Poema de Juan García Brun: «Lavandas»

Cenábamos en una torre en el extremo sur de un bosque frecuentado por muertos. Las paredes febles, el temperado rugido del mar y la insegura luz de esas últimas lámparas de aceite nos separaban de enormes leones africanos cautivos en la zona media, como medida de seguridad.

Nos unía en ese tiempo principalmente el orgullo y un amor que nunca fue necesario explicitar. Recuerdo que vestíamos con ropa hecha de sacos de harina y botas de goma. En el verano andábamos descalzos y yo me afeitaba.

Al principio —me cuesta precisar la época— habías llegado con unos niños enfermos que entendí eran tus hijos.
Pasé algunos años en la cárcel y cuando nos volvimos a ver, no estaban contigo, supuse que los habías sacrificado. Una vez bromeaste diciendo que vivíamos en la era carbonífera. Solíamos hablar de Dios y de búhos mientras él llovía desfigurando el paisaje. Llevabas una máscara negra esa mañana y me hiciste feliz.

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