Postales doradas del rock en Magallanes: ilustres no reconocidos que forjaron el primer relevo en nuestra escena local

por Roberto Hofer

En aquellos años de Junta Militar, rock pesado y nuevas sonoridades, surgirían bandas como Espectros y Algo Más, Nube Rock, La Máquina y Escombros, algunas de ellas con nombres de clara reminiscencia argentina. Roberto Hofer OyanederA partir de la brecha abierta a inicios de los ’70 por la triada Los Rebeldes-Encajes Blancos-Eslabones de Darwin, y como efecto de ires y venires de carácter estudiantil, el rock magallánico también se fue nutriendo con una generación más inquieta y educada -igual en materia de escucha-, influenciada a la vez por el cruce de estilos que marcaría su expresión en aquellos tiempos difíciles en lo social, político y económico.

A fines de esa década “oscurecida por las nubes” figuró una nueva camada de bandas y proyectos con un espíritu que bien pudiéramos llamar de estilo “neoclásico”, al ofrecer una propuesta algo más segmentada. En esta suerte de relevo, sin que dejaran algún testamento grabado, se ganarían un lugar en la historia los Espectros y Algo Más, uno de los juveniles grupos nacidos en plena era de la Junta Militar.

Víctor Biskupovic Iturriaga fue un puntarenense virtuoso de las seis cuerdas que dejó huella en la Región de Los Ríos

Militaron en Espectros y Algo Más: Julio Muñoz Apablaza, guitarra; Roberto Núñez Gómez, bajo; Heraldo “Poroto” Olivos (Q.E.P.D.), batería; y Juan Carlos Águila, guitarra. Su influencia roquera 2.0 quedaría de manifiesto en su repertorio marcado por temas del rock argentino, en especial los Vox Dei (banda desconocida hasta hace poco en el resto de Chile).Si de espectros se trata, el grupo tendría una efímera vida, y de sus cenizas surgiría un proyecto de vuelo artístico propio como Nube Rock, en el cual siguieron Águila, “Poroto” Olivos y Núñez, a quienes se unió el artista plástico e ilustrador Juan Carlos Muñoz Alegría -conocido como el “Chico” Alegría-, en guitarra y voz. Con un nombre de inspiración innegablemente “ché” -en alusión a los argentinos Ave Rock-, los muchachos tocaron bastante durante 1979 y 1980, evoca Núñez, siendo su especialidad las versiones o covers de Polifemo, Sui Generis (“Toma dos blues”) y La Pesada del Rock and Roll (“Bajando a Buenos Aires”), sin olvidar a los seminales Led Zeppelin (“Moby Dick”) y Rolling Stones.

Alcanzaron a tocar en el Radio Club Chile, en una compañía de bomberos y en el gimnasio de San Miguel con otras bandas, en una presentación a inicios de ’80, la cual transmitió Víctor Low en Radio Presidente Ibáñez. Roberto rescata ese “algo más” o concepto presente en aquellos volantes artesanales que les servían de carta de presentación para sus tocatas, obra del “Chico” Alegría, quien ideó el icónico logo de una nube atravesada por un rayo, muy celebrado por su fanaticada.

“Maquinita del rock”

Otro roquero interesante que abrió surcos en nuestro paisaje urbano fue Héctor Alvarado Draguicevic, alias “Morgan”, quien formó a inicios de los ‘70 una banda con Fernando Villegas, “Poroto” Olivos y Juan Carlos Naumovic, que tocaba en La Picada del Diablo, un extinto local de la Ruta 9 Norte, cerca de Río Seco. Con ellos hacía música de The Animals y escuchaban a Cream, evoca el artista plástico, ilustrador y músico Juan Carlos Muñoz Alegría, para quien “Morgan” fue todo un referente: “tenía una parcela por allá afuera en Rio Seco, y después vino como maestro tras irse a La India. Él siguió una ruta como cualquier hippie de América, que se fue a oriente, muchos aprendimos de él, porque era un tipo maestro”.

Él les inculcaría la lectura de autores vitales como Giovanni Papini o Herman Hesse, abriéndoles los ojos ante la “fractura ideológica” (capitalismo-marxismo), junto con instarlos a no trabajar en el sistema sino a crear su propio empleo. “Morgan” fue más allá de una estética musical, aportando consistencia ideológica, contenidos en términos de la contracultura a esta ciudad.

Roberto Núñez, instrumentista de amplia gama quien de paso ha inculcado la música celta y el jazz a sus pupilos

Otros que hicieron ruido en aquel entonces fue el grupo La Máquina, nombre para variar de reminiscencia argentina. Este ensamble roquero fue obra de Luis Muñoz Garrido, guitarra (ampliamente conocido como director de la orquesta de las Jornadas por el Niño Impedido Magallánico); José Soto, bajo; y Francisco Rivera, batería. Se formaron a inicios de los ’80 y a esas alturas ya se podía hablar de músicos semi profesionales forjados en suelo regional. Para quienes los conocieron en su tiempo, ellos sonaban realmente como una máquina, eran reconocidos por sus pares como “secos” y su repertorio daba cabida a lo mejor del rock argentino en esos años. “La Máquina es una banda que hacía rock progresivo de calidad a nivel internacional”, recuerda Juan Carlos Muñoz, a quien le tocó confeccionar afiches para el grupo. Resalta que en ellos había talento como músicos con escuela y en especial “un trabajo consolidado de Lucho Muñoz, un tremendo guitarrista hasta hoy que incursionó en el jazz, después en el blues, un músico de alto vuelo, con rigor, buena técnica, buena disciplina”.

Jazz-rock y otros maridajes

En una vertiente roquera con varios matices, el pianista Víctor “Vitoco” Díaz Velásquez es y será pionero en su tránsito desde el rock al jazz puro y duro. Partió escuchando a Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Deep Purple y de ahí el jazz-rock de la Mahavishnu Orchestra.Recuerda que en sus inicios tocó rock, aunque un poquito más fusionado, con un repertorio muy influido por bandas argentinas talentosas como Seru Girán. De aquel entonces data su juvenil agrupación Escombros, que a inicios de los ’80 lo vio a él tocando teclados y sintetizador junto al bajista Fernando Núñez (Q.E.P.D.), el baterista Alejandro Pillancín y el guitarrista Oscar “Pica” Gallardo, quien también le hacía al canto.

Al despuntar los años ’90, tras estudiar en el Conservatorio de Música de la Universidad de Concepción configuró uno de los primeros combos jazzistas en Punta Arenas junto al saxofonista José Luis Álvarez y al guitarrista Fidel Pozo (Q.E.P.D.). Con ellos aportó en sus inicios a la Semana Internacional de Jazz en la Patagonia.

El grupo Tul-K’ Mal (“corazón guerrero” en lengua selknam) fue otro de sus proyectos jazzeros junto a Andrés Rojas (batería) y Hugo Rojas (bajo), llegando a compartir escenarios locales junto a cultores de la talla de Cristian Cuturrufo y Pedro Greene. Incluso durante 2002 tentaron suerte en Santiago antes de disolverse, dejando como registro grabado el año 2000 su álbum “Sár’en Shenu” (“haber nacido viento”, en selknam).

Otra obra importante fue su disco “Fragmentos” (2004) como Vitoco Díaz Trío, obra financiada por el Fondart que incluyó seis composiciones de su autoría, entre ellas el tema “Fragmentos” (dedicado a Gato Alquinta y Jaime Vivanco). En los créditos figuraron: “Vitoco” Díaz, piano eléctrico; Álvaro González, bajo eléctrico; e Ignacio Oyarzo, batería y UDU.En 2011, Díaz creó la agrupación Ensamble Punta Arenas, junto a Sergio Ojeda, Luis Velásquez y Sebastián Cárcamo, cubriendo la región y parte de la Patagonia argentina. A ello sumaría el proyecto “Made in Magallanes”, que integraba estilos musicales diversos como jazz fusión, rock y tecno.

El artista plástico, ilustrador y músico Juan Carlos Muñoz Alegría, más conocido como el “Chico” Alegría

Leyenda en Los RíosOtro referente obligado que incursionó en diversas vertientes fue Víctor Biskupovic Iturriaga (Q.E.P.D.), puntarenense virtuoso de las seis cuerdas que forjó una trayectoria en la “Ciudad de los Ríos”. Se tituló como profesor de Pedagogía en Educación Musical en Valdivia, en 1975, y más tarde como intérprete superior en guitarra (1980).En poco tiempo destacaría como concertista en conjuntos de cámara y como solista con orquesta, además compuso obras basadas en el folclor chileno y americano, e incursionó en la música popular, el rock y el jazz.

Para la Semana Valdiviana fue “número puesto” en los shows de la Reina de los Ríos como guitarrista del grupo Icaros (más tarde Zarabanda) al más puro estilo Hendrix y versionaba a Billy Joel, Wild Cherry, Elvis y The Beatles, así como a los ídolos de la “Nueva Ola”. Tuvo una celebrada versión propia en español de la ópera rock “Jesucristo Superestrella”.

Sólo existen grabaciones inéditas de sus creaciones en casete, siendo su última banda conocida la agrupación bluesera Graffiti Blues, que lideró hasta su deceso (4 de junio de 2002). En una suerte de tributo anticipado, el grupo Sexual Democracia invitó a Biskupovic a tocar en un disco el año 2001, ya aquejado de una penosa enfermedad. Allí él cantó junto a Miguel Barriga “Voy a darte puro rock”, tema grabado por Graffiti Blues, legándonos su inconfundible talento instrumental y voz aún entonces vigentes. Su obra ha sido objeto de estudio a nivel nacional.

“Súper Luna”

Heraldo “Poroto” Olivos (Q.E.P.D.) fue un popular e incansable baterista que incursionó en muchos proyectos musicales

Aquellos veteranos nuestros mencionados en los años ’70 no han renegado de su roquera pulsión vital. Como botón de muestra, el aniversario N°40 del clásico disco “The Dark Side Of The Moon”, de Pink Floyd, fue magno pretexto para una presentación íntegra del álbum en vivo, gestada por Juan Carlos Águila (Blues Ceros) y Patricio Ulloa, el 11 de diciembre de 2013 en el salón de eventos del Hotel Dreams. Ambos tocaron las guitarras en esta súper banda, asumiendo el primero la dirección musical y producción, lo cual involucró más de seis meses de ensayos.

En ella incorporaron a: Alejandro Buvinic, en batería; José Neira, en piano y sintetizadores; Doménica Vera, en teclados; Roberto Núñez, en saxofón; y Christián Vásquez, en bajo. La parte vocal estuvo a cargo de Miguel Norambuena, acompañado de Carolina Martínez, Katherine Harris, Marisol González y Gonzalo Sáez.

Con mucho amor al arte y al buen rock, esta producción tuvo una puesta en escena profesional –que incluyó pantalla gigante- y una convocatoria tremendamente exitosa. Tanto, que el 7 de mayo de 2014 se repetiría dicho espectáculo en el mismo escenario, en una noche de luna fragmentada.

(Tomado de El Magallanes)

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