Sobreproducción, subconsumo y la lectura de Marx por Sweezy

por Rolando Astarita

Al finalizar la nota anterior (aquí) dijimos que Sweezy (1973) sostuvo que Marx explicaba las crisis capitalistas por el subconsumo. Sweezy cita, en su apoyo, dos pasajes del tomo 3 de El Capital. Sin embargo, sabemos que Marx fue crítico de la teoría de la crisis por subconsumo, y que en numerosos pasajes de su obra sostuvo que las crisis ocurren por sobreproducción y sobreacumulación. Con lo cual se plantea la pregunta si, de acuerdo al enfoque de Marx, la crisis por sobreproducción es sinónimo de la crisis por subconsumo. Si se responde por la afirmativa, se concluye en que al criticar las tesis subconsumista Marx habría también abandonado, tal vez implícitamente, la explicación de la crisis por sobreproducción, para proponer, o bien la tesis de la crisis por estrangulamiento de las ganancias (por alza de los salarios); o por caída tendencial de la tasa de ganancia. Otra posibilidad es que incurrió en una contradicción lógica al criticar la tesis subconsumista y sostener que la crisis se debe a la sobreproducción.

Frente a estos enfoques, una interpretación alternativa, que defendemos, es que subconsumo y sobreproducción son conceptos distintos en Marx, y que por lo tanto no hay contradicción entre su crítica (y la de Engels) al enfoque del subconsumo, y la explicación de la crisis por sobreproducción.  

Subconsumo y sobreproducción

En nuestra opinión, la diferencia sustancial entre los enfoques “subconsumo” y “sobreproducción” es que el primero sugiere que las crisis ocurren porque, a causa de los bajos salarios, la demanda queda por detrás de la producción; en tanto que la sobreproducción pone el acento en que la producción supera a la demanda, sin importar que los salarios sean relativamente altos o elevados. En otros términos, para el enfoque subconsumista lo decisivo es la demanda de bienes de consumo de las masas. Para el enfoque “crisis por sobreproducción”, en cambio, lo determinante es la dinámica de la producción, que supera el consumo, incluso cuando este pueda crecer en relación a la demanda global, como ocurrió en EEUU en los años previos a la crisis de 2007-09  (véase gráfico, más abajo).

Tengamos presente que esta diferencia entre sobreproducción y subconsumo fue tratada por Engels en el Anti-Dühring. Allí explica que siempre las masas explotadas se encontraron “muy lejos de poder disponer de su producto anual para el consumo” (p. 283), por lo cual ese consumo limitado no puede explicar las crisis de sobreproducción, que aparecen en el siglo XIX. Precisa Engels: “El subconsumo de las masas es una condición necesaria de todas las formas de sociedad basadas en la explotación y, por lo tanto, también de la sociedad capitalista; pero solo la forma capitalista de la producción lleva ese subconsumo a elemento de una crisis. El subconsumo de las masas es, pues, también una condición de las crisis…; pero nos informa tan poco de las causas de la actual existencia de las crisis como de las causas de su anterior inexistencia” (ibid.).

 A fin de reforzar su punto, presenta un ejemplo tomado de la vida real. En la ciudad de Oldham, dedicada a la industria algodonera, el número de husos dedicados a producir cierto tipo de hilo había pasado, en cuatro años, de 2,5 millones a 5 millones. Así, en esa sola ciudad había tantos husos de un solo tipo como los que poseía la industria algodonera en toda Alemania. Pero entonces era imposible explicar “el actual colapso de la salida del hilado de algodón y sus tejidos en Inglaterra por el subconsumo de las masas y no por la sobreproducción de los fabricantes de algodón” (p. 284). Esto es, la causa de la crisis –el “colapso” de las ventas – no es el subconsumo de las masas, sino la sobreproducción. Aunque el escaso –en relación a la riqueza que acumula el capital – consumo de las masas sea la condición permanente, y subyacente, de la crisis.

Otro ejemplo de este impulso a la sobreproducción y la crisis lo tenemos en la dinámica de innovación tecnológica y acumulación que suele desatarse a consecuencia de las plusvalías extraordinarias y la exacerbación de la lucha competitiva (véase aquí). Las empresas que están obligadas a incorporar nuevas tecnologías para sostenerse en las guerras de precios, pueden ser conscientes de que en el mercado no habrá lugar para todos una vez que se generalice el avance productivo. Sin embargo, también saben que si no invierten en la innovación, no tienen chances. Es claro que en estos procesos el consumo no puede ser la causa determinante de la saturación del mercado.  

La interpretación subconsumista de Marx por parte de Sweezy

Analicemos ahora los pasajes de El Capital en los que se basa Sweezy para atribuirle a Marx una explicación subconsumista de la crisis.

El primero corresponde a la p. 313 de la edición Siglo XXI. Allí Marx señala que una vez producida la plusvalía, debe realizarse a través de la venta del producto. Sin embargo, las condiciones de la explotación directa y de la realización de la plusvalía no son idénticas. Las primeras están limitadas por la fuerza productiva de la sociedad y la segunda por las proporciones de las diferentes líneas de producción y por la capacidad de consumo de la población. Marx precisa que la capacidad de consumo de la sociedad no es absoluta, sino está basada en las relaciones antagónicas de la distribución, que reducen el consumo de las grandes masas de la población a un mínimo variable. Una capacidad de consumo que es restringida, además, por la tendencia a acumular, “la avidez de expansión del capital y la producción de plusvalía en escala acrecentada” (Marx, citado por Sweezy en p. 195). Es que la competencia obliga a mejorar los productos y ampliar la escala de la producción, “para la propia conservación y bajo pena de fracaso” (p. 196, ibid.). Los mercados entonces deben ampliarse, pero chocan con “la estrecha base en que descansa el estado del consumo” (ibid.).

Según Sweezy, en este pasaje Marx atribuye las dificultades de la realización “a un volumen restringido de la demanda del consumo – restringido por los salarios bajos más la tendencia a acumular de los capitalistas” (p. 196). De esta manera, el eje del problema sería el consumo restringido de las masas.

Sin embargo, y en oposición a lo que interpreta Sweezy, pensamos que el centro del problema en el pasaje citado es la dinámica autónoma que adquiere el proceso de producción con respecto a la realización del producto, a la venta. Es que la producción es, esencialmente, producción de plusvalía. De ahí el impulso a ampliarla con la única limitación que presentan las fuerzas productivas disponibles. Por eso, en el mismo pasaje citado por Sweezy, Marx escribe: “Con el desarrollo del proceso que se expresa en la baja de la tasa de ganancia, la masa de plusvalor así producido aumenta hasta proporciones monstruosas” (Marx, 1999, p. 313, t. 3). “Proporciones monstruosas” que se alcanzan independientemente de alguna variación de los salarios. 

Por lo tanto, el origen del problema no es el consumo limitado de los explotados –como dice Engels, en toda sociedad de clases ese consumo es limitado- sino una producción que tiene como único objeto producir plusvalía. Aunque, por otro lado, esa autonomía de la producción no es absoluta. Es que el proceso del capital es unidad de la producción y de la circulación, incluida en esta última la realización de los valores. Por eso, cuando la independización de la producción con respecto a la demanda alcanza “proporciones monstruosas”, la unidad del proceso del capital se restablece violentamente vía crisis, caída de los precios y de las ganancias, desvalorización de los capitales. El consumo limitado de las masas trabajadoras es una condición permanente (no la causa) sobre la que se despliega esta dinámica contradictoria entre producción y realización.

El segundo pasaje de Marx en que se basa Sweezy dice: “La causa última de todas las crisis reales sigue siendo la pobreza y el consumo restringido de las masas, en contraste con la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas de tal manera que su único límite sería la capacidad absoluta de consumo de la sociedad toda” (Sweezy, p. 197; p. 623, t. 3 de Marx, 1999). La cita está precedida por la afirmación de que el consumo de los obreros está limitado en parte “por las leyes del salario, en parte por el hecho de que solo se los emplea mientras pueda hacerse una ganancia para la clase de los capitalistas”. Con esto Marx está diciendo que, en el capitalismo, el consumo está limitado por la relación capitalista de explotación, por la necesidad de acumular. Por lo cual introduce una distinción entre ese consumo y la capacidad “absoluta” de consumo de la sociedad.

¿Qué significa aquí “capacidad absoluta”? Por supuesto, no puede significar capacidad por fuera de los límites que impone un determinado desarrollo de las fuerzas productivas. De manera que con la expresión “capacidad absoluta de consumo” Marx tiene que estar significando la capacidad de consumo independizada del imperativo capitalista de producir y realizar la plusvalía. Esto es, si desaparece la sujeción del consumo a la lógica de la valorización del capital – si la producción es orientada según las necesidades de la sociedad en su conjunto – las crisis por sobreproducción serían imposibles. Por ejemplo, el caso citado por Engels del colapso de las ventas de hilados (hilados sin vender / masas sin hilados) no sería posible en una sociedad socialista que produce con vistas a satisfacer las necesidades de la población. Por eso, solo en la sociedad capitalista la sobreproducción, o sea, el aumento de riqueza material, genera desocupación y miseria en las masas. El pasaje citado por Sweezy encaja pues en la crítica de Marx a la explicación subconsumista de la crisis, y en su teoría de las crisis por sobreproducción.

Enfoque estancacionista vs enfoque “a lo Marx”

Una conclusión natural del enfoque subconsumista es que la producción capitalista tiende al estancamiento. Es que si la acumulación depende del consumo; y si el consumo está cada vez más acotado, la situación normal del capitalismo será la subutilización crónica, o estructural, de los recursos productivos. Por eso Sweezy propone cambiar el foco de las investigaciones: “Si se adopta esta opinión [que domina la tendencia al estancamiento], todo el problema de la crisis aparece bajo una nueva luz. El énfasis pasa de la cuestión: ‘¿Qué es lo que suscita la crisis y la depresión?’ a su contraria, ‘¿Qué es lo que suscita la expansión?’ (p. 197). En el enfoque de Marx, en cambio, el impulso es al pleno uso de los recursos – a acumular y acumular plusvalía -, y el problema a explicar es por qué esa acumulación desemboca en las crisis de sobreproducción. Por eso también Sweezy afirma, en seguida de lo anterior, que “no se puede sostener que Marx haya desarrollado las implicancias de su propia indicación [las limitaciones del consumo]” (p. 197).

Textos citados:

Engels, F. (1968): Anti – Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, México, Grijalbo.

 Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

Sweezy, P. (1973): Teoría del desarrollo capitalista, México, FCE.

(Tomado del Blog de Rolando Astarita)

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