Sobre Barricadas A Go-Go. Apuntes sobre la escena musical japonesa de 1968 a 1977, de Julio Cortés

por Moro Maxwell

Cuando leí Barricadas A Go-Go, de Julio Cortes, quedé fascinado por el texto, por varias razones. En primer lugar, y lo más evidente, es que contiene una avalancha de información que nos deja perplejos, acerca de un movimiento y de una realidad “lejana” y desconocida; información que se presenta de manera orgánica, reflexiva y crítica. Aprendí mucho leyéndolo, y lo disfruté. Luego uno comienza a digerirlo, a interpretar y a plantearse las inevitables preguntas. Aparece como ineludible la consabida y problemática relación entre la Historia y las formas artísticas, mediada siempre por la política. ¡Esa tríada! Es estimulante el modo en que Julio va ilustrando las tesis de correspondencia entre estas tres dimensiones de la realidad. Urdiendo una trama en la búsqueda del momento en que el límite entre arte y política se supera o se difumina.

Si bien el vínculo entre estética y política es un tema del que tanto se ha escrito, y del que hemos hablado en varias oportunidades, especialmente a partir de conversaciones sobre la Internacional Situacionista, en Barricadas A Go-Go queda muy bien expuesto. Sin que sea una correspondencia mecánica, ya que cada calendario y cada geografía tiene su laberinto.

Las vanguardias occidentales instalaron en su momento varios temas que trascendían con mucho a la modernidad, y que mientras acompañaron a un movimiento social que empujaba hacia la transformación definitiva de la sociedad tuvieron razón de ser; estos movimientos tendían a la desarticulación del campo del arte y a la desaparición del artista en tanto representante de la “cultura afirmativa”, en un abierto ataque al Ego eurocéntrico. La vanguardias de las que nos habla Julio Cortes tienen sentido en el contexto de las revueltas acontecidas a la luz del fuego de mayo del ‘68, que se extienden, según el calendario del texto, hasta el año ’77, y que tuvieron sus antecedentes en Japón aún antes del mayo Francés. La lucha era en todos los planos, también en el de la vida cotidiana. Esa era la principal diferencia con la revolución proletaria de principios de siglo XX, que se daba en el plano meramente económico y superestructural. Algunas de las banderas de lucha y reivindicaciones de la generación insurrecta de los 60-70 son elementos que curiosamente se pueden encontrar en culturas no-occidentales, orientales, o indígenas. ¿Es esa época un puente entre oriente y occidente? No es casual que se despertara en esas décadas un especial interés por oriente (muchas veces un oriente imaginario, mítico y fantástico). 

Leyendo Barricadas A Go-Go, no pude dejar de pensar en El imperio de los signos, un texto de Roland Barthes que leí hace muchos años y que me impresionó en varios aspectos. Ahora no tengo el libro a mano para citarlo con precisión, pero recuerdo que la tesis principal de Barthes, después de hacer un viaje por Japón, consistía en que, en una mirada comparativa con occidente, en las expresiones culturales de ese país nunca había un centro, o ese centro siempre estaba vacío. La ciudad  (Tokyo) giraba o se disponía en torno de los jardines del Palacio Imperial que se presenta como un significante vacío; la comida no tiene un elemento principal en torno de los cuales lo demás es acompañamiento, como en los platos occidentales, sino que está compuesta por una diversidad de elementos cuya especificidad se puede degustar con la fina selección de los palitos, que no pinchan ni trinchan, sino que toman con delicadeza trozos para su degustación independiente. La meditación Zen con caligrafías, preferentemente utiliza el carácter Mu, que significa vacío, y tiende a la eliminación o reducción a la mínima expresión del Yo. En oposición al concepto occidental del Yo cartesiano, sobre el que está erigido el ethos del capitalismo salvaje. El Yo como piedra angular de la acumulación y la extracción de valor de los cuerpos. Quizá es haciendo un cruce con lo oriental que Marcuse, en su Eros y Civilización, habla de la posibilidad de una sublimación no represiva y de un Yo no egocéntrico.

Las revoluciones tienen muchas edades, y las derrotas nunca son definitivas, porque van dejando huellas. Barricadas A Go-Go da cuenta de la protesta y de la resistencia de una generación, del choque frontal contra el poder material, antes de ser destruidos, autodestruirse o convertirse en puro movimiento estético, lo que equivale a ser el cadáver vivo de las vanguardias artísticas, sin las oleadas revolucionarias y las razones que le dieron sentido y origen. De hecho, no hay nada más patético y reaccionario que la mímesis de las vanguardia, movimientos o artistas despojados del vínculo con lo social y lo político, orientados a llamar la atención en el mercado por un ingenio mordaz o un pastiche provocativo, entrenados en una fórmula efectiva que les permita hacerse un lugar en los circuitos del campo del arte.

Pero, ¿cuales son esas huellas? ¿Es el Free Jazz una orientalización del jazz? Mucho se ha hablado de la occidentalización de Japón después de su derrota en la Segunda Guerra mundial, pero aún no hay un balance de la permeabilidad de occidente respecto de conceptos e ideas que provienen del “oriente”, aunque por lo general, como ya he dicho, sea un “oriente interior” y llegar a tales conceptos haya sido más bien un devenir de la propia cultura occidental que una escucha de “lo otro”. Habría que preguntarle a Julio Cortes qué valor tiene para nosotros la exploración de la “Escena musical japonesa de 1968 a 1977”, aparte de expandir nuestros conocimientos a un área antes desconocida, lo cual ya en sí mismo tiene un valor. Podemos enterarnos, por ejemplo, como parte de los antecedentes políticos que nos propone Julio, que existió el ZENGAKUREN, un movimiento estudiantil aguerrido que incluso antes del 68 tenía conciencia de que se debía luchar no sólo contra el imperialismo norteamericano sino también contra el estalinismo soviético, bloques opuestos en la Guerra Fría, pero que después se integrarían en la dominación tecno-burocrática global. Nuevamente: ¿Es el free jazz una orientalización de la música occidental o es su dilución natural, su deconstrucción? ¿Hay una tendencia en el free jazz a la dilución del autor, del compositor, del intérprete? ¿Es eso Budismo Zen? ¿Será posible un Anarco Budismo? 

Hay mucho de qué hablar respecto de este universo que Julio nos abre y nos presenta con este texto, que tiene múltiples líneas de fuga. Me quedo con muchas preguntas después de leerlo. Me pregunto, por ejemplo, si no habrá una inconmensurabilidad entre las experiencias de interpretación de la música entre culturas tan diferentes. Y si es así, esa inconmensurabilidad se puede extender a la literatura, a la política, a la filosofía. Que bueno ha sido abrir esta puerta.

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