Aplastar la guerra israelí contra Gaza y la limpieza étnica en Jerusalén

de World Socialist Web Site

El World Socialist Web Site condena enfáticamente la ofensiva israelí contra la población en la franja de Gaza, así como la operación de limpieza étnica en Jerusalén que precedió y detonó el conflicto. Los trabajadores de todo el mundo, incluyendo la clase obrera israelí, deben oponerse a la agresión en marcha contra el pueblo palestino.

Docenas de palestinos han sido asesinados por bombas y misiles israelíes, que han llovido sobre al menos 500 ubicaciones en un área más pequeña que las ciudades de Detroit o Filadelfia, con una población de más de dos millones.

Este fue el más reciente ataque aéreo israelí tras una serie de bombardeos en la Franja de Gaza, después de los ataques aéreos israelíes sobre la ciudad de Gaza, 12 de mayo de 2021 (AP Photo/Khalil Hamra)

Algunos líderes de los grupos militantes palestinos Hamás y Yihad Islámica fueron asesinados en circunstancias que siguen sin esclarecerse. Al parecer, se trató de una combinación de asesinatos selectivos con misiles y una campaña más generalizada de bombardeos para destruir edificios utilizados por Hamás, que ha gobernado Gaza desde 2007.

La baja más prominente fue la de Bassem Issa, comandante de la brigada en la ciudad de Gaza de la fuerza militar de Hamás. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu presumió: “Eliminamos a comandantes altos de Hamás y esto apenas comienza… Les daremos golpes que ni siquiera podían soñar”.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) movilizaron a 5,000 reservistas, incluyendo unidades acorazadas y paracaidistas a lo largo de la frontera con Gaza, en posiciones para invadir el enclave si así lo ordena el gabinete de seguridad israelí, el cual mantenía una postura bélica el miércoles. Fue la mayor muestra de fuerza desde la invasión israelí de Gaza en 2014, que mató a miles de palestinos en una masacre de un mes.

En una visita a la ciudad de Ashkelin en el sur de Israel y cerca de Gaza que ha sido el blanco de los ataques de Hamás con cohetes rudimentarios y en gran medida inservibles, el ministro de Defensa, Benny Gantz, indicó que la operación israelí continuaría por un tiempo más prolongado. El ejército “seguirá bombardeando y traerá un silencio completo a largo plazo”, dio. “Actualmente no hay una fecha final”.

El vocero de las FDI, Hidai Zilbeman, reconoció que los civiles palestinos posiblemente sufrirían lesiones o muertes debido a los ataques israelíes pero afirmó que Hamás estaba utilizando deliberadamente a los civiles como “escudos humanos” para sus operaciones, una fraudulenta justificación utilizada incontables veces por el imperialismo estadounidense y el Estado sionista para masacrar civiles.

Lo que tiene más significado político es el despliegue de ocho batallones de reservistas policiales fronterizos en ciudades israelíes con poblaciones importantes de israelíes árabes, a diferencia de los blancos usuales en Cisjordania. Los israelíes palestinos han llevado a cabo importantes protestas contra los esfuerzos de Israel de expulsar a los residentes palestinos del vecindario Sheikh Jarrah de Jerusalén Este, y en contra de los ataques israelíes contra los palestinos involucrados en servicios religiosos en la mezquita de Al Aqsa en Jerusalén. La policía fronteriza fue enviada a Lod, en el centro de Israel, donde se declaró un estado de emergencia, así como a Acre, en la costa norte del país.

La amenaza israelí de desahucios en Sheikh Jarrah tiene un carácter particularmente provocador. Ha estado acompañado de marchas en el vecindario de sionistas de extrema derecha que cantan “Muerte a los árabes”. Como lo señala un comentario en el New York Times de la activista y cineasta Rula Salameh, “Las familias de Sheikh Jarrah que se han enfrentado a los desahucios son refugiados palestinos que fueron expulsados de sus hogares en Haifa y Jaffa durante la guerra de 1948”. Luego, el Gobierno jordano los reasentó en Jerusalén Este, un área que controlaba hasta la guerra de 1967.

Sheikh Jarrah linda directamente con la Puerta de Damasco, la principal entrada al Barrio Árabe de la Ciudad Vieja, la parte histórica amurallada de Jerusalén que incluye el Muro de los Lamentos y la mezquita de Al Aqsa, el tercer santuario más sagrado del Islam. Las autoridades israelíes cerraron la Puerta de Damasco el mes pasado y ahora están desalojando a las familias palestinas del barrio que se encuentra fuera de ella, en lo que bien podría ser una preparación para desalojar el Barrio Árabe por completo.

El Gobierno de Netanyahu es totalmente capaz de llevar a cabo acciones tan drásticas y puede ver esta provocación como una necesidad política, dada la lucha de Netanyahu por formar un Gobierno y así eludir la condena en su actual juicio por cargos de corrupción. Tras el fracaso inicial del primer ministro a la hora de obtener una mayoría en el fracturado Parlamento israelí, el presidente israelí, Rubén Rivlin, ha dado al líder de la oposición, Yair Lapid, la oportunidad de formar un Gobierno de coalición.

Un funcionario de la ONU, el coordinador especial para el Proceso de Paz en Oriente Próximo, Tor Wennesland, advirtió que la crisis en Gaza está “intensificándose en dirección de una guerra a gran escala”. Sin embargo, sus llamamientos a la “desescalada” cayeron en saco roto, tanto en el gabinete de guerra israelí como en Washington, que es el principal defensor de Israel a nivel internacional.

Wennesland presentó el miércoles un informe sobre la crisis ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Estados Unidos bloqueó una resolución, redactada por Noruega y Túnez, que condenaba los desalojos israelíes en los barrios de Sheikh Jarrah y Silwan en Jerusalén Este, y pedía a Israel que “cesara las actividades de asentamiento, las demoliciones y los desalojos.”

Esto es típico del papel de las Naciones Unidas, una tertulia política que solo es capaz de actuar cuando las potencias imperialistas la consideran una pantalla adecuada para sus propias agresiones. En las escasas ocasiones en que el Consejo de Seguridad ha aprobado resoluciones sobre Oriente Próximo, Israel las ignora impunemente.

Desde que estalló la crisis, el Gobierno de Biden se ha visto inmerso en un frenesí de actividades proisraelíes. El secretario de Estado, Antony Blinken, el secretario de Defensa, Lloyd Austin, y el asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, han realizado repetidas llamadas telefónicas a sus homólogos israelíes, ofreciendo el apoyo del imperialismo estadounidense a su principal cliente en Oriente Próximo.

Blinken declaró: “Hay, en primer lugar, una distinción muy clara y absoluta entre una organización terrorista, Hamás —que está haciendo llover cohetes indiscriminadamente, de hecho, apuntando a civiles— y la respuesta de Israel, defendiéndose, que está apuntando a los terroristas que están haciendo llover los cohetes sobre Israel”.

Austin llamó a Gantz para transmitirle el “apoyo férreo” de Estados Unidos, declarando que “condenaba enérgicamente el lanzamiento de cohetes por parte de Hamás y otros grupos terroristas dirigidos a civiles israelíes”.

Hay un aspecto aún más peligroso en el conflicto que ha estallado en Gaza. El Estado israelí existe a través de la guerra, como única condición en la que puede contener las contradicciones sociales que desgarran el proyecto sionista. A los siete años de la última guerra de este tipo —la invasión de Gaza en julio de 2014—, una operación militar contra los palestinos es probablemente vista por los dirigentes israelíes como una necesidad postergada, y no necesariamente limitada a los palestinos.

La columna que apareció el martes en el Jerusalem Post, una de las principales voces de la prensa de la derecha israelí, es particularmente ominosa, bajo el título: “¿El ataque masivo de Hamás contra Israel es el asalto del que advirtió Irán?”. El autor sugiere que el bombardeo de cohetes por parte de Hamás no es realmente una respuesta a las acciones israelíes en Jerusalén, sino que fue instigado por Irán, en coordinación con la Yihad Islámica y el grupo libanés Hezbolá, en respuesta a los ataques israelíes contra el programa nuclear iraní.

El objetivo de estos comentarios, sin presentar la más mínima fundamentación o pruebas, es preparar la opinión pública para un ataque militar israelí contra Irán. Este probablemente tendría como objetivo la instalación nuclear iraní de Natanz, ya golpeada por una operación israelí el mes pasado, que implicó la detonación por control remoto de un dispositivo explosivo introducido a escondidas en la planta.

Solo un día antes de que apareciera este comentario, un barco de la Guardia Costera estadounidense hizo “disparos de advertencia” contra barcos iraníes en el estrecho de Ormuz, el tercer encuentro de este tipo en cinco semanas. El barco de la Guardia Costera escoltaba a un submarino de la Armada con misiles guiados, que atravesaba el estrecho en la superficie.

La crisis en Oriente Próximo está en el filo de la navaja. Estados Unidos es el principal patrocinador del régimen sionista, mientras que Irán ha desarrollado vínculos económicos, diplomáticos y militares con Rusia y, sobre todo, con China. Un ataque israelí contra Irán podría arrastrar a todas las grandes potencias al caldero de la guerra, con consecuencias incalculables.

Una nueva guerra en Oriente Próximo y la amenaza de que se convierta en una conflagración mundial solo pueden ser contrarrestadas mediante el desarrollo de un movimiento de masas contra la guerra basado en la clase obrera internacional.

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