Las elecciones españolas: Podemos/Sumar y el regreso del franquismo

por Alejandro López

Es probable que los comicios generales anticipados del domingo en España resulten en un Gobierno integrado por el partido abiertamente franquista de Vox, como miembro menor de una coalición con sus correligionarios del Partido Popular (PP).

Hace 45 años, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el estalinista Partido Comunista de España (PCE) previnieron que la clase trabajadora llevara a cabo un ajuste de cuentas revolucionario con la burguesía española tras la muerte del dictador y general Francisco Franco. La Constitución de 1978, según prometieron, representaría el nacimiento de una democracia parlamentaria bajo la égida de la Unión Europea y la OTAN.

El líder del partido de extrema derecha VOX, Santiago Abascal, pronuncia su discurso durante el cierre de campaña en la plaza de Colón en Madrid, España, 21 de julio de 2023 [AP Photo/ Manu Fernandez]

Décadas después, las promesas de democracia se hicieron añicos por el colapso social y económico en toda Europa desde la crisis financiera mundial de 2008 y las actuales tormentas financieras, la imposición de profundas e impopulares medidas de austeridad y el frenesí bélico provocado por la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania.

La mayoría de las encuestas muestran que los herederos políticos de Franco, el Partido Popular (PP), fundado por siete ministros franquistas, y el neofascista Vox, dirigido por el exmiembro del PP Santiago Abascal, ganarán las elecciones. El PP aventaja ampliamente al PSOE en el poder pero necesitará el apoyo de Vox para alcanzar una mayoría. Vox ha declarado que solo aceptará formar parte de un Gobierno liderado por el PP y ningún otro.

El Gobierno de la coalición PSOE-Podemos convocó las elecciones seis meses antes de lo previsto tras haber sido derrotados contundentemente en las elecciones locales y regionales de mayo y cuando crece una ola huelguística en España y el resto de Europa, implicando a millones de trabajadores. Aterrorizados por la creciente oposición social, el PSOE y Podemos están entregando deliberadamente la iniciativa a la derecha con la esperanza de que un Gobierno de extrema derecha sea capaz de aplastar con éxito la creciente oposición social en casa y de presidir la escalada bélica en el extranjero.

Compuesto por antiguos jueces, policías y generales, Vox es un partido que mantiene una continuidad histórica ininterrumpida con el franquismo. La victoria de Franco durante la guerra civil española se selló con el asesinato en masa de 200.000 opositores políticos y trabajadores de izquierdas. Durante las cuatro décadas siguientes, miles de personas fueron detenidas, torturadas o asesinadas por la policía secreta. Se prohibieron las huelgas, los partidos políticos y los sindicatos y se suprimieron los derechos democráticos. Se censuraron los periódicos y los libros, y la educación superior y la atención sanitaria solo estaban al alcance de los privilegiados. El régimen no cayó hasta la década de 1970, en medio de huelgas y protestas masivas de la clase trabajadora.

Vox pretende intensificar la guerra tanto en el exterior como al interior del país, aumentando los presupuestos militares y policiales para recentralizar España, criminalizar a los partidos separatistas, encarcelar a los trabajadores en huelga y promover el chovinismo español, al tiempo que reprime los derechos lingüísticos vascos y catalanes y convierte a los inmigrantes en chivos expiatorios. Se opone al aborto y a los derechos LGBTI y niega el cambio climático. Para los ricos, pretende abolir los impuestos sobre la renta, el patrimonio, las plusvalías y las herencias. En lo esencial, este programa es compartido por el PP, que se aleja solo de la retórica más extrema de Vox para dar un barniz de respetabilidad a su propia agenda militarista y de guerra de clases.

El ascenso de Vox no tiene nada de particular. En toda Europa se ha visto una y otra vez un patrón peligroso cuando un giro masivo a la izquierda ha impulsado la formación de partidos de “amplia izquierda”, sólo para ver cómo traicionaban y cedían la iniciativa a la extrema derecha.

En Grecia, la derechista Nueva Democracia quedó en el poder el mes pasado tras derrotar al partido opositor Syriza, que impuso una austeridad salvaje de 2015 a 2019 después de haber prometido oponerse a tales medidas. El nuevo Parlamento cuenta ahora con tres partidos de extrema derecha, en lo que un analista describió como “el Parlamento más conservador desde la restauración de la democracia griega en 1974”.

En Italia, 78 años después de que el dictador fascista Benito Mussolini fuera abatido por partisanos, sus herederos políticos, los Hermanos de Italia, vuelven al poder de la mano de Giorgia Meloni por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

En Alemania, 90 años después de que Hitler se hiciera con el poder, la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), repleta de racistas, antisemitas y neonazis militantes que minimizan una y otra vez los crímenes del Tercer Reich, es el segundo partido más fuerte en las encuestas de opinión, por delante de los socialdemócratas en el poder y por detrás del partido conservador CDU. En el este del país, es el partido más fuerte, con más del 30 por ciento.

En Francia, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, históricamente vinculada al régimen colaboracionista nazi de Vichy liderado por el mariscal Pétain durante la Segunda Guerra Mundial, ha sido el principal contendiente en las segundas vueltas presidenciales desde 2017. Según sondeos recientes, si las elecciones se celebraran hoy, Le Pen derrotaría al presidente Emmanuel Macron.

En Portugal, el neosalazarista Chega (Basta) pasó de un escaño a 12 en las elecciones nacionales del año pasado. Se prevé que sea la tercera fuerza política de Portugal, con un 13,2 por ciento. Según los últimos sondeos, si el Partido Socialista oficialista convocara elecciones anticipadas, Chega podría gobernar con el derechista Partido Socialdemócrata. Sería la primera vez que la extrema derecha llega al poder desde la caída del régimen fascista del Estado Novo en la Revolución de los Claveles de 1974.

Están resurgiendo tendencias políticas que debieron haber quedado olvidadas en la historia. ¿Cómo es posible en un continente que sufrió los horrores brutales del fascismo? Sobre todo, en medio de la mayor ola de huelgas desde la década de 1970 en todo el continente, ¿cómo es posible que la extrema derecha sea la principal beneficiaria política del crecimiento de la oposición en toda Europa y a nivel internacional a la agenda avanzada por la élite capitalista de guerra imperialista en el extranjero y guerra de clases en casa?

La respuesta no reside en estas fuerzas políticas. A diferencia de los años 30, no cuentan con el apoyo de un movimiento de masas. En cada caso, ha sido la pseudoizquierda –ya sea Syriza en Grecia, el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia, el partido La Izquierda en Alemania, el Bloque de Izquierda en Portugal o los restos de Rifondazione Comunista en Italia— la que ha actuado como partera de la extrema derecha.

Tanto en la oposición como en el poder, estas fuerzas han profundizado la austeridad, han apoyado la guerra imperialista y han tratado de desmovilizar y traicionar a los trabajadores y a la juventud que una vez buscaron su liderazgo. No representan a la clase obrera, sino a las capas acomodadas de la clase media, que se han beneficiado de la redistribución hacia arriba de la riqueza social llevada a cabo por la oligarquía financiera. Ante una escalada de la lucha de clases, están abandonando sus pretensiones sociales y girando bruscamente hacia la derecha para defender sus privilegios sociales.

En España, Podemos fue fundado en 2014 por el grupo pablista Anticapitalistas y varios profesores estalinistas, liderados por Pablo Iglesias. Surgió directamente de las protestas 15-M o de Indignados contra la austeridad en 2011-2012, que se desarrollaron durante los tumultuosos acontecimientos de la “Primavera Árabe” y la caída de la junta militar de Egipto, y tras un periodo de grandes huelgas y luchas de la clase obrera europea tras la crisis capitalista global de 2008.

A raíz de las conexiones políticas entre Iglesias y sus socios estalinistas y los regímenes nacionalistas burgueses de Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, en alianza con el Secretariado Unificado pablista, Podemos se opuso a la construcción de una dirección revolucionaria de la clase obrera. Proclamó el fin de las direcciones “verticalistas” tradicionales en una nueva era de formaciones populares de “izquierda amplia”, prometiendo oponerse a la Unión Europea desde la izquierda y comenzar una nueva era de democracia popular, completando finalmente las tareas “democráticas” incumplidas de la transición a la democracia después de Franco. Podemos intentó constantemente volver a arrastrar a la clase obrera detrás del socialdemócrata PSOE, el principal partido del régimen burgués desde la década de 1980, y del aparato sindical.

En 2018, en medio de una ascendente oposición popular al PP y a sus políticas represivas en Cataluña, Podemos organizó una maniobra parlamentaria, expulsando al PP del poder y sustituyéndolo por un Gobierno minoritario del PSOE. Respaldado por Podemos, el PSOE continuó el presupuesto austero del PP, dotó al ejército de miles de millones de euros, atacó a los migrantes y continuó la campaña represiva y derechista contra el nacionalismo catalán, incluso mientras sus diversos satélites pseudoizquierdistas respaldaban la agenda divisiva y procapitalista de los independentistas.

El año 2018 también fue testigo de cómo Vox capitalizaba la promoción del chovinismo español, obteniendo 12 escaños parlamentarios en las elecciones autonómicas andaluzas y entrando por primera vez en un Parlamento regional. Dos años después, en las elecciones de 2019, Vox creció hasta el 15 por ciento del voto nacional y obtuvo 52 legisladores, convirtiéndose en la tercera fuerza política, superando a Podemos.

Ese mismo año, Podemos entró en un Gobierno liderado por el PSOE. Durante los cuatro años siguientes, defendió la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, recortó drásticamente las pensiones y los salarios, aplicó una política anteponer las ganancias a la protección de la vida ante la pandemia de COVID-19, y aumentó masivamente el presupuesto militar junto con rescates para los principales bancos y empresas. Atacó salvajemente a los camioneros y metalúrgicos en huelga, impuso servicios mínimos draconianos a las tripulaciones aéreas y dejó que los inmigrantes se ahogaran en el mar.

Mientras los medios de comunicación pro-Podemos presentan el colapso electoral de los partidos gobernantes como el resultado de los medios de derechas, las noticias falsas y una ola “patriarcal” antifeminista, la verdad es que tras cuatro años de PSOE-Podemos en el poder, los trabajadores han perdido un 8 por ciento de su poder adquisitivo, las hipotecas y los alquileres han subido un 50 por ciento, y las grandes corporaciones españolas están cosechando gananciass récord. Como se jactó el legislador de Podemos y entonces secretario de Estado y secretario general del Partido Comunista de España, Enrique Santiago, “[E]n la historia de España no ha habido una transferencia de recursos del Estado tan grande a las empresas privadas como la que ha llevado adelante este Gobierno”.

El papel de Podemos, ahora rebautizado como Sumar, en la plataforma electoral de 15 partidos para las elecciones del domingo representa otra amarga experiencia de la clase obrera con los partidos de “izquierda amplia” creados y defendidos por los grupos pseudoizquierdistas y estalinistas.

Los trabajadores se han visto completamente privados de sus derechos. ¿A quién pueden votar para oponerse a la participación de España en la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, que amenaza con convertirse en una guerra nuclear? ¿O al fondo de rescate de 140.000 millones de euros para los bancos y las empresas, financiado mediante una austeridad salvaje? ¿O para buscar un ajuste de cuentas político por la priorización de los beneficios sobre las vidas durante la pandemia de COVID-19 que ha provocado 160.000 muertes en España y 12 millones de infecciones?

Sumar ha dejado claro que apoya la guerra de la OTAN contra Rusia y quiere seguir enviando cientos de millones de euros en armamento. Ha prometido a Bruselas 24.000 millones de euros en recortes y alzas de impuestos en 2024 para pagar los rescates. El partido lo dirige la vicepresidenta en funciones y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que impuso reformas laborales que han extendido los bajos salarios, y que desempeñó un papel clave en la reapertura de centros de trabajo no esenciales durante la pandemia, lo que provocó muertes masivas. En cada uno de los temas candentes a los que se enfrentan los trabajadores, Sumar tiene la misma posición básica que Vox.

Los trabajadores y la juventud deben sacar las conclusiones políticas necesarias. El regreso de los franquistas reivindica la insistencia del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en que la lucha contra la austeridad, el autoritarismo, el fascismo y la guerra requiere la lucha contra su causa, el capitalismo, y contra todos los partidos que defienden este sistema en bancarrota. Esto exige la construcción de secciones del CICI en España e internacionalmente como la alternativa trotskista, dirigiendo la lucha por el socialismo.

(Fuente WSWS)

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