A 90 años de la fundación del POUM, reflexiones sobre su legado

por Agustín Santos

Cuando iniciamos las conmemoraciones del 90 aniversario de su fundación, comenzamos también a reflexionar sobre el legado del POUM. Hay que reconocer que hemos apoyado las actividades del 90 aniversario sobre una narrativa muy concreta: una versión en la que se interpreta al POUM desde la visión neobolchevique que adoptó. El POUM, que participa a través de Izquierda Comunista y del BOC en las jornadas del 34, en la revolución de Asturias, pero también en Cataluña y en Madrid, saca unas lecciones, resumidas básicamente en dos libros: el de Manuel Grossi, La insurrección de Asturias, que escribe Julián Gorkin en parte, y Hacia la segunda revolución española de Joaquín Maurín. A estos dos se puede añadir un tercer libro, más referenciado en Madrid: Jalones de Derrota, Promesas de Victoria, de Grandizo Munis. Y esas tesis de unos y de otros crean una narrativa neobolchevique. Es decir, de forma muy resumida, en España en 1935 se está en una situación en la que la revolución democrática no puede ser concluida por la izquierda republicana, por la burguesía democrática republicana, solamente la clase obrera es capaz de llevar hasta el final las tareas de la revolución democrática. Y para hacer la revolución democrática deberá hacer la revolución proletaria. 

Una orientación “neobolchevique”

Esta fue la trayectoria en Rusia de la revolución entre febrero y octubre de 1917. Lo que se va a producir en España después de las jornadas de octubre de 1934, que son interpretadas como una especie de 1905 ruso, va a ser el inicio de este proceso de revolución democrática, con la constatación de la incapacidad de la burguesía democrática republicana, sobre la que ya hay dudas después del pacto de San Sebastián, la caída de la monarquía alfonsina, pero sobre todo después del bienio progresista y del bienio negro. Unas enormes dudas en el movimiento obrero sobre cuál es su capacidad de gestionar incluso desde el gobierno de la República su propio programa democrático.

Por lo tanto, este programa de revolución bolchevique tiene que implicar, primero un partido bolchevique , y aparece el problema de la unidad de la organización política; segundo, un problema de unidad de la clase obrera para que pueda hacer experiencias conjuntas importantes y pueda auto-organizarse, y aparece la experiencia de las Alianzas Obreras, que han estado detrás de octubre del 34. El tercer elemento importante que aparece es la cuestión de la dualidad de poder. En algún momento habrá que construir o se construirán órganos de doble poder y mediante esos órganos de doble poder el partido revolucionario será capaz de conducir a la clase obrera a la realización de las tareas de la revolución democrática tomando el poder.

Esta es la narrativa que se adopta. Digo “neo” porque aunque Maurín y sobre todo Nin tenían una experiencia directa de la Revolución rusa, su interpretación de la estrategia bolchevique corresponde ya a los debates posteriores a la muerte de Lenin, con versiones diferentes de las distintas corrientes rusas, que buscan adaptar en concreto a las características históricas de España. Porque no se trata de hacer este balance en blanco y negro, sino de comprender que hubo matices desde el primer momento en la interpretación de las corrientes que confluyeron en el POUM.

La pregunta es: ¿hasta qué punto esta orientación neobolchevique ayudó a la dirección del POUM a enfrentarse a los hechos reales? Es verdad que, como decía Clausewitz y le encantaba repetir a Lenin, con el primer tiro de la primera batalla se hunden todos los planes estratégicos y hay que improvisar sobre todo: a partir del 18 de julio fue lo que ocurrió. No hubo ningún partido, ningún sindicato, capaz de tener un plan maestro, un librillo, con el que enfrentarse a las tareas que se iban planteando de forma urgente. Pero también es una pregunta razonable y lógica cuando conmemoramos al POUM como un partido marxista revolucionario, entendiendo por tal su narrativa neobolchevique, ¿eso le ayudó? ¿ayudó a Andreu Nin? ¿ayudó a la dirección del POUM, después de la caída de Maurín en Galicia? ¿o se convirtió en un inconveniente que creó problemas de interpretación adicionales?

Aparecen dos debates ligados a esto claramente. Uno es el debate sobre revolución y guerra, o revolución o guerra, que en el fondo es sobre la caracterización de la revolución democrática y el sujeto de la misma. La posición del POUM, la posición de la izquierda de la CNT, es: la burguesía no es capaz de hacer la revolución democrática y por lo tanto, guerra y revolución son una sola cosa. Esto crea una delimitación frente al gobierno republicano y frente a otros partidos. Y el segundo gran debate que se plantea, y que además no se resuelve, es el debate de la dualidad de poder. ¿Se ha producido o no se ha producido dualidad de poder durante el periodo que calificamos de “revolucionario”, de julio del 36 a enero del año 37?

Esta es la pregunta que quería plantear e intentar seguir las respuestas del POUM, a través de una serie de textos del propio POUM que ilustran su posición.

Las lecciones de Asturias 1934

Primero, todo el debate sobre Asturias -que es un debate largo, profundo, en el que intervienen como fuerzas separadas, por un lado, el BOC, con sus matices, y por otro lado la Izquierda Comunista, también con los suyos-, acaba concretándose en un texto que se publica en marzo del 36, meses después del congreso fundacional de septiembre, y se va a titular “Qué es y qué quiere el POUM”. No es casualidad que Víctor Alba, cuando recopila los documentos del POUM, empieza con ese texto, porque es el que fija el modelo canónico de esta narrativa neobolchevique: revolución democrática, incapacidad de la burguesía, necesidad de construir una hegemonía de la clase obrera, alianza con los campesinos, atracción de la pequeña burguesía, aparición de la dualidad de poder, reforzamiento de esa dualidad de poder, coordinándola, poniendo las consignas democráticas y sociales en primer lugar, y avanzar, en la resolución del problema de la tierra (el POUM tienen Lleida como un centro de experimentación importante de la cuestión agraria), la cuestión de las nacionalidades, la cuestión del Estado, qué tipo de Estado tiene que surgir de la revolución democrática, y la cuestión de la mujer, de la iglesia, de los privilegios, y para añadir a esta lista de cuestiones democráticas, cómo posicionarse ante la URSS y la Internacional.

Es curioso que después de este texto canónico que escriben a cuatro manos Maurín y Nin, y que acepta el Comité Ejecutivo como la mejor expresión del Congreso Fundacional, se produce inmediatamente el debate entre Maurín y Carrillo sobre la cuestión de la unidad, de la acumulación de cuadros, que terminaría por otra vía en las Juventudes Socialistas Unificadas. Trotsky había defendido el llamado “entrismo francés” dentro del PSOE, porque se estaba produciendo la radicalización de un sector importante de las Juventudes Socialistas y en la corriente largo-caballerista: lo que tenían que hacer las fuerzas marxistas revolucionarias, vinieran de donde vinieran, era entrar dentro, reforzar a esa izquierda, participar en ese proceso de unidad. La primera respuesta de Maurín, es decir unidad sí, pero sobre la base del programa marxista revolucionario. Es decir, no nos fiamos de Largo Caballero, a pesar de lo que dice, de que empieza a actuar y a explicar sus posiciones con un discurso neobolchevique, pero que carga con toda la mochila de su propia trayectoria personal, que era muy contradictoria.

Santiago Carrillo, representante entonces de la corriente largo-caballerista y secretario general de las Juventudes Socialistas, se hace eco del llamamiento de Trotski, y pide a las fuerzas agrupadas en el POUM integrarse en el PSOE. Nos hace falta, escribe Carrillo, para lograr la rectificación fundamental del Partido Socialista, que es el partido de masas del proletariado español, y es ahí donde tenemos que construir el sujeto histórico que sea capaz de llevar la revolución democrática a buen término como una revolución proletaria. Este es un debate importante, al que no se le ha dado la importancia que tuvo en el contexto de la época.

La naturaleza ambivalente del Frente Popular

Los cuatro discursos de Joaquín Maurín como diputado, a los que tuve ocasión de referirme en otro acto de la FAN en el Ateneo, abordan no solo la situación antes del 18 de julio sino la caracterización del Frente Popular, y que en Cataluña se llamaba el Frente de Izquierdas, el Front d’Esquerres. ¿Por qué la diferencia de nombre? Porque el Frente Popular, a pesar de la caracterización posterior en los escritos de Trotski, desde el comienzo fue un espacio en conflicto, en el que había básicamente dos posiciones. Por un lado, la posición de Azaña, apoyada por Prieto, de que la revolución democrática la llevaría a cabo la burguesía democrática española, que era republicana, apoyada instrumentalmente por el Partido Socialista, y a la que había que sumar a los partidos nacionalistas de Cataluña, Pais Vasco y Galicia a través de los estatutos de autonomía. Trotski entiende que el Frente Popular está desde el primer día cerrado en torno al proyecto de Azaña, y no entiende o cree factible el proyecto de Largo Caballero de frente de izquierdas que refuerce progresivamente a través del conflicto social la hegemonía de la clase obrera

Es Largo Caballero el que insiste en que la tarea es construir un frente de izquierdas, capaz de responder a las tareas que había dejado planteadas el bienio negro, es decir, la amnistía, el levantamiento del estado de excepción, las cuestiones típicas de la tierra, de las autonomías, etc. Ese programa democrático solo lo puede aplicar la clase obrera. Por lo tanto, lo que hay que construir es la unidad de la clase obrera, y Largo Caballero exige que estén presentes en las negociaciones para la constitución del Frente Popular, el PCE, el POUM, el Partido Sindicalista. Pero Azaña le responden que no. Si el Partido Socialista quiere negociar con todos ellos, que lo haga, pero la burguesía azañista, la izquierda republicana, solo negociará con el PSOE. Y Prieto apoya esta posición. Es decir, desde el comienzo, hay un conflicto por definir la naturaleza del Frente Popular,  que se traslada al seno del Partido Socialista, cristalizando en dos orientaciones, la prietista y la largo-caballerista. Ese conflicto de posiciones va a reproducirse durante los primeros meses de la guerra, hasta la constitución en septiembre de 1936 del Gobierno Largo Caballero.

Los comités gobierno tras el 18 de julio

Después del 18 de julio, el principal mitin que organiza el POUM en Barcelona es en el Price, donde hablan Gorkín y Nin. La cuestión, muy importante, que plantean es: ¿qué es lo que ha surgido después del 18 de julio? Lo que Grandizo Munis llama los “comités gobierno”, que han aparecido el 18-20 de julio con el hundimiento del Estado republicano en muchos lugares frente a la sublevación militar. ¿Qué hacer frente a ellos? ¿Y cuál es la evolución de los mismos desde el mes de julio hasta el mitin del Price, el 6 de septiembre?, En Cataluña es la constitución del Comité Central de Milicias Antifascistas. 

Y el Comité Central de Milicias Antifascistas, como aparece reflejado en las memorias de Joan García Oliver, tiene dos momentos clave. El primero es el encuentro, después del 19 de julio, con el presidente de la Generalitat Companys, que les dice: si me queréis utilizar, estoy a vuestro servicio, pero si no me queréis, yo me convierto en un luchador antifascista más, y vuestro es el poder, decirme qué es lo que tengo que hacer con la Generalitat. Y la respuesta que le dan en ese momento, es decir, no, no, usted se queda ahí, al frente de la Generalitat, que nosotros, el Comité, nos ocupamos de la dirección de la guerra.

El segundo momento, es el momento Tarradellas, cuando Tarradellas se desplaza a los cuarteles del Comité Central de Milicias Antifascistas en Barcelona para intentar subordinarlo a la Generalitat, y es simplemente despachado: ya sabemos lo que tenemos que hacer, lo que necesitamos son armas, dedique sus esfuerzos a buscarnos armas, ya haremos nosotros lo que tengamos que hacer en el Frente de Aragón y en el ataque contra Zaragoza.

El comité central ampliado de diciembre del 36

El primer gran debate en el POUM sobre todo esto tiene lugar en el Comité Central ampliado de 12 a 16 de diciembre de 1936. Es más largo que el Congreso fundacional, y participan 200 delegados de secciones de todo el estado. En la nota recogida por Víctor Alba aparece el listado de secciones territoriales del POUM, no solamente de Cataluña. Ya no son los 6.000 militantes registrados de antes del 18 de julio, sino unos 30.000, porque la afiliación ha aumentado muy rápidamente y, por lo tanto, es importante homogeneizar este conjunto de nuevos militantes,  que tienen sus propias experiencias en la resistencia a la sublevación militar, en la narrativa y el programa surgidos después de Asturias del 34 y plasmados en el Congreso fundacional. El informe político es de Nin, que enmarca las resoluciones ejecutivas que se adoptarán para concretar esa línea neobolchevique.

¿Cómo se concreta? Aparece una posición anti-parlamento republicano. El mes de diciembre, hay que tenerlo en cuenta, ya ha salido el Gobierno de Madrid para ubicarse preventivamente en Valencia. En septiembre, Largo Caballero se ha hecho responsable del mismo. Dos meses más tarde, en noviembre, han entrado los cuatro ministros de la CNT. Es decir, es un gobierno a la izquierda del Frente Popular, donde hay representantes todavía de los partidos de la izquierda republicana, pero vistos como rehenes de la mayoría de UGT-CNT dentro del gobierno. Este gobierno no se caracteriza como un gobierno obrero sino como un gobierno antifascista; ya no se utiliza el término Frente Popular, es un gobierno antifascista, donde la hegemonía es de los partidos de la clase obrera. Lo que no quiere decir que esos partidos sean revolucionarios, y el problema del partido revolucionario aparece en esa situación de forma muy concreta. 

Las Cortes republicanas están prácticamente en desbandada, hay que reagruparlas en Valencia, y aparece un discurso de desprestigio de las Cortes. ¿Cómo se aborda? Llamando, igual que ocurrió en la Revolución rusa, a la constitución de una asamblea, después se utiliza la palabra congreso, una asamblea-congreso constituyente de los comités surgidos el 18 de julio. Y junto con ellos, elección de delegados campesinos, de soldados y milicianos, de los sindicatos. Es un llamamiento a convocar y constituir un soviet desde arriba. Es la autoridad de los comités antifascistas -que son carteles de los partidos políticos y de los sindicatos-, con las direcciones de los partidos políticos, actuando conjuntamente y negociando entre si, la que debe llamar a la constitución de la dualidad de poder. Porque los comités antifascistas existentes se han hecho cargo de los gobiernos locales, pero están desperdigados, no son capaces de gestionar más allá de barrios o ciudades, y en diciembre empiezan a llegar las primeras noticias que apuntan a una reconstrucción rápida de los organismos de poder republicanos.

O por lo menos de la presencia de los funcionarios y representantes de los partidos burgueses republicanos en la Junta de Defensa de Madrid, que aunque está en manos del PCE, del PSOE y la CNT, actúa en delegación clara y sin pretender ser otra cosa del gobierno central en Valencia, de un gobierno frente populista más que antifascista. Lo mismo ha ocurrido en Valencia, donde en principio se rechazó a los delegados del gobierno central, encabezados por Martinez Barrios, para defender la autonomía del Comité Ejecutivo Popular de Levante, aunque acabará cediendo. En Madrid la Junta de Defensa ya no admite al POUM, que ha enviado a Gorkin y Andrade a pedir su participación en ella, porque sus milicias -que dirige Mika Etchébehere, compuesta por estudiantes de Madrid y campesinos extremeños de Llerena, con su cuartel en la Plaza de Santo Domingo- está en uno de los puntos más duros del frente.

Una cuestión esencial en medio de estos debates es cómo caracteriza la dirección del POUM al gobierno Largo Caballero, sobre todo tras la entrada en el mismo de los representantes de la CNT en noviembre de 1936. Continuando el debate sobre las candidaturas electorales del Frente Popular-Front d’Esquerres como un espacio de conflicto entre dos visiones del mismo, el gobierno Largo Caballero es entendido como un giro a la izquierda, en el sentido de un gobierno de frente antifascista. Hay una mayor influencia de la clase obrera a través de los sindicatos, aunque sigue siendo un gobierno de naturaleza burguesa contradictoria, que no puede llevar a cabo la revolución proletaria para resolver las tareas de la revolución democrática.

La evolución del propio Largo Caballero y de su corriente en el PSOE no ayuda tampoco a su caracterización, por sus continuos giros ante las necesidades practicas de enfrentar la sublevación militar y reconstruir los órganos de poder republicano. Es en esas contradicciones donde se refuerza la influencia del PCE, respaldado por la ayuda material de Stalin. Pero los choques internos lejos de resolver las contradicciones las agravan en todos los aspectos, en especial tras la caída de Málaga en febrero de 1937 y el balance de las responsabilidades, que Largo Caballero intenta utilizar para ganar autonomía, sin conseguirlo. Es demasiado tarde y se acaba imponiendo el polo “republicano” con su interpretación del Frente Popular: Azaña, prietistas del PSOE, PCE, apoyados por Moscú, que desembocará en el gobierno Negrín tras las Jornadas de Mayo de 1937 y la adopción de su programa de 13 Puntos de abril de 1938 cara a un fin negociado de la guerra que mantuviese la república, bajo el patrocinio de las grandes potencias.

El reflujo de la revolución y la CNT

Tras el comité central ampliado de diciembre de 1936, tiene lugar el 27 de diciembre el gran mitin del POUM en el Olimpia de Barcelona. Pero las intervenciones giran sobre las primeras señales de un retroceso, de un reflujo, de la situación, que es la expulsión de Nin como consejero de justicia de la Generalitat. Con el argumento de la denuncia del POUM de los Procesos de Moscú, el cónsul general Antonov-Ovsenko, viejo camarada de Nin en la oposición de izquierdas en Rusia, pide la expulsión, y la consigue. ¿Es posible concretar la consigna de Congreso de los comités de defensa como alternativa a la reconstrucción del estado republicano, que la CNT no recoge?

La pregunta abre necesariamente un debate sobre el carácter de la CNT. ¿Por qué la CNT, que debería ser, en definitiva, después del frente antifascista, el núcleo de masas del frente obrero revolucionario a construir con el POUM (y que, en algunas versiones, podría ser la dirección política que cumpliera el papel del partido revolucionario), no acepta la consigna? En vez de  centrarse en el debate de la situación concreta que plantea la cuestión del poder, las discusiones se desvían a los aspectos doctrinarios del anarquismo de la CNT, de si está a favor o no formalmente de la dictadura del proletariado, que no lo están, a pesar de que “en el fondo” son más pro-dictadura del proletariado que el propio POUM…

Ese debate se prolonga hasta mayo del 37. Aparecen, mientras tanto, toda una serie de artículos de Nin sobre la teoría marxista del poder y del Estado, a través de Lenin, para intentar explicar cuál es la naturaleza de los comités gobierno de base, cuál es la naturaleza de las diferencias entre Madrid, Cataluña, Aragón, Valencia, País Vasco…, es decir, se hace un catálogo. Pero la discusión se centra en Barcelona y Cataluña, considerados el epicentro de la correlación de fuerzas, porque Madrid, cercado, se considera ya en manos de los sectores más pro-gubernamentales, frente populistas. La argumentación es que sin Barcelona no hay revolución proletaria, y, por lo tanto, lo decisivo es mantener Barcelona, puesto que en Madrid el POUM ha quedado fuera de la Junta sin capacidad de influencia, y ese retroceso se está produciendo en todos lados. Estos artículos en La Batalla en marzo, después en el manifiesto de las jornadas de mayo del 37, va concretándose en cómo hacer que los comités de defensa de barrio, que son básicamente cenetistas, comprendan la cuestión del poder planteada y la aborden en una situación defensiva. La fórmula que encuentra la dirección del POUM es el Frente Obrero Revolucionario que sustituya al Frente Antifascista.

En muy pocos meses, con una capacidad de influencia e intervención territorial en retroceso, la consigna central estratégica se va reinterpretando de forma reductora y defensiva. Solamente dos textos más a los que hacer referencia. Uno son las tesis que prepara Nin para el segundo congreso del POUM, que no se llega a celebrar por la represión estalinista y la ilegalización del partido. En estas tesis Nin intenta hacer una primera reflexión con matices de las limitaciones de la vía neobolchevique.

Los problemas de la dualidad de poder

¿Cuáles son los problemas que lastran a los comités de defensa? Nin enarbola un argumento fundamental: en Rusia todos los partidos del campo democrático (a diferencia de los monárquicos constitucionalistas o los liberales) desde 1905 apoyaron a los soviets, independientemente del papel estratégico que les asignaran en relación con las tareas de la revolución democrática. Pero en España no existe esta tradición. La tradición española es la sindical. En España ha habido un periodo largo de lucha por la libertad, desde la dictadura de Primo de Rivera, en la que han jugado un papel decisivo, aunque muy diferente, la CNT revolucionaria y la UGT reformista. Pensar la hegemonía en la revolución democrática tiene que partir de la tradición española de los sindicatos. Se añaden algunos matices, los ayuntamientos, los barrios, los comités de empresa, etcétera, pero, básicamente, es en los sindicatos en los que se concentra el debate.

El último texto al que quería referirme -que como la autocrítica posterior de Maurín es complicado de encajar en las conmemoraciones del 90 aniversario-, es el artículo que Nin escribe el 19 de mayo del 37, tras el llamamiento a abandonar las barricadas en Barcelona ante la perspectiva de derrota irreversible del proletariado. El artículo se titula “Los órganos de poder y la revolución española”. Se publica en el boletín exterior, en francés, del POUM, y se tarda mucho en traducir. En un momento terrible, de represión y desaparición de camaradas, de enfrentamiento con el PSUC en las calles, Nin replantea la cuestión de la dualidad de poder, de porque han caído en el vacío las consignas del POUM, de su propia existencia en los meses de la revolución española. Incluso se pregunta: ¿no habremos sido dogmáticos al pensar como requisito imprescindible la necesidad de órganos de dualidad de poder para llegar al poder? ¿Qué hubiera pasado si la toma del poder se hubiera realizado mediante un proceso insurreccional y se crease la dualidad de poder después de haber tomado el poder? Estas preguntas rompen con la lógica neobolchevique en más de una dirección. En el debate ruso de abril a octubre de 1917 aparecería como una posición blanquista, que ni siquiera la izquierda de Moscú, encabezada por Bujarin, se hubiera atrevido a plantear en esos términos, convencidos de que los soviets eran un elemento central de todo el proceso revolucionario.

Más allá de estas reflexiones finales de Nin, la cuestión práctica que el POUM intenta abordar en sus últimos meses de existencia legal es cómo transformar los comités de defensa de la CNT en comités de defensa de la revolución. Pierre Broué escribió en 1977 un artículo muy interesante en el que hacía una tabla de todos los comité gobierno surgidos durante los meses del verano y el otoño revolucionarios. Broué llega a la conclusión de que ninguno de ellos -ni siquiera el Comité de defensa de Aragón, que representaba a las milicias sobre el terreno y a las colectividades agrarias-, llegó a representar un organismo de dualidad de poder. Y cuestiona que el Comité central de milicias antifascistas de Barcelona, que de alguna forma era el órgano que más se podía haber acercado a esa visión de doble poder, lo hubiera sido.

El legado de un debate abierto

Aunque se ha intentado seguir las posiciones de su dirección en los debates estratégicos desde su fundación en septiembre de 1935 hasta su ilegalización y represión en junio de 1937, el POUM estuvo muy lejos de ser un partido monolítico. Confluencia de varias corrientes, a pesar del consenso inicial neobolchevique, hubo diversas interpretaciones que fueron consolidando orientaciones distintas ante los acontecimientos. Además de los debates con Trotsky y sus partidarios “bolchevique-leninistas”, fue significativa la influencia en las milicias del partido del núcleo de exiliados italianos del PCI “bordiguista”. Militantes como Josep Rebull o Luis Portela, entre otros, tuvieron un papel propio destacado en los debates del Comité Central ampliado de diciembre del 36 y en los meses posteriores.

Pero la evolución general de los debates a partir de la linea neobolchevique inicial es la que se ha intentado resumir aquí. La reflexión a posteriori sobre sus limitaciones, la falta de flexibilidad como marco interpretativo ante los diferentes escenarios tácticos y su derrota continuó entre los militantes exiliados del POUM, dando pie a las reinterpretaciones de Joaquín Maurín de su libro de 1935 en Revolución y Contrarrevolución en España, editado por Ruedo Ibérico en 1966, y las de Josep Rovira, Ignacio Iglesias, Victor Alba, Luis Portela  o Wilebaldo Solano, entre otros, a las que se han unido las posteriores de los miembros de la Fundación Andreu Nin. No hay mejor legado del POUM que este debate.

[Versión editada y abreviada de la intervención en el acto convocado por la Fundación Andreu Nin en la Librería Traficantes de Sueños de Madrid el 10 de diciembre de 2025].

Referencias

Todos los textos citados se pueden encontrar en:

1- Víctor Alba (ed.), La revolución española en la práctica: Documentos del POUM, Ed. Júcar.

2- Andreu Nin, La revolución española 1930-1936, editado sucesivamente por ED. Fontamara (1978), El Viejo Topo (2008) y Público (2011)