Poema de Italo Nocetti: «En la tierra de nadie»

Todos los días desembarco en la tierra de nadie,
Como todos los náufragos
Miro la playa y no la reconozco,
Piso la arena tibia y dejo huellas 
Que el oleaje procura borrar,

Conmigo llevo los restos de mi naufragio
Soy un trozo de lona 
Que se reseca entre líquenes resecos,
Un pedazo de cuaderna podrida 
Que reflotó una oscura marejada, 

Como los más trágicos náufragos
No recuerdo como llegué hasta aquí,
Entre las corrientes se lanzó Poseidón contra mí 
                                                                              Me perdí para siempre.
Y cada mañana despierto en esta playa
Sabiendo que es demasiado tarde,
Tan tarde que hasta los algarrobos de la ribera
Han llorado con mi historia,

Ulises sin una Itaka de verdes collados,
Ulises una Penélope fiel y enamorada,
Ni un Telémaco que me busque,
Ni un Argos que aúlle en la noche esperándome, 

Descorro el día como una rota cortina negra
Y pestañeo perdido en esta playa ignota,
Todos los días
Es el mismo día gris pizarra
Donde la bruma lo ensordece todo
Y no tiene fin,

Esta es la tierra de nadie,  
Y de nadie es esta tierra de nadie,

En la arena dejo caer el vino perfumado de Esmirna,
Rezo piadoso a la diosa y le elevo mis sacrificios
Para que me abra la puerta del Hades,
Vengo a hablar con las almas de los muertos.

Quemo incienso y llamo a las almas 
De todos los que ya no están,
Atrapados para siempre en la arena muerta
Ellas sabrán lo que yo no sé, 

Aparece Aquiles de traje gris
Joven de mirada severa
Con la Kalashnikov en la mano
Y me dice:
Fui eleno
Combatí en la Moneda
Estoy en el Purgatorio
Mientras no triunfemos 
No habrá paz compañero,
 Queremos vida y paz,
Lucha y reza por mí 
Lo escucho decir alejándose,
Luego desaparece en la bruma
Con un sordo relámpago azul,

Aparece un viejo profeta de barba blanca
Y me dice: “soy Clotario” el hijo pobre 
De un Blest rico. Conmigo vienen todos
Los que conocieron la noche, la sangre y las cadenas,
Somos multitudes de anónimas almas que amaron
Y murieron por el amor 
Esperando unidad, justicia y redención, 
Entonces me abraza como si fuese un hijo
Y desaparece dejándome más solo que nunca.

De pronto viene un alma oscura solitaria y triste, 
Me dice: soy Víctor, Víctor Serge, hijo de anarquistas,
Fui revolucionario en Petrogrado, Stalin me persiguió
Por todo el mundo, morí de hambre y pena,
Morí con el corazón roto en las calles de Ciudad de México,
Nadie me reconoció, miserable entre los miserables.
No te apenes tu. Escribe a mi casa y diles que ya voy.
Cayó una inmisericorde lluvia que cubrió el mar, 
Y quedé varado en esta playa.  

Ahora sé 
Que soy nadie en tierra de nadie,

Ven a mi casa invisible
Bajo este cielo gris,
Comparte conmigo 
Este té desleído
Y este pan duro,
Aquí soy libre
Aquí soy feliz.

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