Humanismo y emergencia

por Aniceto Hevia

                                                                                                                             In memoriam. 

                                            A todos los detenidos, desaparecidos y torturados de nuestra América. 

La entrada de Trump y otros en la Asamblea General de la ONU, sin exagerar, fue la entrada de los nazis en el Bundestag. Los hechos son indesmentibles para los que se atreven a ver. El lenguaje obsceno, el tono amenazante, la desvalorización de la asamblea, la humillación. Débil fue la protesta de sus miembros en su vergonzosa retirada ante la presencia de Netanyahu, nadie encaró al criminal genocida. El presidente de Chile vendiendo el país en el lugar menos adecuado, se supone que la Asamblea General no es un mercado, en ese lugar no se tratan temas mercantiles; pero al mandatario le parece, calcula que se puede y lo hace. El presidente de Estados Unidos amenaza con aniquilar y robar. Igual que en 1933 no fue un acto espontáneo, fue un acto pensado y diseñado para someter En 2026 lo lograron nuevamente y tienen como testigo a todo el mundo. 

Hoy cada ámbito democrático, cada espacio de libertad les parece una posibilidad de oprobio y opresión, han aprendido la lección y saben cómo demostrar su poder político y económico donde se requiera. La Asamblea General de este año fue para ellos una excelente oportunidad y frente al mundo como testigo ganaron la partida, mientras la mayoría de la asamblea observaba con estupor. Delcy Rodríguez veía caer le última gota de dignidad de su cargo, pasó de títere a simple pelele inane. Todo este desastre y la impotencia para acallar al fascismo internacional son el resultado histórico de una institución en decadencia y corrupta en términos políticos. Quedarse sentado para escuchar el discurso atroz de Netanyahu ante los miembros de Irán y Palestina ha sido la lápida sobre el muerto. Pero, no es de extrañar, esa es la sucia táctica, atacar sobre las instituciones más débiles, desmoralizarlas, aplicar todas las herramientas de la violencia, destruir normas de convivencia, aterrar, generar sensaciones de impotencia. Ahora el fascismo es más fuerte que en 1933, está armado con bombas nucleares y está dispuesto a todo. Tampoco es de extrañar que las intenciones sean las más siniestras, los fines son la dominación absoluta, los medios los más perversos.

De nada importa que Cerimedo esté en la cárcel, no se van a acabar las campañas mediáticas de persuasión; de nada importa que todos sepan que están mintiendo, no van a cesar en su goebbeliana táctica de mentira permanente; de nada importa que se los denoste, denuncie, rechace, ya tienen el todo el poder económico, financiero y militar que necesitan y no les importa; pues no tienen ética alguna, menos moral. En su cinismo no les afecta, simplemente se aislan. Tienen claro su fin de enseñorearse por la tierra como señores y dueños de la vida humana y destructores de la naturaleza. Ellos impusieron la ley del más fuerte, primero debilitaron y desmoralizaron, fragmentaron la sociedad en compartimentos estanco, despojaron a la clase obrera de su dignidad e identidad; luego avanzaron con fuerza en la democracia destruyéndola, cooptando y corrompiendo para hacer de los representantes de los pueblos una pseudo-clase reblandecida, progresista, eunuca. En esas circunstancias, marchan con su séquito de corruptos que ya tienen algo de legitimidad en vista de ser elegidos con campañas sucias; cabe agregar que la corrupción masiva fue instaurada antes; en los laboratorios ideológicos estadounidenses.

El resultado fue una mezcla de ideas que supuestamente explicaban algo, aunque sonaba absurdo; y en ese caldo heteróclito desapareció la clase, el género, la esperanza y la utopía; todo aquello considerado como perimido y añejo. La vida se convirtió en una desolación depresiva, la libertad en libertinaje o en algún hobby. El progresismo trajo empobrecimiento y drogas de todos tipos, con sus respectivos e irresponsables apologistas. Desde esa situación de decadencia socio-cultural del liberalismo en sus diversas variantes, surge la imperiosa necesidad de sacar de la crisis al mundo financiero, que como siempre busca la peor solución para todos y la mejor para el mundo de los millonarios y billonarios. La vía es nuevamente agitar las aguas del fascismo disfrazándolo con otros ropajes, digital, empresarial, sin uniforme ni banderas y con un slogan simple y concreto: “si es por dinero, oro, yenes, bitcoins o lo que satisfaga mi codicia todo vale”. Discurso que logró permear a todas las sociedades en muchas versiones. Cualquier cosa, pero que no parezca en nada al fascismo clásico. 

Mientras tanto, las emergencias siguen ahí. Y posee como base la pequeña burguesía arribista creada al calor del progresismo, que es la social-democracia aggiornada. Primero, una emergencia ecológica mundial de carácter extremadamente destructivo va empobreciendo nuestro hábitat, de hecho estamos agotando los recursos naturales, la flora no alcanza a renovarse; en otras palabras, no estamos comiendo el planeta. Bosques, minerales agua van disminuyendo a tasas catastróficas. 

Segundo, una emergencia financiera mundial, los órdenes de las finanzas occidentales están en una crisis desde el 2008, nadie intenta siquiera detenerla, lo que nos lleva una la recesión y/o estanflación de dimensiones inimaginables. Chile está en recesión y nadie habla de eso, salvo poquísimas personas, en ambientes restringidos, apenas gritos de alarma en la oscuridad. El único recurso para los países desarrollados es armarse, prepararse para la guerra; eso ya se vio antes y fue un desastre. 

Tercero, una emergencia militar, las guerras que ha impulsado Occidente, en Ucrania e Irán ponen a la humanidad en una situación de extremo peligro, no se puede jugar todo el tiempo a escalar y desescalar, a hacer acuerdos por la mañana y romperlos por la tarde. Occidente está ciego, perdió en Ucrania y perdió en Irán, perdió la OTAN y USA lo que no es nuevo, siempre es derrotada. También perdieron Elon Musk y sus adláteres con gran sorpresa para ellos. El problema es que no pueden declararse perdedores; tampoco les gusta sentirse perdedores, se adoran y se sienten con el poder suficiente para ser el Amo Absoluto, pero no lo son. El Amo Absoluto es el capital que no controlan, aunque quieran, los controla a ellos. 

Cuarto, una emergencia política. La debilidad de las democracias occidentales al entregarse a la orgía neo-liberal, que instituye a los políticos como una asociación independiente del poder soberano de los pueblos, ha traído de golpe el descrédito de la democracia progresista y la ruina de gran parte de la población en un proceso que está en marcha y no toca fondo. Se ha reemplazado la voz popular por discursos de expertos, que nos explican y nos interpretan entendiendo todo al revés, su lenguaje melifluo y resobado está hecho para evitar la palabra plena, para manipular, para convertir el gobierno en gobernanza sin telos. De ahí el apagado de la conciencia política, que es conciencia de clase, estentóreo silencio y debates entre expertos que hegemonizan el diálogo social, dominio de las encuestas que no de la política y de la ideología. Cada gobierno y cada político hace encuestas de opinión, de sensación, de adhesión y rechazo que, como ensalmos incontestables se repiten evadiendo los problemas reales que esos grupos desconocen en toda su amplitud. La política se convierte para las masas en espectáculo, la frivolidad campea, la seriedad se esquiva, la inteligencia se arrincona y la cultura crítica, histórica y social se la ahoga. El resultado es un vacío que ni los más agudos filósofos posmodernos son capaces de entender, pues el problema es la dialéctica de las clases, problema censurado en ámbitos académicos. Ese vacío inerte, la carencia de conciencia de la dialéctica histórica; cuyas consecuencias son la marginación social y la abyección, surge el parche de las técnicas psicológicas, la reintegración frente al vacío existencial de una clase con un sujeto de identidad difuminada; psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales entregan sus bálsamos para el alivio de la disconformidad, del dolor de ser cesante, del dolor de la opresión de clase, el dolor de la pobreza intolerable; estos problemas de clase se transforman en patologías. Entonces, el problema político ya no es social, es individual. Lo político ha devenido un problema de la singularidad, más aún, todo problema tiene su salida en la singularidad. Fuera de la singularidad no habría nada, la conciencia de los trabajadores está traspasada de la actitud propia de un sujetoque las circunstancias han evaporado. Salvo momentos de rebeldía en que demandas reales surgen sin nada que las pueda realizar, muchas de ellas parecen fantasías ideológicas sin esperanzas. Las prácticas de una democracia real han sido demolidas, y como en otras circunstancias históricas el pueblo parece gritar: “queremos que nos exploten”. 

Quinto, hay una emergencia del sujeto. En pocos momentos de la historia hemos visto el surgir de un sujeto que en sí es la emergencia, en sí lleva las marcas del castigo de clase que se ha cernido sobre él. Un sujeto desde sus inicios agotado, débil, cuya vida es una paradoja, transcurreen la historia, pero está detenido; camina, pero no parece que vaya a alguna parte; protesta, pero esa protesta es un desahogo momentáneo; está solo y no busca compañía humana, busca un perro o un gato; no tiene trabajo, pero tiene gurú y yoga. Una subjetividad sin proyecto, cerrado a su sí mismo, negándose a ver su propia identidad que es el lugar donde más le duele, no quiere enfrentarse a la realidad de estar alienado, perdido, sin alternativas, sin vida; en otras palabras, muerto como sujeto en su ser histórico y social. Eso es un acontecimiento nuevo fruto de una emergencia histórica inédita. Siempre en la historia el sujeto emergió como lo nuevo frente a una ideología agonizante; ahora estamos en un momento en que el sujeto es un aborto. Salid a las calles a ver, salid a las calles y suban a las micros y observen las miradas perdidas y el dolor. Que gran lección del estado de cosas el nuevo sujeto histórico. No hay como sacarse el bulto de encima, si queremos ver el súbito relampaguear de la verdad. 

Sexto, hay otra emergencia en que lucha Occidente con sus fantasmas tecnológicos. Se le ha llamado la crisis de la IA, en otras palabras la contradicción entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial. Se dice que existe un temor, por parte de los dueños de la IA, de que esta supere al hombre y termine por exterminarlo. Algunos casos de hackeo lo confirman. Cuando Elon Musk y otros aúllan que hay que bajar la velocidad de avance de la IA, se debe tener mucho cuidado, están hablando millonarios que han pensado irse a vivir a marte y otras estupideces del mismo tipo, que recuerdan las estupideces de Himmler y la facción SS mística. Estas bandas corsarias que están en una guerra frontal contra la clase obrera, despojándola de derechos sindicales, de derechos sociales, del derecho a una vida digna; no tienen nada que decir frente al monstruo que ellos mismos han creado para su beneficio. El problema es que con esto se perderán decenas de millones de empleos y nada los va a reemplazar, ni siquiera la fantasía de un sueldo universal mínimo, ellos no lo van a proveer, menos los estados nacionales. ¡!Que viene el lobo, que viene el lobo!! Cuando esta agrupación mundial idiotas ladra al unísono la tontera de la superación de la IA a la inteligencia humana, pensemos en qué quieren esconder, miremos alrededor, sobre todo miremos las relaciones de clase. Al fascismo nunca se lo pudo combatir con más social-democracia o en el lenguaje de hoy, con más progresismo. Solo se lo puede combatir con las fuerzas que dan las esperanzas, la claridad, la libertad y el amor, no el economicismo.

Debemos recordar que la emergencia universal comienza y termina en Occidente, pero puede arrastrar a todas las potencias mundiales. No son momentos para dudar de la justicia, ni de la esencia del ser humano. EL humano tiene esencia, el ente puro no. Hoy la humanidad se encuentra en una tensión interna entre la rebeldía, la negación y la vida; junto a la opresión con que las clases dominantes nos han subyugado. Toda reacción frente a ello es una defensa de la vida, no es un gesto de destrucción. Ese es hoy un principio del ser humano hoy, la humanidad es hoy una radical rebeldía frente a la configuración actual del poder político. El hombre posee entidad y ser, id-entidad y esencia, por ello, históricamente determinado, cultural y socialmente en relación, “ningún hombre es una isla” [no man is an island], dijo Thomas Merton. El ser del hombre deviene históricamente, su esencia también. Hoy nos enfrentamos al peor de los escenarios dados, el intento de aniquilación de la entidad y la esencia del hombre. Por medio de la guerra, por medio de la guerra de clases, por medio de la deshumanización progresiva a través de medios ideológicos al degradar la cultura y transformarla en un medio de entretención de masas, por medio de la explotación en el trabajo desgastando la fuerza y las potencias intelectuales hasta su neutralización, por medio de una educación comercializada que no desarrolla verdaderamente potencialidades, que hace caso omiso de la transmisión de cultura y que remite a la nada derechos y deberes ciudadanos. Hoy el fascismo busca transformar la humanidad en un sujeto ausente de sí, aniquilar su esencia e id-entidad. Pero la humanidad subsiste en la negación, la esencia del hombre hoy no puede existir sin rebeldía. Sin voluntad de cambiar el todo, sin concepción de nuestro ser como parte de la totalidad que se debe transformar en su conjunto. La palabra rebeldía, entonces, cobra un sentido más amplio que la rebeldía romántica de mero rechazo al estado burgués. La palabra rebeldía hoy posee el sentido de conflicto y esperanza con todo aquello que deshumaniza, en primer lugar, el trabajo alienado y la comercialización absoluta de la esencia e id-entidad humana. No basta con oponerse a toda forma de sumisión y opresión, no basta declamar la necesidad de vivir en condiciones que la humanidad de pueda desarrollar en paz; sino que hay que estar presto a caminar la senda, de comprender la praxis crítica. Lo demás es idealismo acomodaticio, porque en esa senda no se puede esperar sino ser un imperdonable, un enjuiciable, aunque uno solo resista desde el corazón. 

Para finalizar la advertencia de George Orwell: “En nuestro mundo no habrá emociones excepto miedo, triunfo y auto-sometimiento, se erradicará el instinto sexual, aboliremos el orgasmo, no habrá ninguna lealtad, excepto lealtad al Partido; pero siempre estará presente la intoxicación del poder, siempre y a cada momento existirá el estremecimiento de la victoria, la sensación de pisar el enemigo indefenso. Si quieres representarte el futuro imagina una bota pateando una cara humana para siempre. La conclusión moral que se puede extraer de esta situación de pesadilla es simple, no dejes que esto pase, depende de ti”.      

Fotografía de portada: Claudio Pérez