movimiento popular.

Un par de días después del nuevo golpe, la directiva de la FOCH llamó a una reunión de un sin número de uniones y federaciones sindicales, con el propósito de organizar su trabajo constitucional, formando un “Comité Nacional Obrero” (*). El día 27 de enero, la Junta de Gobierno y el Comité Militar Revolucionario acordaron la constitución de un Gobierno Provisional a la espera de que Alessandri retornara para reasumir sus funciones como presidente de la República, asimismo anunciaron varias medidas, algunas de las cuales satisfacían en parte ciertas demandas de los trabajadores como la promesa de convocatoria a “una Asamblea Constituyente de origen popular a fin de plasmar el programa de reformas ofrecido al país en el manifiesto del 11 de Setiembre de 1924”.

Un manifiesto conjunto del PCCh y de la FOCH proclamó la convergencia de propósitos de la clase obrera y los oficiales reformistas jóvenes: “La juventud militar se ha adelantado a lo que nosotros pocos momentos más tarde debíamos iniciar”. Pero nadie debía equivocarse, sostenía Barra Woll de la directiva del PC, que …

” Nuestra finalidad es la toma del poder por el proletariado para el establecimiento de su dictadura de clase, y la lucha de hoy, no es otra cosa que un incidente que tiende a asegurar este objetivo futuro por medio de nuestro contacto con las tropas… estamos plenamente convencidos que las fuerzas liberales que hoy están en el poder frustrarán seguramente todas las expectativas del proletariado y solo habremos conseguido una relativa y transitoria garantía para nuestro desarrollo la que pronto desaparecerá con la normalización del régimen burgués.”

Barra Woll también dejó claras las razones para su apoyo al gobierno y los militares:

“Porque la masa obrera, una gran parte de los empleados especialmente, aún no pierden la fe en la burguesía liberal a la que ni siquiera saben distinguir bien como clase explotadora”.

Está claro la nueva política “bolchevique” que transmite Barra Woll, siguió en las huellas de Recabarren cuando comenzó a hablar en los mismos términos. Además, el PC en enero de 1923, tenía como llevar la nueva política a la práctica.

En otras palabras, los comunistas no se hacían ilusiones desmedidas acerca de los resultados que podría arrojar una Asamblea Constituyente – no obstante, entendían que su participación y la de los trabajadores en este proceso era una mediación táctica importante en la acumulación de fuerzas que permitiría un escenario más favorable para las luchas del futuro…

“No crean los camaradas que, de esa asamblea, saldrá la total felicidad para la clase trabajadora, no, no te [sic] lo figuréis camaradas, pero tampoco desconozcáis que de esa asamblea también puede surgir un mejor

horizonte que haga menos dificultoso el andar de las ideas que han de traer la emancipación integral de la clase trabajadora.”

En principio, en la Constituyente de Asalariados e Intelectuales (o “Constituyente Chica” como se comenzó a llamar informalmente) participarían mil personas, de acuerdo a estos porcentajes: proletarios, 45%; empleados, 20%; profesores, 20%; estudiantes, 7% y profesionales e intelectuales, 8%. Al final, llegaron unos dos mil delegados.

Al acercarse nuevos partidos y militantes políticos como los radicales y los demócratas, el PC insistió que el proceso en marcha era un Frente Único Obrero y no obrero-burgués, pero su protesta fue desechada dentro del Comité Nacional Obrero, y luego el PC sufrió una segunda derrota al negársele su participación como partido porque, afirmaron la mayoría de los delegados, este ya estaba incluido a través de los comunistas que pertenecían a los sindicatos fochistas.

Mientras las varias organizaciones intentaban llevar el Comité al camino indicado por sus propias políticas, en numerosos puntos del país se crearon entidades que replicaban el Comité Nacional Obrero a nivel provincial o regional y cada gremio se puso a trabajar.
La Junta Ejecutiva de la Asociación General de Profesores de Chile, por ejemplo, convino que la cuota del magisterio se distribuiría de este modo: 45% a la Asociación General de Profesores de Chile, 20% a los maestros secundarios, 5% a los profesores primarios no organizados, 10% al profesorado especial, 10% al profesorado superior, 3% a los maestros de las escuelas normales etc.

Los Debates del Congreso

El gran congreso popular fue inaugurado, con una concurrencia de más de 2.000 personas, en la mañana del domingo 8 de marzo en el Teatro Municipal de Santiago.

Luego de varios discursos, un acto en apariencia tan simple como la elección de la mesa directiva del congreso, se prolongó hasta bien avanzada la tarde del primer día de sesiones. Al finalizar, luego de intensas discusiones y transacciones entre distintos grupos, se eligió como presidente del congreso a Víctor Troncoso, de la Asociación General de Profesores y primer vicepresidente a Carlos Alberto Martínez, presidente de la Asociación de Sociedades Mutualistas de Santiago (Martínez ya no era parte del POS-PC ni la FOCH).

La discusión más importante de ese primer día fue la que se produjo luego del discurso del anarquista Alberto Baloffet, quien postuló que los proletarios no debían abocarse a redactar una nueva Constitución, tan solo debían fijar ciertos principios generales que reflejaran sus intereses. Luego de un acalorado debate, se aprobó por gran mayoría la moción de Baloffet, que establecía que los acuerdos tendrían “carácter de principios generales” por considerar que no era “de interés de la clase productora elaborar una constituyente política”.

Los comunistas, por su parte, presentaron una moción en la que se declaraba que el proletariado concurriría a la futura Asamblea Constituyente a fin de “hacer la crítica más inexorable y justa contra el capitalismo y sus medios de explotación y de opresión” para continuar preparando el advenimiento de “una organización fundada en los principios de las doctrinas socialistas, sin renunciar, por consiguiente, al derecho de reemplazar en el instante oportuno las armas de la crítica por la crítica de las armas”.

El proletariado debía pues, usar como táctica para su liberación la lucha de clases y la revolución social hasta tomar el poder, luego de lo cual debía establecer su dictadura durante un “período transitorio” para “dominar a las fuerzas contrarrevolucionarias y organizar racionalmente la producción”.

A mí, me parece que los dirigentes del PC todavía tenían poca experiencia para plantear la política “bolchevique” en varias y distintas condiciones de lucha, porque no existía ninguna posibilidad de convencer al gremio de los Profesores, o de los Mutualistas, de su “gran política”. Entonces, ¿por qué postular una moción de ese tipo que era, al fin y al cabo, propagandística?

Mejor concentrarse en esa parte de su obra que podría traer consecuencias prácticas, de construcción. Bueno, veremos que, al final, tenían toda la razón que “las fuerzas liberales que hoy están en el poder frustrarán seguramente todas las expectativas del proletariado”.

Las sesiones del lunes 9 de marzo fueron tan o más tumultuosas que las de la jornada anterior. Hubo unanimidad para aprobar punto cuarto del informe de comisión estableciendo que: “La propiedad es social en su origen y en su destino. La propiedad de la tierra y de los instrumentos de producción y cambio, debe estar socializada”.

Sin embargo, hubo otro debate muy acalorado para que la asamblea no se pronunciara sobre un proyecto de Constitución, sino sobre principios esenciales. Baloffet denunció la acción de algunos políticos (es decir el PC/FOCH) que querían “desviar los fines de la asamblea para hacer aprobar una Constitución, la que tomarían más tarde como plataforma política para servir sus intereses y ambiciones”. Ese fue una extensión del debate que se hizo el día anterior, es decir un debate entre la construcción de una política para las acciones en el futuro (del PC/FOCH), o como alternativa una discusión general (de los anarquistas, los Profesores y los Mutualistas).

Fue durante la tercera jornada martes– cuando se acordó la idea de hacer residir el Poder Legislativo en una “Cámara Funcional” cuyos miembros serían elegidos “por los gremios organizados del país” en base a un mandato “siempre revocable”. En otras palabras, que el país estaría gobernado por la versión chilena de los “Soviets” rusos.

(Llama la atención que estas “Cámaras Funcionales” son similares a las organizaciones municipales locales propuestas por Recabarren en su Folleto “Qué Queremos los Federados…”)

También se decidió que “la República de Chile será federal”, que hombres y mujeres gozarían de “igual capacidad política y civil”, que la administración de justicia debía ser gratuita, y que los jueces y magistrados del Estado debían ser colegiados y generados mediante elecciones restringidas a las clases productoras.

Seguía y seguía el enfrentamiento entre dos tipos de política, entre los comunistas y los profes/mutualistas/anarquistas y cuando la propuesta formulada por un maestro asegurando que la Asociación de Profesores de Chile “en la lucha por las reivindicaciones sociales no acepta ni aceptará tiranía alguna, incluso la proletaria”, concitó la hostilidad de los comunistas, produciéndose un gran desorden y violentos intercambios de palabras entre los delegados rivales. El debate terminó en un catastrófico empate.

Los debates más virulentos se produjeron el cuarto y último día de sesiones miércoles 11 de marzo. Al finalizar el debate de cómo seguir con la obra Constituyente, ya al anochecer, luego de largas discusiones y negociaciones de pasillo, se acordó “crear un organismo encargado de

propagar los principios aprobados por la Constituyente y agitar intensamente la opinión para hacer que ellos triunfen”. Este se formaría por un delegado (presidente o secretario general) de cada una de las principales entidades presentes en la “Constituyente Chica”: Asociación General de Profesores, FOCH, FECH, Unión de Empleados, Federación Ferroviaria, sociedades autónomas (mutuales), más una persona nombrada por la misma asamblea.

Y aún más tarde, el delegado presidente de la Federación de los estudiantes pronunció (resumiendo el enfrentamiento entre los dos grupos de delegados en pugna), que:

“Vemos con profunda pena que en esta asamblea se haya obedecido ciegamente a un Comité Político determinado que ha levantado la mano para imponer acuerdos y tras él ha seguido parte de la asamblea predispuesta con anterioridad a acatar ciegamente a este Comité Político. Esto nos da profunda pena”.

La reacción de los comunistas y fochistas (es decir, obviamente, los seguidores de ese mismo “Comité Político”), fue instantánea: el presidente estudiantil fue interrumpido a viva voz, originándose una gran algarabía, que no fue posible controlar.

Los laboriosos acuerdos de la Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales no tuvieron trascendencia práctica alguna en la coyuntura política chilena de 1925, a los pocos días eran letra muerta. Apenas se disolvió la asamblea, cada fuerza política siguió su propio camino porque los consensos logrados eran menos profundos que sus diferencias. Y pocas semanas después dereasumir la presidencia de la República, “el León” por sí y ante sí, designó a los miembros de las dos comisiones que debían preparar la Asamblea Constituyente, escogiendo a una mayoría de políticos tradicionales. Fin de la historia.

Algunas conclusiones para nosotros.

Hemos visto los temas centrales para Recabarren durante toda su vida como activista, eran el perfeccionamiento de los trabajadores y la forma que tomaría control de su nuevo país. Al principio, planteaba que el trabajo parlamentario podría ayudar en ese proceso de perfeccionamiento a través de las leyes “inteligentes”.

¿Por qué planteaba tal cosa? – porque al trabajador le faltaba el perfeccionamiento. Sin experiencia no podía crear el nuevo país y necesitaba la “política” parlamentaria. Pero una vez perfeccionado podía construir un nuevo mundo, un nuevo Chile como aquello descrito en su folleto “¿Qué queremos los federados…?”, el país de las Asambleas democráticas.

Y para Recabarren, como para Marx, la clase trabajadora tiene que aprender cómo ejercer su poder a través de la práctica misma. Lo que Luis Emilio logró hacer fue desarrollar ideas respecto a la autogestión en los municipios y cooperativas, para llegar a tener una visión del socialismo como una tarea práctica. Su propia travesía de “demócrata” a “comunista” y el desarrollo de su diseñodel país nuevo formaban parte del viaje hacia el perfeccionamiento del trabajador y del país.

Su forma de ver las interacciones entre su partido (el PD, el POS, el PC) y las bases, esa óptica cambiaba. Sin embargo, solamente en sus últimos años veía el partido como algo explícitamente “distinto”, pero integrado con las bases, algo como “un organismo revolucionario de vanguardia, con propósitos claros, directivas precisas”.

Sin embargo, mientras Recabarren durante casi toda su vida, ponía énfasis en el parlamentarismo como herramienta “útil” en las manos de trabajadores “inteligentes”, Carlitos Marx ponía el énfasis en el Estado como un aparato represivo (aunque ya sabemos que también interviene en muchas formas en la vida, desde la educación y la comunicación hasta la salud y la economía), aparato que los poderosos pueden usar para reprimir otras clases con el propósito de seguir disfrutando los frutos de la explotación.

Para Marx, y tenía razón, la clase capitalista es capaz de controlar a las FF.AA. y las otras partes del Estado porque los hombres y mujeres de ese Estado, los generales, jueces, altos burócratas, son de la misma clase o se identifican con ellos. Los generales, además de ser militares, son ricos, tienen parientes y amigos entre los poderosos. Mirando la situación desde otro punto de vista, son los “árbitros” de la sociedad y como tales, su futuro depende de la continuación del sistema que protegen.

Nos cabe entonces, preguntar ¿cómo los trabajadores, el pueblo, pueden tomar la batuta? – Luis Emilio enfrentó ese tema solamente durante la crisis de 1924 cuando comenzó a hablar de la revolución misma como actividad “concreta”, como algo que se organiza y que se hace.

Pero no tenía las herramientas a mano para seguir el camino de una revolución de la emancipación, porque su partido, al integrarse con la tercera Internacional, no implementó todas las condiciones de aquella integración.
Por lo tanto, mientras tenía claro que las organizaciones base deben controlar el país, no tenía claro cómo derrotar la clase capitalista (fuera de unas frases como “una huelga general obligará a todos los industriales a someterse a lo que quieren los trabajadores organizados”).

En otras palabras, podía responder, y muy bien, a la pregunta “¿Qué queremos los federados y socialistas y para qué?… pero no podía responder bien a la pregunta “Cómo hacer la revolución de la emancipación del trabajador cuando se opone con fuerza la clase capitalista?

Su respuesta a esta pregunta fue “la huelga general”, idea que nació de la cultura ácrata/anarquista, pero sabemos que una huelga general tampoco basta para poner fin al capitalismo.

Referencias

Este trabajo habría sido mucho más difícil hacer, sino imposible, sin los trabajos previos de varios otros compañeros, tales como Jaime Massardo, Sergio Grez, Julio Pinto, Jorge Rojas, Eduardo Devés, Vicente Mellado y otros más.

(*) Para ver el desarrollo de la Asamblea de Asalariados e Intelectuales en todo su detalle, ver el trabajo excelente de Sergio Grez: “La Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales Chile, 1925: entre el olvido y la mitificación”; Izquierdas, 29, 1- 48, septiembre 2016.

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