La caída de Evo Morales en Bolivia: ni golpe fascista, ni revolución

por Antonio Bordima

En estos días, al producirse al arribo de Evo Morales, García Linera y otros ex funcionarios y miembros del MAS de Bolivia, se reavivó la discusión acerca de los acontecimientos que obligaron a renunciar al binomio presidencial boliviano, ahora refugiados en Argentina. Hay una primera discusión acerca de si la caída del gobierno del MAS fue a consecuencia de un golpe, o resultado de un movimiento de masas, y en todo caso de qué carácter ha sido ese movimiento de masas, que efectivamente se movilizó contra el gobierno de Evo Morales.

Para que se pueda expresar con más claridad nuestra posición vamos a contrastarla con la de dos de las organizaciones políticas que se reivindican trotskistas en Bolivia; el POR y la LOR-CI.

En Bolivia ¿hubo un golpe fascista? 

La LOR-CI es parte de la corriente internacional organizada por el PST de Argentina, la FT-CI. Esta corriente caracterizó que el desplazamiento del poder de Dilma Rousseff por medio de un impeachment en 2016, también fue un golpe de estado, al que más tarde le agregó el apelativo de “institucional”. Una primera caracterización de Bolsonaro de fascista, aunque después fue corregida a la de semi-bonapartismo, fue utilizada para llamar a votar por el otro candidato burgués Haddad, candidato del PT, en las elecciones de 2018.

La LOR-CI y la FT-CI caracterizan que la caída del gobierno del MAS se produjo por medio de “un golpe de estado de ultra derecha”, al que, de hecho, a través de su polémica con el POR, lo caracterizan como un golpe fascista.

En la crítica del dirigente de la LOR-CI Javo Ferreira (JF) a la política del POR, dice:

“El POR, reconoce el carácter burgués de los campos enfrentados, y desde ese punto de vista, por su naturaleza de clase serían lo mismo. Sin embargo, si son lo mismo, es incomprensible sobre qué bases el POR eligió como “mal menor” a uno de los “fascistas”, en sus palabras, es decir nada menos que a la juventud cruceñista con Camacho al frente. Ahora si se analiza los dos campos “burgueses” desde el punto de vista de los trabajadores y sus organizaciones, así como sus derechos laborales, étnicos, culturales etc., salta a la vista que, para los trabajadores, los campesinos, o la amplia mayoría de pueblos indígenas no son lo mismo. El MAS reconoció derechos democráticos de manera formal, pero no menos significativa para los pueblos indígenas. El otro campo, busca la homogenización en la “bolivianidad” y en el cristianismo como fe, el MAS se sostuvo sobre las organizaciones sindicales, cooptando y corrompiendo a sus dirigentes, pero los otros prefieren eliminar las organizaciones sindicales, o intervenirlas como sucedió con la COD (Central Obrera Departamental) de Santa Cruz apenas confirmado el golpe con ayuda de dirigentes sindicales afines al golpismo. Estas diferencias básicasreconocibles a cualquier trabajador con sentido común, sin embargo, para el POR no lo eran. Esto tampoco significa que el MAS era el mal menor, pero la sociedad capitalista necesita de todas estas variedades políticas para funcionar, recurriendo a los socialdemócratas en ocasiones y en otras a los fascistas.” (JF, 24/11/19).

En primer lugar, JF no le critica al POR el hecho de que haya elegido un “mal menor” entre dos campos burgueses. Lo que le critica es que haya elegido el campo que se oponía al gobierno del MAS. JF niega que la LOR-CI reconozca al MAS como “mal menor”, pero en todas las descripciones de las “diferencias básicas” es un hecho muy claro que esa es su posición, que JF opina igual que ese “trabajador”, basándose, no en el método marxista, sino en el “sentido común”, y le avala al MAS su condición de “progresista”, al cual hay que defender de los fascistas de Camacho y sus bandas cruceñistas. Es decir, esta discusión es entre dos organizaciones que se reivindican trotskistas, pero que ninguna de las dos ha tenido una política obrera independiente, sino que cada una se ubica en uno de los campos burgueses enfrentados.

Y al utilizar como analogía de la posición del POR, la que tenía el PC en Alemania cuando caracterizaba a la socialdemocracia como “social-fascismo”, y al tomar la cita en la que Trotsky (*) explica la diferencia de régimen entre la democracia y el fascismo, en los hechos, JF intenta caracterizar la caída del gobierno del MAS como resultado de un golpe fascista. Y para eso toma como un ejemplo, la intervención de la COD (Central Obrera Departamental) de Santa Cruz (de la cual no hemos encontrado información), como si el gobierno surgido del “golpe” fuera fascista, y aplastara o anulara toda la actividad de las organizaciones de la clase obrera. Y no es casual que sea el único hecho al que puedan hacer referencia contra una organización del movimiento obrero, porque tanto la central sindical (COB), como sus sindicatos adheridos, como los partidos políticos que se reivindican de la clase obrera (entre ellos la LOR-CI, que la única persecución que puede alegar en su contra es la detención por 26 horas de dos de sus militantes) siguen manteniendo una existencia publica y legal, no han sido intervenidos ni prohibidos. Tanto es así que dos miembros nombrados por el actual gobierno tienen respaldo directo de organizaciones obreras: el recientemente nombrado vice ministro de trabajo Vitaliano Mamani ex dirigente fabril, cuya designación estuvo consensuada con la COB y fabriles, y el ministro de minería y metalurgia el cooperativista de la Federación Departamental de Cooperativistas Mineros (Fedecomin) de Potosí, Carlos Fernando Huallpa, con el respaldo de la FSTMB.

También siguen funcionando legalmente las organizaciones indígenas y campesinas.

Antes de discutir si hubo o no un golpe que derrocó al gobierno del MAS, descartamos que ese supuesto golpe sea “fascista”. 

Además de los hechos arriba mencionados, hay que decir que la presidencia provisional, aunque definida con argumentos basados en resoluciones constitucionales de dudosa legalidad, no es de más dudosa legalidad que los argumentos que le dieron a Evo-Linera la posibilidad de volver a presentarse a un 4° mandato. Son los artilugios que utilizan unas y otras camarillas políticas burguesas cuando tienen que justificar con argumentos legales los verdaderos intereses por los que pretenden hacerse del poder estatal. A esto hay que agregar que las bancadas del MAS, tanto en diputados, como en senadores, terminaron avalando este gobierno provisional, integrándose al mismo en el plano parlamentario y votando leyes surgidas de consenso con el gobierno provisional. Es decir, con su participación, el MAS –el partido “golpeado”- ha convalidado al gobierno provisional surgido del “golpe”. 

Tal como JF reconoce: “Pese a tener los 2/3 de la Asamblea Legislativa Plurinacional… la bancada del MAS se encargó de dar un barniz de legalidad al golpe que ellos mismos denunciaron.”

Repasemos los hechos que terminaron en la renuncia del gobierno del MAS

Evo Morales convocó un referéndum que se realizó el 21 de febrero de 2016 para modificar el artículo de la constitución que le impedía presentarse para un nuevo mandato presidencial, que sería en realidad el 4°, ya que su primer mandato no fue considerado a la hora de justificar su anterior presentación como candidato a su reelección a la presidencia, con el argumento que ese primer mandato fue ejercido con otra constitución. Evo Morales dijo que respetaría el resultado del referéndum, cuando esperaba ganar. Pero perdió. El 51,3% votó en contra. Entonces Evo Morales buscó el amparo de la OEA para que reconociera su “derecho humano” a presentarse a la re-re-reelección, y la sentencia del Tribunal Supremo Electoral nada imparcial, como dudosos artilugios legales, pero que resultaron completamente ilegítimos a la vista de la mayoría de la población que sintió que fue burlada su decisión, que su voto no fue respetado. Y esto constituyó un motivo importante que aumentó considerablemente la movilización antigubernamental. 

“El rechazo a la re-reelección de Evo Morales y García Linera convoca no sólo a los tradicionales sectores reaccionarios, sino que suma a ciertas franjas de trabajadores, campesinos y sectores populares, que han visto desatendidas sus demandas y no ven con buenos ojos la “eternización” del binomio masista en el poder por razones democráticas, sin ser necesariamente reaccionarias aunque en ausencia de una alternativa obrera y socialista que golpee sobre estos, los que capitalizan políticamente esta oposición son las fuerzas opositoras visibles: las de derecha”. 23/12/18 JF y E Molina.

Evidentemente la suspensión en horas de la noche del conteo provisional de los votos cuando Evo Morales no alcanzaba a ganar en la primera vuelta, amaneciendo al día siguiente habiendo ganado, dio pie y credibilidad a las múltiples denuncias de fraude levantadas por la oposición política y los cabildos cívicos. 

La movilización, al principio minimizaba y ridiculizada por Morales, se fue haciendo más masiva y se radicalizó con bloqueos y paros cívicos.

“Luego de 13 días de paro cívico indefinido, y luego del llamado Cabildo Nacional del jueves 31 de octubre, en el que se realizaron simultáneamente en las capitales departamentales los cabildos regionales, la dirección del paro y de todo el movimiento contra el denominado “descomunal fraude” según voceros de la oposición, pegó un salto en su carácter reaccionario y derechista al lograr separar al ala moderada de la oposición política encabezada por la cabeza de Comunidad Ciudadana (CC), Carlos Mesa y posicionar al movimiento cívico, sector de la derecha empresarial y clerical, como dirección del conflicto.

El movimiento que empezó con la exigencia de una segunda vuelta que habría sido birlada mediante las gruesas irregularidadesdurante el proceso electoral, radicalizó sus consignas exigiendo la nulidad del proceso electoral y la renuncia de Evo Morales y García Linera. El giro dado por los cabildos acentuó su carácter reaccionario y con rasgos destituyentes cuando en los mismos se dio la palabra a militares subalternos quienes llamaron a las FFAA a sumarse a la lucha por la “democracia” y expulsar a Evo Morales del gobierno. Este llamado fue adoptado por las resoluciones de los cabildos, en una salida abiertamente reaccionaria. La separación del ala moderada de la derecha política del movimiento cívico y la afirmación del presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, arrastrando tras de sí al conjunto de los cívicos del país, constituye un salto cualitativo en la polarización y en la tendencia a los extremos.”. JF 4/11.

Evidentemente al tratarse de dos sectores burgueses que disputaban el poder también disputaban el apoyo del aparato de represión del Estado, tanto del ejército como de la policía. Lo que resulta extraño es que a JF le preocupen los “rasgos destituyentes” del movimiento opositor, pero no le preocupen las maniobras de Morales-Linera para sostenerse en el poder mediante el fraude, o los recursos que hagan falta.

Tras el cabildo cívico nacional realizado en La Paz y los otros que se hicieron simultáneamente en los departamentos, que fueron masivos y multitudinarios, el día 8 de noviembre se amotinó la policía, primero en Cochabamba, pero después se extendió al resto del país. Así registró estos acontecimientos la LOR-CI:

El 9/11 JF escribe: “El viernes 8 de noviembre la policía de Cochabamba inicio un motín que rápidamente fue secundado por prácticamente toda la policía nacional. El quiebre del aparato represivo en momentos en que llegan a La Paz contingentes de cívicos de todo el país es un nuevo salto hacia los extremos en la crisis y empujan al MAS a recostarse cada vez más en las FFAA, aunque el ministro de defensa Zabaleta haya manifestado que no se iba a producir ningún movimiento de tropas ni acuartelamiento, y desmintió los rumores de estado de sitio.

El motín policial, de alcance nacional, aunque aparentemente está motivado por demandas corporativas como la exigencia de tener un tratamiento igual al que reciben las FFAA en materia jubilatoria con pensión igual al 100% del salario en actividad, y aunque solo se tratase de problema interno con algunos mandos como declaró el ministro de defensa Zabaleta, el marco más general en el que se desarrolla, con el paro indefinido y los bloqueos de calles de los cívicos, le da a la situación las características de una asonada derechista, es decir de un salto cualitativo en la ofensiva política opositora, a la que se le sumó la policía.

(….)

El gobierno de Evo Morales, ha venido denunciando una intentona golpista, sin embargo, lo que hasta hace unos días solo parecía un recurso retórico de carácter defensivo, la generalización de la movilización cívica y el quiebre del aparato policial, impiden descartar que el conflicto por su propia dinámica pueda transformarse y adquirir una clara orientación destituyente y golpista. Consideramos que la evolución del conflicto en las próximas horas será determinante si el actual movimiento ya ha alcanzado su máximo pico de tensión o por el contrario este seguirá escalando hasta configurarse en una dinámica de golpe de Estado. El papel decisivo estará en manos de las FFAA como garante del orden y de la gobernabilidad. Hoy las mismas están firmes con el gobierno debido a importantes concesiones políticas y económicas, como es su participación en la administración de empresas estatales, así como salarios y jubilaciones de privilegio con respecto al resto de la población, lo que hace suponer que podrían mantenerse leales a Morales.” Esto decía JF el 9/11, un día antes del “golpe”.

¿¡Estado, intervén!?

En estos párrafos hay varias cuestiones para analizar. El amotinamiento de la policía según dice JF “…aparentemente está motivado por demandas corporativas como la exigencia de tener un tratamiento igual al que reciben las FFAA en materia jubilatoria con pensión igual al 100% del salario en actividad” … y según declaró el ministro de defensa Zabaleta, se trataba de un “problema interno con algunos mandos”. Pero -dice JF- la asonada policial se suma a la ofensiva política opositora al gobierno de Evo Morales. que, al producirse el motín policial, y en “el marco más general en el que se desarrolla, con el paro indefinido y los bloqueos de calles de los cívicos, le da a la situación las características de una asonada derechista”. Y sorprendentemente JF concluye: “El quiebre del aparato represivo en momentos en que llegan a La Paz contingentes de cívicos de todo el país es un nuevo salto hacia los extremos en la crisis y empujan al MAS a recostarse cada vez más en las FFAA” …y más adelante JF asegura que “El papel decisivo estará en manos de las FFAA como garante del orden y de la gobernabilidad”.

Es decir que, para JF dirigente de la LOR-CI, Evo Morales, debía recurrir al aparato represivo policial para reprimir a las bandas fascistas de Camacho, pero también a los mineros, campesinos, médicos, maestros y ciudadanos de la clase media urbana que se movilizaban pidiendo su renuncia. Y según JF, ante la quiebra de este aparato represivo, Evo Morales debería reprimir al movimiento golpista con las FFAA, que serían el único “garante del orden y de la gobernabilidad”. Si de bancarrotas hablamos, nunca había leído una confesión tan clara y abierta de apoyo a un régimen bonapartista burgués proveniente de una organización que se reivindica trotskista. Vamos a suponer que JF esté en lo cierto y lo que estaba sucediendo fuera una ofensiva fascista contra el gobierno “progresista” de Evo Morales-Linera-MAS. Ante esto la única respuesta política que tiene JF es la postración completa al régimen bonapartista burgués: “El papel decisivo estará en manos de las FFAA como garante del orden y de la gobernabilidad”, escribe JF. Te-rri-ble. Ya que JF cita párrafos de la recopilación de artículos de L Trotsky: “La lucha contra el fascismo en Alemania” vamos a tomar de allí un párrafo para poner en evidencia el carácter de la política de la LOR-CI. Allí es la socialdemocracia, la que, en lugar de apelar a la movilización y el armamento de los obreros, apela al aparato represivo del Estado burgués:

“Los políticos del reformismo, esos negociantes hábiles, esos viejos expertos en la intriga y el carrerismo, esos hombres experimentados en las combinaciones parlamentarias y ministeriales, se revelan -no puedo encontrar una expresión más suave- como perfectos imbéciles desde el momento en que la marcha de los acontecimientos les proyecta fuera de su esfera habitual y los confronta a hechos importantes.

Colocar sus esperanzas en un presidente es también colocar sus esperanzas en el «Estado». De cara al próximo enfrentamiento entre el proletariado y la pequeña burguesía fascista -los dos campos que constituyen la inmensa mayoría de la nación alemana-, los marxistas de Vorwärts piden la ayuda del sereno. ¡Estado, intervén! (Staat, grief zu!). Esto significa: «Bruning, no nos obligues a defendernos con la fuerza de las organizaciones obreras, porque eso pondrá en movimiento a todo el proletariado, y entonces el movimiento desbordará a las cabezas calvas del gobierno: empezará por ser un movimiento antifascista y terminará siendo un movimiento comunista.»

A esto, Brüning, si no prefiriera callarse, podría responder: «Yo no podría cortar el paso al fascismo con las fuerzas de la policía, aunque quisiera; pero no querría, aunque pudiera. Poner en movimiento a la Reichswehr contra los fascistas significarla partirla en dos, si no ponerla en movimiento contra mí en su totalidad; y, lo que es todavía más importante: emplear el aparato burocrático contra los fascistas significaría dejar las manos libres a los obreros, darles una libertad de acción total: las consecuencias serían las mismas que vosotros, los socialdemócratas, teméis, y que yo, por esta razón, temo doblemente.»

Los llamamientos de la socialdemocracia producirán en el aparato del Estado, en los jueces, en la Reichswehr, en la policía, el efecto contrario del esperado. El funcionario más «ideal», el más «neutral», el menos ligado a los nacionalsocialistas, se hace el razonamiento siguiente: «Los socialdemócratas tienen a millones de obreros tras de ellos; tienen en sus manos medios inmensos: la prensa, el parlamento, los municipios; se trata de su propio pellejo, tienen asegurado el apoyo de los comunistas en la lucha contra los fascistas; y, a pesar de eso, estos señores omnipotentes se dirigen a mí, un simple funcionario, para que les salve de los ataques de un partido que cuenta con varios millones de miembros, y cuyos dirigentes pueden ser mañana mis jefes. Muy mal, y sin ninguna perspectiva, deben irles las cosas a los señores socialdemócratas… Para mí, como funcionario, ha llegado el momento de pensar en mi propia piel». El resultado es que el funcionario «ideal», «neutral», que vacilaba hasta ayer, tomará forzosamente medidas de precaución, es decir, se ligará a los nacionalsocialistas para asegurar su porvenir. Así es como los reformistas, que se sobreviven a sí mismos, trabajan para los fascistas debido a su línea burocrática.” (¿Y ahora? -Problemas vitales del proletariado alemán- León Trotsky, 1932)

Este largo párrafo, resume tanto la política “socialdemócrata” de JF-LOR-CI de reclamar que intervenga el aparato represivo contra “los fascistas”, como la actitud del gobierno de Evo Morales. Morales-Linera apelaron a la policía para reprimir e inclusive a los grupos de choque de patotas masistas, contra las primeras manifestaciones y bloqueos posteriores al fraude electoral del 20 de octubre. La policía sabiendo lo “que todo policía sabe, que los gobiernos pasan, pero la policía continúa” (idem), aprovechó para “elevar su cotización” amotinándose, y poniéndose en contra del gobierno de Evo que los había maltratado, mientras que la oposición “derechista” les prometía la pretendida equiparación con las FFAA.

Pero ¿por qué Evo Morales no apeló a los obreros para frenar la ofensiva “fascista”? En general, por lo mismo que cualquier otro gobierno burgués, por el temor para los intereses de la burguesía y el propio gobierno de lo que “significaría dejar las manos libres a los obreros, darles una libertad de acción total”. Pero en este caso en particular, estaba claro que la base del movimiento obrero, ya no le respondía a Morales hace tiempo.

“…el gobierno del MAS, frente a la necesidad de acumulación de capital, para el sostén de su régimen, no avanzó hacia una respuesta efectiva, en favor de la clase obrera, sino que se volvió abiertamente anti-obrero, disponiendo el cierre de empresas (ENATEX, ECOBOL, HUANUNI, etc.) y/o la reestructuración de empresas estatales (YPFB, COMIBOL, ENDE, etc.); al mismo tiempo que mantenía el silencio frente a la persecución patronal a dirigentes obreros.

El proceso de elecciones generales, dentro el cual, el MAS se declaró ganador en primera vuelta, provocó la movilización de la clase media, que pedía el respeto a su voto, denunciando que el MAS había cometido fraude en el conteo de los votos.  Esta movilización polarizó el escenario político y a ella se plegaron la Federación de Fabriles de Chuquisaca y la COD de Oruro.  Mientras tanto, la burocracia sindical en su conjunto, brindaba su respaldo al gobierno; pero, durante la segunda semana de conflicto, esta burocracia se alejó del MAS, fue cuando algunas direcciones sindicales, presionadas por sus bases, se plegaron al llamado a nuevas elecciones por la pacificación del país, en contra de la confrontación.

En la medida en que la crisis política del gobierno del MAS se fue ahondando, la posición de la clase obrera salió a relucir con más claridad: no se plegaba activamente a las movilizaciones, pero marcaba una posición de independencia política, respecto del gobierno. Después de la caída de Evo, las organizaciones continúan desmovilizadas y la burocracia de la COB firmó un acuerdo de pacificación del país con el gobierno de facto de Añez, mediante “el pacto de unidad” (1), al mismo tiempo que, continúa frenando la reorganización de la clase obrera sindicalizada, al ratificar el silencio sindical, oponiéndose al sentimiento de diversos sindicatos de base.  

(Luis Fernando Castro López, 11/12)

Para conocer un poco más la situación entre los obreros mineros veamos esta declaración de los Mineros de San Cristóbal que piden anular elecciones:

“Los mineros de la mina San Cristóbal piden que se anulen las elecciones del pasado del 20 de octubre para aplacar los conflictos que se suscitan en el país. La posición salió de una asamblea general realizada la noche del lunes.

“No estamos bajo lineamiento de defender a Evo Morales, tenemos la posición de ni Evo ni Mesa. Pedimos que se eliminen las elecciones para poder seguir”, declaró el secretario general del Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de San Cristóbal, Henry Cayo.

El representante sindical resaltó que están en contra del Gobierno debido que no recibieron ayuda ante sus demandas de pago de beneficios sociales que les adeuda la empresa extractora de mineral. “Como distrito hemos tenido conflictos en el mes de septiembre. En el Ministerio de Trabajo no respetan la ley, hacen y deshacen”, dijo Cayo.

Por otro lado, el lunes, en el cabildo realizado en la zona Sur de La Paz, los mineros cooperativistas de Chojlla se hicieron presentes. A diferencia de los trabajadores de San Cristóbal, ellos mantienen una postura en apoyo al candidato de Comunidad Ciudadana (CC).

Asimismo, ayer en Potosí, se realizó una reunión de cooperativistas mineros y se determinó dos puntos. Primero: realizar una marcha pacífica por el centro de esa ciudad, exigiendo el respeto al voto. Segundo: exigir la anulación de las elecciones del 20 de octubre y la realización de nuevos comicios democráticos.

En contra parte, los mineros de la empresa estatal Huanuni marchan en La Paz amedrentando a la población con la detonación de dinamitas, en apoyo al Movimiento Al Socialismo y al presidente Evo Morales”. 30/10/2019.

Pero, además, porque los propios dirigentes burocráticos que hasta ese momento habían sido fieles al gobierno masista, ahora hacían fila para decirle a Morales que mejor renuncie: La COB, la Federación de mineros FSTMB, la central de trabajadores campesinos CSUTCB. Ya directamente participando en la oposición y en los comités cívicos o en frente único con ellos, estaban los cooperativistas mineros de Potosí y varias pueblos indígenas y campesinos reprimidos y atropellados en su momento por el gobierno masista. ¿Es coherente decir que los dirigentes burocráticos apoyaron al golpe desconociendo la posición de sus trabajadores de base, cuando no hubo una sola manifestación de la base de los obreros contra esta decisión de sus dirigentes burocráticos? Al contrario. Todo indica que la posición de la burocracia sindical refleja que la base obrera y campesina no estaba dispuesta a defender al gobierno de Evo.

“Muy mal, y sin ninguna perspectiva, deben irles las cosas a los señores socialdemócratas…Para mí, como funcionario, ha llegado el momento de pensar en mi propia piel» (Idem). Con ese razonamiento comenzaron en catarata las renuncias de ministros. Sólo faltaban las FFAA, “los garantes del orden y la gobernabilidad” tan apreciada por JF. Y llegó el momento en el que el jefe de las FFAA, Williams Kaliman, hasta ese momento un general leal al gobierno masista, le “sugirió” que renuncie: “…las FF. AA. que declararon que no saldrían a reprimir al “pueblo” y sugiriendo a Evo Morales que renuncie”, JF 17/11.

En ese momento no hubo un solo tanque en las calles, ni tropas dirigiéndose a ocupar la sede gubernamental, ni orden militar de detención contra Evo. Apenas con ese pedido de palabra fue suficiente para que el gobierno masista renunciara y Evo-Linera fueran a refugiarse a el Chapare. 

Hasta que el binomio presidencial no estuvo seguro en tierra mexicana, no hubo de parte de la directiva del MAS ninguna reacción. Las renuncias de la presidenta del senado Adriana Salvatierra y del presidente de la cámara de diputados Víctor Borda, probablemente fue parte de la política del MAS para forzar que asumiera el poder las FFAA, como pedían parte de los simpatizantes del MAS movilizados en La Paz, creyendo que todavía podrían contar con W. Kaliman. Quizás por eso, en un principio, las declaraciones de Evo-Linera denunciaban un golpe cívico-policial, pero omitían a las FFAA. Y quizás porque esas dudas sobre el papel que pudiera cumplir el general Kaliman también estaban en los dirigentes de los partidos de la derecha “tradicional” que recién habían asumido el poder, es que ese general Kaliman fue relevado del mando aparentemente sin oposición de su parte. 

La movilización contra “el golpe” vino después, cuando ya había asumido Añez. Quizás porque hubo una reacción espontánea de sectores del campesinado indígena ante la quema de la Wiphala por parte de elementos policiales y de las bandas cruceñas, o porque hubo un cambio de línea por parte de la conducción del MAS que empalmó con ese sentimiento contra las manifestaciones racistas de los K’ aras.

La resistencia al “golpe” tuvo apoyo parcialmente en La Paz, en El Alto, entre los campesinos del norte de Potosí y principalmente en El Chapare. Esta resistencia fue duramente reprimida por la policía y las FFAA en Sacaba cuando los campesinos de El Chapare se dirigían a Cochabamba. Y en Senkata para dispersar la concentración que tenía bloqueada la estación distribuidora de combustibles. En total 19 muertos y gran cantidad de heridos. Nosotros condenamos y repudiamos esa feroz represión. Todo indica que Evo Morales sacrificó esas muertes en aras de llegar a un acuerdo, a una negociación, que tenía como punto de máxima el retorno de Evo a Bolivia “para pacificar”, o por lo menos el recambio de Añez por la senadora renunciada Salvatierra o “alguien neutral” surgido de las FFAA de W. Kaliman –primero- o de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), después.

Un régimen provisional bonapartista, tan de derecha como el régimen del MAS 

Así interviene el aparato represivo estatal respondiendo al gobierno burgués de turno. Tanto el movimiento cívico como Evo Morales pretendieron apoyarse en ese aparato represivo para reprimir a la facción política burguesa contraria. Ahora los muertos los pusieron los sectores obreros y populares, principalmente campesinos y comerciantes o trabajadores cuentapropistas, que respaldan a Evo. Eso era muy claro, porque cuando se movilizaban reclamando la renuncia de Añez proponían en su reemplazo que Evo retomara el poder o que asumiera “alguien neutral”, mirando de reojo a W Kaliman. Aunque hubiera sido una movilización espontánea en un principio, de rechazo a los racistas, nunca tuvo una posición independiente de los dos bandos burgueses en pugna.

Durante el gobierno de Evo los muertos estuvieron de la otra parte.

Como escribe JF 19/10/19: “En los últimos años del gobierno de Evo Morales y García Linera, particularmente desde el 2010, año que para muchos es considerado un punto de inflexión en la gestión del MAS producto del ataque al TIPNIS (Territorio Indígenas Parque Nacional Isiboro Sécure) y el posterior fallido gasolinazo, el gobierno ha profundizado un giro autoritario y semi bonapartista que lo llevó a desconocer los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016 que impedía la nueva postulación del binomio presidencial y a una instrumentalización de la justicia ampliamente rechazada. Este rumbo autoritario se ha traducido en la judicialización de la protesta social con el encarcelamiento de diversos luchadores sociales y cientos de procesados. Este rasgo autoritario pone en evidencia el desgate de los mecanismos de cooptación social y la necesidad creciente de recurrir cada vez más a mecanismos autoritarios y de coacción estatal para mantener el orden y la “paz social”. 

Acá, un día antes de las elecciones, JF se olvida de los muertos, pero los hubo en el gobierno de Evo, durante las represiones a las luchas y manifestaciones obreras, campesinas e indígenas. Hasta el último provocado por los partidarios del MAS, Juan Llanos (ex dirigente minero y actual dirigente de la Plataforma de Sobrevivientes de la Dictadura), atacado durante una movilización masista el 29 de octubre en La Paz, que murió un mes más tarde a consecuencia de las heridas recibidas durante el ataque.

En un texto posterior JF los reconoce: “…Luego fueron los crecientes rasgos autoritarios del gobierno que avanzaron en la judicialización y persecución política de los sectores obreros o campesinos que se movilizaron por diversas demandas corporativas pero que fueron respondidas con dureza y represión desde el Estado, como sucedió con las muertes, decenas de heridos, el procesamiento de cientos de campesinos y finalmente el encarcelamiento de los dirigentes de ADEPCOCA. El mismo recorrido sufrieron dirigentes sindicales de diversas empresas como fue la hidroeléctrica Yanacachi, trabajadores fabriles de diversos departamentos, y trabajadores de servicios. La impunidad en los asesinatos como en la Universidad Pública de El Alto o más atrás en Caranavi, o las represiones brutales a los indígenas del TIPINIS contribuyeron a entregarle en bandeja varios de estos sectores a la oposición política como forma de eludir la represión estatal si Morales cae.” JF 4/11.

 Si las FFAA hubieran permanecido fieles a Evo, como quería JF, hubieran disparado contra los manifestantes cívicos, tal como Ortega reprime las manifestaciones en Nicaragua con un saldo de más de ¡¡300 muertos!!, o Maduro a los que saquearon para paliar el hambre y a los trabajadores que protestan, encarcelando a dirigentes obreros, etc., etc. ¿Ese sería el mal menor?

Un mal menor ¿ante qué tipo de peligro? Porque el régimen de Añez no es fascista, y tal vez no porque no quieran, sino porque no pueden. Porque es un gobierno provisional que recibió un claro mandato por parte de toda la masa que se movilizó reclamando la renuncia de Evo. Garantizar una muy breve transición hacia la realización de nuevas elecciones. Y todo indica que está en curso ese proceso electoral, que en pocos días tendrá una fecha definida por parte del nuevo TSE. Por su puesto que ese proceso electoral tendrá la cancha inclinada para el lado de la oposición de derecha, como antes estuvo para el lado del MAS. Pero esa es la democracia burguesa, llena de zancadillas en la competencia por el poder.

La camarilla burguesa reaccionaria asumió el gobierno provisional apoyada en un movimiento de masas con un programa democrático que desplazó a otra camarilla reaccionaria. Un régimen bonapartista desplazó a otro. Los mismos sectores burgueses detentan el poder real, pero con otra camarilla política. La misma carreta con otros caballos. 

“García Linera, hace tiempo viene planteando la necesidad de asegurar la economía para mantener el poder político, justificando la estrategia de concesiones a las transnacionales y empresarios, anticipa con ello el tipo de respuesta a estas dificultades: más beneficios a los pulpos petroleros y mineros y a la oligarquía sojera y ganadera cruceña. En otros términos, profundizar el “extractivismo” y el “agrobusiness” que proveen divisas, junto con mayor “austeridad” ante las demandas obreras y campesinas.

….

Hoy, en Bolivia, el grueso de la oposición de derecha actúa en su lucha contra el gobierno con los instrumentos legales que le da el régimen político vigente. Este elemento es muy importante para comprender por qué, pese a la importante polarización política entre oficialistas y opositores, ésta no se traduce en una escalada “golpista” como argumenta el oficialismo. Un segundo elemento de peso es la preocupación por conservar la estabilidad económica y el crecimiento sostenido durante años que le ha permitido a la clase dominante realizar importantes negocios que nadie quiere echar por la borda sólo por algunas reglas “democráticas” vulneradas. Hay un importante consenso entre oficialistas y opositores en varios aspectos referidos a la economía y al Estado que dotan de una importante estabilidad económica y política en el país. Este consenso se expresa en las inmejorables relaciones establecidas entre el gobierno y la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) así como con la Cámara de Industria y Comercio (CAINCO) quienes han recibido parte de los fondos de pensiones de los trabajadores como formas de crédito barato para financiar los negocios agroindustriales. Parte de esto también es la aprobación reciente de la ley del Etanol, que permite a los terratenientes del Oriente llevar adelante proyectos de producción de biocombustibles, actividad que hace 10 años Evo Morales lamentaba sobre la base de un discurso pachamamista hoy caído en desuso. El mantenimiento de leyes antiobreras de origen neoliberal como el Estatuto del Funcionario Público, que prohíbe la organización de sindicatos y de huelgas en el ámbito estatal, así como el riguroso control establecido por la burocracia sindical al interior de fábricas y empresas, conteniendo las demandas obreras, es otro ejemplo de los pactos con el empresariado. En suma, hay polarización política entre oficialismo y oposición pero que no adquiere ribetes destituyentes, más bien la campaña contra la repostulación de Evo y García Linera es funcional a la campaña electoral de los candidatos de derecha, sirve para desgastar el caudal electoral y deslegitimar por adelantado su eventual triunfo.

El “transformismo” operado en el seno del MAS en estos 12 años de gobierno, alentado por un asimilación creciente de los cuadros y miembros del partido a las actividades, los negocios y la cultura de la clase dominante, vienen marcando la evolución a derecha por parte del MAS y un giro cada vez más autoritario en la gestión gubernamental, motor de las tendencias bonapartistas del régimen y del gobierno, y que encuentra en los instrumentos judiciales un mecanismo privilegiado en la resolución de conflictos. Hoy los tribunales y el aparato judicial ocupan un lugar central de la política boliviana, ya sea para perseguir opositores o como lo pone en evidencia la pugna electoral actual, para allanar legalmente el camino a cualquier necesidad del gobierno como son las sentencias que habilitan a su reelección indefinida. Es posible ver cómo ante el menor conflicto social los dirigentes son rápidamente judicializados haciendo un uso cada vez mayor del recurso de la detención preventiva que tiene como primer resultado el descabezamiento de los focos de conflicto que puedan emerger. Los casos recientes son el del encarcelamiento del dirigente de los productores de coca de La Paz (ADEPCOCA), Franklin Gutiérrez, quien se encuentra acusado de ser el ideólogo de la muerte de un policía en enfrentamientos con cocaleros o la persecución contra estudiantes y docentes de la Universidad Pública de El Alto,tras un conflicto que se cobró la vida del estudiante Jonathan Quispe. Las innumerables denuncias de instrumentalización de la justicia en función de los intereses políticos de coyuntura se han convertido en pan de cada día”. JF y E Molina, 23/12/18.

Agitar ahora el peligro fascista le sirve a la LOR-CI en Bolivia, como a sus compañeros de Brasil, para capitular al “mal menor”, para salvarle la ropa a Evo Morales, y a todos los pretendidos “progresistas”. 

El carácter del movimiento contra el gobierno de Evo

Al carácter racista de algunos sectores de clase media, cuyo discurso en ese aspecto es tan directo y brutalmente reaccionario que causa repugnancia el escucharlo, no se le puede oponer la defensa de un gobierno que tenía un discurso a favor de los pueblos indígenas, pero que cuando reclamaban los molía a palos. La represión del gobierno de Morales no es racista, pero es bien clasista. Y la reivindicación e igualdad para el indígena es sólo para los discursos demagógicos. Está claro que en el bando de la derecha “tradicional” hay un componente fascista en las bandas cruceñistas dirigidas por Camacho y en la juventud cochala. Pero los elementos verdaderamente fascistas son minoría dentro del movimiento, y Camacho recién se hizo fuerte sobre el final por el apoyo masivo de Santa Cruz y por los incendios de la Chiquitanía que le dio una bandera fuerte para agitar contra Morales, y por el posterior acuerdo con Pumari.

Como el propio periódico de la LOR-CI relata en relación al cabildo cívico de La Paz del 10/10: “El Cabildo, combinó algunas demandas progresivas con otras propias de la oposición de derecha. De esta manera, entre sus resoluciones manifestó el apoyo a las demandas de libertad de los dirigentes de ADEPCOCA injustamente encarcelados por el gobierno, Franclin Gutiérrez y Sergio Pampa, así como de todos los perseguidos judicialmente exigiendo amnistía general e irrestricta. Asimismo, manifestaron su apoyo a las demandas del Comité Cívico de Potosí (COMCIPO) exigiendo la abrogación del Decreto Supremo 3738 de diciembre de 2018 de creación de la empresa pública mixta de litio YLB ACISA –E.M., así como la participación de este Departamento de las regalías, pero también en la explotación e industrialización del Litio. También se exigió la derogación de todo el paquete normativo que de conjunto posibilitó el inicio de los incendios forestales en el Oriente. Demandando en este sentido, juicio por responsabilidad y traición a la patria contra Morales, García Linera y sus colaboradores.” Corresponsal 11/10/19.

JF agrega que “Posteriormente se realizó el cabildo de la ciudad de Potosí, convocado por el Comité Cívico de Potosí, quienes se encontraban en paro general indefinido con bloqueo de caminos, exigiendo fundamentalmente el pago de regalías mineras por la explotación del litio en el departamento. La reivindicación de las legítimas demandas regionales sin embargo no pudo ocultar las contradicciones internas donde también afloraron expresiones racistas y anti campesinas. La radicalidad del movimiento cívico potosino obligó al partido de gobierno a suspender el cierre de campaña que tenían programado en dicho departamento y a una retirada acelerada del presidente Evo Morales y García Linera quienes huyeron de las tierras potosinas en moto y luego en helicóptero para evitar los enfrentamientos callejeros. 

…el cabildo de Santa Cruz, el cuál ante una multitud concentrada en el Cristo de la ciudad, desempolvó la agenda federalista y los discursos racistas y xenófobos. Días antes del mismo y con motivo de los incendios en la Chiquitanía, se había producido agresiones a militantes del partido de gobierno y ataques a algunas sedes electorales. Horas antes del cierre de campaña del MAS también en Santa Cruz, se produjo la detención de más de una decena de militantes de la Unión Juvenil Cruceñista a quienes se les habría encontrado escudos e instrumentos para sabotear el acto del MAS, junto con panfletería racista y regionalista”. JF 19/11.

En la nota del 4/11 y haciendo referencia a “La heterogeneidad de los cívicos regionales: la dirección de conflictos del Sur”, JF escribe:

“El viernes 1 de noviembre, los comités cívicos de Tarija, Sucre, Potosí, Oruro y el Comité Cívico Popular de Cochabamba, constituyeron la llamada Dirección Nacional de Conflictos del Sur, a los que se sumaron la Universidad Mayor de San Andrés, los dirigentes de la Asociación Departamental de Productores de Coca de La Paz (ADEPCOCA), el Consejo departamental de Salud (CODESA)- de La Paz y las juntas vecinales de la zona Sur de La Paz».

“El MAS fue incapaz de permitir la mínima posibilidad de crítica o de incorporar sugerencias o propuestas de diversos sectores sociales que no necesariamente se encontraban en la oposición al principio de su gobierno, y avanzó cooptando a las organizaciones indígenas, campesinas, obreras o populares, sin dudar en dividir las mismas y armar organizaciones paralelas sostenidas con los recursos del Estado, sin importar si estas organizaciones paralelas contaban con respaldo de sus afiliados o bases. Así, dividieron la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia), luego dividieron la CONAMQ (Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu), intentaron crear –y en un momento pareció posible– una APDHB paralela, y los sindicatos obreros afines también eran objeto de paralelismo o de judicialización de los dirigentes opositores y la destrucción de directivas sindicales no disciplinadas.

La primera manifestación de esta evolución se expresó en un ataque feroz a la economía obrera y popular en diciembre del 2011 con el intento de imponer el llamado gasolinazo, del que Morales retrocedió aceleradamente al constatar la enorme resistencia popularque la medida estaba generando. Por esos años, Evo Morales enfrentó la resistencia de los pueblos indígenas del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure) que rechazaban la construcción de una carretera por el medio de sus territorios y que recibió un enorme respaldo popular contra una política que alentaba la colonización y la profundización de una política extractivista de las riquezas de los territorios indígenasDiversos sectores indígenas y pueblos originarios fueron empujados a la oposición luego de esta lucha en defensa del TIPNIS y hoy son parte del bloque social del golpeLa reforma de la ley de pensiones en junio del 2013 fue impuesta sobre la base de una feroz represión a los trabajadores asalariados que habían protagonizado uno de los procesos de lucha más importantes en años y que había dado origen al efímero Partido de los Trabajadores (PT) impulsado por la COB (Central Obrera Boliviana) y el Sindicato Minero de Huanuni y la Universidad Nacional Siglo XX de Potosí. El cierre de este capítulo sobre la base de la represión a dirigentes, judicialización de cientos de trabajadores mineros y la cooptación y corrupción de altas capas de la burocracia sindical minera, fabril y petrolera, contribuyeron a distanciar a importantes sectores de trabajadores de base del MAS y a alimentar el odio y resentimiento a un gobierno que pese a hablar en nombre de los movimientos sociales, no dudaba en reprimir y perseguir toda forma crítica o de oposición política.

Esta política fue empujando a ex dirigentes de la COB como Lucio Gonzales o Guido Mitma, entre muchos otros, así como a sindicatos enteros perseguidos por el gobierno, a engrosar las filas de la oposición de derecha –algunos de los cuales militaron la asonada golpista de manera entusiasta–. La COB y los sindicatos se transformaron en correas de transmisión de la política del gobierno hacia el movimiento obrero, y los dirigentes actuaron como verdaderas policías políticas al interior de las empresas y fábricas, aumentando el divorcio entre las organizaciones sindicales, profundamente estatizadas, y los trabajadores de base que no ven en su central sindical otra cosa que no sea carrerismo y corrupción. Sin ver esta acumulación de descontento y bronca, no se puede entender el rol de la COB durante el golpe, sin capacidad alguna de movilización e inclinándose directamente al golpismo al sugerir también la renuncia de Morales”JF, 17/11.

Es decir, si bien la composición mayoritaria del movimiento era la clase media urbana, entre la cual hay sectores que son trabajadores asalariados y cuentapropistas, como ocurre con toda clase media no es homogénea, hay sectores que miran a la derecha y sectores que son capaces de apoyar demandas progresivas, como los médicos, los maestros o los estudiantes universitarios. Pero en el movimiento contra el gobierno del MAS, también había pueblos indígenas, campesinos, mineros y obreros fabriles de oposición. 

JF escribe que: “Lo que empezó como un movimiento contra las irregularidades en las elecciones y por la segunda vuelta de Carlos Mesa el 20 de octubre, rápidamente se fue transformando en un movimiento hegemonizado por el bloque conservador y clerical, encabezado por el empresario Luis Fernando Camacho presidente del Comité Cívico de Sta. Cruz, quien luego del cabildo nacional del 31 de octubre tomó la dirección”.

Justamente esto es lo que ocurre cuando la clase obrera no logra colocarse como dirección, como punto de referencia para los sectores medios, sean campesinos o urbanos. Si no la dirige la clase obrera, la clase media irá a buscar una dirección decidida que pueda concretar su principal demanda que pasó a ser la renuncia del gobierno de Evo. Y esa dirección decidida la encontró en la alianza de Camacho-Pumari, representando a los sectores de la burguesía agro-ganadera y a la minería cooperativista pequeñoburguesa que no quiere quedar afuera de la explotación del litio.

La posición de la burguesía y las distintas potencias imperialistas

Los sectores burgueses e imperialistas que venían sosteniendo al gobierno de Morales y haciendo sus negocios con ese gobierno, al ver que Evo no controlaba la situación y no podía frenar la movilización social opositora, decidió que era la hora de soltarle la mano y poner un gobierno de sus representantes directos:

Así analizaba la LOR-CI, desde el punto de vista de las perspectivas electorales, los apoyos burgueses al gobierno de Evo Morales: “Desde Evo Morales y diversos personeros del actual gobierno dan por sentado un triunfo del binomio presidencial este domingo 20 de octubre sin necesidad de llegar a una segunda vuelta. Basan estas expectativas en una inigualable situación económica que ha permitido impulsar el crecimiento sostenido por más de una década, situación que ha sido resaltada no solo por el oficialismo sino incluso porrepresentantes de la derecha regional quienes mantienen un trato diferenciado a Evo Morales respecto al resto de los “progresismos” latinoamericanos hoy en retirada o en crisis. El Washington Post se ha referido en términos muy amigables a la gestión económica de Evo Morales de la misma manera que los informes publicados por la BBC británica que dan cuenta de esta cómoda situación boliviana que contrasta con la crisis crónica y convulsiva que caracterizó la historia del país”. JF, 19/10.

El efusivo rechazo de JF a creer en el informe de las irregularidades electorales emitido por funcionarios de Almagro y de la OEA, argumentando su carácter proimperialista, lo cual es cierto, omite decir que no sólo fue el propio Almagro el que avaló la presentación del binomio Morales-Linera a una 4° postulación con argumentos truchos, sino que Almagro fue invitado especial de Evo Morales al lanzamiento de su campaña electoral el 18 de mayo en su bastión de El Chapare.

“…El sector empresarial y agroindustrial, lejos de lo que podría pensarse y a diferencia de lo sucedido en la década pasada, hoy son pilares de sostén del actual gobierno que ha implementado una serie de medidas económicas, financieras y políticas que benefician de manera significativa a estos sectores. Podemos mencionar los decretos orientados a expandir la frontera agrícola y que tuvieron efecto directo en los brutales incendios que arrasaron la flora y fauna de la Chiquitanía, con el objetivo de garantizar la exportación de carne a China, pero también la producción de biocombustibles a partir de la aprobación de la Ley de Etanol.

Estas medidas combinadas con el aliento a la capitalización de microempresarios o lo que se conoce como la “economía popular” y la emergencia de una “burguesía chola” como la defina la prensa internacional, alientan el voto conservador de amplias y heterogéneas franjas de la población para elegir una vez más al actual binomio presidencial”. JF 19/10.

“….Evo Morales, pese a su creciente integración entre el partido de gobierno y el empresariado nacional, nunca pudo ser visto como una representación política propia del empresariado, siempre fue visto con desconfianza debido a sus orígenes, su lenguaje “socialista” y antimperialista y sus veleidades personalistas, y por lo tanto a la inexistencia de algún tipo de control institucional que hacia impredecible las políticas de Morales en un futuro próximo de crisis y de tendencias recesivas a nivel regional. Esta desconfianza no era suficiente para alentar una salida golpista, y eso explicaba por qué el empresariado tardó más de 15 días en pronunciarse, haciéndolo cuando la debilidad del régimen y el gobierno eran por demás evidentes.” JF, 17/11.

Según el propio JF: “…El empresariado, y particularmente las cámaras agroindustriales, se sumaron al movimiento golpista en el último tramo del mismo hasta que se hizo evidente que Morales no contaba con respaldo alguno y su debilidad era manifiesta”. JF, 17/11.

Esto no quita que ni bien los EE-UU vieron la posibilidad de colocar un gobierno directamente favorable a sus posiciones geopolíticas y económicas en detrimento de la influencia alemana, rusa o china, seguramente que movió sus fichas a favor del derrocamiento de Evo.

Pero Evo Morales y el MAS no son antiimperialistas como lo demuestran las concesiones económicas por 70 años (¡una concesión tan prolongada es única en la región!) a una empresa alemana (ACI Systems Alemania GmbH -ACISA-) para la explotación del litio. Recordamos, por si alguno se olvida, que Alemania también es una potencia imperialista. El Decreto Supremo 3738 que permitía la asociación del Estado boliviano con la empresa alemana para la explotación de la salmuera residual del Salar de Uyuni, había sido cuestionado por el Comité Cívico Potosinista (Comcipo) y fue la principal razón por la que se declaró la huelga general indefinida que comenzó el 7 de octubre, denunciando que el acuerdo “conlleva un entreguismo de parte del Gobierno de nuestros recursos naturales”. A pesar de la negativa inicial del gobierno, finalmente el decreto de concesión fue derogado el 3 de noviembre. Además de varias violaciones a la Constitución relacionadas con la protección del medio ambiente y la participación del departamento de Potosí en la toma de decisiones (y en la distribución de las regalías), reconocidas de hecho en el decreto abrogatorio 4070, el Comcipo objeta que: “Se pretende hacer creer que las 30.000 toneladas al año de hidróxido de litio a ser obtenidas a partir de la salmuera residual por la empresa mixta YLB-Acisa constituyen productos industrializados, razón por la cual no pagarán regalías mineras durante 70 años”.

Si no hubo golpe, ¿hubo revolución?

Desde el punto de vista del “debido respeto” a las instituciones, es decir desde un punto de vista estrictamente formal y burgués, técnicamente, que las FFAA no respondan al mando presidencial, es un golpe. 

La opción que deseaba JF como “mal menor” hubiera sido que las FFAA le siguieran respondiendo al gobierno de Evo Morales y que a sus órdenes salieran a reprimir a todo un pueblo movilizado que reclamaba su renuncia, pedido al que se había sumado las principales organizaciones que hasta ese momento eran la principal base de sustentación social de Evo. Cuando ya era evidente que el gobierno de Morales no tenía el control social y uno tras otro le recomendaba renunciar, la posición de las FFAA diciendo que no iban a salir a reprimir “al pueblo” terminó por convencer a Evo y Linera que no tenían otra posibilidad que renunciar. Está claro que después de asumido el gobierno transitorio, esas mismas FFAA salieron a apoyar a la policía que estaba “desbordada” por los manifestantes que apoyaban al gobierno de Evo, con un saldo de muchos muertos y heridos. Pero ahora se trataba de estabilizar a un gobierno provisional, que como tal, como vía para dar una salida política a la crisis convocando a nuevas elecciones, tenía y tiene un apoyo de la mayoría de la población, incluyendo de buena parte de las organizaciones obreras, campesinas e indígenas y sectores del propio MAS.  

Pero los marxistas no defendemos las instituciones democráticas, ni el orden constitucional, como un fin en sí mismo. Sólo levantamos las consignas democráticas como consignas incidentales y episódicas en el marco de la estrategia revolucionaria, para movilizar contra la burguesía hacia la revolución socialista. Y frente a un golpe fascista defendemos las libertades democráticas que permiten mantener los jalones de democracia obrera conquistados en el seno del régimen capitalista.

Como explica Trotsky: “Evidentemente, a nuestros ojos, el Reichstag no es una conquista histórica capital que el proletariado deba defender contra los vándalos fascistas. Hay cosas más valiosas. Dentro del marco de la democracia burguesa y paralela a la incesante lucha contra ella, los elementos de la democracia proletaria se han formado en el curso de muchas décadas: partidos políticos, prensa obrera, sindicato, comités de fábrica, clubs, cooperativas, sociedades deportivas, etc. La misión del fascismo no es tanto completar la destrucción de la democracia burguesa como aplastar los primeros esbozos de democracia proletaria. En cuanto a nuestra misión, consiste en situar esos elementos de democracia proletaria, ya creados, en la base del sistema soviético del Estado obrero. Para este fin, es necesario romper la cáscara de la democracia burguesa y liberar de ella el meollo de la democracia obrera. En eso reside la esencia de la revolución proletaria. El fascismo amenaza el núcleo vital de la democracia obrera. Esto mismo dicta claramente el programa del frente únicoEstamos dispuestos a defender vuestras imprentas y las nuestras, pero también el principio democrático de la libertad de prensa; vuestros locales y los nuestros, pero también el principio democrático de la libertad de reunión y asociación. Somos materialistas, y por eso no separamos el alma del cuerpo. En tanto no tengamos todavía la fuerza para establecer el sistema soviético, nos situamos en el terreno de la democracia burguesa. Pero, al mismo tiempo, no abrigamos ninguna ilusión” (¿Que defenderemos?, 1933).

Ahora JF afirma que este es un golpe fascista. Y que no se puede justificar de ninguna manera el golpe porque “en sus formas es contra Evo Morales y el MAS, pero en su contenido es un golpe contra el movimiento obrero campesino, indígena y popular”. En esta frase hay una parte de razón: el nuevo régimen provisional y el nuevo gobierno que surja de las próximas elecciones serán enemigos del movimiento obrero campesino, indígena y popular. Pero lo que no dice con todas las letras es que el gobierno de Evo-Linera también lo era. Y entonces, ¿por qué deberían defender los trabajadores y campesinos a ese gobierno? 

JF tiende a identificar al gobierno de Evo Morales con el movimiento revolucionario que lo llevó al poder, dándole un carácter intrínsecamente “progresista”:

“Acá hay una discusión bastante difícil podríamos decir para definir la naturaleza de si es de derecha o de izquierda, el gobierno del MAS porque, evidentemente, el gobierno de Evo Morales, si bien comparado con el conjunto de los gobiernos neoliberales que estuvieron en la década de los 90´, hay que considerar que es un gobierno cuyo origen es el subproducto distorsionado de las movilizaciones revolucionarias que se dieron en el levantamiento de octubre de 2003: la guerra del gas, la guerra del agua en abril del año 2000. Desde ese punto de vista era un gobierno que venía canalizando importantes ilusiones y expectativas populares de transformación democrática y de nacionalización, etc.” JF, 26/11/18. Más que un subproducto distorsionado de las movilizaciones revolucionarias que se dieron en el levantamiento de octubre de 2003, el gobierno de Evo Morales es su negación dialéctica, porque canalizó a ese movimiento a la vía electoral e institucional del régimen burgués, para luego pactar con los sectores a los que ahora acusa de golpismo en la Asamblea Constituyente.

El gobierno de Evo Morales era un gobierno burgués, pero la composición social del aparato estatal era fundamentalmente pequeño-burguesa. Como explica el profesor de la UMSS, Lorgio Orellana Aillón:

“El gabinete ministerial es la expresión política de una capa social particular, situada entre las clases populares que derribaron gobiernos neoliberales durante los últimos cinco años y las oligarquías locales articuladas al imperialismo. Una mirada a las declaraciones de bienes de los actuales miembros del gabinete ministerial y del propio presidente puede ayudarnos a constatar que, si bien su extracción social es predominantemente campesina, minera, artesanal o de otro origen humilde, en la mayoría de los casos su patrimonio actual asciende a una suma superior a los 50 mil dólares (ver El Juguete Rabioso, 2006: 13), condición que los aproxima más a las capas medias, cuyo modo de vida es relativamente holgado en un país como Bolivia. Si a ello sumamos la preeminencia de intelectuales de clases medias en las carteras ministeriales del área política y económica y en los vice-ministerios, por su composición social el nuevo gobierno es básicamente la expresión de las capas medias urbanas y rurales. Aunque el gabinete ministerial tiene en sus filas a dirigentes campesinos, artesanos o mineros, estos proceden mayormente de estratos relativamente privilegiados en relación a las clases subalternas del campo y la ciudad”.  

La política de un partido marxista de la clase obrera en esta situación no era la defensa del gobierno burgués bonapartista de Evo como mal menor. Tampoco la movilización sin la delimitación clara, no una delimitación de palabra solamente sino de programa y de política, contra la conducción política de la burguesía y sus sectores proto-fascitas. Debería haber sido aprovechar la división del hasta ese entonces frente único burgués, para intervenir con una política independiente llamando a tomar el poder para instaurar un gobierno obrero y campesino, independiente de todos los sectores burgueses, tanto de Evo, como de Mesa, Camacho, etc. Pero el problema es que no hay ni hubo un sector de la clase obrera en el cual apoyar esta política marxista.

Como escribe JF: “Durante estos años Evo Morales y el MAS han desplegado una política de cooptación de las organizaciones obreras y campesinas, y sobre la base de la corrupción de las capas dirigentes, estableció un férreo control político del movimiento obrero y campesino. La burocracia sindical se transformó en la policía política al interior de los sindicatos colaborando en la persecución y judicialización de los sindicatos independientes. La crisis política actual encuentra a los trabajadores con sus organizaciones completamente estatizadas, sin capacidad de acción y de organización independiente. Mientras la derecha avanza, el MAS solo apela a una movilización controlada y a que la auditoría de la OEA le dé un resultado favorable.

La burocracia sindical ha llamado a dos grandes concentraciones al servicio de Evo sin ninguna instancia de deliberación democrática, impidiendo que sean los trabajadores los que discutan y se organicen para enfrentar la ofensiva derechista”. JF, 9/11.

Recién después de la caída del gobierno Evo Morales pareciera haber un proceso de cambio de dirección en la cual caen los dirigentes sindicales vinculados al MAS, por ejemplo, en la metalúrgica Vinto y en la COD departamental de Cochabamba. Pero no sabemos cuál es la orientación política de la nueva dirección.

Desde ya que de ninguna manera podemos decir que la caída del gobierno del MAS haya sido fruto de un movimiento revolucionario como dice la organización Razón y Revolución.  Su programa nunca excedió el marco de reivindicaciones democráticas formales contra el fraude y por el respeto al voto, y en sus demandas más progresivas fueron demandas parciales a satisfacer dentro de los marcos de un régimen burgués. Su llamado a que acudan en su apoyo la policía y los militares como instituciones, es decir no a los soldados o a la tropa de base, implica un apoyo desde el vamos al carácter bonapartista del nuevo régimen. En ese marco fueron justificadas de hecho por la mayoría de la población que participó del movimiento cívico las terribles represiones de Sacaba y Senkata. Probablemente –a la distancia no lo podemos asegurar- el programa formal democrático haya tenido un contenido de condena a los beneficios obtenidos por los sectores indígenas y campesinos históricamente postergados, que no fueron sino concesiones tan mínimas como necesarias para encausar el movimiento revolucionario del 2003-2005 en el carril de un régimen democrático burgués que lenta pero consecuentemente fue girando luego a la derecha. La clase media rechaza esas concesiones que son entendidas como dádivas que no son fruto de un trabajo y esfuerzo personal. Y responsabilizan a esas concesiones dadas a las masas pobres por lo que a ellos les falta. Es la lógica fomentada por la reacción y por la derecha proto-fascista.

El problema es que el gobierno de Evo Morales-Linera no es el representante de los movimientos obrero, campesino, indígena y popular. No es la continuidad del proceso revolucionario del 2003-5 sino –como ya dijimos-  su “negación dialéctica”. Y en ese gobierno no había nada de progresivo que defender. 

El gobierno del MAS no era fascista, el “golpe” tampoco

JF escribe que “….El POR, en estas últimas décadas, ha encontrado un atajo que le permite esquivar las molestas y dificultosas tareas del estudio teórico del marxismo y de la realidad con el adjetivo de “fascismo” que es aplicado sin distinción tanto a las últimas dictaduras militares de los 80, a los diversos gobiernos neoliberales, a los gobiernos de Evo Morales y el MAS sin tomarse siquiera la consideración de determinar la naturaleza de clase y composición de los diversos partidos, sus programaslas diversas relaciones de fuerzas entre las clases, las diversas relaciones con el imperialismo, las diversas relaciones de estos gobiernos y/o partidos con respecto a la clase obrera, o el movimiento campesino, o el movimiento indígena, o con respecto a las mujeres y las diversidades sexuales. A despecho de la vida, y haciendo gala de una altanera y atrevida ignorancia, todo cae en la bolsa negra del fascismo, repitiendo de manera caricaturesca la política del Partido Comunista en Alemania en los años ’30 (bajo el mando de Stalin) que calificaba al Partido Socialdemócrata alemán como “social fascismo”, poniendo un signo igual entre el gobierno sostenido por los socialdemócratas y los nazis de Hitler. Aquello terminó abriendo el camino a los nazis al poder”. JF, 24/9.

Nuevamente JF insiste en encontrarle al gobierno de Morales y al MAS un carácter progresivo, antimperialista, y capitulando a la polarización regional, como lo ha hecho su corriente internacional en Brasil, lo considera un mal menor.

Evidentemente el MAS no es un movimiento fascista, aunque tienen también sus grupos de choque. Pero la posición de JF se desliza al apoyo al gobierno de Evo Morales como mal menor frente al programa neoliberal de la oposición burguesa de derecha. Como si la naturaleza de clase del gobierno de Evo Morales y la composición social del MAS o su programa representaran una diferencia cualitativa con la oposición burguesa de derecha. La composición social de la base del MAS y de la base social del gobierno de Evo Morales es diferente a la del movimiento cívico. La primera es fundamentalmente campesina e indígena, y en la del movimiento cívico predomina de clase media urbana. 

Sin embargo, también hay que tener en cuenta dos cosas: una, que el campesinado también es una clase pequeño-burguesa. Y que decir indígena sólo no es suficiente para una caracterización, ya que las diferencias de clase están por encima de las de origen étnico: entre los indígenas sobre todo aquellos que viven en áreas urbanas y rurales suburbanas, hay obreros, pero también campesinos pequeñoburgueses y muchos cuentapropistas y comerciantes que son parte también de la clase media urbana. Y que el movimiento de oposición al gobierno de Evo Morales era mucho más amplio que el movimiento cívico, ya que actuaron junto con ese movimiento en un frente único de hecho sectores de la clase obrera y del campesinado indígena.

Pero lo más importante que hay que considerar es que entre el Gobierno de Evo Morales y los partidos de la oposición de derecha, no hay ninguna diferencia en la naturaleza de clase de los intereses que ambas fracciones de la burguesía defienden. Y ya que no hay ningún golpe fascista, no hay ningún cambio cualitativo en el régimen. Y si hubiera un golpe fascista como caracteriza de hecho JF y la LOR-PTS, tampoco habría nada que defender del gobierno de Evo Morales, aunque si es muy probable que el llamado a un frente único contra un golpe fascista incluyera a sectores de base del MAS, junto con aquellos que han roto con el MAS y actúan en común con el movimiento cívico.

 En cuanto a las diversas relaciones con el imperialismo, JF escribe como si hubiera un solo imperialismo, el yanqui y se olvida del imperialismo europeo. La relación del gobierno de Morales con el imperialismo europeo queda en evidencia a partir de los acuerdos con la Repsol española y con la empresa alemana que fue agraciada con una concesión para la explotación del litio por ¡¡70 años!!, luego derogada por la presión de los mineros y la población de Potosí.  En este aspecto con el gobierno provisional sí hubo algún cambio a favor del imperialismo yanqui, como lo demuestra la declaración del gobierno provisional de que se incorporará al grupo Lima. Pero tampoco hay que olvidar que el gobierno de Añez fue reconocido no solo por EE-UU sino también por Alemania. Rusia y China, sin ser imperialistas, son potencias que disputan espacios comerciales con EE-UU, que también reconocieron al gobierno provisional. 

En cuanto a las diversas relaciones de estos gobiernos y/o partidos con respecto a la clase obrera, o el movimiento campesino, o el movimiento indígena, o con respecto a las mujeres y las diversidades sexuales, ya está claro por lo que hemos escrito hasta ahora que el gobierno de Evo no hay nada progresivo que defender en esas relaciones. Son tan reaccionarias como las de la derecha neoliberal.

El programa de la oposición de derecha es neoliberal; ¿y el del MAS?

En aras de encontrarle algún costado progresista La LOR-CI, quiere borrar con el codo lo que antes escribió con la mano, pero los archivos no perdonan: “Tanto el MAS, como lo ha venido demostrando, al preservar leyes que flexibilizan y precarizan los derechos de las y los trabajadores, así como al vulnerar los derechos a la libre determinación de los pueblos indígenas, y la oposición patronal, no son alternativas para el pueblo trabajador. Tampoco lo son para las mujeres ni las diversidades sexuales ya que más allá de sus matices, todos ellos han gobernado, gobiernan y lo seguirán haciendo en contubernio con las iglesias”. (Elio Aduviri trabajador aeropuerto de El Alto, 19/10).

“La favorable situación económica de la última década y que aún se mantiene debido fundamentalmente al endeudamiento externo para el financiamiento de obras públicas y al bajísimo nivel de industrialización nacional que amortigua los impactos de la crisis y la recesión regional, ha provocado que ninguna de las fuerzas políticas en pugna tengan una propuesta alternativa al modelo económico neo-desarrollista impulsado desde el gobierno”. JF 14/10.

El análisis que hace JF del programa del gobierno de Morales revela la deriva de la LOR-FTCI hacia la defensa de los gobiernos populistas considerados, como “progresistas”, como un mal menor, tanto por la alianza de clases “subalternas” (incluyendo la pequeño-burguesía y hasta las Pymes) que representan, como por la contraposición de un programa neodesarrollista frente a un programa neoliberal que esgrimen las derechas “fascistas”. La caracterización que sostiene la FT-CI acerca un atraso político de la conciencia de la clase obrera, y la adaptación de su programa y política a ese atraso, a partir de tomar como eje la consigna democrático-burguesa de la Asamblea Constituyente, los condena a la impotencia y ante la polarización prerrevolucionaria los arrastra detrás del mal menor del populismo senil.

Mucho mejor y más real es el análisis siguiente que revela el verdadero carácter del programa del MAS: 

“Morales inicia su gobierno planteando una franca sociedad entre el Estado, los pequeños y grandes propietarios locales, y las empresas transnacionales. En ello consiste su “nuevo patrón de desarrollo”, en el que “las relaciones entre empresa estatal, privada nacional y extranjera, así como las asociaciones de productores del campo y la ciudad, se conciben como complementarias” (ver MAS-IPSP, 2005: 17). La diferencia principal con la alianza de clases del MNR del ‘52 es que la complementariedad invocada por el MAS incluye a la empresa extranjera” … “Como en el caso de los gobiernos anteriores, la inversión de las empresas extranjeras y la “ayuda de la comunidad internacional” –es decir, de las agencias del capital financiero transnacional– son ciertamente esenciales en la visión de los nuevos gobernantes del MAS (MAS-IPSP,2005). Los constructores del “nuevo Estado” comparten con los antiguos gerentes del Estado oligárquico la misma actitud no sólo con relación a las estructuras fundamentales del capitalismo (defensa de la propiedad privada, fomento a las inversiones, seguridad jurídica, etc.), sino también con relación a ciertas instituciones y principios sagrados del neoliberalismo como el respeto a la estabilidad macroeconómica, el control del déficit fiscal, los bajos salarios, el control de la inflación y el mantener la apertura irrestricta de la economía al comercio exterior”… “…mientras que la revolución de 1952 derrocó a la rosca y expropió a los grandes empresarios mineros, la “revolución democrática” del MAS consiste en buscar una convivencia pacífica con el antiguo poder”… “ El ascenso del nuevo gobierno (del MAS), entonces, no indica una superación del neoliberalismo, sino la renovación de gerentes estatales que ahora procuran revisar las funciones regulatorias y redistributivas del Estado en el proceso de reproducción del capital monopolista, situado en el sector primario exportador, sin transformar estas funciones ni las bases económico-sociales en que se fundamentan: el control privado y transnacional sobre las principales condiciones objetivas de la producción”. (Lorgio Orellana Aillón, julio del 2006)

Golpe sí o golpe no

Evidentemente JF apelando a la distinta naturaleza y composición está dispuesto a justificar toda maniobra bonapartista en aras de apoyar este “mal menor”. El razonamiento no muy disimulado sería: “dado que no podemos hacer una revolución socialista porque la conciencia y organización independiente de la clase obrera está muy atrasada, solo podemos pretender darle a cualquier movimiento de masas democrático que vaya contra un gobierno neoliberal como el de Piñera en Chile una caracterización de primavera democrática equiparándolo con los movimientos democrático-burgués de 1848 y por lo tanto su natural coronación se concreta con la Asamblea Constituyente. Pero si llega a haber algún movimiento de la clase media contra gobiernos del nacionalismo burgués senil, tan senil que son prácticamente indistinguibles de cualquier otro gobierno burgués, incluso en el nivel de represión a las masas populares, entonces guardamos violín en bolsa, y pasan al apoyo vergonzante al gobierno o a los partidos “progresistas”. Esa fue la política de la FT-CI en Brasil y ahora en Bolivia. En el caso de Brasil el giro se produjo ante el impeachment. Pero en Bolivia recién la LOR-CI se percató de la posibilidad del golpe un día antes de su consumación. ¿Habrá sido que también tenía confianza en las fuerzas armadas como garante del orden y de la gobernabilidad?

¿O acaso el PTS defiende que Evo Morales era un gobierno “progresista”, antiimperialista, y que por eso había que estar en contra del supuesto golpe que lo volteó?

Resulta insólito por lo incoherente escuchar algunos argumentos que sostienen militantes kirchneristas: “Que Evo Morales fue elegido por el voto popular”. Obviamente esta persona o ignora o no le interesa el hecho de que Evo Morales perdió el referéndum por él mismo convocado para ser habilitado a presentarse como candidato para un cuarto mandato presidencial, cosa que la constitución aprobada bajo el gobierno del MAS prohíbe taxativamente. Tampoco le interesa que Evo se había comprometido a respetar la voluntad popular de ese referéndum. Bueno otra cosa no hubiera podido decir, aunque en la realidad fue justamente lo contrario lo que hizo, ya que desconoció ese veredicto de las urnas para operar con el Tribunal Supremo Electoral, obviamente oficialista, para que lo autorizase a volver a presentarse con un argumento de que si no se violaban sus derechos humanos. Maniobra digna de república bananera.  

¿Qué habría dicho la izquierda que se dice trotskista y los militantes populistas de ese “golpe” desconociendo la voluntad popular si lo hubiera hecho algún gobierno “neoliberal”? ¿Pero si gobierna Morales, el voto no vale? Entonces hay que decir abiertamente que apoyan una dictadura del MAS en Bolivia, que gobierne por tiempo indeterminado.

Resulta interesante, por ejemplo, que nadie haya calificado como “golpe” la anulación de la Asamblea Nacional en Venezuela, constituida con mayoría de la oposición a Maduro en las elecciones de diciembre de 2015. O que el populismo y buena parte de la “izquierda” se hayan hecho los distraídos ante la matanza perpetuada por Daniel Ortega a principios del año pasado contra el pueblo que se había levantado en contra de la pareja matrimonial de gobierno.   

Está claro que nunca hubo tantas opiniones que rechazan calificar lo sucedido como un golpe de Estado, como en Bolivia.

Raquel Gutiérrez Aguilar (feminista que vivió muchos años en Bolivia, fundó el Ejército Guerrillero Tupac Katari y fue esposa durante 15 años de Álvaro García Linera), es tajante cuando escribe el mismo 10 de noviembre que: “la cúpula del MAS que hoy renunció, dejó un país incendiado e hirviendo la caldera del odio. Ellos no sufrirán las consecuencias de lo que venga. Cómodamente podrán continuar contando su historia del ‘golpe-cívico’, negando su responsabilidad y regodeándose en su papel de víctimas, soñando que algún día volverán otra vez como redentores”. Para la socióloga y filósofa especializada en movimientos indígenas en América Latina, el golpe es una historia, un cuento que cuentan los dizque golpeados.

Rita Segato (conocida feminista y muy respetada por el mismo arco de organizaciones “nac & pop” que adhieren a la posición del golpe) dijo: 

“En mi comprensión de los sucesos, Evo cayó por su propio peso —explicó la académica de origen argentino pero que reside en Brasil—. Él incurrió en acciones a lo largo del tiempo que le causaron un quiebre de la credibilidad y luego un quiebre de la gobernabilidad. Para mí no ha sido la víctima de un golpe, sino la víctima del descrédito general en que se encontró en razón de varias de sus acciones”.

Fernando Molina (periodista y escritor boliviano):

“El presidente boliviano Evo Morales fue derrocado. Para varios países, miles de observadores extranjeros y muchos bolivianos, fue obra de un golpe de Estado. Los motivos que tienen para pensar así son diversos, pero entre ellos sobresale la secuencia de los acontecimientos del pasado 10 de noviembre. Poco antes de que Morales leyera su renuncia en la televisión estatal, compareció ante la prensa el alto mando militar, y su jefe, el general Williams Kaliman, «sugirió» al presidente que dimitiera. «Post hoc ergo propter hoc»: como un hecho sucede a otro, se supone que es causado por este. Esto no considera, entre otras muchas cosas, que también la Central Obrera Boliviana (COB), liderada por un dirigente cercano al oficialista Movimiento al Socialismo (MAS), el minero Juan Huarachi, pidió que Morales renunciara. ¿Por qué Huarachi, insospechable de ser «proimperialista», hizo algo así? Porque en la movilización contra Morales actuaron mineros de Potosí, una región que hasta 2015 fuera un bastión del MAS y luego se volcó en contra de él, a causa de lo que sus dirigentes llamaron el «ninguneo» de la región”.

Raúl Zibechi (periodista y escritor uruguayo):

Señor presidente, desde el fondo de nuestro corazón y con gran pesar te decimos: ¿dónde te perdiste? Porque no vives dentro de los preceptos ancestrales que dicen que debemos respetar el muyu (círculo): sólo una vez debemos gobernar. ¿Por qué has prostituido a nuestra Pachamama? ¿Por qué mandaste a quemar la Chiquitanía? ¿Por qué maltrataste a nuestros hermanos indígenas en Chaparina y en Tariquía?”, dice el manifiesto de la Nación Qhara Qhara, con el que un sector del movimiento indígena se incorporaba el pasado jueves 7 de noviembre a las protestas contra el fraude electoral en Bolivia.

El manifiesto es una de las piezas más duras contra Evo Morales, quizá porque proviene de las propias entrañas de la fuerza que lo llevó al poder: “Respeta nuestras culturas, ya no siembres más odio entre los hermanos del campo y de la ciudad, deja de dividir a los pueblos, ya vulneraste su libre determinación. Deja de enviar indígenas como carne de cañón para el respaldo de tus intereses y de los que te rodean, que ya no son los nuestros; deja de enviar matones a maltratar a nuestra gente; deja que vivamos en nuestra ley; deja de hablar en nombre de los indígenas, que ya perdiste tu identidad” (Fides, 7‑XI‑19).

Pero en esta ocasión, luego de tres semanas de protestas opositoras y denuncias de fraude en las elecciones del 20 de octubre, en las que Morales se proclamó reelecto, había mucha rabia por el gobierno en gran parte de los dirigentes y las bases de las organizaciones sociales, que, al llegar la tarde del pasado domingo 10, se habían ido manifestando por la renuncia del presidente, como la Central Obrera Boliviana, la federación minera y organizaciones indígenas. Por eso, ese día la derecha más extremista pudo entrar a la casa de gobierno sin problemas y nadie salió de inmediato a la calle a defender a Morales cuando el ejército le sugirió que renunciara.

Raúl Zibechi en “Bolivia: un levantamiento popular aprovechado por la ultraderecha” escribe:

El levantamiento del pueblo boliviano y de sus organizaciones fue lo que en última instancia provocó la caída del gobierno. Los principales movimientos exigieron la renuncia antes de que lo hicieran las fuerzas armadas y la policía. La OEA sostuvo al gobierno hasta el final. La crítica coyuntura que atraviesa Bolivia no comenzó con el fraude electoral, sino con el sistemático ataque del gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera a los movimientos populares que los llevaron al Palacio Quemado, al punto que cuando necesitaron que los defendieran, estaban desactivados y desmoralizados.

1.- La movilización social y la negativa de los movimientos a defender lo que en su momento consideraron “su” gobierno fue lo que provocó la renuncia. Así lo atestiguan las declaraciones de la Central Obrera Boliviana, de docentes y autoridades de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), de decenas de organizaciones y de Mujeres Creando, quizá la más clara de todas. La izquierda latinoamericana no puede aceptar que una parte considerable del movimiento popular exigió la renuncia del gobierno, porque no puede ver más allá de los caudillos.

La declaración de la histórica Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), cercana al gobierno, es el ejemplo más claro del sentimiento de muchos movimientos: “Presidente Evo ya hiciste mucho por Bolivia, mejoraste la educación, salud, le diste dignidad a mucha gente pobre. Presidente no dejes que tu pueblo arda ni te lleves más muertos por encima presidente. Todo el pueblo te va a valorar por esa posición que tienes que tener y la renuncia es inevitable compañero Presidente. Tenemos que dejar en manos del pueblo el gobierno nacional”.

Carlos Arze (investigador del CEDLA):

Un argumento que lanzó Evo en el momento de explicar su huida de Bolivia, recién llegado a México, fue: “mi pecado es ser indígena”. Argumento que sus agentes provocadores en el país han utilizado como consigna para radicalizar las movilizaciones de sus partidarios, poniendo el ingrediente étnico a un conflicto que pretendieron llevar hasta una guerra civil. Su estrategia es una consecuencia lógica de la “racialización” del discurso elaborado por los teóricos del régimen, antiguos izquierdistas que abandonaron toda referencia a la lucha de clases reemplazándola por una versión de la “guerra de civilizaciones”; de ahí que los primeros incendios y atracos protagonizados por sus grupos de choque se dirigieran a domicilios particulares y no a edificios donde se aloja el poder político -como sucedió en el 2003-, con el propósito de provocar el miedo entre la población y de anticipar el contenido de su auto-victimización.

En el curso del conflicto, como podía esperarse, la derecha “cívica” de Santa Cruz encabezada por el empresario financiero Fernando Camacho -personaje perteneciente a una fracción de las oligarquías regionales de oriente- y algunos jefes policiales contribuyeron a darle pábulo a esa versión, al protagonizar algunos hechos en los que se mancilló la whipala, bandera reconocida por los pueblos indígenas y símbolo nacional. Sin embargo, esa postura está lejos de la orientación que primaba en las movilizaciones que exigían el respeto al voto; esas expresiones teatralizadas por Camacho y aplaudidas por sectores conservadores de las ciudades, corresponden a la ideología de una fracción de la burguesía beneficiada, durante la década y media del ciclo de bonanza que vivió el país, por las políticas económicas del gobierno del MAS, a contra mano de los resultados que se podían esperar de un régimen supuestamente socialista. No puede ser más elocuente, en ese sentido, el reiterado recordatorio que hacía el ex-presidente a los empresarios: “con mi gobierno han ganado más que con cualquier otro”.

Es necesario enfatizar que en las movilizaciones de rechazo al fraude electoral estuvieron presentes otras corrientes, diametralmente alejadas de la derecha tradicional, conformadas por sectores sociales como los mineros cooperativistas de Potosí, mineros asalariados de San Cristóbal y La Chojlla, estudiantes y docentes universitarios de La Paz, Cochabamba, El Alto, maestros urbanos, profesionales médicos, trabajadores de salud y, fundamentalmente, vecinos de casi todas los barrios citadinos que no son -como arbitrariamente los etiqueta la campaña mediática de apoyo a Evo, para descalificarlos- “blancos racistas”, sino únicamente integrantes del soberano burlado sucesivamente por las maniobras prorroguistas de Evo Morales y Álvaro García. Por todo eso, la auto-victimización de Evo, aduciendo su condición indígena, es una evidente impostura, no solo porque las movilizaciones populares que acabaron desalojándole del poder no tenían ese tinte racista y discriminador que los apologetas de Evo les atribuyen, sino también porque nada hay más opuesto a la pretendida naturaleza “indígena” de su régimen que la orientación y los resultados de sus políticas, que tuvieron a los pueblos indígenas como sus principales damnificados.

La paradoja histórica de que el gobierno del primer presidente indígena haya gobernado en contra de los indígenas, se refleja en el hecho de que Evo Morales priorizó con sus políticas la acumulación de ganancias capitalistas y la captura para el fisco de una parte de la renta proveniente de la explotación de los recursos naturales, situación que requería ir en contra de los pueblos indígenas, afectándoles en innumerables ocasiones, en muchas de las cuales las decisiones gubernamentales fueron acompañadas de una feroz represión

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En síntesis, la salida de Evo Morales no fue producto de un golpe de Estado, sino la consecuencia de la acumulación del enojo y descontento en gran parte de la población -principalmente citadina- que se movilizó en contra de los impactos de largo plazo provocados por su modelo rentista, en contra de la desinstitucionalización del Estado derivada de la orientación corporativista de su administración, en contra del desconocimiento y violación constantes de los derechos civiles, sociales y laborales, y en contra del creciente autoritarismo del caudillo gobernante. Aunque no buscada ni deseada, la presencia de la derecha tradicional, fortalecida por el mismo “proceso” dirigido a construir un capitalismo salvaje, se hizo patente debido al incipiente desarrollo político de los sectores sociales movilizados con la única consigna de “defensa del voto” y aprovechó la presencia de inveterados prejuicios y estereotipos en muchos sectores sociales -que da cuenta de la irrelevancia y demagogia que tuvo la “política de descolonización” en manos del MAS y de la impostura del denominado Estado Plurinacional-, para montar sobre el intacto sistema político de partidos y alcanzar gran influencia en la definición del curso del actual “gobierno transitorio”.

Pablo Solón (ocupó varios cargos en el gobierno de Evo Morales hasta ¿2011?): 

Varios miembros de la izquierda internacional decían que esto era un golpe de estado fascista y racista. Ahora les toca explicar cómo el partido de Evo Morales acuerda con este gobierno anular las elecciones del 20 de octubre y convocar a nuevas elecciones sin la candidatura a la presidencia de Evo. 

Es tiempo de reflexionar más allá de los clichés, ver la complejidad de la realidad, reconocer nuestros propios errores y asumir que un cambio radical en nosotros mismos es indispensable.

….

» Creo que es muy complicado decir que es un golpe de estado, porque creo que hubo una rebelión popular, porque este tema comenzó en 2016, cuando Evo Morales no reconoció el resultado de un referéndum que decía que no podía correr para una nueva re-elección. Si hubiera respetado ese referéndum, habría terminado su tercer mandato como probablemente el mejor presidente de Bolivia. Pero él no hizo eso. Él obligó a que el Tribunal Constitucional hiciera una declaración diciendo que era un derecho humano a correr para nuevas elecciones.

Y luego tenemos las elecciones del 20 de octubre, donde definitivamente hubo fraude. Tenemos tantas pruebas aquí, tantos informes de diferentes instituciones, no sólo la OEA lo dice, que, por supuesto, la población salió a las calles. Ha sido enorme, y ha durado 20 días.

Así que, para decir que esto es un golpe de estado planeado por la Casa Blanca, las fuerzas de derecha, las fuerzas fascistas, creo que es para hacer una caricatura de lo que realmente está sucediendo. Ahora, quien se va a aprovechar de la situación van a ser fuerzas de derecha, va a ser los imperialistas de América del Norte. Pero quién creó esta crisis, creo, fue esta adicción al poder que Evo Morales y su partido comenzaron a tener durante los últimos años.»

“El gobierno ha tratado de mostrar esta movilización como un golpe de estado de la derecha fascista y racista. Efectivamente todos los sectores de la derecha reaccionaria han aplaudido las protestas. En la ciudad de Santa Cruz el principal dirigente del Comité Cívico, Luis Fernando Camacho, viene de una organización de ultra derecha como es la Unión Juvenil Cruceñista. Sin embargo, en las otras ciudades ha habido diferentes articulaciones de sectores independientes y políticos de derecha e izquierda que han dirigido la protesta. En Potosí la oposición al gobierno se radicalizó antes de las elecciones por la suscripción de un contrato por 70 años y sin pago de regalías por la producción de hidróxido de litio del salar de Uyuni. En el caso de La Paz, el Comité Nacional de Defensa de la Democracia cuenta entre sus principales dirigentes a dos ex Defensores del Pueblo que ejercieron sus funciones durante el gobierno de Evo Morales y que denunciaron serias violaciones a los derechos humanos como la represión a la marcha indígena del TIPNIS el 2011. Por su parte Carlos Mesa, que fue vicepresidente del gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada, y se convirtió en el principal contendiente electoral de Evo Morales no tiene un partido estructurado y fue más un vehículo de la oposición en las urnas antes que el artífice organizador de las protestas. La rebelión que vive Bolivia es mayoritariamente un hecho espontaneo protagonizado en particular por jóvenes contra el abuso de poder.

Es necesario dejar claro que tanto en el lado del gobierno como de las fuerzas de la oposición existen indígenas y trabajadores. El gobierno tiene evidentemente más apoyo en las áreas rurales, pero en el sector de la oposición están también productores de hoja de coca de la zona de los Yungas, dirigentes campesinos, trabajadores mineros, trabajadores en salud y educación y sobre todo jóvenes estudiantes tanto de clase media como de extracción popular. Contrario a lo que ocurrió en anteriores conflictos fue el gobierno el que exacerbó el racismo diciendo que se buscaba desconocer el voto de los indígenas del campo que apoyaban su gobierno. Durante el conflicto se han producido actitudes racistas de ambos lados. La quema de la whipala, la bandera de los indígenas aymara y quechua, es absolutamente deplorable. Sin embargo, se puede constatar en las redes sociales que amplios sectores que integran las protestas contra el gobierno han salido a cuestionar estas medidas y a defender la whipala.”

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El POR, terminó como furgón de cola de los partidos de la oposición de derecha

La política concreta del POR, se puede apreciar en la intervención de unos de sus militantes de participación destacada en el proceso que llevó a la caída de Evo Morales, ya que fue uno de los dirigentes, el principal, del comité cívico de Chuquisaca: Rodrigo Echalar.

Buscó diferenciarse del comité cívico de Santa Cruz y remarco el carácter “independiente” de los cabildos cívicos en relación a los partidos de la oposición (Ni Mesa ni Evo – “Ratificar la Independencia política de las organizaciones cívicas, obreras y populares frente al gobierno y a los opositores políticos de la vieja derecha”-.) pero no hubo una condena explícita a los sectores fascistas como la juventud cruceña. Debió advertir su carácter de representante burgués de la agroindustria de Santa Cruz.

El POR no dijo nada del llamado de los cívicos pidiendo el apoyo de las FFAA y la policía como tales, es decir como instituciones del Estado y no a sus tropas y suboficiales. Y esta falta no es casual, ya que encaja plenamente en sus concepciones y programa. A continuación, reproducimos un párrafo crítico relacionado con esta cuestión, escrito por un compañero de Fabriles Socialistas Revolucionarios de Bolivia.

<<El Ejército y las milicias obreras:

El arsenal natural de las masas es el ejército. (VI.3 pág.45)

El arsenal natural de la burguesía es el Ejército, porque es su institución para reprimir. En el transcurso de la lucha revolucionaria se agudiza la crisis del Ejército y ello posibilita que parte del arsenal natural de la burguesía vaya pasando a manos de las masas insurrectas, que sólo podrán tener el dominio de todo el arsenal del Ejército tras la conquista del poder.

El POR se imagina la guerra civil de una manera muchísimo más sencilla de lo que en realidad es. El pueblo enardecido no puede esperar a que las armas del Ejército le caigan del cielo, empieza a luchar mucho antes. “La condición más importante para lograr que sectores del ejército se incorporen a la lucha revolucionaria es un poderoso movimiento obrero armado que en los hechos, es decir en demostraciones físicas y luchas a mano armada, convenza a importantes bastiones del ejército de que la clase obrera está dispuesta a ir hasta el final, y que realmente tiene grandes chances de triunfar.”[1]

Tanto Lenin como Trotsky levantan como una de las principales consignas del periodo revolucionario las milicias obreras, cuyo arsenal no proviene del Ejército sino del esfuerzo de los propios obreros y de la agitación del partido que los ayuda a asimilar las exigencias de la guerra civil. “Para conseguir muchas armas hace falta conseguir al menos algunas”[2]

Si bien el POR admite que “el proletariado tiene el deber de armarse y constituir sus propias organizaciones de combate” (VI.3 pág.44), no lo asume en la agitación ni como tarea del partido coadyuvar a ello dado que: “la clase obrera se armará… ya sabrá encontrar los medios para materializar esa consigna” (VI.3 pág.45). Es decir, la deja librada a su suerte. Esta postura es radicalmente contraria a la de Trotsky que afirma: “En una época tan crítica como la actual, el partido de la revolución debe predicar incansablemente a los obreros la necesidad de armarse y de hacer todo lo que pueda para asegurar, al menos, el armamento de la vanguardia proletaria. Sin esto, la victoria es imposible”[3]

Entonces, la afirmación revisionista de que “el arsenal natural del pueblo es el ejército” es la causa por la que en el Programa falta uno de los puntos más importantes: Las milicias obreras como punto central de la propaganda partidaria. Podría decirse que, así como los órganos de autodeterminación de masas abren la dualidad de poder en el plano ejecutivo, las milicias obreras lo abren en el pleno militar. Este es uno de los errores cardinales del POR porque, en una situación revolucionaria no trabajar incansablemente para armar a la masa esperando lo que pase en el Ejercito conduce inevitablemente a la derrota.

Los jóvenes oficiales, la mayoría de los que han sido educados en el Colegio Militar, sienten una natural preocupación por resolver los problemas nacionales, por evitar que el ejército siga enfrentándose con las masas populares, para servir mejor a los verdugos de los bolivianos y a los saqueadores de las riquezas nacionales, por esta razón son permeables a la propaganda y acción revolucionaria (VI.4 pág.46)

¿Una natural preocupación? ¿Por qué? ¿Qué justifica esta afirmación?

Los oficiales, por “naturaleza”, son los baluartes de Ejército burgués. Su juramento es “conservar el orden”, vale decir, el orden de explotación. Por supuesto que una situación revolucionaria puede ocasionar que algún sector de la oficialidad se pase al bando de la revolución, eso es expresión de una institución en descomposición. Pero estructurar una política revolucionaria a partir de esta eventualidad, por lo demás incierta, es, cuando menos, una actitud irresponsable. En todo caso, volvemos a afirmar: es sólo el proletariado insurrecto el que desarrolla la crisis del Ejército.

Sembrar ilusiones en un supuesto revolucionarismo de cierto sector de la oficialidad arguyendo las particularidades bolivianas, es pretender hacer pasar una teoría revisionista como una “refracción especial de las leyes del marxismo”. Los clásicos del marxismo definen al Ejército vigente como una institución burguesa sin excepciones (ver en Estado y Revolución de Lenin), ósea sin importar las particularidades nacionales. Hay definiciones marxistas que son rígidas, esta es una de ellas. Y el Ejército no podría ser una institución burguesa, la más importante de ellas, sino se cimentará sobre oficiales fieles a la defensa de la propiedad privada de los medios de producción.

Pero este revisionismo no es casual. Si, como afirma el Programa “el armamento natural del pueblo es el Ejercito”, entonces al pueblo no le queda más que esperar como espectador por la descomposición del mismo. Al verse en el trance de tener que argumentar cómo esto sería posible sin la intervención revolucionaria de la clase obrera, al POR no le quedó más remedio que inventar la teoría de una capa de oficiales susceptible de ser revolucionaria por ciertas características excepcionalmente bolivianas.

Esta idealización de la principal institución burguesa no es nueva en el POR y la mantiene en su programa a pesar de que la historia ya le dio una dura lección. Refiriéndose al golpe de Banzer Lora reconoce que “la idea generalizada –compartida hasta por nosotros marxistas- era que las armas serian cedidas por el equipo militar gobernante”[4] una ilusión que facilitó el golpe. Y como ya vimos, apenas salidos de esa amarga experiencia el POR forma el FRA con esas mismas fuerzas militares que le negaron las armas al pueblo, las llama revolucionarias, y afirma que en alianza con ellas se construirá el socialismo. Quien no aprende de sus propios errores es incapaz de preparar el porvenir.>>

Evidentemente con la ausencia de una política destinada al armamento de la clase obrera, le capituló objetivamente a la derecha fascista de Camacho, que sí tenía bandas armadas.

Por otra parte, ni Echalar, ni el POR, en ningún momento plantearon crear organizaciones democráticas de lucha que reflejaran más directamente la posición de las bases obreras y campesinas, por ejemplo, llamando a los obreros de los sindicatos mineros y fabriles a elegir delegados a un congreso o asamblea junto con delegados de base de los maestros y trabajadores de la salud, de los campesinos y de los sectores populares agrupados en los comités cívicos. 

Pero donde la política del POR queda muy claramente en evidencia, es en el discurso de Echalar en el regreso de la caravana a La Paz, habiendo ya renunciado Evo Morales, el 17/11.

Allí dijo básicamente: Hemos cumplido nuestra misión, obligamos a renunciar a Evo. Critica al gobierno provisional por haber cedido a la provocación de los masistas que buscaban la represión del ejército y la policía. Y si bien dice “ni masistas ni fascistas” no identifica claramente a quienes se refiere al decir fascistas. Su política frente a la represión de policías y militares es recomendarle al gobierno que haga concesiones a los campesinos e indígenas movilizados para que no haya enfrentamientos ni violencia. Niega que el movimiento en su conjunto sea racista, pero no denuncia por su nombre a los sectores dentro del movimiento que sí son racistas. Dice que “sacamos a un mal gobierno, pero no para encumbrar a otro que nos vaya a reprimir”, y que “el pueblo organizado y movilizado tiene que elaborar un pliego para que el gobierno que entre tenga una tarea que cumplir y resuelva nuestros problemas”. Es decir, un discurso que se mantuvo en un marco “democrático” lavado, que no denuncia al gobierno transitorio, ni denuncia claramente a los “fascistas” ni a los racistas, ni plantea las cuestiones de clase. Si bien en otras intervenciones como el 31 de octubre en el Cabildo de La Paz, denunció el carácter del gobierno del MAS, ahora no denunció el carácter de clase del gobierno provisional, y que de las elecciones no podía haber ninguna salida para los trabajadores y el pueblo. Por lo cual de las intervenciones que hemos escuchado de Echalar no hemos podido constatar lo que dice el POR, “que solo ellos han defendido la independencia política”:

<<La posición del POR desde hace mucho tiempo fue “Ni la nueva derecha (el MAS), ni la vieja derecha”, “Ni Evo, Ni Mesa, ni el facho Camacho”, “por la independencia política respecto de toda la politiquería patronal”. En todo momento el POR señaló que la única salida política es un gobierno propio de los oprimidos, el gobierno obrero campesino, y que esa respuesta no saldría de las urnas.

Con esa política intervino en los cabildos, en los sindicatos y en los comités cívicos. Los revolucionarios estamos obligados a intervenir en los movimientos de masas para luchar por su dirección, para impedir que sean elementos reaccionarios los que capturen la dirección del movimiento. No corresponde abstenerse de intervenir en el movimiento de masas. Se debe intervenir con la política de la clase obrera. Ese es el terreno en que las masas pueden desarrollar su experiencia con el partido y su política.>>

Pero lo que no hizo el POR fue plantear quién tenía que tomar el poder cuando se produjera la caída del Gobierno de Evo. De esta manera un gobierno provisional solo podía surgir, o del ejército, o de la bancada mayoritaria del MAS en la ALP, o de representantes legislativos de la derecha racista, que fue finalmente lo que ocurrió.

Para poder decir que El POR tuvo una política realmente independiente debería haber levantado en el cabildo central de La Paz y en el resto de los cabildos regionales la necesidad de que a la caída del gobierno de Evo se instalara un gobierno obrero-campesino-popular surgido de un congreso de delegados elegidos en asambleas de base.

Hasta el 31/10 la unión de los departamentos del bloque del sur cumplió un rol importante en la escalada de la movilización popular. Pero luego, mientras Camacho tomaba más protagonismo a partir del cabildo de Santa Cruz realizado el 2/11, y luego con la carta de renuncia, el bloque del sur se fue diluyendo y la delegación de Chuquisaca ni siquiera pudo llegar a La Paz en el momento de la renuncia del gobierno del MAS. Entre el 8 y el 10 fue la derecha encabezada por Camacho, apoyada por la policía, y finalmente el ejército, los que desequilibraron la balanza, después que Evo Morales fuera perdiendo el apoyo de la clase obrera y gran parte del campesinado y los pueblos indígenas. En ese momento, simbolizado en el ingreso de Camacho y Pumari, con la Biblia a la casa de gobierno, la derecha había logrado encaramarse en el movimiento de masas para imponer “su” dirección al gobierno provisional, al que sin embargo debieron integrar a otros sectores políticos y sociales que participaron en el movimiento. El POR, al no delimitar claramente con Camacho, desde el punto de vista clasista y con consignas más concretas, no dio una pelea hasta el final, y terminó cediendo el lugar de dirección al ala derecha del movimiento.  

La LORCI-PTS, por su parte levantó la misma política impotente de la Asamblea Constituyente, para ser furgón de cola del MAS

Recién el 8 de noviembre cuando se auto-acuarteló la policía, la Lor-ci calificó esa situación de “asonada”, y recién con el hecho consumado, pudo caracterizar lo que ellos llaman un golpe de estado. Hasta ese momento (8 de noviembre) se trataba según el propio JF de “un movimiento heterogéneo” (2) que tenía como único punto en común “contra Evo Morales”. “Heterogéneo” aquí quiere decir que participaban en el movimiento distintos sectores sociales, trabajadores, clases medias. ¿Había que disputar la dirección de ese movimiento, como dice el POR? La LOR-CI no contesta. ¿Había que luchar contra la maniobra del gobierno que desconocía el resultado del 21F, para que el binomio gubernamental se volviera a postular? Para la Lorci parece que no, porque el propio JF ha planteado que los campesinos e indígenas tienen derecho a llevar de candidato a quien quieran, a “el candidato preferido de la mitad del país”, o sea a Evo, con lo cual de hecho justifica las maniobras que hizo el gobierno para burlar la derrota del 21 F. ¿Había que luchar contra el fraude electoral del 20/10? “No me consta”, diría JF. No le creemos a nadie, ni a la comisión técnica de la OEA, cuya intervención fue pedida por el propio Evo porque, hasta ese momento, Almagro venía siendo su aliado. Lo cual significa que, en los hechos, la Lorci le creyó a Evo. Es decir, la Lorci, mantenía un seguidismo claudicante ante el supuesto “progresismo indigenista” en los papeles y discursos, del MAS.

Esto es porque JF hace un análisis formal de las relaciones de clase. JF dice que el gobierno del MAS representa a los campesinos e indígenas. Y que la oposición a Evo que se venía movilizando desde el 21F representa a las clases medias reaccionarias. Ya vimos que esto no es más que una simplificación que le viene bien a la Lorci para lavarse las manos y no intervenir en el movimiento, en función de su apoyo velado al MAS.

Frente a la asonada derechista la Lorci dijo el 9/11: “Desde la Lorci opinamos que ante esta ofensiva reaccionaria que puede adquirir una dinámica golpista en las próximas horas, es urgente avanzar e impulsar la autoorganización de los trabajadores del campo y la ciudad, contra la política conciliadora de la dirigencia corrompida y completamente estatizada, y tomando en sus manos la lucha por sus propias demandas que fueron postergadas por el gobierno del MAS con el acuerdo del 2008 con la actual oposición. Solo impulsando la recuperación de nuestras organizaciones e impulsando una poderosa alianza obrera, campesina y popular para oponerla a la alianza reaccionaria de industriales, iglesias, cívicos y liberales y conservadores, y garantizando comités de autodefensa contra la violencia racista, será posible detener y derrotar la asonada derechista y detener la eventual dinámica golpista.

La organización y lucha de los trabajadores y el pueblo debe sostener contra el fraude que significa la lucha por la democracia esgrimida por la oposición, debemos impulsar la pelea por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, para discutir, esta vez sin pactos de por medio, que país quieren construir los trabajadores y el pueblo, recuperando la agenda de octubre e imponiendo todas nuestras demandas por salario, tierra, territorio, derechos civiles, la nacionalización de los recursos naturales y contra toda injerencia del imperialismo norteamericano aliado a la derecha local”.

Fijensé que el llamado de la Lorci va dirigido a una abstracta “autoorganización de los trabajadores del campo y la ciudad”. Pero si de derrotar la ofensiva reaccionaria, que con la asonada policial podía “adquirir una dinámica golpista en las próximas horas”, ¿no había que haber llamado a que las organizaciones de masas constituyeran un frente único? Y en lugar de tener una línea tan defensiva y parcial al proponer comités de autodefensa contra la violencia racista, ¿no había que plantear las milicias obreras, campesinas-indígenas contra el golpe? Si estaban caracterizando que era cuestión de horas la consumación de un golpe “fascista”, ¿no debió ser esa la política? Será porque “Evo Morales teme la acción del movimiento de masas, y solo la instrumentaliza con objetivos de mera presión sobre la derecha como fue la movilización de la COB en La Paz y en Cochabamba con la movilización de las mujeres campesinas Bartolina Sisa.” O será porque ya las principales organizaciones “matrices” no estaban dispuestas a defenderlo a Evo.

El 10/11 la Lorci escribe: “En una conferencia de prensa, las Fuerzas Armadas le dieron su aval al movimiento golpista que se venía gestando desde hacía semanas, luego de las elecciones que tuvieron lugar el domingo 20/10. Una hora más tarde Evo Morales anunció su renuncia a la presidencia”.

Más adelante en la misma nota dice:

“La renuncia acelerada de gobernadores, ministros, diputados y otros funcionarios, así como la respuesta de la Central Obrera (COB), que afirmó que, si “para pacificar el país es necesaria la renuncia del presidente, entonces que renuncie”, terminó de mostrar e inclinar la balanza de la relación de fuerzas, consolidando el triunfo golpista.”

Pero lo que no dice es que el llamado no solamente de la COB sino también de la CSUTCB y de la FSTMB a que Evo renuncie, esta última inclusive fue antes del pronunciamiento militar.

Hasta acá están caracterizando el golpe como cívico-policial, ya que dicen que las FFAA solo le dieron el “aval”. Pero entonces, ¿cuál es la explicación de la renuncia del gobierno? Que no sólo no tenía ningún aparato de represión para derrotar al fuerte movimiento de masas que reclamaba la renuncia. Tampoco tenía el apoyo de las organizaciones obreras, campesinas e indígenas que habían sido su base política y social en sus primeros años de gobierno. La policía se autoacuertela contra sus mandos, y dice que no va a reprimir al pueblo. Y luego las FFAA le aconsejan a Evo renunciar porque ellos no van a reprimirá a la policía. Y a eso le llaman golpe. Es decir, que para que no hubiera habido golpe la policía y las FFAA ¿deberían haber reprimido al movimiento cívico?

La ausencia de una política concreta frente al golpe que estaban caracterizando indica que no sólo Evo estaba esperando el apoyo de su -hasta ese momento- fiel Kaliman, sino también la Lorci.

“La Liga Obrera Revolucionaria (LORCI), organización hermana del PTS de Argentina en Bolivia, ha venido combatiendo esta asonada derechista desde que empezó el pasado 20 de octubre…”. Otra falsedad manifiesta con la que quieren disfrazar la realidad. Recién el 8/11 la Lorci menciona una “asonada” policial-derechista. Y no podía ser de otra manera ya que a una movilización legitima y en gran medida espontanea (como el propio JF reconoce) repudiando el fraude electoral, ¡no hubiera sido posible llamarla asonada!!!

La única acción concreta de la Lorci, anterior al “golpe” fue participar en la convocatoria a un Encuentro obrero, campesino, estudiantil y popular el 9/11 en La Paz, pero de allí no salió ninguna acción concreta contra “el golpe”.

Rosario, Argentina, 30/12/19

El autor de esta nota es militante del Partido de la Causa Obrera

Anexo: 

El gobierno del MAS no fue ni progresista ni antimperialista como plantea JF. Este análisis del profesor de la UMSS Lorgio Orellana Aillón, en general nos parece bastante más acertado:

Naturaleza del gobierno del MAS

Mientras que los gobiernos neoliberales se sustentaron en la atomización de las luchas sociales, el nuevo gobierno ha emergido de la propia movilización social. Desde esta perspectiva, sería irreflexivo indicar que el MAS “es la misma cosa” que los gobiernos neoliberales anteriores; sin embargo, tampoco estaría mejor ubicado quien dijera que los masistas son revolucionarios.

Los nuevos gobernantes del MAS comparten con sus oponentes neoliberales el mismo respeto por la propiedad privada y por las instituciones del Estado capitalista; como los gobiernos anteriores, incentivan la inversión extranjera, promueven la seguridad jurídica y trabajan en sociedad con las empresas transnacionales (MAS-IPSP, 2005: 17). En una conferencia de prensa de enero de 2006, Evo Morales, junto al presidente Kirchner de Argentina, fue enfático al respecto: “En nuestro Gobierno no sólo vamos a respetar la propiedad privada. Vamos a garantizar que los inversionistas privados puedan recuperarla inversión. Y también tienen derecho a las ganancias” (Clarín, 2006). El MAS comparte con los anteriores funcionarios del Estado el mismo respeto por las estructuras fundamentales del capitalismo. A diferencia de los combatientes de las jornadas de mayo y junio de 2005, que peleaban por la nacionalización sin indemnización de los hidrocarburos –lo cual en El Alto significaba la expropiación de las compañías petroleras–, los masistas se proclaman defensores de la propiedad privada, los promotores de una “nacionalización responsable” (ver MAS-IPSP, 2005) que, como Evo Morales lo ha puesto de relieve en varias ocasiones, no significa expropiación. ¿Qué es entonces lo nuevo de este gobierno con respecto a los neoliberales de antaño? Ciertamente, la composición de clase de su movimiento y de su dirección política, la orientación ideológica de sus propuestas, y las reformas que se propone implementar. Para empezar, mientras que los dirigentes neoliberales representan los intereses del capital monopolista en la economía boliviana, el nuevo gobierno proviene de un espectro social distinto. El gabinete ministerial es la expresión política de una capa social particular, situada entre las clases populares que derribaron gobiernos neoliberales durante los últimos cinco años y las oligarquías locales articuladas al imperialismo. Una mirada a las declaraciones de bienes de los actuales miembros del gabinete ministerial y del pro-pio presidente puede ayudarnos a constatar que, si bien su extracción social es predominantemente campesina, minera, artesanal o de otro origen humilde, en la mayoría delos casos su patrimonio actual asciende a una suma superior a los 50 mil dólares (ver El Juguete Rabioso, 2006: 13), condición que los aproxima más a las capas medias, cuyo modo de vida es relativamente holgado en un país como Bolivia. Si a ello sumamos la preeminencia de intelectuales de clases medias en las carteras ministeriales del área política y económica y en los vice-ministerios, por su composición social el nuevo gobierno es básicamente la expresión de las capas medias urbanas y rurales. Aunque el gabinete ministerial tiene en sus filas a dirigentes campesinos, artesa-nos o mineros, estos proceden mayormente de estratos relativamente privilegiados en relación a las clases subalternas del campo y la ciudad

Por su condición social, creemos correcto caracterizar a los miembros del nuevo gobierno, predominantemente, como expresión de capas sociales de la pequeña burguesía, cuyos orígenes en muchos casos los asemejan a las clases sociales explotadas y oprimidas del campo y la ciudad, pero cuya condición social actual los diferencia considerablemente de ellas. Sin embargo, el nuevo gobierno no sería el representante de un imponente movimiento popular si no interpelara ideológicamente, en su programa de reformas, a sectores más vastos que el de la pequeña burguesía, dándole a esta interpelación su propio sello de clase. Los sujetos sociales principales invocados por el programa masista son la microempresa y la pequeña producción (MAS-IPSP, 2005: 6). Tanto la composición social como el programa de esta organización política expresan, y se dirigen a, esa gigantesca masa de productores de las pequeñas unidades de producción de la ciudad de El Alto, las cooperativas mineras de Potosí y Oruro, los campesinos, los gremios y las comunidades indígenas: clases y grupos sociales oprimidos que han sido la base de las movilizaciones de los últimos cinco años, simbólicamente representados por el gabinete ministerial del nuevo gobierno

Ideológicamente, la noción de desarrollar un “capitalismo andino-amazónico” (García Linera, 2006), de industrializar el país, y en consecuencia de fomentar una burguesía andina y amazónica, lo cual en Bolivia equivaldría a decir una burguesía nacional, se dirige hacia dichas fracciones de clase. Tal consigna resignifica de modo capitalista, nacional e indígena las expectativas de una heterogeneidad de sectores medios, campesinos pobres, pequeños propietarios de las ciudades y comunidades indígenas, a quienes se busca fortalecer con la ayuda de un Estado fuerte llamado a redistribuir una mayor parte del excedente que hoy es controlado por las empresas transnacionales. La tesis del “capitalismo andino-amazónico” actualiza aquella antigua narrativa burguesa que promovía la transformación del pequeño productor en capitalista y la transformación de una sociedad de pequeños productores en una sociedad capitalista, ideas ciertamente legitimadas por un fuerte discurso indigenista de identidad cultural que se ha convertido en el distintivo de lo nacional y lo popular en Bolivia durante los últimos años. El programa del MAS apunta a la industrialización de los recursos naturales, al desarrollo del mercado interno, a un cambio del “patrón de desarrollo” centrado en la producción y exportación de materias primas por otro centrado en productos industriales. Busca “acabar con el Estado colonial” y democratizarlo por medio de una Asamblea Constituyente, para generar igualdad jurídica entre los distintos grupos étnicos y sociales y conquistar la soberanía política (MAS-IPSP, 2005). Las luchas indígenas por la inclusión política y la soberanía de los pueblos son ciertamente reivindicaciones democráticas incorporadas en el discurso del MAS, y que en la letra recogen las aspiraciones de las movilizaciones nacionalistas y de reivindicación étnica-cultural de los últimos cinco años. Mientras que los antiguos gobiernos neoliberales eran los administradores de un Estado oligárquico y antidemocrático, las reformas democráticas planteadas por los dirigentes del MAS conllevan –sea esta o no su intencionalidad– la creación de un Estado y una sociedad capitalista modernos. La tesis según la cual el nuevo gobierno propugna la democratización del Estado debe ser precisada, indicando que se trata, intencionada-mente o no, de una democratización limitadamente burguesa del Estado: un esfuerzo por la instauración de la igualdad formal (la eliminación de la discriminación racial); por la ciudadanización de los indígenas, es decir, su inclusión política; por la expansión del mercado interno, el desarrollo del capitalismo, y la instauración de una democracia liberal y representativa hasta hoy inexistente en Bolivia, pese a las liturgias electorales de los últimos veinticuatro años. No obstante, sus propias particularidades, mística y ritualismo indígena, pensamos que es correcto, a partir de las referencias que hemos ido aportando, caracterizar al nuevo gobierno como un movimiento social y político reformista de carácter democrático burgués, que se desarrolla en la era del capitalismo monopolista y de la dominación imperialista, contexto que es su condición de posibilidad, pero también el límite de su propio desarrollo. Es su condición de posibilidad, pues la efervescencia social que posibilitó el ascenso al gobierno de Evo Morales estuvo dada por las luchas antiimperialistas encaradas por las clases y capas populares del país durante los últimos cinco años, emergentes de la contradicción entre la proliferación de la pequeña unidad económica y la expansión del capital monopolista en Bolivia. Es el principal obstáculo, pues el gobierno de Evo Morales se ha propuesto desarrollar la pequeña producción y reconstruir la soberanía nacional colaborando con el imperialismo, es decir, con la propia negación del desarrollo nacional y de las posibilidades de una burguesía andino-amazónica

El populismo del MAS

Los elementos aportados indican que el programa ideológico y de reformas propuesto por el MAS hacen de él una opción más inofensiva que el populismo de los años cincuenta. Mientras que el nacionalismo del ‘52 propugnaba una alianza de clases contra el imperialismo y la rosca, los nuevos gobernantes del MAS empezaron su gestión pidiendo el respaldo financiero de la “comunidad internacional” y el beneplácito de la oligarquía cruceña, para cuyas exportaciones bregan por nuevos mercados. Atrás quedó la época en la que el MAS promovía la ocupación de tierras en los latifundios del Oriente boliviano. Morales inicia su gobierno planteando una franca sociedad entre el Estado, los pequeños y grandes propietarios locales, y las empresas transnacionales. En ello consiste su “nuevo patrón de desarrollo”, en el que “las relaciones entre empresa estatal, privada nacional y extranjera, así como las asociaciones de productores del campo y la ciudad, se conciben como complementarias” (ver MAS-IPSP, 2005: 17). La diferencia principal con la alianza de clases del MNR del ‘52 es que la complementariedad invocada por el MAS incluye a la empresa extranjera. Los nuevos gobernantes son prisioneros de aquella antigua ilusión populista de que se puede gobernar para los pobres sin perjudicar a los ricos. No obstante el largo siglo que los separa, los ideólogos del “capitalismo andino” llevan el mismo signo de aquellas clases medias reformistas enfrentadas al Estado oligárquico latinoamericano de principios del siglo XX, de quienes Cueva dijera: “La influencia de tales capas suple, en gran medida, la debilidad o ausencia de un proyecto industrializador proveniente de la fracción burguesa correspondiente, pero lo hace con las mismas vacilaciones y limitaciones de dicha fracción, o sea, con igual temor de resquebrajar el principal mecanismo establecido de acumulación” (Cueva, 1982: 162). Como en el caso de los gobiernos anteriores, la inversión de las empresas extranjeras y la “ayuda de la comunidad internacional” –es decir, de las agencias del capital financiero transnacional– son ciertamente esenciales en la visión de los nuevos gobernantes del MAS (MAS-IPSP,2005). Los constructores del “nuevo Estado” comparten con los antiguos gerentes del Estado oligárquico la misma actitud no sólo con relación a las estructuras fundamentales del capitalismo (defensa de la propiedad privada, fomento a las inversiones, seguridad jurídica, etc.), sino también con relación a ciertas instituciones y principios sagrados del neoliberalismo como el respeto a la estabilidad macroeconómica, el control del déficit fiscal, los bajos salarios, el control de la inflación y el mantener la apertura irrestricta de la economía al comercio exterior. Las diferencias ideológicas existentes entre el MNR y el MAS ciertamente se sustentan en condiciones objetivas distintas. Mientras que el gobierno del MNR ascendió al poder como producto de una revolución social, es decir, una transformación radical de la estructura del Estado y delas clases sociales, el MAS llegó al gobierno en 2006 sin haber derrocado al antiguo poder oligárquico, que perviven las estructuras del Estado y controla, junto a las denominadas agencias de cooperación y las transnacionales, las palancas fundamentales de la economía. Pero, además, mientras que la revolución de 1952 derrocó a la rosca y expropió a los grandes empresarios mineros, la “revolución democrática” del MAS consiste en buscar una convivencia pacífica con el antiguo poder. Así, las condiciones objetivas y subjetivas de este movimiento reformista para llevar adelante tareas democrático-burguesas son más desventajosas que las existentes en 1952. En los marcos del capitalismo, las posibilidades de la concretización de un proyecto reformista de corte democrático en Bolivia, son menores que las de un franco proceso de restauración oligárquica dentro de la misma estructura del Estado y la frustración de las tareas democráticas; destino comparable con el de la Revolución Nacional de 1952 que, en palabras de Agustín Cueva, devino “una revolución democrático burguesa abortada” (Cueva 1982: 196). El ascenso del nuevo gobierno, entonces, no indica una superación del neoliberalismo, sino la renovación de gerentes estatales que ahora procuran revisar las funciones regulatorias y redistributivas del Estado en el proceso de reproducción del capital monopolista, situado en el sector primario exportador, sin transformar estas funciones ni las bases económico-sociales en que se fundamentan: el control privado y transnacional sobre las principales condiciones objetivas de la producción.

(*)

De JF en la crítica al POR:

Trotsky refiriéndose a la criminal política del partido comunista alemán en los 30 que terminó apoyando el referéndum de los nazis contra Brunning lo formulaba de la siguiente forma:

Entre la democracia y el fascismo no hay diferencias de clase, esto debe significar evidentemente, que tanto la democracia como el fascismo tienen un carácter burgués. Nosotros adivinamos lo mismo incluso antes de enero de 1932. Sin embargo, la clase dominante no habita en el vacío. Mantiene unas relaciones determinadas con las demás clases. En una sociedad capitalista desarrollada durante un régimen «democrático», la burguesía se apoya en primer lugar sobre la clase obrera controlada por los reformistas (…). En el régimen fascista al menos en un primer estadío, el capital se apoya en la pequeño-burguesía para destruir las organizaciones del proletariado. ¡Italia por ejemplo! ¿Existe diferencia en el «contenido de clase» de los dos regímenes? Si se plantea la pregunta a propósito solo de la clase dominante, no existe diferencia. Pero si se toma la situación y las relaciones recíprocas entre todas las clases desde el punto de vista del proletariado, la diferencia es muy grande”.

…………………..

  • El Pacto de Unidad (PU) está conformado por la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb), la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (Cidob), Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), Interculturales, Distritos de la Ciudad de El Alto y la asociación Bartolina Sisa, entre otras instituciones.
  • Ver entrevista a JF en la edición de Pateando el Tablero (Jujuy) del 8/11.

[1] F. Liberati. Discurso en reunión de célula de FSR, 12 de mayo del 2017.

[2] Trotsky ¿Adónde va Francia? – El armamento del proletariado. Ediciones IPS, Avellaneda.2013 Pág.66.

[3] Trotsky ¿Adónde va Francia? – El armamento del proletariado. Ediciones IPS, Avellaneda.2013 Pág.64.

[4] S. Sandor John. El trotskismo Boliviano: Revolución permanente en el altiplano. La Paz: Plural, 2016 pág. 288. 

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