Maximilien Robespierre: «Contra la constitucionalización de la esclavitud en las colonias»

«PEREZCAN VUESTRAS COLONIAS SI LAS CONSERVÁIS A ESTE PRECIO»

13 de mayo de 1791, en la Asamblea Constituyente

El problema colonial suscitó un importante debate en la Asamblea Constituyente, del 11 al 15 de mayo de 1791. El 11 de mayo, Malouet, uno de los que llevaba la voz cantante del lado derecho esclavista, reclamó una constitución específica para las colonias, a fin de escapar a la aplicación de los principios de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano: “La población de las colonias está compuesta por hombres libres y esclavos… Es imposible, pues, aplicar a las colonias la Declaración de los derechos sin excepción… Es necesario determinar especialmente para las colonias principios constitutivos que sean apropiados para asegurar su conservación según el único modo de existencia que ellas puedan tener”[1].

El 13 de mayo, Moreau de Saint-Méry, diputado esclavista de la Martinica, propuso una enmienda apuntando a constitucionalizar el esclavismo en las colonias; él intentaba matar dos pájaros de un tiro llevando, en esta ocasión, a la Asamblea a deshonrarse violando los principios de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano que había votado el 26 de agosto de 1789[2].

Robespierre intervino en diversas ocasiones en este debate. El 13 de mayo respondió de forma fulminante a Moreau de Saint-Méry.

Tengo una explicación de dos palabras sobre la enmienda; señores, el mayor interés en esta discusión es conseguir un decreto que no ataque de una forma demasiado indignante los principios y el honor de la Asamblea.

Desde el momento en que, en uno de vuestros decretos, hayáis pronunciado la palabra esclavo, habréis pronunciado vuestro propio deshonor y el derrocamiento de vuestra constitución. Yo me quejo, en nombre de la propia Asamblea, de que, no contentos de obtener de ella lo que se desea, se la quiere forzar a acordarlo de una manera deshonrosa para ella, y que desmiente todos vuestros principios. Cuando se ha querido forzaros a vosotros mismos a levantar el velo sagrado y terrible que el pudor mismo del legislador ha sido forzado a tender, creo que se ha querido conseguir un medio para atacar siempre con éxito vuestros decretos, para debilitar vuestros principios, a fin de que se os pudiera decir siempre: alegáis sin cesar los derechos del hombre, los principios de la libertad; pero vosotros creéis poco en ellos ya que habéis decretado constitucionalmente la esclavitud.

La conservación de vuestras colonias es de un gran interés, pero este interés es relativo a vuestra constitución; y el interés supremo de la nación y de las propias colonias es que conservéis vuestra libertad y que no derroquéis con vuestras propias manos las bases de esta libertad. ¡Eh!, perezcan vuestras colonias, si las conserváis a este precio. Sí, si fuera necesario perder vuestras colonias o perder vuestra felicidad, vuestra gloria, vuestra libertad, yo repetiría: perezcan vuestras colonias.

Concluyo de todo esto que la peor de las desgracias que la Asamblea puede atraer, no sólo sobre los ciudadanos de color, ni sobre las colonias, sino sobre el propio imperio francés entero, sería adoptar esta funesta enmienda propuesta por M. Moreau de St-Méry. Concluyo que cualquier otro proyecto, sea el que sea, es mejor que éste[3].

A pesar de los esfuerzos del lado izquierdo, la Asamblea Constituyente votó, el 13 de mayo de 1791: “[…] como artículo constitucional, que ninguna ley sobre el estado de las personas no libres podrá ser hecha por el cuerpo legislativo para las colonias si no es a demanda formal y espontánea de las asambleas coloniales”.

Notemos que la historiografía de la revolución, comprendida la de “izquierda”, no ha visto o sabido ver la significación de este voto. ¡Algunos incluso han buscado disolver esta importancia insinuando que habría alguna diferencia entre esclavo y no libre!

Aimé Cesaire no se ha dejado engañar por esta distinción falaz y fue el primero en poner a plena luz el sentido del voto del 13 de mayo de 1791: “Tras tres días de debate, la Asamblea ratificó. Era cosa grave: una asamblea, elegida para constitucionalizar la libertad, venía a constitucionalizar la esclavitud más abominable…”[4].

Algunos meses más tarde, en la noche del 22 al 23 de agosto de 1791, la insurrección de los esclavos de Santo Domingo comenzaba, abriendo un nuevo ciclo de las revoluciones anticolonialistas.

Notas:
[1] Archivos Parlamentarios, 2ª serie, t. 25, p. 752.
[2] Ibid., t. 26, p. 49.
[3] Aimé Cesaire comenta así esta intervención de Robespierre: “Por primera vez, el asunto era expuesto con toda su amplitud y verdadera dimensión. La cuestión colonial. Pero también la cuestión de la propia Revolución. Hasta ahí la Revolución se presentaba como un bloque. El debate colonial introdujo en la Revolución su propia contradicción, y por ello, una línea nodal: por un lado aquellos que quieren detener la Revolución; por otro, los que quieren continuarla y extenderla Por esto, la Revolución se revela a sí misma; toma conciencia de que ella no es una si no doble; que por esto, ella está llena de futuro y preñada de una historia”. Toussaint L’Ouverture. La révolution française et le problème colonial. Présence Africaine, 1961, p. 117.
[4] Ibid., p. 122

Texto extraído del libro de M. Robespierre. Por la felicidad y por la libertad. Discursos.

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