Ladrones de agua asaltan a Antofagasta

de Diario Revolución

El más trivial de los accidentes: un cable cortado y toda una ciudad queda sin agua y bajo un régimen de racionamiento. La emergencia en Antofagasta refleja la ineptitud de autoridades y el espíritu de rapiña de las empresas. Pero sobre todo devela las consecuencias del robo del agua. Parece un mal chiste.

No fue un terremoto ni el invierno altiplánico ni incendio ni un accidente industrial de magnitud. Fue una simple retroexcavadora que cortó los cables que abastecen de energía a la Planta Desaladora Norte.  Obviamente, nadie tuvo la culpa. Aguas Antofagasta, manejada por el grupo EPM, propiedad del municipio de Medellín Colombia, y Engie, la actual mutación de la multinacional francesa Suez, se atribuyeron mutuamente la responsabilidad por el incidente. 

Lo que no han podido hacer, sin embargo, es resolver el problema. Desde el domingo, más del 60% de la población antofagastina no tiene agua, debido a la falla de la planta. Los sectores más pudientes, en el sur de la ciudad, para variar, no se vieron afectados ya que el suministro allí depende de las fuentes de agua dulce provenientes del río Loa y de pozos profundos.

El resto ha debido hacer largas filas ante los estanques y camiones aljibe. La empresa sanitaria sólo dispone de un planta para llenar los depósitos. La carga de tres camiones demora una hora. No tiene más capacidad. Pero como tampoco tiene camiones, eso es lo de menos. 

Estanque estilo «Democracia Viva» en Antofagasta

Sólo a partir del miércoles, se aumentó la cantidad camiones aljibe, conseguidos por aquí y allá, y de los puntos de reabastecimiento de agua que aumentaron mágicamente de uno a 14. Se trata, por supuesto, de las empresas mineras que, según explicó la ministra del ramo, Aurora Williams, accedieron a compartir algo de su infinito caudal. Pero tampoco hay que exagerar: «la idea es que las operaciones [mineras] continúen», declaró la autoridad gubernamental. 

La Fach envió un avión agua mineral y en las calles se vende el bidón de 20 litros por 20 lucas. 

Antofagasta es una ciudad rodeada de montañas yermas, detrás de las cuales se extiende un desierto que llega hasta los Andes, es la parte terrestre más ancha de este largo pasillo en el que vivimos los chilenos.

Y, no obstante, Antofagasta, la región entera literalmente nada en agua dulce. Aquí se consume más de la mitad, el 53%, de todo el agua potable de Chile. Son 9,43 metros cúbicos por segundo. Y eso no se debe al derroche de sus apenas 400 mil habitantes que se duchan y cocinan como todos los demás; acaso gasten menos en regar los jardines, porque no hay tantos. Como comparación: en la Región Metropolitana, en que viven 7,3 millones de personas, se usa sólo 0,87 metros cúbicos por segundo. 

El enorme consumo se debe a la concentración de las faenas de la gran minería del cobre que usan agua para todo lo que hacen: desde mojar la tierra y las rocas para que no levanten tanto polvo, hasta la llamada molienda secundaria, en que se reduce la roca chancada en pedazos más pequeños en unas enormes licuadoras, antes de sumergir el mineral en una piscinas no menos enormes, pasando por todas las otras etapas del procesamiento del cobre. 

La usa de plantas desalinizadoras, como la que emplea EPM, es explicado por la necesidad de responder a los efectos del cambio climático. Todavía el agua potable proveniente del mar es más cara que el agua dulce continental. Pero, cosa curiosa, esa agua dulce proveniente de la cordillera va a las mineras y el agua de mar a los antofagastinos, que sólo necesitan una fracción del total para sus necesidades. 

El agua en Chile es propiedad privada. Es parte del gran saqueo al que es sometido nuestro país por grandes capitales nacionales y extranjeros que dominan sin límites al Estado. Y éste Estado, sometido a esos capitales, podría, al menos, disimular el robo, estableciendo sistemas de emergencia para catástrofes naturales o fallas en las plantas o, como en este caso, un error común de un operador de retro

Pero no. Este sistema se caracteriza porque todos sus componentes imitan el saqueo de dueños máximos. Por eso es que en televisión la cobertura de la catástrofe en Antofagasta fue excepcionalmente medida y poco emocional o alarmista.

Y motivos de alarma hay. Las empresas prometen que para el viernes se lograría una normalización de la situación, al menos para una parte importante de la población. Habrá que ver si es verdad. Generosamente, Aguas Antofagasta, anunció que las cuentas de diciembre serán gratis. Es para que no se hable más del asunto. 

Pero cuando vivimos en un país dependiente, atrasado, y en que todo pende de un hilo, vendría ser la hora que analicemos bien cómo funciona esta sociedad y tomemos las medidas correspondientes. Ya que se habla tanto de delincuencia: hay que pararles la máquina a los internacionales, domésticos, perkins y bufones que dirigen este país.

Ir al contenido