Gramsci y Bordiga ante la táctica del frente único

por Agustín Guillamón

Tras el V Congreso de la IC, celebrado en junio-julio de 1924, dos fenómenos dominaron la vida política del PCd´I: la táctica parlamentaria aventiniana y la bolchevización del partido. Al mismo tiempo se produjo un notable incremento numérico de militantes, paralelo a la marginación de la Izquierda.

La táctica parlamentaria del PCd´I, que consistía en aislar en el Parlamento a los fascistas para unirse a los partidos liberales y socialdemócratas en una oposición democrática antifascista, se saldó en un fracaso.

El 10 de junio de 1924, Matteotti, secretario del PSU que se había destacado en la denuncia de la violencia fascista empleada en la campaña electoral de abril, fue secuestrado por una escuadra fascista y asesinado.

El 14 de junio toda la oposición parlamentaria a los fascistas, desde los popolari a los comunistas, abandonó el Parlamento para crear un comité que fue conocido por el nombre del Aventino.

La oposición confiaba en una acción judicial que denunciara la brutalidad del régimen fascista y consiguiera la destitución de Mussolini. Pero tanto el rey como la magistratura se convirtieron en tácitos cómplices del régimen mussoliniano.

Gramsci y Scoccimarro, que habían anulado su viaje a Moscú, ante la gravedad de los acontecimientos italianos, comprendieron la dificultad del momento y las amplias perspectivas políticas que se abrían.

Gramsci escribió al respecto:

«En junio, inmediatamente después del delito Matteotti, el golpe sufrido por el régimen fue tan fuerte que una intervención decidida de una fuerza revolucionaria lo habría puesto en peligro. La intervención no fue posible porque la mayoría de las masas eran incapaces de moverse o estaban bajo la influencia de los demócratas y socialdemócratas»[1].

Las masas no estaban listas para una acción contra el fascismo porque ningún partido antifascista, excepto el PCd´I, estaba dispuesto a un salto en el vacío que condujera a una situación similar a la que siguió a la huelga general de agosto de 1922.

La CGL, desde el primer momento, fue contraria a toda convocatoria de protesta que pudiera conducir a la huelga. Las negociaciones de D’Aragona y otros destacados dirigentes de la CGL con Mussolini para incluir en el gobierno fascista a un sindicalista, o la idea de un partido laborista basado en la organización de la CGL, aproximaban a la única organización sindical de ámbito nacional al régimen fascista, al tiempo que lo alejaban de la oposición antifascista y de la influencia comunista.

Gramsci y Scoccimarro, presos en la táctica de frente único, no pudieron hacer solos lo que no querían el resto de partidos liberales, demócratas y socialdemócratas del Aventino. Tras denunciar en L’Unità el asesinato de Matteotti por los fascistas, el 14 de junio se asociaron a la decisión de abstención en los trabajos parlamentarios. El PCd´I se unió al resto de partidos antifascistas del Aventino. La propuesta de huelga general, planteada por el PCd´I al Aventino, halló el rechazo del resto de partidos antifascistas, que temían más la perspectiva revolucionaria de las masas que la violencia del fascismo.

Bordiga estaba en desacuerdo con la táctica de frente único planteada por la nueva dirección del PCd´I. Bordiga, calificado tantas veces de abstencionista, proponía, en la más pura ortodoxia del parlamentarismo revolucionario, la utilización de la Cámara para denunciar desde ella el carácter criminal del gobierno fascista.

El PCd´I convocó una huelga general para el 27 de junio, que fue un absoluto fracaso. El aislamiento de los comunistas era un hecho. Por otra parte, el idilio en las relaciones diplomáticas entre el régimen fascista y el régimen soviético alcanzaba su plenitud en plena crisis Matteotti. El 7 de noviembre Mussolini fue invitado por la embajada soviética para celebrar el aniversario de la revolución rusa. El banquete, que no era una anécdota desprovista de interés, sino la culminación de las buenas relaciones económicas entre Rusia e Italia, fomentó la leyenda de la colaboración italo-rusa, y a través de los dos gobiernos, de una colaboración fascismo-comunismo que no dejó de perjudicar al PCd´I y agudizó su aislamiento.

El Aventino rechazó la táctica del Antiparlamento aprobada por el Comité Central del PCd´I el 15 de octubre. Sólo las fortísimas presiones de la base y de la Izquierda, que eran favorables al regreso de los comunistas al Parlamento fascista, consiguieron que la IC aceptara una fórmula intermedia.

A la inauguración de las sesiones parlamentarias se envió a un parlamentario comunista, y progresivamente se integraría en la Cámara todo el grupo parlamentario.

El diputado elegido para el regreso al Parlamento fue el destacado militante de la Izquierda y antiguo miembro del Comité Ejecutivo nombrado en Livorno, Luigi Repossi.

La valerosa intervención parlamentaria de Repossi ante 300 diputados fascistas halló amplio eco en el país, e incrementó notablemente el prestigio del PCd´I entre las masas.

Repossi inició su intervención acusando directamente a Cesare Rossi y Marinelli de ser los asesinos de Matteotti. Negó a los parlamentarios fascistas, como cómplices que eran del asesinato, la facultad de conmemorar al diputado asesinado:

«Desde que el mundo es mundo, a los asesinos y a los cómplices de los asesinos jamás se les ha permitido conmemorar a sus víctimas»[2].

Pese a la evidente consigna de no atacar al único diputado comunista presente en la Cámara, el clima de tensión existente ante las agrias acusaciones de Repossi se puso de manifiesto en las amenazas verbales lanzadas en pleno discurso contra Repossi:

«Capanni: ¡No te toco porque me das asco!».

Repossi incluyó en su breve declaración una enumeración de los puntos esenciales propuestos por el PCd´I para solucionar la crisis:

«Fuera el gobierno de los asesinos y vividores del pueblo. Desarme de los Camisas Negras. Armamento del proletariado. Instauración de un gobierno de obreros y campesinos. Los comités obreros y campesinos serán la base de este gobierno y de la dictadura de la clase obrera».

La intervención de Repossi concluyó lanzando a los parlamentarios fascistas el grito acusador de «¡asesinos!»:

«Y ahora conmemorad, pues, a Giacomo Matteotti, pero acordaos del grito lanzado por la madre del Mártir, que se ha convertido también en el grito de millones de trabajadores: “¡Asesinos! ¡Asesinos!”».

La intervención de Repossi en el Parlamento el 12 de noviembre no significaba una victoria de las tesis de parlamentarismo revolucionario de Bordiga, sino una típica oscilación en la táctica de frente único adoptada por la directiva gramsciana. El 3 de enero de 1925, en coincidencia con la aprobación de las leyes excepcionales que ponían fin a la crisis Matteotti, se produjo la reintegración en pleno de todo el grupo parlamentario comunista.

En la sesión parlamentaria del 3 de enero de 1925 Mussolini asumió toda la responsabilidad del asesinato de Matteotti:

«Declaro en presencia de esta asamblea y en presencia de todo el pueblo italiano, que yo asumo, solo yo, la responsabilidad política, moral e histórica de cuanto ha sucedido. […] Si el fascismo es una asociación de delincuentes, ¡yo soy el jefe de esa asociación de delincuentes!»[3].

De este modo concluía la crisis Matteotti: con el fortalecimiento del fascismo y de Mussolini, con la derrota absoluta de la oposición antifascista y con el fin del Aventino. Tras este discurso de Mussolini se hizo prácticamente imposible la existencia de una oposición parlamentaria. De hecho, los partidos entraron en una fase de semi-legalidad, dependiente del grado de tolerancia del régimen.

La crisis Matteotti se abrió el 12 de junio de 1924 con el asesinato de Matteotti y se cerró el 3 de enero de 1925 con la victoria política del fascismo y la derrota de todos los partidos antifascistas.

El Aventino fue, pues, un total fracaso que acabó fortaleciendo al fascismo.

En coincidencia cronológica con la crisis Matteotti y la táctica parlamentaria, conducida por Gramsci, de alianza antifascista con los partidos liberales y socialdemócratas, se inició la bolchevización del partido comunista.

La bolchevización del PCd´I supuso una lucha feroz contra Bordiga y la Izquierda del partido. Este sincronismo entre la táctica antifascista y la bolchevización no eran fruto de la casualidad, sino una prueba de que la lucha de Gramsci y el Centro contra Bordiga y la Izquierda ponía en juego todo un cambio de estrategia, organización y función histórica del partido comunista. La lucha entre la nueva dirección, apoyada por la Komintern, y la Izquierda del PCd´I, no se daba solo en el terreno de la táctica, sino que era mucho más profunda. El partido que surgió del proceso de bolchevización no era ya el partido de Livorno.

Las primeras resoluciones sobre la bolchevización de los partidos comunistas fueron aprobadas en el V Congreso de la IC. Incluso la Izquierda del PCd´I votó favorablemente a las resoluciones sobre la bolchevización de los partidos, en la medida en que favorecían la centralización y la disciplina organizativa.

A partir del V Ejecutivo Ampliado, reunido en marzo de 1925 y al que Bordiga no asistió, siendo sustituido por Scoccimarro, se fueron concretando las medidas prácticas de lo que la Internacional, en un nuevo giro táctico, entendía ahora como bolchevización de los partidos comunistas.

El documento más importante elaborado por el V Ejecutivo Ampliado fueron las «Tesis sobre la bolchevización de los partidos comunistas»[4], que propugnaban un endurecimiento de la disciplina y la centralización de los partidos. Se teorizaba el alejamiento de la perspectiva revolucionaria inmediata, la consolidación de la revolución rusa y la asunción del partido ruso como modelo a imitar por todos los partidos comunistas.

El prestigio del Partido Bolchevique se convertía ahora en un dominio del partido ruso sobre todos los demás partidos, la Komintern solamente era un instrumento al servicio de la política exterior del Estado ruso. Era el primer paso hacia la teoría del socialismo en un solo país, y el polo opuesto a la tesis de Bordiga en el V Congreso, de que la Komintern fuera el punto de apoyo para resolver las discrepancias en el seno del Partido Bolchevique. La bolchevización era también la extensión al campo internacional de la lucha contra el trotskismo.

La centralización y disciplina teorizadas en las tesis sobre la bolchevización se tradujeron, en la práctica, en la plena sumisión y manipulación de los partidos comunistas a las orientaciones impuestas por el partido ruso.

La bolchevización fue el instrumento utilizado por el Ejecutivo del Partido Bolchevique para resolver, mediante medidas organizativas y disciplinarias, las discrepancias ideológicas. La lucha antitrotskista, o contra las desviaciones de derecha o de izquierda, se convirtió en una fórmula vacía que permitía aplastar cualquier oposición en el seno de los partidos comunistas o de la Internacional, mediante rígidas medidas disciplinarias de carácter arbitrario, que eludían la confrontación ideológica y el debate político.

El proceso de bolchevización supuso una reorganización de los partidos en base a las células de empresa, que sustituían a la antigua organización territorial, calificada de socialdemócrata. Esta reorganización del partido, unida a los cambios de dirección y a las campañas masivas de reclutamiento de nuevos militantes, como en el caso italiano, hicieron aparecer nuevos cuadros directivos fieles a Moscú, pues debían su nombramiento y su dominio sobre la oposición interna al apoyo de la Komintern y a las medidas disciplinarias y organizativas apoyadas por el partido ruso.

La reorganización del partido se convirtió en un instrumento de lucha política que permitía a la dirección impuesta por Moscú, y adicta a la dirección estalinista, dominante en el partido ruso, aplastar a las corrientes opositoras internas.

Estos dos elementos: la reorganización del partido sobre la base de las células y el cambio del grupo dirigente, que debía sus cargos y su dominio del aparato del propio partido al respaldo de Moscú, recibían una cobertura ideológica y teórica en el leninismo, entendido como interpretación ortodoxa del marxismo y fe ciega en el partido. Se calificaba como desviación heterodoxa, de derecha o de izquierda, cualquier discrepancia u oposición a la bolchevización.

Históricamente, la bolchevización fue un complejo fenómeno que tuvo una influencia determinante en la Tercera Internacional desde 1925 hasta su disolución en 1943, reflejada en la dependencia de todos los partidos comunistas respecto al modelo soviético y en su total subordinación económica, política e ideológica respecto a las exigencias y necesidades del Estado ruso.

Ideológicamente, supuso también la existencia de un sistema cerrado de valores que subordinaba todo principio y justificaba cualquier cambio brusco de táctica en aras de una rígida disciplina y centralización. El debate y la discusión estaban fuera de lugar, lo único importante era el partido y la defensa de la revolución rusa.

La bolchevización, cuyas características generales internacionales han sido ya expuestas, no dejaba de tener diferentes aplicaciones de carácter nacional y una cierta autonomía justificada en las específicas situaciones nacionales de cada país.

En el caso italiano, la nueva dirección impuesta por Moscú: Gramsci, Togliatti, Scoccimarro, Maffi, Terracini, Tasca, etc., tuvo que librar una larga lucha contra la Izquierda del PCd´I, que dominaba numerosas e importantes secciones del partido: Milán, Turín, Novara, Génova, Alessandria, Pavía, Bérgamo, Cremona, Bolonia, Ferrara, Parma, Rávena, Reggio Emilia, Vicenza, Treviso, Trento, Pesaro, Nápoles, Salerno, Caserna, Bari, Tarento, Lecce, Cosenza, Messina, etc.[5]

La táctica utilizada por la dirección gramsciana para controlar progresivamente las diferentes federaciones del partido, aun mayoritariamente bordiguistas, se confundió con el proceso de bolchevización del partido italiano. Por una parte, se privó a la Izquierda del PCd´I, que a petición propia no tenía ningún representante en el Comité Central ni en el Comité Ejecutivo, de su órgano de expresión teórica: Prometeo. Todos los artículos o tomas de posición de los miembros de la Izquierda aparecían con comentarios agriamente críticos que desvirtuaban o contradecían las argumentaciones expuestas. En ocasiones los artículos ni siquiera se publicaban, como el de Bordiga sobre la cuestión Trotsky.

En todos los congresos y asambleas de las distintas federaciones del partido participaban representantes del Comité Central, que disputaban a la Izquierda el control de la sección del partido, y si preveían que los votos podían ser favorables a la Izquierda, aplazaban sine die la votación.

Paralelamente a esta manipulación y censura de la prensa y de las asambleas de federación, tuvo gran importancia la campaña de reclutamiento masivo de nuevos militantes comunistas.

Entre mayo y diciembre de 1924 el número de militantes se duplicó, y casi se triplicó, pasando de los 12.000 a los 30.000.

Las razones del incremento se debían a la fusión con los terzini, que supuso aproximadamente un aumento del 35 %; a la campaña del mes de septiembre en la que se suprimía el obligatorio periodo de candidatura; y al retorno de los antiguos militantes, alejados provisionalmente del partido tras la oleada represiva que siguió a la huelga general de agosto de 1922. Los nuevos inscritos, en su mayoría jóvenes y campesinos, desconocían la tradición del partido de Livorno, y al haber llegado al partido en un periodo posterior al asesinato de Matteotti, eran ajenos a la lucha fraccional del partido.

El ingreso de estos nuevos militantes supuso un incremento numérico importante en el PCd´I, en relación inversa al nivel político medio del militante. Fue esta entrada masiva de nuevos militantes, sin tradición política y de bajo nivel teórico, una de las causas que permitió a la dirección gramsciana obtener el 90% de votos en el Congreso de Lyon, a solo 18 meses de la Conferencia de Como, en la que había obtenido un respaldo minoritario, incluso inferior al ala Derecha.

En palabras del propio Togliatti en su informe sobre la organización del partido a finales de 1924, se nos define del siguiente modo al nuevo militante:

«La subdivisión en varias tendencias que se ha manifestado en los órganos dirigentes del partido apenas ha tenido repercusión en la amplia masa de inscritos. En efecto, el partido está animado por un profundo espíritu de unidad y es particularmente refractario a las fracciones. En la gran masa de militantes, el sentido de la disciplina hacia los órganos dirigentes nacionales e internacionales es muy fuerte; por el contrario, el grado de madurez y de capacidad política es bastante bajo»[6].

Gracias a este bajo nivel de madurez y capacidad política, una gran masa de los nuevos militantes del partido era fácilmente influenciable por el grupo que dominara el aparato organizativo y propagandístico del partido. Sin embargo, en este mismo informe, Togliatti daba otra de las claves del progresivo aislamiento de la Izquierda y de su influencia en el partido: la pasividad de Bordiga. En efecto, en el análisis realizado por Togliatti sobre las distintas fracciones existentes, constataba la falta de influencia y de base militante de la Derecha y la integración de la fracción de los terzini en el partido, absorbida de tal modo que le era imposible constituirse en fracción dentro del PCd´I. Así pues, los dos polos en torno a los que se agrupaban los militantes eran el Centro y la Izquierda.

Tras proponer una táctica de progresiva conquista de las distintas federaciones mediante la aprobación de las tesis del V Congreso, declaradas incompatibles con la posición de Bordiga en ese mismo Congreso, Togliatti subrayaba la gran debilidad de la Izquierda:

«la solidaridad, todavía posible, de una fracción del partido hacia el camarada Bordiga, tiene una importancia relativa, pues apenas significa una adhesión a su pensamiento y a su posición política, sino más bien el efecto de la influencia personal que ejerce Bordiga, influencia que está fatalmente destinada a disminuir, tanto más dada la actitud pasiva adoptada por Bordiga».

La argumentación de Togliatti, aunque podía tener una cierta validez, pecaba de personalista y no contemplaba siquiera la posibilidad de que la Izquierda se organizara en fracción para defender sus posiciones políticas y la tradición de Livorno. Sí contemplaba, en cambio, la labor de desprestigio y el progresivo aislamiento de Bordiga en el seno del Partido Comunista:

«En el próximo Congreso nacional del partido la actual mayoría del Comité Central únicamente podrá asegurarse dicha mayoría si este congreso es precedido de una adecuada labor de clarificación y educación política en las filas del partido».

Y esa labor se llevó a cabo metódicamente, impidiendo la libre expresión de las posiciones políticas de la Izquierda y denunciando como fraccional la formación del Comité de Entente (Comitato d’Intesa) entre los militantes de la Izquierda.

Según Togliatti, Bordiga debía una disciplina de muerto a la nueva dirección del partido. Pero incluso esa disciplina, que exigía la total pasividad política de Bordiga, era molesta y perjudicial para el partido:

«Bordiga, dentro del partido, se inspira en la mayor sumisión a la disciplina y a las directivas políticas emanadas de los órganos centrales. A pesar de esto, sin embargo, esta actitud determina un malestar en las filas del partido que es necesario eliminar, […] en la forma y de la manera más útil para el partido y la Internacional».

La palabra clave en el texto de Togliatti es «eliminar». Tal era el propósito y objetivo del grupo de Centro, paso previo y necesario al dominio total del partido que se proponía conseguir en el próximo congreso del partido, que se convocaría en el momento más favorable, cuando ya fuera posible romper la influencia de Bordiga en el partido.

La ocasión para dar la batalla final de desprestigio contra Bordiga y la Izquierda se ofreció en junio de 1925, cuando L’Unità desveló la existencia de un Comité de Entente en el que denunciaba una labor fraccional de la Izquierda y de Bordiga[7].

La crítica de Bordiga al análisis de Gramsci sobre la situación italiana durante la crisis Matteotti subrayaba los errores de interpretación manifestados en la creencia del extremo debilitamiento del fascismo y el protagonismo otorgado a las clases medias, por encima del proletariado[8].

Bordiga relacionaba esta desconfianza manifiesta hacia la capacidad clasista del proletariado con la táctica de frente único, llevada hasta sus últimas interpretaciones derechistas, como táctica de unidad antifascista, esto es, de alianza del PCd´I con partidos socialistas, socialdemócratas y burgueses en el Aventino.

En palabras de Bordiga:

«La dirección se equivocó en el abandono del Parlamento y en la participación en las primeras reuniones del Aventino, cuando debería haber permanecido en el Parlamento con una declaración de ataque político al gobierno y una toma de posición inmediata contra los prejuicios constitucionales y morales del Aventino, que fue el mayor determinante en el éxito de la crisis a favor del fascismo»[9].

La aplicación de la táctica de frente único, consistente en continuas ofertas a los partidos socialistas, para a continuación denunciar el sabotaje a la unidad por parte de los socialistas, no contribuyó a aumentar la influencia del PCd´I.

Por otra parte, la participación del grupo parlamentario comunista en reuniones con católicos y conservadores burgueses, no podía sino suscitar protestas e indignación entre una base militante aun mayoritariamente bordiguista, mientras no dejaba de producir una enorme desorientación entre la mayoría de la clase obrera.

La fluctuación táctica del PCd´I era, pues, fruto de la aplicación de la táctica de frente único. El propio Gramsci, en posteriores análisis[10], llegó a la conclusión de la nulidad del Aventino, dada la impotencia de la burguesía democrática ante el fascismo, si la alternativa a éste suponía la intervención activa del proletariado y el surgimiento de una nueva situación con riesgo de posteriores desarrollos revolucionarios. Para Bordiga el Aventino fue el gran obstáculo puesto ante las masas para plantear una lucha de clases revolucionaria[11]:

«se ha contribuido a que las masas piensen que el Aventino podía provocar la caída del fascismo. Con la quiebra del Aventino no se ha realizado, por culpa de esta maniobra, el gran paso de las masas a un frente de clase».

En lugar de continuidad táctica, de claridad en las consignas, de intransigencia en los principios y de firmeza organizativa, tan necesaria ante una situación crítica y cambiante como fue la crisis Matteotti, el PCd´I ofreció una táctica de frente único fluctuante, unas consignas quiméricas y alejadas de la realidad, como las del Antiparlamento y los comités obreros, una relajación organizativa producto de la entrada masiva de nuevos militantes y de la fusión con los terzini, y una evidente dejación de principios programáticos, manifiesta en la colaboración antifascista con católicos, conservadores burgueses, socialdemócratas y socialistas.

Gramsci se dio cuenta de que en la situación italiana la táctica de frente único era cada vez más difícil de sostener[12]. Primero hizo unos análisis fantásticos y erróneos sobre la situación italiana, como fueron los expresados en la reunión del Comité Central de agosto de 1924[13]. Más tarde, bajo la presión del partido y de la Izquierda, varió su orientación al pedir el regreso de los parlamentarios comunistas a la Cámara, aunque esto no fue tanto un éxito de la Izquierda como una muestra más de la fluctuación propia de la táctica de frente único.

Gramsci estaba obligado a aplicar la táctica de frente único, la fusión con los terzini y la masificación-bolchevización del PCd´I, tanto por fidelidad a Moscú como para afianzar su dominio del partido, aun mayoritariamente bordiguista. Pero, además, estaba convencido de que la caída del fascismo era la salida más probable a la crisis Matteotti, y que el PCd´I recogería los frutos de su participación en el Aventino. Según Gramsci la situación y la perspectiva eran democráticas.

Al insistir en la permanencia del PCd´I en el Aventino, en lugar de regresar a Montecitorio para llevar a cabo una táctica de parlamentarismo revolucionario, como proponía Bordiga, Gramsci consideraba positiva la probable victoria del Aventino, simplemente en cuanto restauradora de las libertades democráticas burguesas. La alternativa reforma o revolución, planteada ahora como antifascismo o revolución, había estado en la base de las confrontaciones entre gradualistas y revolucionarios en la Segunda Internacional, así como en Livorno.

La táctica antifascista no era sino la actualización y aplicación a la crisis Matteotti de las tácticas socialdemócratas, a los ojos de Bordiga y la Izquierda del PCd´I.

No era casual, pues, que la táctica antifascista viniera acompañada de la fusión con los terzini y la entrada masiva de nuevos militantes. El PCd´I debía convertirse a toda costa en un partido de masas: la entrada masiva de militantes, sin capacidad ni madurez política, facilitaban la imposición de una táctica de colaboración con partidos socialdemócratas y burgueses, con el objetivo manifiesto de defender la democracia burguesa, en plena contradicción con el programa de Livorno.

Al día siguiente de la intervención parlamentaria de Repossi en la Cámara, el 12 de noviembre de 1924, Gramsci constataba en Lo Stato Operaio el fracaso de la táctica del frente único:

«Los partidos de la oposición […] han confesado hoy su impotencia frente al fascismo, demostrando que no esperan derribarlo si no es con la ayuda de la dictadura militar […]. La máscara con la que se cubren los llamados liberales y demócratas del Aventino no podía ser arrancada de mejor forma. La verdad es que no tienen nada de democrático ni de liberal. […] no se trata más que de miedo […] a que un movimiento de fuerza popular y de masas, capaz de abatir al fascismo, no se limite a golpear mortalmente al fascismo como gobierno, sino que golpee al fascismo en cuanto reacción burguesa y defensa del orden capitalista […]. Pero el colmo fue la actitud de los partidos llamados de clase, es decir, la socialdemocracia unitaria y los maximalistas, […] que querían hacer del movimiento obrero la base de una dictadura militar»[14].

Este era el juicio dado por Gramsci, a finales de 1924, a la táctica de frente único, tras dos años de constantes enfrentamientos entre la Izquierda del PCd´I y la IC al respecto, tras haber accedido a la dirección del PCd´I como el hombre idóneo, nombrado por Moscú para aplicar esa táctica en Italia.

La constatación del fracaso de la táctica de frente único no produciría un acercamiento a las tesis de la Izquierda por parte de la nueva dirección gramsciana. El papel de colaboradores de la burguesía jugado por los dirigentes socialistas, cuya alianza tan ansiosamente se había buscado, fue denunciado por los centristas desde el 3 de enero de 1925[15], al mismo tiempo que iniciaban una campaña de desprestigio, difamación y crítica radical de la Izquierda.

La campaña contra la Izquierda se dio bajo la cobertura ideológica facilitada y fomentada, no sólo en Italia, por las tesis sobre la bolchevización de los partidos comunistas aprobadas en el V Ejecutivo Ampliado.

La resistencia de la Izquierda al proceso de bolchevización cristalizó en la constitución de un Comité de Entente, que fue denunciado por la dirección como un grupo fraccional.

La Internacional, para los centristas italianos, era infalible y siempre tenía razón. Así pues, el fracaso de la táctica de frente único, criticada por los bordiguistas en todo momento desde su primer planteamiento, no podía concluir con un acercamiento entre el Centro y la Izquierda del PCd´I, sino en la eliminación pura y simple de la fracción que había criticado a la Internacional.

Agustín Guillamón

En el centenario del caso Matteotti

Capítulo 4.1 del libro Amadeo Bordiga en el Partido comunista de Italia

Siglas:

CGL: Confederación General del Trabajo

IC: Internacional Comunista

PCd´I: Partido comunista de Italia

PSU: Partido Socialista Unitario

[1] Gramsci, Antonio. La costruzione del Partito comunista 1923-1926. Einaudi, Torino, 1971 (5ª edizione), p. 210.

[2] Comunismo, rivista quadrimestrale del Partito comunista internazionale (Edizioni de “Il Partito Comunista”), nº 16, set.-dic. 1984, Firenze, pp. 82-84.

[3] Salvadori, Massimo L. Storia dell’età contemporánea. Loescher editore, Torino, 1977, p. 679.

[4] V Congreso de la Internacional Comunista. Cuadernos Pasado y Presente, nº 56, Segunda parte, Buenos Aires, 1975, pp. 183-211.

[5] Martinelli, Renzo. Il Partito comunista d’Italia 1921-1926. Politica e organizzazione. Riuniti, Roma, 1977, pp. 203-254.

[6] Togliatti, Palmiro. La formazione del grupo dirigente del Partito comunista italiano nel 1923-1924. Riuniti, Roma, 1984, pp. 337-339.

[7] Esta cuestión se tratará de manera más amplia en el punto 4.2. del libro Amadeo Bordiga en el PCd´I

[8] Bordiga, Amadeo. Dialogato con Gramsci. Edizioni “Il Partito Comunista” del Partito comunista internazionale, serie I, Testi della Sinistra comunista, Firenze, 1979, pp. 45-49.

[9] Bordiga, Amadeo. Op. cit., p. 47.

[10] Gramsci, Antonio. “Il nullismo dell’Aventino” (L’Unità, 12/11/1924) en Gramsci, Antonio. La costruzione…, op. cit., p. 206.

[11] Galli, Giorgio. Storia del PCI. Tascabili Bompiani, Milano, 1977 (1ª edic. 1957), p. 102.

[12] Galli, Giorgio. Op. cit., pp. 102-103; Gramsci, Antonio. “La crisi italiana”. Relazione al Comitato centrale del partito del 13-14 agosto 1924, en Gramsci, Antonio. La costruzione…, op. cit., pp. 28-39; Parti communiste international. “Le parti communiste d’Italia face a l’offensive fasciste (1921-1924)”, en Programme communiste (Revue theorique du Parti communiste international), nº 50, pp. 7-22.

[13] Gramsci, Antonio. “La crisi italiana”. Relazione al Comitato centrale del partito del 13-14 agosto 1924, en Gramsci, Antonio. La costruzione…, op. cit., pp. 28-39.

[14] Galli, Giorgio. Op. cit., pp. 104-105.

[15] El 3 de enero de 1925 consagraba el fracaso del Aventino, ponía punto y final a la crisis del fascismo e iniciaba una etapa de difícil semilegalidad para todos los partidos antifascistas.

(Fuente: Kaos en la Red)

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