Darío y Martí

por Italo Nocetti

EL encuentro continental aun pasa desapercibido, en New York ahí donde el luchador iba predicando libertad, se encontraron una vez. EL poeta se acerca a su prójimo con los brazos abiertos, diciendo: “Mi hijo”, saludo inusual e inicial de una efímera relación personal; es que Rubén no era de profundizar amistades, pasaba por la vida con la fulgurante velocidad de lo moderno, siempre en movimiento, pasando de la potencia al acto sin esperas, se lo llevaba el impulso de las ciudades y la sensibilidad. Ese fue su destino, llevado por la fascinación de todo lo que era moderno. El predicador de la libertad, en cambio, era asceta como monje, dedicado a una causa que lo superó hasta en la muerte, tenía el destino marcado por la muerte en combate como todos los revolucionarios, se realice o no el oráculo. 

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El tono apocalíptico de Slavoj Zizek

por Italo Nocetti

Resulta difícil criticar a una estrella de la filosofía pop de masas entre los cuales se encuentra Zizek, así como sería difícil criticar la música de los Rolling Stones. Instalado en la celebridad se le aplauden todos sus sofismas, todas sus boutades, ya que siempre hay audiencia para sus contradicciones y devaneos anodinos. Recuerda los teatros llenos de Emil Bergson en los años 30 del siglo pasado, filósofo de moda que pronto fue reemplazado por otros fenómenos de la cultura europea. A Zizek nadie le puede negar la importancia de sus primeros libros, la habilidad teórica con que interpreta a Jacques Lacan, para producir un interesante concepto de ideología. Como nadie puede negar que políticamente fue candidato presidencial por el partido liberal esloveno, aunque previamente fue miembro activo del PC del mismo país. Pasó de una tienda política a otra súbitamente, sin contradicciones al parecer como lo hacen siempre los políticos oportunistas.

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