Polémica sobre trabajo, valor y mercado

por Rolando Astarita

En una nota anterior (aquí) me referí a una afirmación del profesor Juan Iñigo Carrera, que me atribuye la estúpida idea de que el trabajo abstracto “es una construcción de la conciencia”. Dije en esa entrada que jamás sostuve tal cosa, y que es un invento del profesor, posiblemente derivado de su incapacidad para responder a mis críticas. Desafié, además, a JIC, o a alguno de sus discípulos, a que mostraran algún pasaje en el que yo hubiera afirmado que el trabajo abstracto es una construcción de la conciencia.

Pues bien, por estos días un lector del blog me envió un texto de alguien que se reclama discípulo del profesor Iñigo Carrera. Entre otras cosas, escribe: “Astarita, como vimos, dice primero: “para que exista valor, el valor tiene que tomar una forma objetiva en la mercancía”. Esto es correcto, así lo plantea y desarrolla Marx. Pero, paso seguido, sostiene: “el trabajo se objetiva como valor cuando la mercancía, el polo relativo, encuentra su equivalente”. Dónde dice Marx esto??? Hace falta ser muy inteligente para darse cuenta que si diría eso se estaría contradiciendo (y acá no hay dialéctica que lo salve)??? (…)  Astarita confunde objetividad del valor (la mercancía) con expresión del valor (en el intercambio). Si la objetividad del valor existe cuando la mercancía “encuentra su equivalente”, estamos diciendo exactamente lo mismo que los neoclásicos: el valor brota de la circulación. Y por tanto: de la conciencia de la valoración subjetiva!” (en la sección Comentarios del blog puede leerse completa).

También me han llegado críticas que, en esencia, dicen lo mismo: sostener que el tiempo de trabajo se objetiviza, o materializa, en la venta de la mercancía, equivale a decir que el valor se genera en la circulación.

En lo que sigue voy a demostrar que, efectivamente, Marx sostiene que el trabajo se objetiva como valor a través de la venta; que esta idea está en el centro de sus diferencias con la teoría del valor de Ricardo (y la defensa de este de la ley de Say); que no tiene nada que ver con alguna teoría subjetiva del valor, y que la teoría del valor de Marx – incluida su explicación sobre la realización del valor – es central para explicar la naturaleza de las crisis capitalistas.

Evidencia en el texto: capítulo 1, tomo 1, El Capital

Comienzo con lo más elemental. El discípulo del profesor sostiene que Marx nunca afirmó que los productos del trabajo solo adquieren objetividad, en tanto valores, en el intercambio. Pues bien, en el mismo capítulo 1 del tomo 1 de El Capital, leemos:

Es solo en su intercambio donde los productos del trabajo adquieren una objetividad de valor, socialmente uniforme, separada de su objetividad de uso, sensorialmente diversa” (p. 89, edición Siglo XXI). Y poco antes: “… de hecho, los trabajos privados no alcanzan realidad como partes del trabajo social en su conjunto, sino por medio de las relaciones que el intercambio establece entre los productos del trabajo y, a través de los mismos, entre los productores” (énfasis añadido).

Repito: “Es solo en su intercambio donde los productos del trabajo adquieren una objetividad de valor...”.

Repito: los trabajos privados alcanzan realidad como partes del trabajo social (y valor es trabajo social, objetivado) “solo por medio de las relaciones de intercambio”.

¿Cómo se puede decir que Marx nunca habló de objetivación del trabajo a través del intercambio, del mercado? Paso ahora a ubicar estas afirmaciones de Marx en el contexto de su teoría del valor trabajo.

Objetividad del valor, forma del valor e intercambio

La primera cuestión a precisar es que la objetividad del valor está en el corazón de la teoría de Marx, y en particular, de la forma de valor. Lo dice en el inicio de la sección 3 de ese primer capítulo: “La objetividad de las mercancías en cuanto valores se diferencia de mistress Quickly en que no se sabe por dónde agarrarla” (p. 58).

¿Por qué no se sabe por dónde agarrarla? Pues porque se trata de una objetividad social, no física. Y es de naturaleza social porque, como valores, las mercancías son productos de trabajos privados, pero que deben validarse como sociales. ¿Y cómo expresan esa propiedad social? Respuesta: “en la relación social entre diversas mercancías” (ibid.).

De manera que hay que explicar por qué las mercancías expresan su valor comparándose con otra mercancía. Marx lo hace en un pasaje que he citado muchas veces. Sostiene que el trabajo en estado líquido no es valor, y que solo se convierte en valor “al solidificarse, al pasar a la forma objetiva” (p. 63). Dice entonces que “para expresar el valor de la tela como una gelatina de trabajo humano es menester expresarlo en cuanto ‘objetividad’ que como cosa, sea distinta del lienzo mismo, y a la vez, común a él” (p. 63). Cierra el párrafo diciendo que “el problema ya está resuelto”. ¿Qué problema?

Pues el que ha planteado desde el principio, explicar la objetividad del valor. Para que el trabajo se objetive como valor de la mercancía (los 20 metros de tela, en el ejemplo de la forma relativa) debe expresarlo con la forma equivalente (la chaqueta, en el ejemplo de Marx). Pero entonces existe una continuidad de argumento entre la afirmación de que el trabajo invertido en la tela se objetiva como valor al compararse con el equivalente (p. 63) y la afirmación de que solo en el intercambio los productos del trabajo adquieren objetividad de valor (p. 68). Es que si se niega esa continuidad solo queda sostener que la objetivación ocurre a nivel mental, o ideal. Pero en ese caso, el valor no sería una categoría social sino individual. Y la ley del valor no sería objetiva. O sea, no se impondría a los productores “como se impone la ley de gravedad al que se le cae la casa encima”.

Para explicarlo de manera más fácil: supongamos que Juan ha producido 20 metros de tela, y en su cabecita ansiosa los equipara a 2 chaquetas. ¿Ha Juan con ello objetivado su trabajo privado como valor de cambio = 2 chaquetas, o sea, al trabajo contenido en 2 chaquetas? Respuesta: no lo ha hecho, porque no basta con su deseo. Si se quedara solo en sus ganas, la relación de los 20 metros de tela con la chaqueta sería solo teórica, imaginariaPor eso, esa relación solo se pone en práctica en el proceso de intercambio (véase más abajo, pasaje de la Contribución…). Así, los 20 metros de tela tienen que cambiarse por la forma equivalente para realizarse como valor. Y este es el “salto mortal” de la mercancía, como ya Marx había señalado en la Contribución… y recuerda en El Capital (p. 129). De manera que en el mercado el productor de los 20 metros de tela se encontrará con precios (el lenguaje de las mercancías) que se le impondrán, al margen de sus deseos, de forma objetiva. 

Repito y subrayo: no basta con equiparar mentalmente la forma relativa a la forma equivalente. Para que el trabajo privado se objetive como valor, o sea, como trabajo social, la mercancía debe venderse. Por eso Marx dice que la mercancía adquiere una objetividad de valor en el mercado. No dice que el valor se genera en el mercado, sino que en este la mercancía adquiere la objetividad de valor. De ahí también la importancia de la forma del valor. Es que el contenido del valor, trabajo social objetivado, no puede existir sin la forma del valor, sin su expresión (el contenido no es un “en sí”). Por eso, el trabajo adquiere expresión dineraria en el precio, y la objetivación del valor solo existe bajo la forma del precio al que se vende la mercancía.

Es fácil advertir, además, que el planteo de Marx no tiene nada que ver con la teoría subjetiva del valor. Según esta, el valor depende enteramente de la conciencia, de la valoración – en el margen – de la utilidad del bien. La teoría del valor de Marx dice que el valor es una categoría objetiva, y que la ley del valor es objetiva. Es un error grosero afirmar que la idea de que el valor se realiza en el intercambio equivale a sostener que el valor es un producto de la conciencia.

Más pasajes sobre objetivización y realización del valor

La idea de la realización o efectivización del valor en el mercado la reafirma Marx cuando analiza la forma equivalente: “Si a la chaqueta, por ejemplo, se la considera como simple efectivización [Verwirklichung, que también se puede traducir “realización”], al trabajo de sastrería que de hecho se efectiviza [verwircklicht] en él se lo tiene por mera forma de efectivización [Verwirklichungform] de trabajo abstractamente humano” (p. 71).

Es evidente, además, que efectivización, o realización, no son sinónimos de creación del valor. Este se crea en la producción, que en esta sociedad capitalista es privada, o individual (a nivel de empresa). Pero ese trabajo privado debe efectivizarse, o realizarse, como trabajo social para que se objetive como valor. Y ese pasaje a forma objetiva, o materialización, solo ocurre en el intercambio. Dada la propiedad privada de los medios de producción, la realización del trabajo privado como social no puede ocurrir si no es en el mercado.

En el mismo sentido que el pasaje anterior, poco más adelante, Marx vuelve a señalar que solo hay valor cuando este posee una forma de manifestación, el valor de cambio. Cito: “La mercancía es valor de uso u objeto para el uso, y ‘valor’. Se presenta como ese ente dual que es cuando su valor posee una forma de manifestación propia – la del valor de cambio – distinta de su forma natural, pero considerada aisladamente nunca posee aquella forma: únicamente lo hace en la relación de valor, o de intercambio con una segunda mercancía de diferente clase” (p. 74). Si no tiene esa forma de manifestación propia, (el valor de cambio), la mercancía no se manifiesta como valor de uso y valor. Y esa manifestación solo se materializa en el mercado, en el intercambio. Por eso, más adelante, vuelve a decir que el intercambio relaciona recíprocamente a las mercancías “como valores y las realiza en cuanto tales” (p. 105; énfasis añadido).

También: “las mercancías, pues, primero tienen que realizarse como valores antes de que puedan realizarse como valores de uso”. ¿Dónde se realizan como valores? Si no es en la cabeza de los productores, esa realización solo puede ocurrir en el mercado.

En la Contribución a la crítica de la Economía Política

Ya dijimos que también en la Contribución… está planteado que el trabajo privado solo se realiza como valor en el intercambio, al validarse como trabajo social. Escribe Marx: “… desde un principio se la consideró [a la mercancía], en cuanto valor de cambio, en relación con todas las demás mercancías. Sin embargo, esta relación era solo teórica, imaginaria. La misma solo se pone en práctica en el proceso de intercambio. Por otro lado, la mercancía es, por cierto, valor de cambio, en la medida en que en ella se halla incorporada una determinada cantidad de tiempo de trabajo, por lo cual es tiempo de trabajo materializado. Sin embargo, tal como es en forma inmediata, es solo tiempo de trabajo individual materializado de un contenido particular, pero no tiempo de trabajo general” (p. 26; énfasis agregado).

Si el valor es tiempo de trabajo socialmente necesario objetivado, y la mercancía en su forma inmediata es tiempo de trabajo individual, en esa forma inmediata no puede ser valor. Razón por la cual el valor tampoco puede ser individual (nótese la semejanza entre la idea de que el valor es individual, y la afirmación de que los trabajos privados no necesitan validarse como sociales en el mercado).

Sigue Marx: “Por consiguiente, no es directamente valor de cambio, debe devenir tal” (ibid.; énfasis agregado). Más adelante precisa que “a fin de presentarse como valor de cambio, como trabajo materializado, la mercancía debe ser primeramente enajenada, vendida como valor de uso…” (p. 28; énfasis agregado).

Subrayo: para presentarse como trabajo materializado – esto es, como valor – la mercancía debe ser vendida.

Marx es todavía más explícito en la siguiente página. Luego de presentar los valores de cambio expresados en una única mercancía equivalente, escribe: “Pero, de hecho, los trabajos individuales que se presentan en estos valores de uso particulares solo se convierten en trabajo general, y en esta forma en trabajo social, al intercambiarse realmente entre sí en proporción a la duración del tiempo de trabajo contenido en ellas”.

Remarco: los trabajos individuales solo se convierten en trabajo general al intercambiarse. Repito: si el valor es trabajo social (no privado, sino social), objetivado, el intercambio es clave para que haya valor. Sigue Marx:

“El tiempo de trabajo social solo existe, por así decirlo, en forma latente en estas mercancías, y solo se revela durante su proceso de intercambio. No se parte del trabajo de los individuos en calidad de trabajo comunitario, sino, a la inversa, de los trabajos particulares de individuos privados, los cuales solo en el proceso de intercambio, y por supresión de su carácter originario, se revelan como trabajo social general. De ahí que el trabajo social general no sea una premisa acabada, sino un resultado en devenir. Y de esta suerte surge una nueva dificultad, la de que las mercancías, por una parte, deben entrar en el proceso de intercambio como tiempo de trabajo general, materializado, mientras que, por la otra, la materialización del tiempo de trabajo de los individuos, en cuanto general, es a su vez, solo producto del proceso de intercambio” (p. 29; énfasis añadido).

De nuevo en este pasaje: la materialización del tiempo de trabajo individual como trabajo general es solo producto del intercambio.

Luego refuerza la idea: “Por enajenación de su valor de uso, es decir, de su existencia originaria, toda mercancía debe adquirir su correspondiente existencia como valor de cambio” (ibid.). Más adelante, refiriéndose al dinero, señala que es “una cristalización del valor de cambio de las mercancías, que las mismas forman en el propio proceso de intercambio” (p. 33).

La misma concepción la encontramos en su crítica a la propuesta de los ricardianos de reemplazar al dinero por un bono de trabajo: “Las mercancías son, en forma inmediata, productos de trabajos privados aislados e independientes que, en virtud de su enajenación en el proceso del intercambio privado deben actuar como trabajo social general, o bien, el trabajo basado en la producción de mercancías solo se torna trabajo  social mediante la enajenación universal de los trabajos individuales” (p. 71; énfasis añadido). De nuevo entonces: la reducción del trabajo privado a trabajo social ocurre en el intercambio.

Poco más abajo, y refiriéndose a la venta (metamorfosis mercancía – dinero), Marx escribe: “Si no se logra esta transustanciación, la tonelada de hierro no solo cesa de ser mercancía, sino también producto, pues solo es mercancía por ser no valor de uso para su poseedor, o su trabajo es solo trabajo real en cuanto trabajo útil para otros, y solo es útil para él como trabajo general abstracto” (p. 75).

Sobre el valor en Ricardo, en Teorías de la plusvalía

En Teorías de la plusvalía Marx critica la teoría del valor de Ricardo. Sostiene que este “no entiende que el trabajo del individuo debe presentarse como trabajo general abstracto, y en esa forma, como trabajo social. Por lo tanto, no entendió que el desarrollo del dinero se vincula con la naturaleza del valor, y con la determinación de este por el tiempo de trabajo” (Teorías… p. 114, t. 3; edición Cartago).

Es que en la obra de Ricardo “la conversión de las mercancías en dinero aparece como apenas formal, que no penetra profundamente en la esencia misma de la producción capitalista” (ibid.; énfasis añadido). En el tomo 2, también de Teorías…, Marx expresa la misma idea: en el enfoque de Ricardo, el dinero es solo “el medio por el cual se efectúa el intercambio”. O sea, lo considera “nada más que como un medio de circulación”. Y esto es sinónimo de su consideración “del valor de cambio como una simple forma transitoria, y en general, como algo puramente formal en la producción burguesa o capitalista, que por consiguiente no es para él un modo definido y específico de producción, sino nada más que el modo de producción” (p. 432, t. 2). Señala entonces Marx que Ricardo se preocupa solo por la determinación cuantitativa del valor de cambio, y olvida “la característica cualitativa de que el trabajo individual debe presentarse como trabajo social abstracto, general, solo por medio de su enajenación” (ibid.; énfasis añadido). Es notoria la semejanza entre la tesis del discípulo y la teoría de Ricardo, criticada por Marx. Para ambos, el mercado, la venta, es apenas un acto formal, sin importancia para la efectivización del valor.

Producción capitalista y realización del valor 

Por lo explicado hasta aquí, en la producción se genera el valor, pero este debe realizarse en el intercambio. Una distinción esencial para entender las crisis de sobreproducción. Es que, por un lado, el capital tiende a expandir la producción al límite de las fuerzas productivas disponibles; pero por el otro, enfrenta limitaciones para realizar el valor. En el tomo 3 de El Capital Marx escribe:

“La obtención de este plusvalor constituye el proceso directo de producción… Una vez objetivada en mercancías la cantidad de plustrabajo susceptible de ser expoliada, el plusvalor está producido. Pero con esta producción de plusvalor solo queda concluido el primer acto del proceso capitalista de producción, el proceso directo de producción. (…) Llega entonces el segundo acto del proceso. Debe venderse toda la masa mercantil, el producto global… Si ello no ocurre, o solo sucede de forma parcial o a precios inferiores a los precios de producción, el obrero habrá sido explotado, ciertamente, pero su explotación no se realizará en cuanto tal para el capitalista, pudiendo estar ligada a una realización nula o solo parcial del plusvalorexpoliado o, más aún, a una pérdida parcial o total de su capital. Las condiciones de la explotación directa y las de su realización no son idénticas” (p. 313; énfasis agregado).

Subrayo: si el valor no se realiza en la venta, la explotación del obrero no se traduce en plusvalía. Lo cual no quiere decir que la plusvalía se genera en la circulación, en la venta. ¿Tan difícil de entender?

Otro pasaje: “… cuando la mercancía determinada ha sido producida en una medida que en ese momento excede las necesidades sociales se habrá dilapidado una parte del tiempo de trabajo social, y la masa de mercancías representará entonces en el mercado una cantidad de trabajo social mucho menor que la que se halla contenida efectivamente en ella” (p. 237, ibid.; énfasis agregado). De nuevo, se ha empleado trabajo que no se objetiva como valor.

La misma idea en los Grundrisse

Reproduzco a continuación pasajes de los Grundrisse (edición Siglo XXI). Refiriéndose a la mercancía que se ha producido bajo la relación capitalista, escribe: “Como dinero el capital existía como valor. Ahora existe como producto y solo idealmente como precio; pero no como valor en cuanto tal” (p. 354, t. 1). O sea, M’ todavía “no es valor en cuanto tal”. Por eso, si fracasa la venta, el dinero adelantado por el capitalista para la compra de medios de producción y fuerza de trabajo “se habrá transformado en un producto sin valor y no solo no habría ganado valor nuevo alguno, sino perdido el originario”.

Sigue Marx: “Suceda esto o no, en todo caso la desvalorización constituye un elemento del proceso de valorización, lo que ya está implícito en que el producto del proceso en su forma directa no es valor, sino que tiene que entrar en la circulación para realizarse como tal” (p. 355; énfasis añadido).

Repito: el producto que ha salido del proceso de producción, en tanto producto, no es valor. Para ser valor, debe entrar en la circulación y realizarse como valor.

Más abajo: “En el proceso de producción mismo – donde el capital estaba presupuesto continuamente como valor – su valorización solo aparecía como totalmente dependiente de su relación como trabajo objetivado con el trabajo vivo… Pero ahora, como producto, como mercancía, se presenta como dependiente de la circulación, que está al margen de aquel proceso” (p. 355; énfasis añadido). Por eso Marx dice que como mercancía, esta debe, a) ser valor de uso (ser objeto de la necesidad); b) “intercambiarse – en dinero – por su equivalente. El nuevo valor tan solo puede realizarse en la venta” (ibid.; énfasis añadido). Enseguida precisa que en el proceso de producción la valorización “se presentaba como absolutamente idéntica a la producción de plustrabajo”. Sin embargo, “ahora al proceso se le presentan barreras que quedan al margen del mismo”. ¿Cuáles son esas barreras? Primero, que la mercancía debe tener valor de uso. Y en segundo lugar, “hay que encontrar un equivalente disponible para ella” (p. 356).

Contradicción de la producción capitalista y crisis

Refiriéndose a la relación entre producción y realización del valor, Marx escribe: “Una condición de la producción fundada en el capital es la producción de una esfera de la circulación constantemente ampliada” (p. 359; t. 1, Grundrisse). Pero esto es imposible de captar si se considera que la generación y realización del valor (y por lo tanto, la autovalorización del capital) se identifican sin más con la producción. Es lo que hace Ricardo: “Los economistas, que como Ricardo, conciben a la producción como identificada directamente con la autovalorización del capital, y por ende no se preocupan ni de las barreras para el consumo ni de las que se oponen a la circulación misma… solo centran su atención en el desarrollo de las fuerzas productivas y el crecimiento de la población industrial – en la oferta, haciendo caso omiso de la demanda (pp. 362-3, ibid.).

Subrayo: la identificación de la producción con la valorización del capital es propia de Ricardo, para quien la venta, la metamorfosis mercancía – dinero era “apenas una operación formal”. Por eso Ricardo y su escuela nunca comprendieron las crisis de sobreproducción, características del modo capitalista de producción. Es el resultado de pensar que los productos se intercambian en tanto productos, y no en tanto mercancías que deben realizar los valores en el intercambio.

Por eso dice Marx que la tesis de la imposibilidad de la superproducción no es más que la tesis de la identidad directa entre el proceso de producción y el proceso de valorización del capital (véase p. 377).  Luego, en crítica a Mill y su defensa de la ley de Say, insiste en que en cuanto valor, la mercancía “no se realizará mientras no se intercambie por dinero” (p. 365). Poco después critica a Mill porque según este, la oferta es igual a su propia demanda. Lo cual significa “que el valor se determina por el tiempo de trabajo, o sea, que el intercambio no le agrega nada al valor” (p. 377, ibid.).

La misma idea encontramos en Teorías… tomo 2. Explica que el proceso de producción del capital en sí mismo “no contribuye con ningún nuevo elemento de crisis” (p. 439), aunque “contiene” ese elemento, ya que es producción de plusvalía. Pero esto no puede mostrarse en el proceso de producción, “pues este nada tiene que ver con la realización, ya sea del valor reproducido o de la plusvalía. Esto solo puede surgir en el proceso de circulación, que también es, en sí mismo, un proceso de reproducción” (ibid.; énfasis agregado). Por eso también aquí surge una posibilidad más concreta de las crisis, que la considerada en la circulación simple de mercancías (donde el atesoramiento puede interrumpir la cadena M – D  – M).

En conclusión

Según la teoría del valor de Marx, para que el trabajo privado, o individual, haya generado valor, debe objetivarse como trabajo social general, y esto solo ocurre en el intercambio, en la venta. La prueba de esto son las crisis de sobreproducción: se han producido bienes en loa que se ha invertido trabajo privado, pero este no se realiza como trabajo social general, esto es, como valor. Por eso las crisis de sobreproducción son gigantescas no-realizaciones de valores. Una cuestión que se entiende si se puede diferenciar la teoría del valor de Marx de la teoría del valor de Ricardo.

Señalo por último que la posición que he criticado en esta entrada conecta con otras desgraciadas interpretaciones de la teoría del valor de Marx. Entre ellas, que el valor es individual, no social (aquí); y que es una propiedad física (aquíaquí). Ahora, el invento es que el trabajo no se objetiva como valor en el mercado. Pregunto, ¿no pueden parar con los disparates?

(Tomado del Blog de Rolando Astarita)

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