Darío y Martí

por Italo Nocetti

EL encuentro continental aun pasa desapercibido, en New York ahí donde el luchador iba predicando libertad, se encontraron una vez. EL poeta se acerca a su prójimo con los brazos abiertos, diciendo: “Mi hijo”, saludo inusual e inicial de una efímera relación personal; es que Rubén no era de profundizar amistades, pasaba por la vida con la fulgurante velocidad de lo moderno, siempre en movimiento, pasando de la potencia al acto sin esperas, se lo llevaba el impulso de las ciudades y la sensibilidad. Ese fue su destino, llevado por la fascinación de todo lo que era moderno. El predicador de la libertad, en cambio, era asceta como monje, dedicado a una causa que lo superó hasta en la muerte, tenía el destino marcado por la muerte en combate como todos los revolucionarios, se realice o no el oráculo. 

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