Poema de Aniceto Hevia: «Hui Neng el Séptimo Patriarca o el Sutra de la Desolación»

                                                                                   Miles, and miles, and miles of desolation.

                                                                                                                          Charles Swinburne. 

Hoy día parece que volví a vivir, aun resisto las rondas de la muerte. Se prende ese pequeño farol de mediodía en las calles sin nombre donde brillan torcidos adoquines. La noche cenital ya me envolverá entre brumas y muelles de sueño. Cruz del Sur.

I

El camino se moja en otoño

Camino y no camino,

Otoño y no otoño,

El limonero al fondo del patio

Deja caer su primer limón

Que rueda a la muerte.

El otoño será corto,

El invierno frío y largo.

No sé si llegaré a la primavera.

II 

Un viejo chopo / al fondo del lago/ cielo húmedo / otoño.

Continúa el viaje/ al sur del corazón / el camino late…

cielo en remiendos grises.

III

Alba menesterosa/ todo se repite/ la guerra está ahí / la miseria de los miserables/

el trino de la muerte está ahí.

IV

Bruma, gaviotas/ y algo de sol/ en el basural del supermercado/

Grieta/

Camino sombrío/

en el cosmos.

V

La noche está tan sola como yo/ té con jengibre y limón.

VI

Camino de tierra húmeda,

Fría la luna menguante

Me lleva de la mano,

No veo la huella.

VII

La música de una rama seca cae/ en un amanecer de otoño. No hay nada muerto. Arcoíris de aceite en la pisada. Barro. Niebla. La lluvia no mengua/ la luna tampoco. La humedad alarga las sombras/ aclara las formas. Lucidez nocturna.

Sueño los laberintos del alba y veo todo es real. La luz y el agua me miran. El sueño desaparece. Amanecer menesteroso.

VIII

Frente al rio 

Una gota de locura me recorrió la frente,

Frente al rio brotará

En primavera.

IX

En silencio fui juntando las desolaciones del día. Una barría en un supermercado, otra vendía pan y pasteles, una me pidió una moneda para comer, otra con una vela en la mano recordaba un muerto. Había trapos grises en el cielo que se los llevaba el viento. Esta primavera nació muerta. Camino por un camino de polvo y viento. La soledad se acompaña sola.  

Estudié la noche y aprendí una rama seca de aromo húmeda, algunas nubes, un resplandor de estrella, un aullido. Desaparecí y floté en la noche que era un río congelado. Me fui en el tiempo de la noche, aún no he vuelto, no creo que vuelva. Ilusión es pensar que esta ceniza que soy volverá a ser una rama de aromo seca y húmeda.  

XI

Puso su rostro en mi hombro y lloró todo su dolor y los balazos. El martillazo del recuerdo, el velo del pasado, el débil destello del futuro. El presente es un espejo roto y un puente quebrado. Atroz la indolencia, atroz el minuto desvanecido, atroz la muchedumbre caminando en círculos. Respiro, no hay hombro, no hay lágrimas, no hay tiempo, no hay nadie. Todo es transparente y azul en el muelle de mediodía.

XII

La luna congelada

Derrama una sombra oblicua

                                                     Vacío

Resbala la luz fría

Resbala la mirada fría

                                        Aparezco

                                        Desaparezco

Tiempo 

                      Vacío

Vacío

                      Tiempo.

XIII

La sombra de la arboleda

La muerte de las manzanas

Lavarse la cara

Y mirar la forma del agua

                                                 El agua

                                                         La forma del agua.

XIV

Al fondo de la soledad 

Hay un espejo,

Antes lo mantenía limpio y brillante,

Ahora mi soledad está frente a él

No hace nada

Lo mira y mira 

Y nada ve,

Y yo estoy muy lejos,

Pero no sé dónde estoy. 

XV

La lucidez no deja dormir,

El frío no deja dormir,

El tilo es un sueño lúcido

Desaparece,

El hambre del hombre retorna sobre sí…..

Una carcasa de caracol 

Pegada en un muro con baba a mediodía,

Un clavo oxidado y retorcido

En algún patio de lavandas,

Cae el misil

Silencio.

XVI

Se escucha la nieve caer

Se la escucha despertar,

El alma del ciruelo retorcido muere

De no morir muere,

Todo permanece y se disuelve,

Las ranas croan en la laguna

Se reflejan en el agua largas sombras negras,

El cielo se zambulle en largas sombras negras,

Las ranas no dejan de cantarle a las sombras que vienen.

XVII

Fui a la laguna al principio de la primavera, alimenté el cisne con pan y paz para ver la forma del futuro. Estuve alimentando el infinito que agitaba sus alas negras y blancas. Él y la sombra que soy yo éramos el mismo y único infinito, la forma del futuro. 

XVIII

En la micro nadie mira a nadie, nadie ve a nadie. Cansados, tristes y angustiados. Miradas sin esperanza, ni vida posible. Sus rostros anónimos están cerrados, su mudez se derrama por las ventanas. Despierto del sueño y no estamos separados, flotamos de universo en universo infinitamente. Me bajo en un paradero oscuro, no hay nadie, llueve. Atraco en el muelle de la noche.  

XIX

  En el verano se abren puertas y ventanas

Las moscas entran con la brisa y la sombra,

Acogedor el vacío

Acogedora la ausencia,

La luz baila en las alas de las moscas,

Alguien mira un nogal

Frente a la eternidad,

XX

El comienzo es el fin,

El fin el comienzo…

Hasta la estrella más clara se apaga…

Viento helado

En el corazón muerto.

XXI

Tilo florecido,

Susurro del universo…

Chispas amarillas de polen

Ascienden por la luz.

XXII

Llegó el verano

El río se secó un poco

Brotó en la frente la locura,

Pero estoy fuera de la locura,

Estoy en la alegría,

Los gorriones, las moscas y los geranios

Juegan a la canción sin fin

De la nada.

XXIII

Soy tan viejo como el universo…

El universo se come la noche,

Alguien come una manzana.

XXIV