Narración de Juan García Brun: «El himno de Spock en las calles de Chile»

En la imagen Spock, personificado por Leonard Nimoy, se dispone a rasguear un Mi Mayor y apoya su pulgar sobre la cuerda Mi de su guitarra española tradicional. Expresamos la nota Mi de esta manera como latinos seguidores de D’Arezzo. Mi como tono relativo, aunque muy probablemente Spock piensa en el absoluto E, de la nomenclatura anglosajona de Boecio. Como es sabido, la denominación latina a que aludimos es una contracción del verso sacro mira gestorum: de los milagros.

En su cábala, Spock nos anuncia secretamente que más que disponerse a cantar, lo que hace es prepararse, anticipar, la milagrosa transubstanciación del personaje en el hombre, uno que adivinamos viene de su trabajo y se sienta a cantar. En la imagen que observamos, parece sentado en un pequeño living decorado con grabados. Podemos ver un cable que se eleva desde el piso alfombrado y que muy probablemente electrifica la lámpara, cuya pantalla resplandece tras el peinado beatle del protagonista.

El actor toca esa guitarra con la misma seriedad del personaje hasta confundirse. Nunca vi Star Treck —lo daban en el 13 y donde vivía en esa época sólo existía el canal Nacional— sin embargo Spock era un médico de otro planeta, no excepcional, simplemente de otro planeta. Sus orejas lo delataban como un homínido de particular prudencia y de un extraño saludo.

La emoción que subyace a la fotografía no es la de la simple farsa, sino que la de una tragedia. Unos años después, Limoy —un judío ortodoxo de seguro agobiado por la fuerza del personaje— publicó dos libros expresivos de este conflicto: «No soy Spock» en 1977 y «Yo soy Spock» en 1995. En 1886, Engels ya se había hecho cargo de este problema, como refiere en «Ludwig Feuerebach y la filosofía clásica alemana»:

«Ahora bien; según Hegel, la realidad no es, ni mucho menos, un atributo inherente a una situación social o política dada en todas las circunstancias y en todos los tiempos. Al contrario. La república romana era real, pero el imperio romano que la desplazó lo era también. En 1789, la monarquía francesa se había hecho tan irreal, es decir, tan despojada de toda necesidad, tan irracional, que hubo de ser barrida por la gran revolución, de la que Hegel hablaba siempre con el mayor entusiasmo. (…) De este modo, la tesis de Hegel se torna, por la propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que es real, dentro de los dominios de la historia humana, se convierte con el tiempo en irracional; lo es ya, de consiguiente, por su destino, lleva en sí de antemano el germen de lo irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del hombre se halla destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque todavía con la aparente realidad existente. La tesis de que todo lo real es racional se resuelve, siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano, en esta otra: todo lo que existe merece perecer».

Spock-Nimoy disponiéndose a entonar un himno, remite invariablemente a la leyenda talmúdica del Ángels Novus retratado hace un siglo por Paul Klee. Para Walter Benjamin esta imagen nos refiere «que una legión de ángeles nuevos son creados a cada instante para, tras entonar su himno ante Dios, terminar y disolverse ya en la nada». Y esto es así porque Spock con esa guitarra no sólo se resiste al progreso sino que anuncia una catástrofe interminable. El filósofo Giorgio Agamben identifica este gesto angelical con el hombre moderno, quien, al perder contacto con su pasado, es incapaz de encontrar su lugar en la historia.

En efecto, la idea, extravagante y tan en boga en nuestros días por lo irracional, de que es posible hacer revoluciones redactando constituciones intenta paralizar la historia, caricaturizarla y embalsamarla, en un gesto pueril de inocencia desesperada. Porque la Convención Constitucional aunque parezca un órgano más o menos soberano, no deja de ser un actor real interpretando un personaje irracional de una historia pasada, agotada, de la que se quiere separar y a quién cuya falta de autenticidad le asegura una completa y absoluta derrota. El himno de Spock en las calles de Chile.

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