La nueva guerra «interminable» de Biden

por Andre Damon

El sábado, el presidente estadounidense Joe Biden puso fin a su gira de una semana por Europa con un discurso en Varsovia, Polonia, por medio del cual buscó movilizar a la OTAN para un conflicto con Rusia. La cobertura mediática del discurso de Biden se ha concentrado en su parte final, que aparentemente fue improvisada, en la que el mandatario estadounidense dijo que el presidente ruso Vladímir Putin “no puede permanecer en el poder”.

Pero se ha pasado por alto un aspecto incluso más importante del discurso: la declaración de Biden de que EE.UU. está “comprometido” a “décadas” de guerra.

En el contexto de la mayor guerra terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, Biden declaró: “Debemos comprometernos ahora a seguir esta lucha a largo plazo. Debemos permanecer unidos hoy y mañana, el día siguiente y los años y décadas siguientes.

¿A qué “lucha” está comprometiendo Biden a EE.UU.?

Hace tan solo nueve meses, cuando Biden anunció el retiro de las fuerzas de Afganistán, dijo, “Hemos sido una nación en guerra por demasiado tiempo. Si tienes 20 años hoy, nunca has conocido a un EE.UU. en paz”. Declaró, “Es tiempo de poner fin a las guerras eternas”.

En este momento, Biden está comprometiendo a la población estadounidense a una nueva guerra perpetua, una que tendrá “costos” enormes y “no será fácil”, señaló.

En su discurso, Biden declaró que las décadas de “lucha” que EE.UU. está iniciando son “una gran batalla por la libertad: una batalla entre la democracia y la autocracia, entre la libertad y la represión, entre el orden basado en normas y uno gobernado por la fuerza bruta”.

Biden eligió un lugar extraño para declarar una lucha por la “democracia”. Este año, la Unión de Libertades Civiles para Europa, con sede en Berlín, acusó al Gobierno polaco de “tomar un mayor control del sistema judicial, a sociedad civil y la prensa, mientras eliminan derechos humanos básicos y alimentan divisiones usando a los migrantes y otras minorías como chivos expiatorios”.

El Gobierno polaco está controlado por un partido ultraderechista, chauvinista, antisemita y autoritario, el PiS. El presidente Duda, el acompañante constante de Biden durante su cruzada belicista, encabeza un Gobierno que ha prohibido completamente el aborto como forma de planificación familiar, persigue a la comunidad LGBTQ y criminaliza cualquier exposición de la complicidad polaca en el Holocausto.

Como la “guerra contra el terrorismo” que fue testigo de las violaciones más graves de los derechos humanos en la historia estadounidense, la nueva guerra de décadas de Biden invoca la “democracia” como una consigna insignificante que nadie toma en serio.

En su discurso, el propio Biden dejó en claro la medida en que EE.UU. provocó la invasión rusa armando a una fuerza indirecta de la OTAN en la frontera con Rusia.

“En los años anteriores a la invasión, nosotros, Estados Unidos, enviamos más de 650 millones de dólares en armas a Ucrania, incluyendo equipo antiaéreo y antiblindaje. Desde la invasión, Estados Unidos ha prometido otros 1.350 millones de dólares en armas y municiones”.

Todo lo que ha hecho Biden en la última semana ha tenido como objetivo avivar la guerra por delegación de Estados Unidos y la OTAN en Ucrania. Ha llamado al presidente ruso de todas las formas imaginables, desde “carnicero” a “dictador asesino”, “criminal de guerra” y “matón”. Ha bombeado Ucrania con armas y ha duplicado las fuerzas desplegadas en las fronteras de Rusia. Como comentó Edward Luce, del Financial Times, “los liberales estadounidenses son al menos tan militaristas como los conservadores”.

El discurso de Biden en Polonia siguió a la conclusión de la cumbre de la OTAN en Bruselas, Bélgica, donde los líderes de la Alianza Atlántica tramaron una gran escalada del conflicto. En la cumbre, la OTAN anunció la duplicación de sus fuerzas en la frontera con Rusia, y el New York Times informó de los planes de Estados Unidos para una guerra a gran escala con Rusia.

Las causas reales de esta nueva “guerra interminable” se encuentran en los documentos de los planificadores militares estadounidenses.

En 1991, en medio de la disolución de la URSS, el entonces presidente estadounidense George H. W. Bush declaró que la guerra del golfo Pérsico contra Irak daría paso a un “nuevo orden mundial” dirigido por Estados Unidos.

Al año siguiente, el Pentágono publicó una Guía de Planificación de la Defensa, denominada “Doctrina Wolfowitz”, en la que se proclamó que el “primer objetivo de Estados Unidos es impedir la reaparición de un nuevo rival, ya sea en el territorio de la antigua Unión Soviética o en cualquier otro lugar, que suponga una amenaza tan grande como la que suponía anteriormente la Unión Soviética”.

La avalancha de militarismo estadounidense iniciada con la primera invasión de Irak fue seguida por tres décadas de guerras constantes, que incluyeron el bombardeo y la desintegración de Yugoslavia, la destrucción y la ocupación de Afganistán, la invasión y la ocupación de Irak, el derrocamiento del Gobierno libio y la operación de muchos años para cambiar el régimen sirio.

Ahora, estas guerras están haciendo metástasis, convirtiéndose en un conflicto directo de Estados Unidos con Rusia y China, cuyas consecuencias son potencialmente incalculables.

La Estrategia de Defensa Nacional de 2018 anunció un giro de los compromisos militares de Estados Unidos lejos de Oriente Próximo y a favor de los esfuerzos para combatir a Rusia y China. “La competencia estratégica interestatal”, proclamaba, “no el terrorismo, es ahora la principal preocupación de seguridad nacional de Estados Unidos”.

En este contexto, está claro que la retirada de Biden de Afganistán no fue más que un redespliegue de fuerzas en preparación de conflictos militares a una escala aún mayor.

A pesar de los esfuerzos de la Casa Blanca por retractarse, la declaración improvisada de Biden fue la conclusión ineludible de todo el discurso. Sus palabras reflejan claramente la política real de Estados Unidos, cuyo objetivo es el aislamiento militar y la ruina económica de Rusia, la destitución de su Gobierno y la instalación de un régimen títere que convierta a Rusia en un mero enclave.

La declaración de Biden de un nuevo compromiso de décadas se produce apenas unos días después de su proclamación, antes de partir hacia Europa, de que “va a haber un nuevo orden mundial ahí fuera, y tenemos que liderarlo”.

Hace siete años, en su prefacio a Un cuarto de siglo de guerra: la ofensiva de Estados Unidos hacia la hegemonía mundial, 1990-2016, el presidente del Consejo Editorial Internacional del WSWS, David North, escribió,

El último cuarto de siglo de guerras instigadas por Estados Unidos debe ser estudiado como una cadena de eventos interconectados. La lógica estratégica de la unidad de Estados Unidos por la hegemonía mundial se extiende más allá de las operaciones neocoloniales en el Oriente Medio y África. Las continuas guerras regionales son elementos de una rápida escalada en la confrontación de los Estados Unidos con Rusia y China.

Los acontecimientos de esta semana dejan una cosa muy clara. Los planes de Estados Unidos para un “conflicto de grandes potencias” con Rusia y China están dejando la etapa de planificación y se están poniendo en práctica. Habiendo instigado la invasión rusa de Ucrania, Estados Unidos la está aprovechando para poner en marcha estos planes, que llevan décadas elaborando y cuyo objetivo es asegurar la hegemonía estadounidense por medios militares contra adversarios con armas nucleares.

La única salida a este desastre que amenaza a la humanidad es la construcción de un movimiento de la clase obrera contra la guerra, con el objetivo de unificar a las clases trabajadoras de Rusia, Ucrania, Europa y EE.UU. contra el sistema capitalista que es la causa fundamental de la guerra.

(Tomado de WSWS)

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