«Pornotopía»: el Estado administrativo de la excitación

por Martín Parra

El ensayo de Paul B. Preciado es una caja de herramientas que sirve como punto de partida para ingresar a otros espacios contemporáneos, donde no solamente la arquitectura juega un rol fundamental, sino que el deseo, el sexo, los cuerpos y por supuesto el capitalismo, el cual ha instalado una teología económica y política de gobierno.

El filósofo Paul B. Preciado (Burgos, 1970) es reconocido a nivel internacional por su aporte a la filosofía disidente y su activismo político. Su obra Manifiesto contrasexual, escrita en 2002, es considerado uno de los textos más influyentes del movimiento queer.

Doctorado en arquitectura en la Universidad de Princeton, ha sido un protagonista en la discusión intelectual acerca de los modos de subjetivación e identidad. Entre sus mayores influencias de pensamiento se encuentran Judith Butler, Donna Haraway, Michel Foucoult y Jacques Derrida.

Su libro Pornotopía (Colección Argumentos de Anagrama, 2021), es una investigación originalmente publicada en 2010 del mundo Playboy; un espacio no inocente, que claramente pudo ver Preciado: “Playboy era mucho más que papel y chicas desnudas. En la década de los cincuenta-sesenta, la revista había conseguido crear un conjunto de espacios que a través de una imparable difusión mediática habían llegado a encarnar una nueva utopía erótica popular”.

Hefner había construido una heterotopía, ese lugar otro que tan bien definió Foucault, un espacio donde se podía romper la continuidad del mundo real, saltarlo, disipando la realidad sin dejar de estar en él.

La mansión llena de mujeres bellas desde donde se podía trabajar, descansar y por supuesto obtener placer. Hefner fue capaz de crear un espacio tan perfecto, tan atractivo, tan meticulosamente ordenado que dejaba en entredicho el nuestro, el espacio exterior.

Playboy va a dibujar una ficción erótica capaz de funcionar al mismo tiempo como domicilio y como centro de producción. Estos espacios Playboy no serán simples enclaves domésticos, sino espacios transaccionales en los que se operan mutaciones que llevarán desde el espacio doméstico tradicional que dominaba a principios del siglo XX hasta una nueva posdomesticidad característica de la era farmacopornográfica”.

Es decir, su puesta en escena da paso a un régimen de vida que es público y privado a la vez, íntimo y sobre expuesto. A esta forma de capitalismo, señala Preciado, le interesan los cuerpos expuestos, su negocio es revelar sus placeres y sus deseos.

Mundos aparte

El burdel es transformado en una representación para el consumo audiovisual: la perfecta heterotopia sexual. Mientras que el prostíbulo era el lugar oculto, cerrado, la mansión Playboy es el espacio abierto y transparente, el lugar destinado a transmitir la intimidad mediante el incipiente mundo de las telecomunicaciones.

Sin embargo, el profundo y extraordinario análisis que hace Paul B. Preciado de Playboy no se reduce únicamente a la casa, sus muebles, sus interiores y la forma en que esta operaba, sino que además profundiza en un estilo de “vida Playboy”, asociado a comportamientos que tienen propias reglas y están indudablemente sumergidos en universos utópicos, es decir, mundos aparte:

“Como los complejos turísticos, el club Playboy se presenta como una suerte de Estado Vaticano: el vicio instalado dentro de otro estado, en el que despliega una fantasía accesible de placer y excitación”.

En definitiva, el ensayo de Preciado es una caja de herramientas que sirve como punto de partida para ingresar a otros espacios contemporáneos, donde no solamente la arquitectura juega un rol fundamental, sino que el deseo, el sexo, los cuerpos y por supuesto el capitalismo, el único sistema y espacio que parece no tener puntos de salida, cuya capacidad de colonización global ha bloqueado cualquier camino o alternativa, instalando una teología económica y política de gobierno.

Quizás a partir de este análisis se puedan seguir sendas de reflexión que nos permitan, en estos tiempos de crisis, generar opciones que nos den otras vidas y otras realidades.

(Tomado de Cine y Literatura)

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