48 años después de la derrota de la UP y de la concepción de la vía pacífica al Socialismo

de Frente de Unidad y Lucha

A propósito del 48ª aniversario del golpe del 73’, los medios de prensa presentan artículos y reportajes sobre la Unidad Popular, sobre todo en páginas interiores. Se ha podido visualizar por primera vez el documental “La Batalla de Chile”. Aunque posen de “objetivos”, la totalidad de los grandes medios están teñidos por la orientación política de sus propietarios, los grandes empresarios. Otros artículos surgen desde los medios del PC y el PS, partidos que estuvieron directamente involucrados en la Unidad Popular, y que actualmente sostienen un análisis vergonzante e interesada de ese período. Desde estas páginas  queremos  rescatar la visión de la izquierda revolucionaria.

En la historia de Chile, el período 70 – 73 mostró de un modo dramático la importancia de que  la clase trabajadora cuente con un partido revolucionario. Esta carencia dio paso a una tragedia, de la cual aún vivimos sus efectos.  Cientos de fusilados y masacrados en las calles, poblaciones y fábricas, miles de detenidos, torturados y desaparecidos, cientos de exiliados son el saldo catastrófico de la política errada de los partidos que integraban la Unidad  Popular. Todos ellos, pero en especial el partido Comunista y el partido Socialista, desarmaron ideológica y prácticamente a los trabajadores para poder frenar el golpe. Su concepción del camino pacífico hacia el socialismo fue la base objetiva de la derrota.

En los momentos que había que haber llamado a fortalecer las organizaciones obreras, apelando al frente único de todos los que estuvieran contra el intento contrarrevolucionario, asegurando la coordinación y centralización de los organismos que habían surgido por abajo, como eran los cordones industriales, dichos partidos desalentaron a los trabajadores y al pueblo, provocando su atomización y descentralización, negándose de hecho a fortalecer ese “poder dual”, que había surgido espontáneamente. En vez de ello, llamaron a confiar en la institucionalidad y en las las Fuerzas Armadas, poniendo en los ministerios a representantes de ellas. De este modo las direcciones tradicionales de los trabajadores, unos por ceguera política, y otros, porque hacía rato que se habían pasado al campo del reformismo capitulador, contribuyeron a que el proceso revolucionario abierto terminara en una nueva frustración.

Ahora esos mismos, quieren reemplazar el análisis de esa catastrófica conducción apelando a argumentos emocionales, o responsabilizando directamente a los trabajadores. No podemos aceptar que se pretenda soslayar las responsabilidades políticas que llevaron a ese desastre. Tampoco vamos a a meter en el mismo saco a todas las corrientes. Para nosotros hubo dos responsables fundamentales; el PC y el PS, que ilusionaron a las masas con la posibilidad de un camino pacífico hacia el socialismo. Y para ello cedieron a todas las presiones de la burguesía. La incorporación de los militares al gabinete no fue más que la consecuencia de esa política, de pretender que a través de reformas y sin destruir los organismos de poder del Estado, cambiar la estructura chilena. Esta hermosa utopía se transformó en reaccionaria, precisamente porque dejó inermes a los trabajadores, que honestamente habían creído a las direcciones de estos dos partidos, que con el triunfo electoral se había iniciado la edificación del socialismo.

El proceso de la UP ha demostrado la imposibilidad de la derrota del imperialismo y la burguesía por medio de la colaboración de clases, del reformismo, y de la concepción de la vía pacífica hacia el socialismo, pero también señala a los revolucionarios, que el cumplimiento de esas tareas no puede ser coronado por el éxito si ellos no son capaces de instrumentar un programa correcto que interprete las necesidades y sentimientos de las más amplias masas, partiendo de su real nivel de conciencia, para ir elevándolas a la comprensión de que sólo la movilización armada de los trabajadores y el pueblo podrá establecer un gobierno obrero y socialista. No basta un esquema en el papel y creer que con eso ya está instrumentado el programa movilizador. Elaborar un programa de transición exige estar metido a fondo en el movimiento obrero y el pueblo, y saber acompañar sus experiencias concretas, sin juicios a priori, ni recetas elaboradas lejos de la realidad.

Evaluar lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973 y la gigantesca lucha que lo precedió, no puede tener otro objetivo que sacar las conclusiones para evitar que ese negro episodio se repita. El primero la necesidad de que el pueblo y la clase trabajadora comprenda que las instituciones del estado burgués tienen el objetivo de mantener por cualquier medio, pacíficos y democráticos a veces, violentos cuando lo estimen conveniente, el sistema económico y social. Que la política de ir acumulando parcelas de poder en el régimen burgués no concluye en una transición pacífica del poder burgués al poder de la clase trabajadora, cuando esa transición es inminente la burguesía recurrirá inevitablemente a la violencia, de la mano de sus fuerzas armadas para evitarlo. Y que para lograr que el desenlace de esa confrontación inevitable sea favorable para la clase trabajadora, es indispensable la organización política de la clase trabajadora. En esa tarea estamos empeñados desde el Frente de Unidad y Lucha y ahora en el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora.

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